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Lectura en El Fantascopio, cuarta belleza: Ciencia Imaginaria

7beautiesSeguimos con la lectura compartida y comentada de The Seven Beauties of Science Fiction, de Istvan Csicsery-Ronay Jr. (desde ahora CR7), que estamos organizando desde el Fantascopio. Después de la publicación de los resúmenes de las primeras tres bellezas (que encontraréis enlazadas al final del artículo) y de varios cambios de programación le ha tocado el turno a La Biblioteca de Ilium y a la cuarta belleza: La Ciencia Imaginaria. ¿Y sabéis qué? Me parece que no me podía haber tocado un tema mejor. Intentaré no rebajar mucho la altura a la que mis compañeros han dejado el listón y hacerle justicia a un libro que estoy disfrutando enormemente y que está influyendo en mi manera de entender la ciencia ficción.

 Vamos a ello. A ver si doy con el tono correcto.

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La ciencia es el pretexto de la ciencia ficción

Esta es la premisa básica del capítulo destilada al máximo y, para mí, es también la bisagra en torno a la cual se articulan muchas de las otras bellezas de las que hemos hablado hasta ahora o, más concretamente, el componente “ciencia” y el componente “ficción” del género. Las historias de ciencia ficción son dramatizaciones del conocimiento científico, nos dice CR7:

Muchos escritores de ciencia ficción usan las ideas científicas de forma muy escrupulosa. Pero nadie les obliga a hacerlo así. Utilizan el lenguaje y la historia de la tecnociencia para evocar la coherencia y la correspondencia de la visión científica del mundo —pero siempre con la libertad de violarlos, deformarlos, tratarlos con ironía y convertirlos en problemas. Si la ciencia real trata de aumentar la libertad de los seres humanos dándoles más poder sobre la materia, el objeto del juego de la ciencia ficción es tanto esa libertad como ese poder.

 Este fragmento hace referencia  a una idea que me interesa especialmente: la dimensión lúdica de la ciencia ficción. No me refiero con ello al escapismo ni a que la ciencia ficción no pueda tratar con seriedad los temas que explora, si no a esa libertad de violar, deformar, tratar con ironía y convertir en problema el lenguaje y la historia de la tecnociencia que le permite, de hecho, reclamar un nicho propio dentro del paisaje de la narrativa. CR7 califica la etiqueta “ciencia ficción” de oxímoron y afirma que incluso cuando está en manos de científicos profesionales la ciencia ficción exige que su ciencia viole la corrección científica e incluso su verosimilitud. Exige especulación, en otros términos, y convertir la ciencia en fuente de metáforas con un barniz de respetabilidad para incrustarlas, de nuevo según CR7, en tradiciones seudo-míticas que expresan preocupaciones sociales. ¿Por qué seudo-míticas? Retened la idea, pero antes hablemos de las normas del juego.

Jugar al juego

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Hal Clement jugando a un juego.

Desde etapas muy tempranas de su historia se le ha adjudicado a la ciencia ficción una intención propagandística más o menos deliberada en pro de una ideología tecnocrática. Sin embargo, y a pesar de su defensa del rigor científico en el género, incluso figuras como Hugo Gernsback y John Campbell (por no hablar de Verne) tuvieron que aceptar historias basadas en teorías dudosas para llenar las páginas de sus revistas. El propio H.G. Wells, uno de los principales precursores del género, consideraba que el discurso científico que sustentaba sus romances científicos era una forma de retórica a la que bautizó como “galimatías científico”, cuya función era proporcionar unos parámetros convincentes para que el lector aceptara las limitaciones del mundo imaginario.

La relación entre la ficción y la ciencia es uno de los elementos más idiosincrásicos del género y no es sorprendente que muchos autores le hayan dedicado alguna reflexión. Dentro de la variedad de temas y subgéneros que trata la ciencia ficción, ninguna trata con más seriedad el componente “científico” que la cf dura, que llega a convertirlo en su razón de ser. Por eso son especialmente interesantes las declaraciones de un autor de cf dura tan reputado como Hal Clement, que como muchos otros autores del subgénero, se referían a su escritura como a “jugar al juego”:

“Lo divertido… es tratar todo el asunto como un juego. Yo he estado jugando a este juego desde niño, así que las reglas no pueden ser muy complicadas. Son así: para el lector de una historia de ciencia ficción se trata de identificar todas las afirmaciones, o implicaciones, del autor que choquen con los hechos tal y como los entiende la ciencia actual. Para el autor, la regla consiste en hacer la mínima cantidad de errores de este tipo posible.”

Según CR7 la ciencia ficción apela a lectores con la formación adecuada para disfrutar resolviendo rompecabezas científicos y enfrentando su ingenio con el de los autores en dos arenas: la correspondencia científica (hasta que punto encaja el mundo imaginado con el mundo descrito por la ciencia) y la coherencia ciencia-ficcional (hasta que punto encajan los detalles del mundo imaginado con su diseño global). En ese sentido, el rigor del escenario tiene una importancia relativa mucho mayor que en otros géneros literarios.

¿Cuáles son los principales recursos del escritor de ciencia ficción para jugar a este juego? Hal Clement propone una jerarquía de técnicas:

  1. El uso de jerga. El “galimatías científico” de Wells.
  2. La especulación sobre temas en los que los datos científicos son escasos.
  3. El uso de escenarios cercanos en el tiempo o fácilmente predecibles.
  4. La creación de “el entorno o avance más espectacular y poco verosímil que, sin embargo, respeta todos los hechos científicos conocidos”.

Para Clement cada una de las técnicas es más difícil que la anterior y las ordena desde un casi hacer trampas en el uso de la jerga hasta una estructura tan rigurosa científicamente que prácticamente obliga al lector a aceptar sus aspectos menos sólidos.

En la práctica, tanto frente a una novela de ciencia ficción como frente a los artículos periodísticos dedicados a los avances tecno-científicos más cercanos a la frontera del saber humano, muy pocos contamos con los recursos cognitivos para evaluar, siquiera superficialmente, la verdad o rigurosidad de las ideas que se explican. La gente, en definitiva, acepta teorías que es incapaz de verificar (o de explicar) por fe en la autoridad de los científicos. Como lectores concedemos el beneficio de la duda a aquellos escritores que mejor dominan el juego de espejos de la ciencia ficción.

Aquí vale la pena mencionar que la ciencia también tiene un aspecto lúdico, y es precisamente de ahí, de la dimensión más creativa e imaginativa del razonamiento científico, de donde surge parte del potencial del género. Para Csicsery-Ronay Jr. este tipo de placer sólo encuentra audiencia en culturas en las que el conocimiento científico tiene una difusión amplia entre el público a través de medios de comunicación diversos, de manera que las ideas científicas se incorporan en el flujo de la narrativa de la sociedad y asimilan viejas y nuevas preocupaciones. Es en este punto de encuentro entre la ciencia y el caos del discurso popular donde actúa la ciencia ficción.

Uno de los atractivos del género es que proporciona racionalizaciones científicas para historias con un elevado componente romántico y fantástico. En este sentido, una parte importante (si no la más frecuente) de la ciencia ficción se aleja de la idea del género defendida por Suvin: ni ayuda a los lectores a volverse más racionales ni a comprender la auténtica realidad más allá de ideologías. Lo que sí que hace es poner ante el lector la visión del mundo del materialismo científico y añadirle una estructura narrativa semimítica para construir modelos relevantes para la cultura de la que parten. Esta estructura es el llamado suplemento imaginario.

Lo que la imaginación añade y el experimento mental

El gato de Schrödinger es el gato con la vida más perra de la historia de la ciencia. O no.

El gato de Schrödinger es el gato con la vida más perra de la historia de la ciencia. O no.

Según la estudiosa del género Tatiana Chernyshova, la ciencia ficción debe leerse en término de concepciones cognitivas de los mitos. No resulta difícil entender a qué se refiere esta autora y qué relación tiene con la disquisición anterior —resumido: la ciencia ficción puede deformar la realidad científica e, incluso, alejarse de ella para poder explicar sus historias— si recordamos que los mitos, considerados verdad para las culturas que los sustentan, son formas de dar sentido a la realidad ante la falta de evidencia empírica. “Los seres humanos sacaran conclusiones dispongan o no de la información necesaria para ello”, afirma Chernyshova, y propone que los mitos combinan información exacta acerca del mundo material con imágenes y narrativas fantástica que completan los vacíos de la primera.

Lo interesante es ver cómo una cultura suplementa sus creencias científicas con otras irracionales cuando las primeras les parecen oscuras o irracionales. Estas teorías “populares” suelen mantener el lenguaje científico pero se insertan en un enorme collage de creencias y adaptaciones cognitivas provocadas por el impacto que tienen la ciencia y la tecnología sobre la vida cotidiana.

El conocimiento exacto, cuando deja de ser propiedad exclusiva de los especialistas, pierde el derecho a ser llamado exacto; se convierte en conocimiento aproximado, en creencia, ya que su poseedor no es capaz de demostrarlo ni de explicar sus fundamentos.”

 Para Csicsery-Ronay Jr., Chernyshova no interpreta adecuadamente la narrativa de la ciencia al considerarla como una secuencia de paradigmas cada vez más racionales que sustituyen al anterior. Para CR esta narrativa es más bien una cuestión dialéctica en la que sus componentes menos científicos pueden actuar como estímulos para una elaboración más creativa. Se trata de “conceptos suplementarios inventados para mediar entre teorías verificadas y el deseo de obtener una visión completa del mundo, ‘eslabones perdidos’ que se convirtieron oficialmente en imaginarios cuando fueron invalidados”. La construcción de estos modelos es uno de los aspectos más artísticos e intuitivos de la formación de conceptos científicos. Representan la formalización de la especulación y conllevan la puesta a prueba imaginaria de las teorías en escenarios inventados: los experimentos mentales. Es en la construcción de estos donde la ciencia ficción se solapa con el razonamiento científico auténtico. Estos experimentos mentales son “la elaboración conceptual de un modelo imaginario, una idealización que transciende lo particular y los accidentes de las actividades mundanas para alcanzar la generalidad y el rigor de un proceso demostrativo”. Sus características principales, y es fácil ver su relación con la ciencia ficción, es que son historias y que son verosímiles. Sirven para facilitar determinados razonamientos inductivos o ayudar a la introducción de algunos principios filosóficos y se ha propuesto que incluyen dos componentes básicos: plantean situaciones hipotéticas o contrarias a la intuición, e incluyen elementos particulares que son irrelevantes para la generalidad de la conclusión.

El segundo punto puede resultar un tanto confuso, sobre todo por su estrecha relación con el experimento mental como forma literaria. Vale la pena detenerse en ellos. ¿Por qué son irrelevantes estos elementos para la demostración teórica que pretenden? Por dos motivos:

  1. Son idealizaciones imposibles.
  2. Son elementos narrativos que no sirven más que para visualizar la escena de una forma más o menos realista.

Pensad en el famoso gato de Schrödinger, la habitación china de Searle o el demonio de Maxwell, por nombrar sólo algunos, y al momento veréis tanto la imposibilidad de su ejecución en el mundo real como la capacidad de seducción de la imaginación que conllevan. No soy capaz de explicarlo mejor que CR:

En la CF como arte es precisamente este decorado circunstancial, irrelevante y teóricamente irrelevante, lo que destaca y convierte una teoría en una historia. No solo muestra cómo el novum altera algo parecido al mundo real, sino cómo las más serias reglas de la ciencia pueden ser manipuladas a través de las reglas del arte y de la libertad para combinar y aumentar que proporciona el motor de mitos de la cultura.”

Entre otras, una de las potencias de los experimentos mentales es que permiten que los ciudadanos legos estén más cerca de sentir la actividad creativa de los científicos y les proporciona cierto grado de placer estético o lúdico a partir de actividades a las que no suelen tener acceso. Algunas disciplinas científicas (como las ciencias sociales o la economía), más proclives a recurrir a los experimentos mentales debido a la dificultad de obtener condiciones experimentales ideales, son más susceptibles de ser transformadas en especulaciones seudomíticas que las ciencias físicas, aunque estas últimas tampoco están por completo a salvo de la imaginación.

Una de las principales diferencias entre la ciencia ficción y otros géneros es que ésta convierte el desarrollo de sus ideas a través de experimentos mentales en el principal objeto de su narrativa. Lo consigue mediante la trasposición de las operaciones básicas de la ciencia a las estructuras narrativas de la ficción mítica. Al hacerlo introduce la fantasía en el experimento mental para hacer de éste un punto de vista vívido, relevante y habitable y, sorprendentemente, tiene muchas cosas en común con los chistes.

La broma literaria

Al igual que los chistes, la eficacia narrativa de un experimento mental depende de hasta que punto el autor y sus lectores comparten la cultura desde la que se ha originado la historia. La cercanía con los experimentos mentales es especialmente estrecha con un tipo de chiste concreto: la broma literaria.

¿Cómo va a mentir un tipo con esta cara?

¿Cómo va a mentir un tipo con esta cara?

Este tipo de narración es una historia falsa narrada de una manera tal como para hacerla pasar por verdad y, desde el punto de vista histórico, enlaza la ciencia ficción con algunos precursores ilustres del género como el Barón de Münchhausen, Don Quijote o Gulliver. Al igual que, según Wells, los romances científicos usan una jerga compuesta por un “galimatías científico” como instrumento para hacerse con la credibilidad de sus lectores, estas obras de proto-ciencia ficción adoptan las idiosincrasias lingüísticas de diversas instituciones o discursos sociales (desde gremios científicos hasta la aristocracia de la corte) para manipular sus códigos y hacer verosímiles sus historias. Como afirmaba el párrafo anterior, para que la historia funcione el lector tiene que darse cuenta el artificio. Según CR7 la obra clave que emparenta la broma literaria con la ciencia ficción moderna es Robinson Crusoe, de Daniel Defoe:

 “Defoe estableció la premisa que ha perdurado desde el realismo del siglo XVIII hasta la ciencia ficción: el uso de un lenguaje que se adhiere estrechamente a los modelos del discurso empiricista —detallado, concreto, lógico y materialista— obtiene la conformidad de unos lectores que desean aceptar, e incluso apoyar, el lenguaje del sentido común de la verdad empírica.”

 Se trata de una tradición que luego pasó por Edgar Allan Poe y su La verdad sobre el caso del señor Valdemar, Julio Verne y HG Wells y que dio lugar a ramas diferentes: en el caso de la ciencia ficción europea la tradición de la broma literaria se mantuvo cercana a sus orígenes satíricos  y más alejada espiritualmente de la ciencia empírica (con las obras de Capek, Lem o los hermanos Strugatsky, entre otros), mientras que en los Estados Unidos de América y en otros países se escribió una ciencia ficción más vinculada a la visión científica del mundo.

Ciencia antiintuitiva

¿Cómo de antintuitiva? Fijaos en lo que dice CR7:

La ciencia de la ciencia ficción debe violar la ciencia conocida si pretende ser ciencia ficcional.”

 Es una afirmación demasiado general como para que yo la acepte sin más, pero a lo que se refiere el autor es a que la ciencia ficción distorsiona el mundo y la ciencia actual, pues toma algo que todavía no se ha demostrado y lo trata como si fuera un hecho contrastado, o al revés, da por refutada la demostración de que algo es imposible y considera que puede ser verdad, o varias otras posibilidades. Los ejemplos abundan, desde los medios de transporte a velocidades hiperlumínicas hasta las máquinas del tiempo, o tantos otros novums que justifican a unas y otras obras de ciencia ficción.  En un presunto continuo de inverosimilitud total hasta un rigor absoluto, cada autor se sitúa en un lugar diferente. En algunas obras la ciencia no es más que un pretexto para mostrar objetos que exciten a la imaginación mientras que otros autores (como el ya mencionado Hal Clement) construyen argumentos sobre teorías tan elaboradas que pueden hacer que el lector no preste atención a sus limitaciones al construir la psicología de sus personajes. Entre los límites de esta amplia categoría de lo no-imposible tiene su hogar la ciencia imaginaria de la ciencia ficción.

Ciencia ciencia-ficcional: el efecto boomerang o la relación entre la ciencia ficción y la conciencia colectiva

A lo largo de este resumen se ha ido poniendo de manifiesto la tensión que existe entre la “ciencia” y la “ficción” que dan nombre al género. Es una tensión que obliga al autor a tomar determinados compromisos y a favorecer uno u otro de los platos de la balanza para conseguir llevar a buen puerto la historia que intenta narrar. CR propone un ejemplo muy ilustrativo a partir de la novela de mensajes que viajan en el tiempo Timescape de Gregory Benford. Como astrofísico, Benford estaba en una buena posición para comprender la teoría cuántica y el comportamiento de los taquiones en los que basó su historia, unas partículas teóricamente capaces de violar la dirección prospectiva del tiempo que todos nosotros seguimos desde la cuna hasta la tumba. Sin embargo, a pesar de ello, Benford tuvo que “ajustar” su historia para evitar algunas paradojas, admitidas por la ciencia, que hubieran hecho colapsar el argumento de su historia de viajes en el tiempo. Una década antes Poul Anderson tomó una decisión diferente para llevar su novela Tau Zero a buen puerto: utilizar un argumento científico que él ya sabía descartado para permitir que su argumento siguiera el curso que el perseguía.

Paradójicamente, esta necesidad de compromisos parece tener un efecto inverso en virtud del cual la “ficción” está influyendo en la “ciencia”. A medida que el paradigma tecnocientífico se ha ido convirtiendo en una de las fuerzas materiales dominantes de nuestra sociedad una cierta sensibilidad “ciencia ficcional” se ha introducido en la mentalidad científica y ha proporcionado a los investigadores un espacio en el que pensar de forma más libre y buscar soluciones reales a problemas imaginarios propuestos por la ciencia ficción. Algunas de ellas son áreas de la ciencia tan especulativas que la probabilidad de que arrojen resultados materiales es prácticamente nula: es poco probable que lleguemos a ver teletransportadores como los de Star Trek o máquinas del tiempo. Sin embargo, en otras áreas esta influencia de la narrativa ha demostrado ser más fructífera: estamos hablando del cyberpunk.

Según el experto Mark Pesce “la ciencia ficción cíber fue el vehículo con mayor parte de responsabilidad en la creación de una conciencia de grupo hacker y, a través de ella, en la gran influencia de los hackers sobre el conjunto de la vida social”, entre la publicación de  El Jinete de la Onda de Shock de John Brunner, en 1975, y el Neuromante de William Gibson en 1984. Entre los dos les proporcionaron a los hackers algo más que un lenguaje y un estilo: les proporcionaron un mito, una narrativa profesional romántica gracias a la cual se identificaban directamente con la ciencia ficción y que ha servido como motor creativo e inspiración a muchos jóvenes ingenieros informáticos.

220px-Neuromancer_Brazilian_coverEn otros casos, como la nanotecnología, la ciencia ficción ha proporcionado los elementos básicos del discurso que sirve para promocionar su desarrollo. En un intento de alejar el temor a una catástrofe tecnológica provocada por un ejército descontrolado de nanomáquinas destructoras la defensa de la nanotecnología está basada en imágenes de avances heroicos que acercarán a la humanidad a una utopía tecnológica que supondrá un nuevo origen para el mundo. Este uso publicitario del lenguaje de la ciencia ficción como justificación de un futuro utópico para la humanidad ha alcanzado su máximo exponente en la creación del acrónimo NBIC en un informe de la National Science Foundation en Estados Unidos: Nanotechnology, Information Technology, and Cognitive Science. He aquí el anuncio de la singularidad en el mundo real, convertido en exageración irónica por algunos de sus críticos:

La totalidad de la historia converge hacia el novum que, a su vez, hará nacer el futuro. […] Así, los principios que gobiernan la estructura de la materia orgánica e inorgánica convergen, las tecnologías de diferentes disciplinas convergen, las ciencias naturales convergen, las ciencias naturales y las sociales convergen, los individuos y la tecnología convergen, los individuos convergen en redes, las sociedades convergen y la humanidad, finalmente, se convierte en un todo unificado.  La degradación de medio ambiente, la pobreza, la enfermedad, los malentendidos culturales, la guerra, etc., todo puede resolverse a través de la convergencia NBIC”

En definitiva, diferentes colectivos han recurrido al lenguaje y las convenciones de la ciencia ficción para reforzar sus mensajes y aumentar su impacto sobre la conciencia del público. CR7 propone ejemplos diversos, como el discurso que se usó para impulsar el programa espacial que culminó en el famoso paso de Neil Armstrong sobre la luna o los escenarios catastróficos y distópicos utilizados por determinados grupos antisistema (un ejemplo reciente de ámbito nacional es la polémica, por razones diversas, Cenital de Emilio Bueso). El peligro, advierte CR7, consiste en provocar un círculo vicioso en el que estos mensajes se convierten en memes que recorren los círculos científicos o “infectan” las políticas científicas permitiendo que diversos actores con intereses particulares las manipulen. Dicho de otra manera, se pueden tomar decisiones que le otorguen más peso a un futuro imaginario con insuficiente justificación científica que a la realidad el presente en el que vivimos. No ha sido hasta hace poco que los autores y artistas de la ciencia ficción han empezado a distanciarse de la ideología de la parte más conservadora del stablishment tecnocientífico.

El efecto cognición y la ciencia de las soluciones imaginarias

 A lo largo de este texto se ha ido sugiriendo la idea de que los seres humanos (o su inmensa mayoría) somos incapaces de comprender la mayor parte de las tecnologías o las teorías científicas que nos rodean. Sin embargo, buena parte del poder de la ciencia surge de la creencia en que es el único sistema de explicación de la realidad capaz de suscitar el consenso. O sea: creemos en ella. La ciencia, nos dice CR7, es más una atmósfera metafísica que una forma de hacer las cosas. Es una creencia racional en que la comprensión de las matemáticas que subyacen a la realidad nos conecta con el universo de una manera trascendental, no solo práctica. Los mismos métodos que se usan para justificar explicaciones racionales y razonables del mundo, claro, pueden usarse para explotar esta voluntad de creer y justificar explicaciones mucho menos razonables: los escritores de ciencia ficción tienden a desviar la mirada ante la famosa navaja de Occam y buscar las soluciones más complicadas posibles. Es la ciencia de las soluciones imaginarias. Si la ciencia ficción se aleja del surrealismo es porque esta ilusión de verosimilitud persigue una apariencia de rigor y lógica científica.  Esta ilusión ha sido denominada efecto cognición por el crítico Carl Freedman a partir de sus estudios críticos de literatura histórica, y es interesante porque abre la puerta a un tipo de ciencia ficción que la teoría de Suvin, mucho más estricta en su exigencia de un valor pedagógico sólido en la ciencia ficción, excluía del género. Para Suvin una obra de ciencia ficción se convertía en fantasía en el momento que la ciencia descartaba las tesis en las que se basaba, mientras que Freedman defiende que la naturaleza “ciencia ficcional” del texto depende más de su actitud hacia el efecto que busca que de cualquier juicio epistemológico externo.

Despedida y cierre

Este extenso artículo es un resumen del capítulo de CR7 dedicado a la cuarta belleza de la ciencia ficción hasta donde yo alcanzo a comprenderla. Espero que lo hayáis disfrutado y que, si no lo estáis haciendo todavía, os sirva como acicate para leer un libro que es tan denso como apasionante. Es cierto que a CR7 se le puede censurar cierta falta de estructura más allá de una especie de cajón de sastre lineal en el que es difícil identificar un mensaje principal y cómo este se relaciona con las ideas que va discutiendo, pero tal vez no sea un problema tan grave en el caso de este capítulo. Me gusta la cuarta belleza propuesta en CR7 porque defiende una visión de la ciencia ficción que concuerda mucho con la mía: la ciencia ficción como género literario en el que la ciencia es imprescindible pero el peso recae en la ficción, en la literatura. No estoy diciendo tanto que la ciencia ficción es así como que así es la ciencia ficción que me interesa a mí, algo tan irreprochable como poco generalizable. Mi impresión es que todas las bellezas leídas hasta ahora en esta lectura compartida giran en torno a un núcleo común y presentan grandes áreas de solapamiento pero para mí esta es, si no la central, al menos el punto de apoyo de todas las demás.

Programa actualizado de la lectura compartida

Os dejo con el programa de lectura y los enlaces a los capítulos ya comentados y os animo a seguir la página El Fantascopio en Facebook en la que mantenemos las discusiones sobre cada capítulo:

Reseña invitada: Anómala, de Ronald Delgado

Hoy le abro las puertas de la biblioteca a un buen compañero. Nada me gustaría más que poder suscribirme al feed de su propio blog, pero tenerle como reseñador invitado es la segunda mejor opción. Os presento a @A_pHOBOS y espero que tengáis el placer de volver a leerle por aquí a menudo. Ya lo sabes, Alberto: ¡Aquí siempre serás bienvenido!

Hoy nos presenta una colección de relatos de ciencia ficción del autor Ronald Delgado.

Anómala de Ronald Delgado

Reseña de A.F. Olmedo

anomalaAnómala de Ronald Delgado es una colección de relatos de ciencia ficción, y siendo el autor un físico experto en inteligencia artificial se puede pensar que sería de la dura. Es más, títulos como D1O.S. o Código Fuente pueden ayudar al despiste, pero no es el caso. Los relatos, de la nueva colección del autor publicada por Alfa Eridiani, descansan sobre los conflictos filosóficos o morales que surgen ante el choque, cada día más común, de la tecnología y el ser humano. Según el propio autor, y por poner un apellido a la ciencia ficción que nos presenta, hablamos de cyberpunk. Pero un cyberpunk renovado, donde cala la sensación de “futuro cercano” que nos trasladan las realidades que desarrolla Delgado. Anómala destaca por la calidad y el oficio, deslucido por alguna iteración con ciertas expresiones, dando sensación de no ser un texto trabajado como conjunto pero sí individualmente.

Comienza con una introducción de Armando José Sequera sobre el autor y su obra. El formato de entrevista se agradece como variación sobre la típica nota introductoria. El propio Armando José nos indica la característica común de todos los relatos, lo cual comparto plenamente:
“Los cuentos de Ronald Delgado se mueven sobre un trasfondo crítico. Una crítica no a la tecnología, que es neutra, sino a los usos impropios que se le dan en nuestro tiempo y, posiblemente, en el que vendrá”

Compuesto por 8 relatos, el primero Ningyö actúa a modo de portada de toda la colección y surge como un esbozo del segundo relato y en conjunto funcionan muy bien. Kyoko Blue (Premio Andrómeda de Ficción Especulativa 2011) destaca por su calidad y nos acerca a un mundo de prostitución de lujo basado en muñecas mecánicas. La influencia japonesa es clara, tanto por la estética otaku como por la referencia a los autómatas Karakuri. En Se imprimen recuerdos el autor juega con la percepción de lo que es real o no y como afecta esto a los recuerdos. Delgado también aborda la percepción junto con la singularidad en Sexagésimo tercer sentido, presentándonos al Dr. Raymond y sus increíbles capacidades, con un relato entretenido. El más distópico de la colección es D1O.S., retratando una sociedad donde al nacer te implantan un interfaz para interactuar con una realidad distorsionada por la propia tecnología. Es uno de los tres relatos más destacables de la colección junto con KyoKo Blue y el que da título a la colección. En Anómala, Delgado trata algo tan actual como el derecho al olvido en la redes de información, nos acerca al trabajo de unos agentes dedicados a detectar anomalías en la huella virtual de cada uno. El relato que menos me ha gustado de la colección es Código Fuente, una historia algo lisérgica sobre drogas tecnológicas. Cierra la colección Las letras del analfabeta, un relato que vuelve a tocar la distopía generada por la posibilidad de valorar y vender los conocimientos adquiridos.

Ronald Delgado es Licenciado en física por la Universidad Central de Venezuela y especialista en inteligencia artificial. Ha publicado los libros de relatos El despertar de Meganet (Alfa Eridiani, España 2008), Réplica (Fondo Editorial del Caribe, Venezuela 2011) y La tierra del cielo sin sol (edición digital independiente, 2012).

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Mensaje del Bibliotecario de Ilium: el estado de la cuestión

Últimamente tengo el blog un poco abandonado. La Biblioteca de Ilium es un espacio que siento muy mío y os aseguro que el blog no ha muerto, pero muchas de mis últimas lecturas tienen que ver con la colección de Literatura Fantástica de RBA y, o bien es prematuro hablar de ellas, o no me acabo de sentir cómodo reseñándolas aquí por la sensación de tener un conflicto de intereses. También es verdad que el tiempo que tengo para escribir lo dedico a administrar y crear contenidos para el blog RBA Literatura Fantástica. Allí podéis seguir leyendo los artículos que escribo, las entrevistas que hago a autores de la colección traducidas al español (esas acaban apareciendo aquí en versión original unas semanas después) y artículos de fuentes internacionales que me parece interesante compartir y tengo la oportunidad de traducir en esa plataforma.

Tal vez porque en La Biblioteca de Ilium escribo casi únicamente reseñas, confieso que estoy disfrutando el cambio de chip que supone adaptarme a los objetivos de un blog como RBA Literatura Fantástica. Más allá del objetivo, obvio, de difundir la colección a través del blog, estoy tratando (con el respaldo y la ayuda imprescindibles del personal de RBA, por supuesto, aunque aquí hable en primera persona) de convertirlo en una plataforma de divulgación del género fantástico que tenga interés por si mismo. El tiempo y los lectores dirán si se consigue el objetivo, pero os animo a visitar RBA Literatura Fantástica y a dejar vuestros comentarios.

osamaLo último que he escrito en Literatura Fantástica ha sido una especie de dossier o guía de lectura de la última novela publicada en la colección: Osama, de Lavie Tidhar. Se trata de una novela con mucha personalidad que me ha hecho disfrutar enormemente y ya adelanto que este año estará en mis nominaciones a los premios Hugo. De mis otras nominaciones a los premios espero hablar pronto aquí, pero de momento os invito a leer el artículo Osama, la original propuesta de Lavie Tidhar y a comentar como si lo hubiera escrito aquí. No es una reseña, aunque creo que mi entusiasmo queda claro. Conflicto de intereses be damned.

En cuanto a La Biblioteca de Ilium, os puedo dar un pequeño avance de algunos libros que he leído, puedo reseñar y reseñaré. Al menos, estos son los que me han gustado:

prospectivasProspectivas, la magnífica antología del cuento de ciencia ficción española actual editada por Salto de Página: Un volumen imprescindible para cualquier aficionado interesado en lo que se ha escrito estos últimos años en nuestro país. Os recomiendo especialmente las reseñas de Odo en Sense of Wonder y la de Juan Manuel Santiago en Lecturalia. Poco podre contribuir yo a sus aportaciones… pero lo intentaré. Para mi los puntos álgidos de la novela son suficientes como para justificar sobradamente la compra del volumen: no os podéis perder los cuentos de César Mallorquí, Rafa Marín, Julián Díez y Juan Jacinto Muñoz Rengel. Magistrales. En la reseña cuestionaré algunos puntos del prólogo de Fernando Ángel Moreno, eso sí.

jagganathJagganath, de Karin Tidbeck: Descubrí este libro gracias a la reseña de Pedro en leemaslibros. De hecho, es uno de aquellos casos (son pocos) en los que compré el libro justo después de leer lo que Pedro tenía que decir de él y ¿sabéis qué? Tenía toda la razón. Es una antología pequeña con un contenido que la desborda. Varios de los relatos son nominables a los premios Hugo y… me costará elegir solo uno. Son cuentos que se resisten al camino fácil y beben de un folklore nórdico muy atractivo. Creo que en un episido de Los VerdHugos Josep María se refirió a ellos como pequeña fantasía rural. Es una etiqueta muy apropiada. Antología imprescindible.

EmpireStateEmpire State, de Adam Christopher: Este es un libro curioso, una especie de fantasía o ciencia ficción urbana, no podría ser categórico, de universos paralelos con superhéroes. El tono es muy pulp, claustrofóbico, muy de novela negra, y aúnque a Manuel de los Reyes no acabó de convencerle, a mí me parece una lectura muy recomendable. No niego que tiene muchos tropiezos y que es mejor no detenerse mucho a examinar los detalles del argumento so pena de que la suspensión de la incredulidad que requiere colapse sobre si misma, pero es un debut notable que se lee con interés. El e-ARC de The Age Atomic, su secuela, me espera en el kindle por cortesía de NetGalley y por lo que he oído es bastante superior a la primera parte. Las dos deberían acabar con reseña por aquí.

BOnes of the Old onesThe Bones of the Old Ones, de Howard Andrew Jones: Puro escapismo, una aventura en un entorno que recuerda a Las Mil y Una Noches a la que no le falta ni siquiera una alfombra voladora. Es la segunda entrega de las aventuras de Dabir y Asim, pero puede leerse sin problemas sin haber leído la primera entrega. Uno de los libros más entretenidos que he leído últimamente. La diversión se escribe así. Ya he comprado la primera parte y los relatos del mismo autor, de quien me declaro fan desde ya mismo. Os lo recomiendo mucho si queréis leer algo que no queme vuestras neuronas pero tampoco insulte vuestra inteligencia.

mongoliadMongoliad, el libro escrito a… un montón de manos… entre Neal StephensonGreg BearMark Teppo, y otros autores o colaboradores de índole diversa. ¿Llegasteis a leer el artículo sobre la relación entre la novela histórica y la ciencia ficción de Javier Negrete y Juan Miguel AguileraMongoliad no es ciencia ficción, lo que es es un magnífico ejemplo de como aplicar la sensibilidad (no estoy seguro de que esa sea la palabra) de la fantasía a la novela histórica. Los propios autores la clasifican de fantasía histórica y es una etiqueta que le va como anillo al dedo. En muchos sentidos está cerca de ser el trope codifier del subgénero, el ejemplo que consolida la manera de explicar determinado tipo de historia. Es un libro que también saldrá publicado este mes en la colección de RBA y sobre le que también tendré que escribir, y voy a tener mucho que decir sobre él. Forma parte de una serie, tiene un final que te deja totalmente colgado a la espera de la segunda entrega pero… como esta no va a tardar mucho, pues no es demasiado grave. Además el proceso de elaboración de la novela es muy interesante.  

Seguro que me estoy olvidando de libros, pero estos son los que más me urge reseñar. Y caramba, ya hacía días que el blog me miraba con malos ojos, se merecía un regalito.

Las mejores lecturas de 2012 en La Biblioteca de Ilium

Hoy ha aparecido en el blog de Literatura Fantástica de RBA una recopilación de recomendaciones de libros de este género aparecidos (en ocasiones leídos) durante 2012, elaborada por blogueros de renombre. Mi contribución al artículo ayudando a coordinar los diferentes textos me ha despertado el gusanillo de escribir algo parecido yo mismo, pero como lo voy a hacer en mi blog me voy a saltar toda norma de contención. El texto es laaaaaargo. Por compasión voy a limitarme a mencionar, eso sí, libros que puedan encuadrarse razonablemente en el género fantástico. He dividido el artículo en dos partes, una dedicada a novedades (libros publicados en 2012) y otra dedicada a libros que he leído en 2012 pero cuya publicación puede retrotraerse, en ocasiones, al alba de los tiempos. Podéis leer una parte hoy y otra mañana, pero sea como sea no dejéis de dejar en los comentarios vuestra opinión sobre los mejores libros de género fantástico que hayáis leído durante este año. Los lectores atentos descubrirán una pequeña primicia escondida. Los otros no.

Y felices fiestas fantásticas.

Libros publicados en 2012

Las furias de AleraEntre extrañosVoy a empezar esta sección con una pequeña trampa: Las ediciones en inglés que he leído de Furies of Calderon de Jim Butcher y de Among Others de Jo Walton no son de 2012, pero sí lo son sus traducciones al español, Las Furias de Alera y Entre Extraños, ambas novelas publicadas en la nueva colección de RBA. Por razones diferentes, las dos se cuentan entre mis lecturas más destacables de este año, la primera (Las Furias de Alera) por pura sed de aventuras satisfecha con mano maestra, la segunda por pura calidad literaria, exhibición de virtuosismo en la construcción de personajes y, no lo niego, nostalgia desacomplejada. Podéis leer que le expliqué a @odo de mi experiencia con Las Furias de Alera en su más que recomendable blog (y sus respuestas en el mío) y la entrevista que pude hacerle a Jim Butcher en el blog de la colección. De Entre Extraños hablé en febrero y también tuve la oportunidad de entrevistar a Jo Walton en LF.

The PostmortalOtro libro cuya traducción al español ha aparecido en 2012 pero fue publicado antes en la versión original americana es Eterna Juventud, el horroroso título con el que han castigado al The Postmortal de Drew Magary en su edición en español… Este libro lo descubrí gracias a Leemaslibros y aunque en sus primeras páginas no me pareció nada especial, el rigor con el que sigue su planteamiento (el descubrimiento de una vacuna contra la muerte por vejez) desmiente la aparente sencillez de su escritura. Muy recomendable. Podéis leer mi reseña aqui.

RailseaY sin embargo, la novedad de género fantástico con la que más he disfrutado este año es la última novela de un autor ante el cual no tengo defensas que todavía no ha sido traducida al español: Railsea, de China Miéville. Ya lo reseñé en su día y más allá de cierta dificultad en encontrar su ritmo que parece endémica del autor me resultó imposible sacarle defectos. Tal vez se la pueda acusar de ser una novela para jóvenes con mala puntería, pues no creo que sean los más jóvenes quién más vayan a disfrutar con ella, pero la hazaña imaginativa de Miéville y el gozo casi descerebrado (que no inhábil ni falto de reflexión previa) con el que retuerce el lenguaje sin renunciar a un ápice de su hermosura convierten Railsea en un caramelo para mí, algo que atesorar entre mis experiencias lectoras. A Miéville nunca le he entrevistado (ni tengo acceso a él ni me atreviría a abrir la boca en su presencia), pero sí lo ha hecho (¡y no en una si no en una, dos y tres partes!) nuestra apreciada Silvia Schettin, traductora de su novela La Ciudad y La Ciudad. A Silvia si que la he (hemos, con Los VerdHugos) entrevistado, así que en un hipotético juego de seis grados de separación “interview edition” solo un paso me separaría de China Miéville. ¡Gracias Silvia!

Un monstruo viene a vermeY volveré a hacer trampas… Miéville comparte pódium con un libro que acaba de aparecer en español: Un Monstruo Viene a Verme (A Monster Calls) de Patrick Ness. Este, y no otro, es el libro que hay que darle a leer a cualquiera que diga que la literatura juvenil no puede ser adulta. Este acompañado de un gran paquete de pañuelos de papel, pues todavía no conozco a nadie (seguro que existe) a quién no se le haya derramado una lágrima al leer la historia de esta novela perfecta. Sin ningún defecto. Leed mi reseña aquí y dejad que me aparte un rato del teclado que se me ha hecho un nudo en el estómago al recordarlo…

Evaporating Genres: Essays on Fantastic Literature… ya he vuelto. Finalmente os recomiendo el ensayo Evaporating Genres: Essays on Fantastic Literature de Gary K. Wolfe. Tampoco está traducido ni reseñado, aunque hablé de él con cierta extensión en el primer episodio de la segunda temporada del podcast de Los VerdHugos. No solo de ficción vive el hombre, por más que esa sea su dieta principal. Gary K. Wolfe ha seguido una trayectoria que le ha convertido en uno de los críticos (él rechazaría la etiqueta y se denominaría “reviewer“) más reputados del género, y en este libro trata un tema que me resulta especialmente interesante: la porosidad (como me gusta esta palabra) de los géneros o lo absurdo que es a veces clasificar y subclasificar y subsubsubclasificar… Su revisión de las grandes tradiciones de la literatura fantástica moderna, de obras y de autores es inspiradora y una maldición para un elaborador de listas de libros como yo. Este libro, sirva esto de advertencia, debería estar en un contenedor de plomo sellado en un cubo de hormigón sepultado en el subsuelo en el fondo de la Fosa de las Marianas para todo aquel cuya Kriptonita sean los espoilers. Y sí, pienso en alguien concreto. Sin embargo, y aunque en determinados momentos pueda ceder a la tentación de la autodefensa o al ensalzamiento exagerado de sus filias metaliterarias, Evaporating Genres debería ocupar un lugar de honor en la estantería de cualquier aficionado al género interesado en su historia. ¿He mencionado que además el tono del libro es muy ameno? Pues lo es. De este no tengo reseña pero sí algunos fragmentos destacados.

Libros prehistóricos (o anteriores a 2012)

Pedro PáramoSi fuera justo, el primer libro que debería mencionar sería Pedro Páramo, la maravilla incontestable de Juan Rulfo (y debo agradecerles al morador de Sin Solapas y a la Bionauta camuflada sus recomendaciones) pero, si me perdonáis el casi insultante lugar común, trasciende el género a tantos niveles que prefiero dejarlo aparte. Ya hablaré de clásicos otro día. Sí me gustaría hablar un poco de Narrenturm, la primera entrega de La Trilogía Husita escrita por Andrzej Sapkowski publicada en español por Alamut en la magnífica traducción de Jose María Faraldo. Es un libro muy peculiar al que le he dedicado una reseña extensa (con la que, por cierto, participo en el concurso de reseñas organizado por Libros y Literatura. Os animo a votar en el siguiente enlace y a entrar en el sorteo de varios lotes de libros) que no voy a repetir aquí. Es un libro a caballo entre varios géneros, especialmente la novela histórica, algo menos la novela fantástica y un aderezo extremadamente generoso de humor negro, gamberro y escatológico, escrito con un lenguaje denso, forzado y arcaico que… ¡sin embargo funciona! Debo ser uno de los pocos aficionados a la literatura fantástica que todavía no ha leído los libros más populares de Sapkowski, la saga dedicada al brujo Geralt de Rivia, pero si alguna vez necesité pretextos Narrenturm me los ha dado todos. Ya me espera en la estantería su secuela, Los Guerreros de Dios, y aunque me inquieta el cambio de traductor (esta vez a cargo de Fernando Otero Macías con la colaboración, eso sí, de José María Faraldo), nada me lleva a dudar de la calidad del producto final. No me sorprendería que apareciera aquí en el artículo equivalente del año próximo.Narrenturm (Trilogía husita #1)

Una edad difícilTampoco quiero dejar de recomendar otros libros dignos de mención. En Una Edad Difícil podréis conocer los cuentos de la autora rusa Anna Starobinets, publicados en nuestro país de la manos de la editorial Nevsky Prospects (que, por cierto, acaba de publicar la primera novela de la autora rusa: El Vivo, ya encima de mi desordenada mesa). Podéis leer mi reseña aquí, pero dada la extensión de libro casi os podéis saltar el paso y poneros a leer el libro inmediatamente. No os arrepentiréis (y luego os pasáis por aquí y comentáis). La han nombrado la Stephen King rusa, una etiqueta que no me acaba de convencer, y os reto a comprobar su imaginación inquietante (y juguetona) en la novela breve (¿relato largo?) que da título a la antología. Veremos si sois capaces de no seguir leyendo. The Atrocity Archives es un animal totalmente diferente. La primera entrega de The Laundry Files (Los Archivos de Laundry) de Charles Stross nos presenta las peripecias de Bob Howard, experto en demonología computacional ascendido a agente de campo en The Laundry, una agencia gubernamental encargada de investigar fenómenos paranormales. Combina de forma extraña y con gran eficacia la ciencia ficción hard, la mitología lovecraftiana y esa estética cultivada por Expediente X o Los Hombres de Negro. Dinámica, divertida y bien escrita, no hay nada que pueda no gustar en esta extraordinaria serie de historias que pretendo seguir leyendo en 2013. Podéis leer mi reseña aquí pero, tristemente, como le gusta decir a mi amigo Odo, es un libro en busca de traducción.The Atrocity Archives (Laundry Files, #1)

The Dragon's Path (The Dagger and the Coin, #1)The King's Blood (The Dagger and the Coin, #2)Me faltan cinco (¡cinco!) libros que mencionar y ya he rebasado la marca de las 1600 palabras… Vamos a ello intentando ser breves: Raising Stony Mayhall, de Daryl Gregory. Esta historia de zombis que no parece una historia de zombis la leí a principio de año y ha sido una agradable sorpresa descubrir que podía incluirla en mi lista de lecturas de 2012. Daryl Gregory es un escritor fantástico que sin renunciar a su toque pop ha sabido crear al personaje más entrañable que he leído este año. Es un libro lleno de sensibilidad construido a partir de tópicos maltrados por su autor con todo el cariño del mundo. No está traducido al español pero es imprescindible. Podéis leer mi reseña aquí y la entrevista de Odo a Daryl Gregory aquí. Sus cuentos tampoco están nada mal, por cierto. The Dragon’s Path y The King’s Blood son las dos primeras entregas de la pentalogía de fantasía épica The Dagger and the Coin, del escritor Daniel Abraham. De estas dos novelas no tengo reseña (todavía) pero son una magnífica contribución a su subgénero. Aunque Abraham está apadrinado por George R.R. Martin y su influencia se detecta en diversos aspectos, un enfoque (relativamente) menos violento y el rol protagonista de la economía contribuyen a crear un mundo complejo y con una historia apasionante. No están publicados en español pero… lo estarán. El tercer volumen en inglés, The Tyrant’s Law, está previsto para marzo de 2013 y no me lo perderé por nada. Raising Stony Mayhall

Y no puedo despedirme sin hacer referencia a dos clásicos del género fantástico que deberían formar parte de la colección de cualquier estantería que se precie de ser más que un aguantalibros, más allá de etiquetas: Grendel, de John Gardner (publicado con traducción de Jon Bilbao por meettok), una joya postmodernista con inagotables niveles de lectura que reflexiona sobre la necesidad del mito y la ficción, y Cat’s Cradle, de Kurt Vonnegut (publicado en español como Cuna de Gato en la colección Contraseñas de Anagrama y, recientemente, en catalán como Bressol de Gat por la editorial Males Herbes), un fascinante delirio, más fanta-ciencia que ciencia ficción, del siempre irónico Vonnegut. Podéis leer mis correspondientes reseñas aquí y aquí.
GrendelCat's Cradle

Y este ha sido mi 2012 lector… no me quejo, la verdad. ¿Y el vuestro? Ya sabéis, dejad vuestros comentarios en la cajita inferior.

¡Felices Fiestas Fantásticas!

El “booktrailer” de Un Monstruo Viene a Verme, de Patrick Ness

Hace tiempo comenté este maravilloso libro, que ahora ha salido en español de mano de Debolsillo.

Acabo de dar con el trailer del libro y me ha gustado tanto que no puedo evitar compartirlo con vosotros. Ahí queda.

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Entrevista a @Odo sobre su lectura de Las Furias de Alera, de Jim Butcher

Hace unas semanas decidí leer la versión original de Las Furias de Alera para preparar una entrevista a Jim Butcher para Literatura Fantástica RBA. La entrevista salió el martes pasado y, si todo ha salido como estaba previsto, el libro se pondrá a la venta mañana mismo. Aunque después de las muchísimas horas de placer que me han proporcionado los libros de Harry Dresden de Butcher mi predisposición ante esta novela era más que buena, confieso que mi expectativas se han visto superadas con creces. La propuesta de Jim Butcher tiene suficiente personalidad propia, gracias a su enorme pericia como narrador, como para ser un caramelo para cualquier aficionado a la fantasía. Este libro es pura aventura y pura diversión. Me parece una lectura obligada para todos aquellos que, como yo, agonizan entre libro y libro de George RR Martin o Patrick Rothfuss o para los seguidores de Brandon Sanderson o Joe Abercrombie.

Pero todo este rollo no es más que la base del pastel: la guinda la ha puesto mi amigo Odo, esa estrella fulgurante de la blogosfera cienciaficcionera española que ha leído el libro al tiempo que yo y con quien nos hemos saturado mutuamente las bandejas de entrada de nuestras cuentas de correo comentando con enfermizo lujo de detalle el devenir de Las Furias de Alera. En lugar de hacer una reseña, hemos decidido entrevistarnos el uno al otro acerca de la lectura de la novela. Podéis leer mis respuestas a sus preguntas en Sense of Wonder, y aquí, después de la magnífica ilustración de Alejandro Colucci para la edición española de Las Furias de Alera, os dejo con lo que Odo tiene que decir. 

¿Qué es lo que más te ha sorprendido de las Furias de Alera?

Nunca había leído nada escrito por Jim Butcher, así que no sabía muy bien qué esperarme. Como su fama le viene por una serie de fantasía urbana (las novelas protagonizadas por Harry Dresden), inconscientemente me esperaba algo de ese estilo: narración en primera persona, tono irónico, ambiente oscuro y sórdido… Pero no, Butcher entronca perfectamente un montón de referencias de la fantasía épica clásica y contemporánea para crear una historia tremendamente sólida, con muchísimo ritmo y con personajes variados y atractivos. Y eso es lo que más me ha sorprendido: la capacidad de integrarse perfectamente en un género, en toda una tradición, y crear una obra que es, a la vez, fresca en muchos aspectos y un homenaje a otras historias muy conocidas.

El libro plantea muchos interrogantes que deja para futuras entregas. ¿Hasta que punto crees que Butcher lo tenía todo planeado?

Hay algunos elementos que sí que parecen planeados a largo plazo. El más evidente de ellos es la evolución de Tavi, el personaje principal (aunque en esta primera parte el protagonismo está bastante repartido, en realidad). El hecho de que sea el único habitante de Alera que no posee capacidades mágicas hace sospechar que su destino va a ser muy especial. Además, el misterio de su origen parece que va a erigirse en uno de los ejes fundamentales de la trama en las siguientes entregas. Al menos Butcher ha ido dejando caer pistas e insinuaciones que hacen pensar que va a ser así.

Pero por otro lado, hay algunos personajes que inicialmente parecían secundarios pero que se vislumbra que pueden ser muy importantes en el futuro de Alera. Da la impresión de que son los típicos personajes que van creciendo, evolucionando y cobrando protagonismo poco a poco sin que esa fuera la intención inicial del autor. Pero claro, esto sólo son especulaciones mías. Lo bueno es que, como la serie ya está terminada y se ha publicado íntegramente en inglés, no tendremos que esperar un tiempo indeterminado para averiguarlo (a diferencia de otra famosa saga de fantasía épica que tiene a sus seguidores en vilo y casi siguiendo los partes médicos de su autor).

Alera Codex : Marat by *sandara on deviantART

¿Qué te ha parecido el sistema de magia que propone el libro? ¿Como se lo describirías a los lectores del blog?

Es un sistema muy original, basado en los elementos (tierra, aire, fuego…). Me ha gustado mucho cómo estos poderes mágicos pueden hasta llegar a materializarse en forma animal, cobrando una personalidad propia. También me ha gustado cómo Butcher combina la parte mágica con la lucha con espada (y hasta algo de artes marciales) en las frecuentes y estupendas escenas de acción. Algunas de ellas me recordaron a la fantástica película “Tigre y dragón“, no sé si la has visto. Otro aspecto muy interesante es el contraste entre la magia de los habitantes de Alera y los Marat, basada en su vínculo con las bestias salvajes. Los enfrentamientos entre ambas facciones son espectaculares (con una de las mejores batallas que he leído en los últimos años).

Lo que quizá no me ha gustado tanto es que no se acaba de explicar del todo cuáles son las capacidades y, sobre todo, los límites de la magia basada en los elementos. Espero que en las siguientes entregas se profundice más en el tema.

Bernard and Brutus by *sandara on deviantART

Una pregunta que me he hecho yo mismo leyendo el libro: ¿No crees que Las Furias de Alera no ha recibido la atención que se merece en el mercado anglosajón?

Sí, la verdad es que he de confesar que nunca había oído hablar de esta serie hasta que fue anunciada en la colección Literatura Fantástica y me sorprende, porque tiene una calidad excepcional. Buscando un poco de información (me tragué algún spoiler, por cierto) he visto que hay hasta foros enteros dedicados a Codex Alera, pero no es una serie que se oiga nombrar con frecuencia y me extraña. Quizá queda un poco eclipsada por la popularidad de la saga de Harry Dresden, pero me parece injusto, porque al menos el primer libro es divertidísimo y merecería más atención por parte de los lectores de fantasía.

Me consta que últimamente estás disfrutando con algunos de los libros de Brandon Sanderson. ¿Crees que la propuesta de Butcher tiene algún punto en común con la fantasía de ese autor?

Sí, desde luego. Está claro que Sanderson es, a día de hoy, el referente en cuanto a sistemas de magia originales (y aventuras “palomiteras”) así que es inevitable hacer una comparación con las obras de este autor y cualquier otra novela que proponga un sistema mágico novedoso. Como decía en la pregunta anterior, Butcher no desarrolla tanto las “reglas” de la magia como puede llegar a hacerlo Sanderson, pero sí que logra el mismo nivel de integración en las peleas, en la personalidad y en la vida “cotidiana” de los personajes. En eso se parecen mucho y también en el ritmo, que en Las furias de Alera es endiablado. Sin embargo, un punto en el que quizá gane Butcher, al menos en esta obra, es en que los personajes secundarios tienen mucha personalidad y están muy bien dibujados: cuando vamos conociendo elementos de su pasado nos damos cuenta de que son totalmente coherentes con su forma de actuar y eso aporta mucha solidez y credibilidad a la historia.

Amara and Cirrus by *sandara on deviantART

Y finalmente, la pregunta más importante: en una pelea entre Amara y Vin (de Mistborn), ¿quién crees que saldría vencedor?

Esa es una buena pregunta. Casi tan buena como la famosa “¿quién preferirías ser, Borges o Daredevil?“. Y como todas las buenas preguntas, es muy difícil de responder. A primera vista, diría que Vin tiene más talento mágico natural, pero Amara es la indiscutible ganadora en fuerza de voluntad y disciplina. Por otro lado, tanto Amara como Vin tiene una debilidad natural y es que dependen de la presencia de ciertos elementos para poder hacer magia, así que habría que tener en cuenta el terreno del enfrentamiento. Además, Amara es una excelente espadachina, cosa que podría darle ventaja en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, pero claro, las espadas suelen ser metálicas y Vin podría usarlas a su favor… Dejémoslo en empate técnico hasta que pueda leerme el resto de las entregas de ambas sagas (de momento sólo he leído el primer libro de cada una) y ver cómo evolucionan los personajes, cosa que no creo que tarde en hacer, porque estoy enganchadísimo a ambas sagas. De hecho, un par de veces salí a la calle con el Kindle para poder seguir leyendo Las furias de Alera de camino al trabajo (y no, no choqué con ningún árbol, pero la gente me miraba raro).

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Del Naranja al Azul, de Cristina Jurado Marcos

[Reseño este libro gracias a la cortesía de la Editorial United p.c. y aprovecho para anunciar que un ejemplar de la novela será objeto de un sorteo en el próximo episodio del podcast de Los VerdHugos. Permanezcan atentos a sus ordenadores.]

Del naranja al azulAunque la tengo (felizmente) lejana, procedo de la tradición científica. En ese ámbito es habitual detallar cualquier posible conflicto de interés que pueda haber sesgado el punto de vista del autor de un artículo. Voy a honrar mis orígenes confesando que la autora de Del Naranja al Azul se cuenta entre esos amigos posibles gracias a twitter; amistades 2.0 a las que lo más normal es no haber visto en persona, cuyas voces raramente conozco, de las que no se si son altas o bajas o tantas otras cosas. De Cristina Jurado solo sé que cuando no aparece en mi timeline de twitter la echo de menos y qué me siento privilegiado por estar entre los primeros en haber podido leer su novela. El lenguaje debería tener alguna forma de distinguir a amistades cibernéticas que a menudo siento más cercanas que a muchas otras personas que mejor servicio le harían a la humanidad convertidas en personaje de videojuego… vamos a ello.

Del Naranja al Azul es la primera novela de una duología y, como tal, sirve sobre todo para presentar los diferentes personajes y sentar las bases del conflicto que desarrollará en la próxima entrega. El planteamiento inicial de la novela recuerda especialmente el principio de esa V, los Visitantes que muchos de nosotros tuvimos el gran placer de ver durante nuestra adolescencia en los años ochenta (añado que a mi me gustó el reciente remake de la serie): Unos alienígenas (los bionautas) presuntamente pacíficos llegan a la tierra y se presentan ante la humanidad. A partir de aquí, aunque se mantienen algunos paralelismos, la novela adquiere personalidad propia con algunas propuestas genuinamente originales algo lastradas por una ejecución que no consigue desarrollarlas hasta alcanzar todo el potencial que tenían.

La novela cumple sobradamente con el objetivo de entretener y, lo que quizás es más importante, proporciona un desenlace sugerente que suscita el deseo de conocer el final de la saga. Sin embargo, la credibilidad del argumento y la profundidad de la narración se ven puestos en cuestión por una aparente tozudez por enfatizar los aspectos positivos de una situación post-apocalíptica que, francamente, pocos parece tener. También llama la atención la voluntad de esquivar mediante piruetas narrativas cualquier descripción mínimamente gráfica capaz de reflejar la visceralidad que piden a gritos algunas de las escenas y que resultaría (de eso no me cabe ninguna duda) en una profundización mucho mayor en la naturaleza de los personajes.

Uno de los grandes hallazgos de la novela son los bionautas, esos alienígenas cuya gran similitud con los seres humanos se me antoja como el misterio central de la trilogía y que durante siglos (aunque nunca queda totalmente claro durante cuanto tiempo) han surcado el espacio sideral en busca de un nuevo hogar. Es precisamente este largo viaje, con la escasez material y de estímulos que conlleva, el qué ha condicionado hasta límites que solo podemos imaginar la psicología y la biología de los bionautas, convirtiéndoles en unos seres extremadamente eficientes y, desde un punto de vista humano (el mío, que pasa) fríos como tempanos de hielo en el vacío interestelar. Precisamente son los bionautas quienes dan pie a algunas de las escenas más interesantes y más propias del género de la novela, aunque mi impresión es qué el recurso estilístico que ha elegido la autora para reflejar su alteridad les perjudica más que beneficiarles, interrumpiendo el ritmo de la narración mediante frases cortas que además hacen de párrafo y forzándoles a comunicarse mediante diálogos cortos que niegan de facto esa superioridad de la comunicación de los bionautas de la que ellos se sienten tan orgullosos.

Es una novela capada, a medio gas, que crea una situación con mucho potencial pero se limita a mirar desde el exterior sin permitir que el lector habite en ella, en parte debido a un deseo de universalización mal entendido que se refleja en la ausencia de nombres de localizaciones, descripciones vagas de la geografía y de las distancias y, en general, un planteamiento superficial. Y sin embargo, es fácil visualizar lo que podría haber sido y tentador imaginar por qué derroteros llevará a esa resistencia y a sus bionautas la fértil fantasía de la autora. Es una lectura ligera que puede ayudar a hacer más llevaderos estos días lluviosos que nos acompañan (al menos en este satélite de Barcelona en el que habito) y que abre la puerta a una serie con un gran potencial.

Con esta novela Cristina Jurado se convierte en una de las nuevas imaginaciones de la ciencia ficción en español, una autora a la que acompañar en su exploración del futuro imaginado de la especie humana.

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El Legado de Prometeo, de Miguel Santander

El Legado de Prometeo

-¿Más langostas, señor? Son de la última plaga.

El Legado de Prometeo es una de las pocas novelas de ciencia-ficción dura escritas por un autor español que he leído, lo cual revela mucho más de mi ignorancia que de la salud (o falta de ella) de este subgénero en nuestro país. Mi impresión es que comparte parte de los (para mi) defectos de la ciencia-ficción hard publicada allende de nuestras frontera, aunque también muchas de sus virtudes.

Si os parece bien empezaré por los aspectos que me han convencido menos para poder dedicarme luego a lo positivo, mucho más gratificante. El Legado de Prometeo es, en esencia, una novela de personajes y es precisamente la dinámica entre estos la que acaba impidiendo que la novela alcance todo su pontencial. El motor de buena parte de la trama depende de las tensas relaciones entre los tripulantes de la nave en la que transcurre la historia. Esta tensión es comprensible si se tiene en cuenta que la duración del viaje es de décadas y en si misma puede dar pie a situaciones interesantes (y quien quiera un ejemplo magistral de lo que puede dar de si un escenario de este tipo, aunque sea fuera del ámbito literario, no debería dejar de echar un vistazo a la magnífica reformulación televisiva de Battlestar Galactica), pero creo que Santander se equivoca al no poner límites a sus personajes, convirtiéndolos (no a todos) en un elenco de incontinentes emocionales al borde del histrionismo que pueden llegar a resultar profundamente antipáticos y tener reacciones poco creíbles. Y sí, Marco, te estoy mirando a ti (pero tranquilo, no estás solo). Sospecho que la causa es un intento de conseguir la empatía del lector pero el resultado es un expresionismo y unos diálogos que resultan forzados y poco verosímiles. A pesar de que el escenario de la mayor parte de la historia es un espacio aislado durante décadas (la nave espacial Éxodo), en términos de evolución de la psicología de los personajes la novela no consigue transmitir de forma eficaz el transcurso del tiempo a pesar de sus enormes elipsis (más eficaces en la parte de la historia ambientada en la Tierra). Tampoco transmite la sensación de que la tripulación esté formada por más que el puñado de personajes cuyo punto de vista se nos muestra (aunque en realidad está formada por decenas de tripulantes) ni una claustrofobia que parece sugerir pero no acaba de manifestarse en el texto. En general, tanto en la Tierra como en la Éxodo, los “malosos” son unidimensionales y resulta complicado imaginar que pudieran eistir.

Otros aspectos de la novela que no acaban de satisfacerme son los relacionados con la personalidad y el comportamiento de la inteligencia artificial que ayuda a tripular la nave (repartida en tres núcleos cognitivos llamados, sin demasiada sutileza, Padre, Hijo y Espíritu Santo…). Tal vez sea una manía personal porque es un detalle que me ha llamado la atención negativamente en otras novelas, pero me parece que sufren de un exceso de antropomorfización que dificultan creer en ella. Destacan especialmente frente al mimo con el que se plantean las bases científicas de la novela cuando hacen relación a la física o a la astrofísica. Además, aunque la resolución de una parte importante de la trama depende fuertemente del comportamiento de esta inteligencia artificial y a pesar de que en el contexto de la narración es básicamente satisfactoria, la parte humana de la ecuación que interviene en la situación se resuelve con el recurso a un rasgo psicológico de uno de los personajes que no había sido suficientemente desarrollado con anterioridad, dando cierta sensación de trampa teniendo en cuenta la importancia que tiene para el desarrollo de la historia.

En la balanza de las virtudes, en cambio, nos encontramos con un futuro de la tierra muy sugerente, en el que el calentamiento del planeta a dado pie a una elevación del nivel del mar que ha recortado el la geografía del mundo a base de Tsunamis (como el provocado por el hundimiento de Las Palmas de Gran Canaria, que destruyó buena parte de la isla de Manhattan) y ha convertido Castilla la Mancha en un desierto surcado por tormentas de arena. Después de una Tercera Guerra Mundial (la Guerra de las Alianzas) la tierra se encuentra en plena crisis de los combustibles fósiles y la humanidad se ha visto forzada a recurrir a los combustibles alternativos. El descubrimiento de Némesis, un agujero negro relativamente cercano al sistema solar impulsa el desarrollo del Proyecto Prometeo, basado en las investigaciones del científico Daniel Merino y su promesa de conseguir una fuente de energía limpia e inagotable a partir del agujero negro. Con la colaboración de la multinacional Atlas (siguiendo los intereses ocultos de Laka O’Brien, su retorcido Presidente Ejecutivo) el Proyecto Prometeo consigue construir y lanzar la Éxodo, tripulada por Daniel y un equipo formado por científicos y militares en un viaje de décadas de duración de ida y vuelta a Némesis. La historia dedica un espacio desigual a dos tramas divergentes, una principal protagonizada por los tripulantes de la nave y una menor, pero más interesante, dedicada a los acontecimientos que suceden en la Tierra durante el viaje de la Éxodo. La descripción de la situación en la Tierra consigue transmitir una sensación de precariedad ecológica y reflejar la necesaria adaptación de la sociedad a la escasez, mostrando la aparición de valores sociales  que convierten en terrorismo ecológico acciones como el uso de aparatos de aire acondicionado o la circulación en un coche privado. Escasez, más que pobreza, pues el mundo de El Legado de Prometeo está tecnológicamente más avanzado que el nuestro, especialmente en cuanto al desarrollo de energías alternativas se refiere (quiero una bici eléctrica como la de Marco ya mismo). Es difícil hablar de la trama terrícola sin referirnos a su protagonista, así que le llamaré Paquito para evitar destriparle la historia a futuros lectores. A lo largo de la historia, Paquito entrará en contacto con dos de los grandes poderes que intentan controlar el destino del planeta: Laka O’Brien como presidente ejecutivo de la multinacional Atlas empeñado en saltarse todas las normas medioambientales impuestas por los gobiernos, por un lado, y la organización ecologista-radical formada por los Gaianos, una especie de culto que considera que la humanidad es una plaga y recurre al terrorismo para “curar” al planeta de su enfermedad. Situado en el punto de mira de estos dos grupos y del gobierno por una serie de particulares acontecimientos, Paquito será nuestro guía terrestre durante los años de viaje de la Éxodo. A pesar de una cierta ingenuidad en el retrato del juego de intereses políticos y comerciales, la trama terrícola funciona perfectamente e incluso se ve enriquecida por unas elipsis a las que el vacío del espacio no les sienta tan bien. Paquito es un protagonista carismático y que sufre una evolución creíble (a pesar de ciertas escenas que no desentonarían en una película de James Bond o de la saga de Misión Imposible).

En el espacio, claro, también hay escenas memorables, como las que muestran el sistema de simulación que usan los jóvenes en su educación (la recreación de la cultura celtibérica que experimenta Marco con sus compañeros de clase es alucinante) o el progresivo (y angustioso) deterioro de la memoria que sufre uno de los protagonistas debido al uso de la mnemosina, una droga que permite rememorar (revivir sería más adecuado) los recuerdos a voluntad. También funcionan bien los homenajes que me ha parecido percibir (ay… ese eye of the beholder…) a 2001 (esa genial escena inicial), las leyes de la robótica de Isaac Asimov o esas competiciones en gravedad cero en las que Ender Wiggins podría haber dado un par de lecciones a los tripulantes de la Éxodo… Pero mi dificultad para creer sin esfuerzo en el comportamiento de los personajes ha convertido la lectura de esta parte más en una carrera de obstáculos que un trayecto trepidante.

En conjunto es una novela sólida que no acaba de satisfacer las expectativas debido sobretodo a una mala gestión de la paleta emocional de sus personajes, aunque plantea un futuro muy sugerente, especialmente la parte de la historia ambientada en la tierra, y está llena de magníficas ideas y teorías cuyo desarrollo impulsan a seguir leyendo. También cabe destacar, como detalle que se aparta de lo habitual, el enfoque abierto a la sexualidad de varios personajes destacados aunque el tratamiento que se le da en un caso concreto, convirtiéndolo en un elemento de sorpresa, puede ser tachado de efectista por manipulador. La novela propone un final satisfactorio que deja abierta la posibilidad a seguir con la historia. A mi me gustaría de verdad leer esa hipotética continuación aunque mi interés sería aún mayor si se invirtiera el peso relativo de las dos vertientes de la historia, dando mayor protagonismo a la situación en el planeta y a su permanente crisis ecológica (especialmente incierta después de la conclusión de El Legado de Prometeo).

Es una novela de tres estrellas que recomiendo como primera toma de contacto con un autor que sospecho que seguirá creciendo hasta convertirse en una voz a tener en cuenta en el panorama de la ciencia ficción en español.

Os recomiendo leer la reseña (más positiva que la mía) y la entrevista al autor en el Más Ficción que Ciencia de Cristina Jurado.

 

Edición Reseñada

El Legado de Prometeo
Miguel Santander
Iniciativa Mercurio (Letras Apócrifas; mayo de 2012)
Edición para Kindle
625 páginas

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Railsea, de China Miéville

Railsea

The railsea. Long straights, tight curves; metal runs on wooden ties; overlapping, spiralling, crossing at metalwork junctions; splitting off temporary sidings that abutted & rejoined main lines. Here the train tracks spread out to leave yards of unbroken earth between them; there they came close enough together that Sham could have jumped from one to the next, though that idea shivered him worse than the cold. Where they cleaved, at twenty thousand angles of track-meets-track, were mechanisms, points of every kind: wye switches; interlaced turnouts; stubs; crossovers; single & double slips. & on the approaches to them all were signals, switches, receivers, or ground frames.

Railsea, el último libro publicado por China Miéville, refuerza mi impresión de que sus novelas, en mayor medida que las de otros escritores, son una propuesta que va más allá del ejercicio puramente narrativo. En sus libros el contexto es, no ya un protagonista, sino el protagonista principal, por lo que el éxito de sus textos depende en buena medida del grado de aceptación de las reglas implícitas en el tipo de juego que propone. Es una consideración que va más allá de lo literario y que puede llegar a interferir con la narración pero que, por otro lado, puede amplificar el disfrute de sus historias. Y eso me ha pasado a mi con Railsea.

Railsea (¿víamar? ¿mar de vías?) es un mar de tierra densamente cubierto por una madeja de vías puestas por no se sabe quién y mantenidas no se sabe exactamente como por trenes-ángel vistos por muy pocos. La tierra sobre la que se apoyan estas vías está plagada de criaturas subterráneas que la surcan en busca de presas que llevarse a la boca y poner pie en tierra es una receta segura para morir en cuestión de minutos, ya sea devorado por un topo gigante o hecho pedazos por las pinzas de un escarabajo elefantiásico. Asi pués, los trenes y sus tripulaciones ocupan el lugar de los barcos en nuestra realidad y, de hecho, el muchacho que protagoniza la historia la empieza como aprendiz de médico en un tren cazador de topos cuyo capitán, última encarnación de Ahab, está obsesionado por dar caza al topo gigantesco que le derrotó en el pasado. De estos capitanes se dice que “tienen una filosofía” y son considerados estudiosos que persiguen a un animal que encarna un concepto concreto como “la tenacidad”, “el engaño” o, en realidad, casi cualquier otro que se os ocurra.

How many of these philosophies were out there? Not every captain of the Streggeye Lands had one, but a fair proportion grew into a close antipathy-cum-connection with one particular animal, which they came to realise or decide—to decidalise—embodied meanings, potentialities, ways of looking at the world. At a certain point, & it was hard to be exact but you knew it when you saw it, the usual cunning thinking about professional prey switched onto a new rail & became something else—a faithfulness to an animal that was now a worldview.

Asi, Railsea es enormemente denso en símbolos y metáforas. La primera que se me ocurre es la naturaleza dual de las vías, que permiten viajar y explorar a la vez que limitan severamente la posibilidad de salir del camino marcado, precisamente uno de los temas principales del libro. Sham, el protagonista de la novela, se pasa buena parte del libro buscando su identidad y su propósito en la vida solo para descubrir que este consiste en to boldly go where no man has gone before. Si en algo se acerca Railsea al género de la novela juvenil al que se viene atribuyendo desde antes de su publicación es en este espíritu de aventura y descubrimiento.

Otra de las imágenes constantes del libro, la que me resulta más sugerente, es la de la geología de despojos humanos (pero no solo) acumulada capa a capa a traves de las eras, repartida a lo largo y a través del mar de vías. El mundo de Railsea es sucio y claustrofóbico, con una humanidad emparedada entre un suelo mortal y una atmosfera tóxica surcada por sus propios leviathanes. No sabemos demasiado del origen de esta situación, no hay una voluntad de descripción exhaustiva del tipo de mundo en el que transcurre la historia, pero sí que los humanos se ha adaptado convirtiéndose en carroñeros de despojos, arqueólogos del desperdicio que atraviesan la tierra en sub¿marinos? o sub¿perforadores? en busca de riquezas a las que dar usos muchas veces lejanos del original. Es un collage de objetos de mil épocas que van desde lo más prosaico (una montaña de lavadoras es un buen ejemplo) hasta tecnología tan sofisticada que incluso a nosotros nos parececería magia.

Our minds we salvage from history’s rubbish, & they are machines to make chaos into story.

El narrador de Railsea es un ente omnisciente que enfatiza constantemente la naturaleza ficticia de la historia y la convierte en un interesante ejercicio de metanarración que, por si fuera poco, funciona. El mundo del Mar de Vías es tremendamente artificial y se adapta a la perfección al formato de la metanarración. La estrategia de Miéville consiste en intercalar capítulos brevísimos en los que interrumpe el flujo de la narración para llamar la atención sobre determinados mecanismos de la estructura de la historia, como un cambio de punto de vista:

What should the story do when the primary window through which we view it is shuttered? we might say: It should look through another window.

O el uso de un recurso lingüístico concreto:

THERE WAS A TIME when we did not form all words as now we do, in writing on a page. There was a time when the word “&” was written with several distinct & separate letters. It seems madness now. But there it is, & there is nothing we can do about it.

Porque si algo destaca en Railsea es su uso del idioma. No es raro encontrar, en reseñas o comentarios a reseñas de libros suyos, la idea de que Miéville es mejor formador de frases que constructor de historias y se dice que cuando el río suena agua lleva. ¿Que pienso yo? Es una de las cosas que amo de este autor. Eso y su imaginación portentosa. Como muchos otros escritores con talento, Miéville tiene tics que en ocasiones se vuelven excesivos (y excesivo es un adjetivo que le cuadra como anillo al dedo). La tendencia al barroquismo o su incapacidad casi infantil para dejar de inventar neologismos son buenos ejemplos de estos amaneramientos de estilo y, de hecho, la novela en la que más controla sus riendas (The City and The City) es doblemente interesante por ello. Railsea es barroca, amanerada, llena de neologismos y de dobles negaciones y de escritura densa y apretada, pero el lenguaje es maravilloso. Resulta sorprendente como Miéville ha conseguido poblar su prosa de imágenes que denotan una psicología vinculada a un mundo de trenes y vías. También se nota que su barroquismo no es sinónimo de descontrol y la atención a la sonoridad y al buen fluir de las palabras convierte su lectura en un placer, obstaculizado un poco por su empeño tipográfico en apadrinar toda & que se acercara a sus dedos. La textura de la prosa de Miévilles, cercana en este libro a la técnica del flujo de la conciencia, es uno de sus rasgos más distintivos. En este caso da pie a unas imágenes que invaden el cerebro y que no podía de dejar de imaginar plasmadas a través del arte de un Miyazaki o del equipo formado por los franceses Jeunet y Caro.

Al igual que sucedía con Embassytown, a Railsea le cuesta un tercio de libro encontrar un ritmo que encarrile la atención del lector como un tren con rumbo (¡Ja!). Aún y asi el libro nunca se libra de una serie de problemas relacionados, casi siempre, con la naturaleza demasiado esquemática de la psicología de los personajes y de la esencia de la trama. Es un libro extraño que por la complejidad de su prosa se aleja del género juvenil que se le atribuye pero que por las connotaciones de la historia que explica se enmarca de lleno en él, sobre todo cuando entendemos “juvenil” como esas novelas clásicas de búsquedas de tesoros y aventuras en alta mar en la que el grumete se convertía en héroe y tenía un mono en el hombro que siempre le acompañaba. Incluso se le puede acusar de infantil en algunas de sus soluciones, como la escena inmediatamente anterior, insuficientemente desarrollada, a un final que retrospectivamente era el únicamente posible. Por esas y otras razones es un libro que dista de ser perfecto pero se convierte en una propuesta única.

Es un libro de cuatro estrellas y lo despido con esta declaración de intenciones de la propia novela:

PEOPLE HAVE WANTED TO narrate since first we banged rocks together & wondered about fire. There’ll be tellings as long as there are any of us here, until the stars disappear one by one like turned-out lights.

 

Edición reseñada

Railsea
China Miéville
MacMillan (24 de mayo de 2012)
448 páginas

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The Postmortal, de Drew Magary

The Postmortal

Bajo una u otra forma, la inmortalidad forma parte del repertorio habitual de la ciencia ficción pero no recuerdo ningún título en el que sea el tema principal de una novela o, al menos, no con el enfoque de Drew Magary.

El punto de partida de The Postmortal (publicado en español con el título Eterna Juventud por Minotauro) es simple: de forma casi accidental la humanidad descubre un tratamiento que interrumpe el proceso de envejecimiento convirtiendo a todos aquellos con acceso a él en post-mortales de facto. La muerte sigue siendo una posibilidad, pero morir de viejo deja de ser inevitable y el impacto de esa nueva realidad, cada vez al alcance de más gente, lo cambia todo.

La propuesta de Drew Magary es una lectura absorbente, sugerente y… deprimente. A partir de una idea a la que pocos le haríamos ascos (¿o no os habéis planteado nunca las ventajas de la inmortalidad?) Magary advierte del peligro de conseguir nuestros deseos, al menos bajo las particulares condiciones en las que la inmortalidad irrumpe en este libro. En el mundo post-mortal de Magary la falta de fecha de caducidad de la especie parece más una prórroga que una auténtica eliminación. Ningún área de la existencia humana, psicológica, sociológica o ecológica, escapa a las consecuencias de la cura del envejecimiento y del ciclo de muerte y renovación que nos vincula al planeta y a nuestros semejantes. No pretendo estropear el placer (la angustia) que supone ir descubriendo esta sociedad post-mortal pero tratad de imaginar, por un momento, que podría significar para el mercado laboral la desaparición de la necesidad de jubilación, o la irrelevancia del concepto de más allá para las religiones o de algo tan preocupante hoy en día como la superpoblación si el flujo de nacimientos no se ve compensado, al menos en parte, por la desaparición de parte de la población. Por no hablar de la fuente de desigualdades que puede provocar la falta de acceso al tratamiento de las clases más desfavorecidas. La inmortalidad como algo al alcance la sociedad no es algo nuevo en el imaginario de la ciencia-ficción pero suele darse en contextos en los que la falta de espacio o recursos vitales no son un problema, ya sea a través de la colonización de otros planetas (como sucede en algunas novelas de Alastair Reynolds o Peter F. Hamilton) o por el traslado de la conciencia a soportes no biológicos autosuficientes (los ejemplos son innumerables pero sólo mencionaré a mi apreciado Greg Egan). Suele ser, en definitiva, una ventaja indudable. La novedad del libro de Magary es convertir el planeta post-mortal en una olla a presión. La cura del envejecimiento llega demasiado pronto y la bendición se torna maldición, desviando la utopía hacia una distopía sorprendentemente descorazonadora.

La estructura de la novela responde a un artificio que para mí no acaba de funcionar, aunque mi valoración general del libro es muy positiva: el descubrimiento, once años después del fin del libro, de la tableta personal de John Farrell en la que escribió sus pensamientos durante los últimos 60 años de su vida, los 60 años posteriores al descubrimiento de la cura del envejecimiento. El prólogo explica que Farrell era una persona muy meticulosa que utilizó una aplicación llamada LifeRecorder para registrar todas sus interacciones personales, editadas luego para darles la forma de libro con la que ha llegado a nuestras manos. Me imagino que el objetivo de este pretexto es aumentar la ilusión de realismo de la narración pero para mi es un esfuerzo innecesario y lo que consigue es todo lo contrario. Por mucho que el propio texto justifica la meticulosidad con la que se han consignado los diálogos y los pensamientos de Farrell, a medida que avanza el libro se vuelve más y más difícil imaginar que este perdiera un solo momento en elaborar su archivo. Pecata minuta que no va más allá del prólogo y que no afecta para nada al funcionamiento del resto de la historia. De hecho, aunque el interés de lo que explica se mantiene a lo largo del conjunto del texto, la acumulación inicial de textos más o menos inconexos dedicados a explicar la difusión y el impacto de la cura va ganando en potencia a medida que la narración de John Farrell se vuelve más personal. Para mi, a pesar de que me han llegado opiniones opuestas, la historia va de menos a más hasta alcanzar un clímax final fenomenal. Hay aspectos concretos del argumento que no estoy seguro de creerme del todo, especialmente en relación con su vida sentimental hacia el final del libro, pero que aumentan la complejidad del libro en el plano emocional y energizan el desenlace. El estilo de escritura de Drew Magary es transparente y funcional, sin aspavientos pero sin problemas evidentes. La concatenación de capítulos muy breves le da al libro un ritmo ágil que seduce y aumenta la sensación de cambio vertiginoso que sufre la sociedad a partir de la aparición de la cura. Me ha parecido un debut muy interesante y sin duda estaré pendiente de su próximo libro.

¿Os ha pasado alguna vez, al hablar de un libro o una película, que os dáis cuenta de que el libro ha dejado una huella mayor de lo que pensábais mientras lo leíais? Es lo que me ha ido pasando a lo largo de la semana que he tardado en ordenar mis ideas e ir escribiendo esta reseña. No es algo que suceda siempre (incluso puede darse el caso contrario, como me pasa a mi con los libros de Patrick Rothfuss) y en mi experiencia significa que el libro es más de lo que parece en primera instancia, que explica algo que merece ser explicado y por ello merece ser leído. The Postmortal cala. Hace pensar seriamente en cosas que, por otro lado, no estan tan lejos del alcance de la ciencia. Es una lectura ágil que no requiere más de 3 o 4 tardes pero que acompañará a nuestra imaginación durante largo tiempo. Le caen 4 de las 5 estrellas posibles de Goodreads y recomiendo vivamente su lectura.

 

Edición reseñada

The Postmortal
Drew Magary
Penguin Books (30 de agosto de 2011)
369 páginas

 

Edición en español

Eterna Juventud
Drew Magary (Traducción de José Elías Álamo Gómez)
Minotauro (10 de abril de 2012)
368 páginas

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