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The Postmortal, de Drew Magary

The Postmortal

Bajo una u otra forma, la inmortalidad forma parte del repertorio habitual de la ciencia ficción pero no recuerdo ningún título en el que sea el tema principal de una novela o, al menos, no con el enfoque de Drew Magary.

El punto de partida de The Postmortal (publicado en español con el título Eterna Juventud por Minotauro) es simple: de forma casi accidental la humanidad descubre un tratamiento que interrumpe el proceso de envejecimiento convirtiendo a todos aquellos con acceso a él en post-mortales de facto. La muerte sigue siendo una posibilidad, pero morir de viejo deja de ser inevitable y el impacto de esa nueva realidad, cada vez al alcance de más gente, lo cambia todo.

La propuesta de Drew Magary es una lectura absorbente, sugerente y… deprimente. A partir de una idea a la que pocos le haríamos ascos (¿o no os habéis planteado nunca las ventajas de la inmortalidad?) Magary advierte del peligro de conseguir nuestros deseos, al menos bajo las particulares condiciones en las que la inmortalidad irrumpe en este libro. En el mundo post-mortal de Magary la falta de fecha de caducidad de la especie parece más una prórroga que una auténtica eliminación. Ningún área de la existencia humana, psicológica, sociológica o ecológica, escapa a las consecuencias de la cura del envejecimiento y del ciclo de muerte y renovación que nos vincula al planeta y a nuestros semejantes. No pretendo estropear el placer (la angustia) que supone ir descubriendo esta sociedad post-mortal pero tratad de imaginar, por un momento, que podría significar para el mercado laboral la desaparición de la necesidad de jubilación, o la irrelevancia del concepto de más allá para las religiones o de algo tan preocupante hoy en día como la superpoblación si el flujo de nacimientos no se ve compensado, al menos en parte, por la desaparición de parte de la población. Por no hablar de la fuente de desigualdades que puede provocar la falta de acceso al tratamiento de las clases más desfavorecidas. La inmortalidad como algo al alcance la sociedad no es algo nuevo en el imaginario de la ciencia-ficción pero suele darse en contextos en los que la falta de espacio o recursos vitales no son un problema, ya sea a través de la colonización de otros planetas (como sucede en algunas novelas de Alastair Reynolds o Peter F. Hamilton) o por el traslado de la conciencia a soportes no biológicos autosuficientes (los ejemplos son innumerables pero sólo mencionaré a mi apreciado Greg Egan). Suele ser, en definitiva, una ventaja indudable. La novedad del libro de Magary es convertir el planeta post-mortal en una olla a presión. La cura del envejecimiento llega demasiado pronto y la bendición se torna maldición, desviando la utopía hacia una distopía sorprendentemente descorazonadora.

La estructura de la novela responde a un artificio que para mí no acaba de funcionar, aunque mi valoración general del libro es muy positiva: el descubrimiento, once años después del fin del libro, de la tableta personal de John Farrell en la que escribió sus pensamientos durante los últimos 60 años de su vida, los 60 años posteriores al descubrimiento de la cura del envejecimiento. El prólogo explica que Farrell era una persona muy meticulosa que utilizó una aplicación llamada LifeRecorder para registrar todas sus interacciones personales, editadas luego para darles la forma de libro con la que ha llegado a nuestras manos. Me imagino que el objetivo de este pretexto es aumentar la ilusión de realismo de la narración pero para mi es un esfuerzo innecesario y lo que consigue es todo lo contrario. Por mucho que el propio texto justifica la meticulosidad con la que se han consignado los diálogos y los pensamientos de Farrell, a medida que avanza el libro se vuelve más y más difícil imaginar que este perdiera un solo momento en elaborar su archivo. Pecata minuta que no va más allá del prólogo y que no afecta para nada al funcionamiento del resto de la historia. De hecho, aunque el interés de lo que explica se mantiene a lo largo del conjunto del texto, la acumulación inicial de textos más o menos inconexos dedicados a explicar la difusión y el impacto de la cura va ganando en potencia a medida que la narración de John Farrell se vuelve más personal. Para mi, a pesar de que me han llegado opiniones opuestas, la historia va de menos a más hasta alcanzar un clímax final fenomenal. Hay aspectos concretos del argumento que no estoy seguro de creerme del todo, especialmente en relación con su vida sentimental hacia el final del libro, pero que aumentan la complejidad del libro en el plano emocional y energizan el desenlace. El estilo de escritura de Drew Magary es transparente y funcional, sin aspavientos pero sin problemas evidentes. La concatenación de capítulos muy breves le da al libro un ritmo ágil que seduce y aumenta la sensación de cambio vertiginoso que sufre la sociedad a partir de la aparición de la cura. Me ha parecido un debut muy interesante y sin duda estaré pendiente de su próximo libro.

¿Os ha pasado alguna vez, al hablar de un libro o una película, que os dáis cuenta de que el libro ha dejado una huella mayor de lo que pensábais mientras lo leíais? Es lo que me ha ido pasando a lo largo de la semana que he tardado en ordenar mis ideas e ir escribiendo esta reseña. No es algo que suceda siempre (incluso puede darse el caso contrario, como me pasa a mi con los libros de Patrick Rothfuss) y en mi experiencia significa que el libro es más de lo que parece en primera instancia, que explica algo que merece ser explicado y por ello merece ser leído. The Postmortal cala. Hace pensar seriamente en cosas que, por otro lado, no estan tan lejos del alcance de la ciencia. Es una lectura ágil que no requiere más de 3 o 4 tardes pero que acompañará a nuestra imaginación durante largo tiempo. Le caen 4 de las 5 estrellas posibles de Goodreads y recomiendo vivamente su lectura.

 

Edición reseñada

The Postmortal
Drew Magary
Penguin Books (30 de agosto de 2011)
369 páginas

 

Edición en español

Eterna Juventud
Drew Magary (Traducción de José Elías Álamo Gómez)
Minotauro (10 de abril de 2012)
368 páginas

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Diablos de Polvo, de Roger Smith

Diablos de Polvo

Aquella era una tierra de conflictos shakespeareanos. Clanes del mismo estrecho valle que vivían enfrentados y peleados a muerte por motivos olvidados en el tiempo.

Ya hace un tiempo que vengo leyendo cosas buenas sobre la novela negra que se está escribiendo desde Sudáfrica, por lo que cuando la gente de Es Pop Ediciones me dio la oportunidad de participar, junto a otros blogueros, en la lectura conjunta de Diablos de Polvo, el libro de Roger Smith con el que inauguran su Colección Pulpo Negro, no dudé ni un segundo. Tres días después cerraba el libro y dos minutos después de cerrarlo encargaba otra novela del autor. Cuando algo me gusta quiero más.

Un Diablo de Polvo es un torbellino más o menos intenso que se produce cuando entran en contacto el aire caliente cercano al suelo y un bolsillo de aire frío, provocando una corriente ascendente intensa que arrastra el polvo y lo esparce al bajar de nuevo su temperatura. La imagen tiene connotaciones de choque, brusquedad y desorden, así que se ajusta como un guante al espíritu de esta violenta novela. Ambientada en la Sudáfrica post-apartheid de nuestros días, la historia combina los puntos de vista de cuatro personajes conectados por la tragedia lanzados sin frenos hacia un encuentro que no promete nada bueno.  Se me antoja, sin saber si se ajusta a la intención del autor, que con cada encuentro se produce uno de los diablos de polvo que dan título al libro, dando lugar a una explosión de caos que cambia el terreno juego y a los personajes. La gran violencia del libro está descrita con una asepsia perturbadora,  desprovista de énfasis y sin regodeo, que parece sugerir que escandalizarse está fuera de lugar, que esa violencia es tan natural como que salga el sol por la mañana. Smith sabe esparcir a lo largo del texto observaciones e imágenes que aumentan su capacidad de evocación y lo convierten en algo más que un mero entretenimiento con exceso de testosterona. En su prosa se aprecia un esfuerzo de depuración que parece responder menos al intento de ser facilón que al de maximizar su impacto manteniendo el realismo y acercándose en ocasiones al lirismo. Sus virtudes como narrador se encuentran tanto en su capacidad, casi fotográfica y desprovista de sentido del humor, de retratar diferentes escalas de violencia como en su habilidad para dar una voz memorable a los personajes e insertarlos en el contexto de un país tan singular, con una historia tan convulsa, como Sudáfrica (será injusto, pero se me han quitado todas las ganas de visitarlo). El libro, en mi opinión, sin pretender romper fronteras ni deslumbrar a base de estilo, no está desprovisto de ambición literaria y supone un éxito a muchos niveles. Poco a poco, frase a frase y con escritura atenta, la prosa de Smith va dibujando un país desolador, miserable y cubierto por una pátina de mugre que va más allá de lo puramente estético y apunta a una podredumbre del espíritu del que nadie escapa si no es por defunción. Fijaos que no me refiero, porque no me importa mucho, a que la visión de Sudáfrica que da el libro sea realista, sino a la capacidad (estrictamente literaria) del autor de generar una atmósfera verosímil en la que incrustar su historia. Puede discutirse si la novela es más cercana al noir o al thriller, pero en el atrevimiento de mi ignorancia este tipo de escenario es una de las características principales que le atribuyo a la novela negra. La otra es la imperfección de la naturaleza de sus personajes, también presente en Diablos de Polvo con la excepción de un único personaje que consigue mantenerse incorrupto. Por otro lado, y aunque cuando escribo siempre intento mantener las formas, no puedo dejar de mencionar que en Diablos de Polvo reside uno  de los mayores HIJOS DE PUTA que ha parido pluma de escritor. El infame Inja Mazibuko, señor de la guerra capaz de suscitar mis peores cualidades y mi deseo ardiente de desearle todo mal y para quien cualquier sufrimiento es poco. Me reservo la opinión de si la novela da o no satisfacción a dicho deseo. En el otro extremo del espectro se encuentra Sunday, una chica zulú de dieciséis años que se resiste al destino injusto que las circunstancias tratan de imponerle. Entre ambos transitan por rutas más o menos paralelas Robert Dell (antiguo activista antiapartheid cuyo pacifismo será puesto a prueba por las circunstancias), su padre (ex-agente de la CIA) y Disaster Zondi (zulú procedente del pueblo de Inja que ha escapado de la pobreza y ha alcanzado el éxito social y económico en Ciudad del Cabo haciéndose cargo de una unidad anti-corrupción). Todos ellos son personajes bien caracterizados, aunque confieso que Disaster Zondi (y la parte de la trama vinculada a él) me convence menos que el resto, tanto por su falta de rumbo como por su construcción un poco deslavazada. Entre todos dan pie a una coreografía trágica perversamente hipnótica que se refleja en la estructura de la novela.

Roger Smith es un buen narrador. La historia tiene un ritmo trepidante, lo que le da más mérito a su capacidad para dotar de tridimensionalidad el contexto y la situación del país. Solo en su tramo final, tal vez por desensibilización del lector, pierde algo de energía. Como tantas historias más o menos enraizadas en un género concreto la necesidad de encauzar las desventuras de los protagonistas hacia una situación final previsible, en su naturaleza sino en su desenlace definitivo (que los personajes se encontrarán está fuera de toda duda. Qué sucederá entonces es otro cantar), lastra un poco el realismo que caracteriza al conjunto del libro. A pesar de ello, Roger Smith es un buen malabarista de escenas y es difícil resistirse al atractivo de su novela. Nada es gratuíto pero la apariencia de espontaneidad se mantiene, o al menos la capacidad de sorpresa, por lo que la lectura siempre es un goce.

Me ha parecido una muy buena novela, llena de virtudes y con pocos problemas. No tengo ninguna duda de que los aficionados a la novela negra y al thriller se enamorarán inmediatamente de ella, pero es recomendable para cualquier buen lector a quién no le moleste la inclusión de la violencia en las historias que lee. Su retrato, no se si exagerado o tristemente realista, de la situación en Sudáfrica es descorazonador pero le da una personalidad propia que aumenta su interés. Es una novela de lectura sencilla pero oculta joyas para aquellos que disfrutan cavando en los textos. Recomiendo leerla prestando atención al detalle. Le caen 5 de las 5 estrellas posibles de Goodreads.

 

Ediciones reseñadas

Diablos de Polvo
Roger Smith
Es Pop Ediciones, Colección Pulpo Negro (2012)
344 páginas

 

Dust Devils
Roger Smith
Serpent’s Tail (2011)

 

PD. Le agradezco a Es Pop Ediciones la oportunidad de participar en la lectura compartida de este libro. Podéis encontrar otras reseñas de los participantes en leemaslibros y en Pulparty y en Viaje Alrededor de una Mesa y en Leer Sin Prisa y en Cruce de Caminos y en LilVia… iré añadiendo al resto conforme vayan apareciendo.

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Grendel, de John Gardner

Grendel

Grendel es un libro potente y complejo, escrito con intención reflexiva y voluntad de estilo. Es un muy buen ejemplo de metaliteratura y recurre a la figura de Grendel, uno de los antagonistas de Beowulf en la leyenda anglosajona, para exponer las ideas de John Gardner sobre la ficción, su componente moral y su influencia en la naturaleza humana y el desarrollo de las culturas. El principal artificio del que se vale la novela es el de la identificación del lector con el monstruo, narrador en primera persona de sus doce años de guerra con la tribu de los daneses y su rey Hrothgar, en una relación a caballo entre el antagonismo y la dependencia, hasta la llegada del guerrero Beowulf y su enfrentamiento final con Grendel.

El libro es un triunfo en varios frentes, pero si hay que destacar alguno este debe ser la construcción de Grendel como personaje. A pesar de su paradójica inverosimilitud, Grendel es un personaje perfectamente dimensionado y con una psicología cargada de contradicciones que le convierte, pese a su pretendida (y demostrada) monstruosidad, en el personaje más humano de la novela. Grendel, el libro y el personaje, se resiste a la simplificación y se mantiene elusivo y abierto a las interpretaciones. La capacidad de Grendel para la introspección y la observación solo es comparable a los impulsos bestiales sobrehumanos que le abruman. Anhela formar parte de la misma humanidad a la que se esfuerza por aterrorizar. Es intelecto puro puramente emocional, surgido de un orden primigenio anterior, casi prehistórico, personalizado tanto en la bestialidad primaria y alingüística de la madre con la que convive en su cueva subterránea como en el dragón que todo conoce y al que nada le importa, tremendo nihilista que da pie a algunas de las escenas más divertidas y enigmáticas de la novela.

“Well, speak, boy,” he said. “Say ‘Hello there, Mr. Dragon!’” He cackled.

My throat convulsed and I tried to get my breath to speak, but I couldn’t.

The dragon smiled. Horrible, debauched, mouth limp and cracked, loose against the teeth as an ancient dog’s. “Now you know how they feel when they see you, eh? Scared enough to pee in their pants! He he!” He looked startled by an unpleasant thought, then cross. “You didn’t, did you?”

[- ¿Y bién? Di algo, muchacho. Di «¡Hola Sr. Dragón!» Dijo riendo.

Mi garganta se agarrotó y traté de tomar aire para hablar, pero no pude.

El dragón sonrió. Horrible, depravado, la boca lacia y agrietada, floja contra los dientes como la de un perro viejo. «Ahora sabes como se sienten los demás cuando te ven, ¿eh? ¡Te tienen tanto miedo que se mean en los pantalones! ¡Je je!» De repente pareció asaltarle un pensamiento desagradable, luego se puso serio. «¿No te ha sucedido, verdad?»]

La inverosimilitud de Grendel (de su personalidad, de su capacidad retórica, de la profundidad de su pensamiento) se contagia al resto del libro hasta convertirse en uno de sus principales recursos retóricos. Diversos personajes irán subiendo al estrado, de forma casi literal, para dar voz a reflexiones dramatizadas con un alto nivel de abstracción acerca de cuestiones como el heroismo, la falta de una moralidad absoluta en un universo sin Diós, la futilidad de la historia y la importancia que puede tener la ficción como marco para dotar de contenido a las empresas humanas. Son momentos en los que el autor canibaliza al personaje y le induce un trance en el que este no puede sino hacese eco de los pensamientos de su creador, pasajes que pueden resultar un tanto forzados pero que proporcionan un contraste que aumenta la dimensión mítica de la narración. Son personajes, también, que pueden interpretarse como aspectos del propio Grendel, a quien tampoco dejamos de ver como a un aspecto de la humanidad con la que se enfrenta. Excepto en esas contadas ocasiones en las que otro personaje recibe el don y maldición de la retórica por parte del autor, tanto Grendel como el Dragón exhiben mentalidades mucho más sofisticadas que las de los humanos. La novela sugiere una situación en la que la humanidad es joven y salvaje, en la que Grendel es un eslabón perdido, una vía muerta de la evolución surgida de la estirpe de Caín, también salvaje y sobrehumano pero mucho más sabio que la cultura humana destinada a remplazarle. Si mitopoeia es la creación de mitos esto es su destrucción, la domesticación de la ficción que acabará dejando a Grendel sin lugar fuera de la ficción, la transición desde la época de las leyendas hacia la era moderna. Es uno de los temas principales de la novela, reflejado a través de Shaper (“hacedor de patrones”, tal vez), el rapsoda ciego que a través de sus narraciones y con la ayuda de su arpa hilvana las mentiras que, como una profecía autocumplida que se extendiera hacia atrás en el tiempo, les dan a la tribu de los daneses un sentido de la identidad y la historia comunes. Ni siquiera Grendel, testimonio directo del origen salvaje del reinado de Hrothgar y conocedor, por tanto, de la naturaleza mentirosa de los relatos, consigue sustraerse a la seducción de Shaper, el único humano por el que siente algo parecido al respeto, al menos hasta que Beowulf haga su aparición.

A nivel de estilo, Grendel es un libro muy elaborado que experimenta con diversos registros, enfatizando siempre la subjetividad de Grendel. La prosa de Gardner es elegante y me hace pensar en el New Weird (un ejemplo que viene al caso, y muy buena lectura, es el The Third Bear de Jeff VanderMeer), del que tal vez sea un predecesor. La brutalidad de las acciones de Grendel se describe de forma casi atenuada, como de pasada. Fijaos en este ejemplo:

I picked him up gently and carried him home. I laid him at the door of Hrothgar’s meadhall, still asleep, killed the two guards so I wouldn’t be misunderstood, and left.

[Le recogí con cuidado y le llevé a su casa. Le dejé, todavía dormido, ante las puertas de la sala común de Hrothgar, maté a los dos guardias para evitar malentendidos y me fuí.]

O el precioso:

Children slide down the hills on shaped boards, sending their happy cries through drifted stillness. As twilight deepens, their mothers call them in. A few feign deafness. A shadow looms over them (mine) and they’re gone forever.

[Los niños se deslizan por las colinas sobre tablones recortados y sus gritos de felicidad flotan a la deriva a través de la calma. El crepúsculo se ahonda y sus madres les llaman. Algunos simulan sordera. Les cubre una sombra (la mía) y han desaparecido para siempre.]

También llama la atención el carácter de testigo de Grendel, descrito con un estilo casi elíptico que dota a Grendel de sentidos sobrehumanos y le convierte prácticamente en narrador omnisciente. Si la novela tiene una imagen trágica es la de Grendel en uno de sus muchos escondites, de noche, escuchando las historias de Shaper y presenciando la actividad de los humanos hacia los que tanto odio siente y agonizando por no poder sentarse entre ellos. Ved sino:

I’d be watching a meadhall from high in a tree, night-birds singing in the limbs below me, the moon’s face hidden in a tower of clouds, and nothing would be stirring except leaves moving in the light spring breeze and, down by the pigpens, two men walking with their battle-axes and their dogs. Inside the hall I would hear the Shaper telling of the glorious deeds of dead kings–how they’d split certain heads, snuck away with certain precious swords and necklaces–his harp mimicking the rush of swords, clanging boldly with the noble speeches, sighing behind the heroes’ dying words. Whenever he stopped, thinking up formulas for what to say next, the people would all shout and thump each other and drink to the Shaper’s long life.

[Yo observaba la sala común desde lo alto de un árbol, con el canto de los pájaros nocturnos en las ramas inferiores, el rostro de la luna oculto tras una torre de nubes y todo inmóvil menos las hojas danzando en la leve brisa de la primavera y, en las porquerizas, dos hombres que caminaban acompañados con sus hachas de batalla y sus perros. En el salón podía oir al Hacedor hablar de las gestas gloriosas de reyes ya muertos -como habían partido ciertas cabezas, robado ciertas espadas y colgantes preciosos- imitando con su arpa la canción de las espadas, resonando audazmente al compás de los nobles discursos, suspirando tras la estela de las útimas palabras de los héroes moribundos. Cuando callaba, imaginando fórmulas que le ayudaran a continuar su relato, todos gritaban y se daban palmadas y bebían a la salud de la larga vida del Hacedor. ]

Es una novela capaz de provocar diversas reacciones en el lector. Perturbadora, a veces irritante, a menudo conmovedora, su lectura no es exactamente fácil ni está libre de baches, pero la prosa de John Gardner es impecable y las sensaciones que deja el libro persisten en la conciencia.

 

Edición reseñada

Grendel
John Gardner
Ed Vintage/Random House (2010)
174 páginas

Edición en español

Grendel
John Gardner (Traducción de Jon Bilbao)
Meettok S.L. (2009)
128 páginas

PD 1. Las traducciones de los fragmentos citados son mías, al igual que cualquier incorrección en ellas.

PD 2. Por lo que he leído en Wikipedia, los doce capítulos de la novela están estructurados de forma que cada uno de ellos coincida con un signo del zodíaco, con un encuentro o tema en cada capítulo que vincula el signo con el aspecto astrológico asociado (por ejemplo, el encuentro con el macho cabrío en el primer capítulo, vinculado al signo de Aries). Además, cada capítulo ejemplifica una rama del pensamiento filosófico, empezando por el solipsisimo (“Yo existo – nada más existe”) e incluyendo la filosofía existencial de Sartre. Evidentemente yo no me había dado cuenta, pero dicho queda.

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Leviathan Wakes, de James S.A. Corey

Leviathan Wakes (Expanse, #1)

“A hundred and fifty years before, when the parochial disagreements between Earth and Mars had been on the verge of war, the Belt had been a far horizon of tremendous mineral wealth beyond viable economic reach, and the outer planets had been beyond even the most unrealistic corporate dream. Then Solomon Epstein had built his little modified fusion drive, popped it on the back of his three-man yacht, and turned it on. With a good scope, you could still see his ship going at a marginal percentage of the speed of light, heading out into the big empty. The best, longest funeral in the history of mankind. Fortunately, he’d left the plans on his home computer. The Epstein Drive hadn’t given humanity the stars, but it had delivered the planets.”

Leviathan Wakes es la primera entrega de la trilogía de ciencia ficción que escriben, a cuatro manos y bajo el seudónimo de James S.A. Corey, Daniel Abraham y Ty Frank. Antes de entrar en detalles, os adelanto que es uno de los libros más entretenidos que leí en 2011 y que espero con ganas la publicación de Caliban’s War, su secuela prevista para junio de 2012. Algunos de entre vosotros también recordaréis que este libro fue objeto de polémica en el primer episodio del podcast de ciencia ficción que grabamos los VerdHugos antes de la nominación de los cinco finalistas a los premios Hugo de 2012, entre los que se cuenta, y los que no lo supieráis… bien… como suelen decir, a la oportunidad la pintan calva (por alguna razón que se me escapa) y ahora es una magnífica ocasión para que descarguéis y escuchéis el susodicho episodio. Razón aqui. Prosigamos.

La novela sigue las peripecias de Jim Holden, minero espacial obligado por las circunstancias a convertirse en una especie de Han Solo amateur, y del Detective Miller, agente de un cuerpo de policía privado en uno de los satélites del extrarradio del sistema solar al que ponen a cargo de un turbio caso de desaparación en el que acaba descubriendo cosas que nadie esperaba ni deseaba. El libro está estructurado en capítulos breves que alternan la historia de los dos personajes hasta alcanzar un inevitable punto de encuentro, y cada uno de los brazos del argumento tiene un carácter bastante diferente. Así, mientras el espíritu de la historia de Jim Holden se encuentra cercano a la space opera con tintes de comedia, las desventuras de Miller parecen más bien una novela negra que funciona sorprendentemente bien en el contexto claustrofóbico de los túneles del satélite en el que inicia su investigación. Las diferencias entre las dos partes de la historia responden, claro, a las de las personalidades de sus protagonistas, complementarios e incompatibles a partes iguales. La amargura y la tozudez del Detective Miller, resuelto a llegar al final de su investigación independientemente del precio, contrasta con el idealismo heroico, naïve y desprovisto por completo de sentido común de Jim Holden, con una capacidad para meterse en berenjenales de dimensiones galácticas (literalmente galácticas… ya veréis, ya…) que hace que el lector se lleve las manos a la cabeza una y otra vez.  Los personajes secundarios también están bien construidos pero si la novela tiene un alma, esta está en la dinámica entre sus dos protagonistas. El argumento, por otra parte, recicla un  montón de elementos que hemos visto bajo uno u otro disfraz en otras historias pero está escrito con humor y con un enfoque dinámico y emocionante que engancha desde el principio y sumerje en la historia hasta el final.

Uno de los aspectos que más me ha gustado del libro es la atención con la que se ha construido el contexto en el que transcurre la historia. En el futuro de la novela la humanidad ha comenzado su expansión por el sistema solar (y ese es precisamente el título general de la trilogía: The Expanse, La Expansión). Marte ha sido terraformado y en el cinturón de asteroides se ha construido una serie de pequeñas colonias mineras que para su abastecimiento dependen por completo de los planetas interiores. Los largos meses de viaje que separan a los planetas del cinturón de asterorides y la progresiva modificación de la fisiología y el aspecto de las sucesivas generaciones de belters (los habitantes del cinturón), nacidas y criadas en un entorno artificial de baja gravedad, han fomentado un sentimiento de diferencia que ha dado pie a una situación de gran tensión social. Esta tensión se ve complicada por la rivalidad que existe entre la Tierra (el viejo mundo) y Marte (relativamente joven y tecnológicamente muy superior) y por la actividad desestabilizante de la Alianza de Planetas Exteriores (Outer Planets Alliance), una organización militar que busca la independencia entre el cinturón de asteroides y los planetas anteriores y que es percibida como revolucionaria por los habitantes de los asteroides y como terrorista por los de los planetas. El delicado equilibrio entre todos estos poderes, descrito con cierta dosis de ingenuidad, se va a ir modificando a lo largo de la novela y proporcionará un contexto a las acciones de los protagonistas y amplificará sus consecuencias como una caja de resonancia. La mayor parte de la acción se situa en el espacio o en el cinturón de asteroides, que debido a su pobreza relativa en comparación con los planetas interiores dispone de un nivel de tecnología avanzado pero descrito como si hubiera salido de un bazar chino del futuro. Es esa “tecnología sucia” que tan bien han reflejado obras como la moderna Battlestar Galactica o el western espacial Firefly, y que para mi le da parte de su entrada a Leviathan Wakes.

Más que la falta de sofisticación (que reconozco) del retrato social que plantea la novela, lo que me resulta atractivo es su carácter de pre-space opera. És decir, su descripción de un punto de transición en el que ha comenzado la expansión de la humanidad por el sistema solar pero el salto hacia las estrellas sigue siendo encontrándose a… je je… años luz de distancia… ¿o tal vez no tanto? Desde fuera del género sería fácil referirse a este libro como “el típico libro de ciencia ficción” porqué en muchos sentidos lo es: espacio exterior. Naves. Monstruos del espacio. Meteoritos. Pero lo cierto es, tristemente, que el típico libro de ciencia ficción no suele ser una aventura tan estimulante y bien elaborada como esta. Le pongo 4 de las 5 estrellas y me parece un digno nominado a los premios Hugo de 2012, por más que no me parecería un campeón suficientemente bueno.

 

Edición reseñada

Leviathan Wakes: Book One of the Expanse series (Expanse 1)
James S.A. Corey
Hachette Digital (2 de junio de 2011)
Versión Kindle

 

[Una versión en catalán de esta reseña apareció originalmente en la Biblioteca de Ilium en Tumblr. El motivo por el que la vuelvo a publicar traducida es su nominación en los premios Hugo 2012]

P.D. Os recomiendo visitar Sense of Wonder para leer una reseña negativa del libro. Odo razona muy bien su crítica y tiene a su favor que sabe mucho más de Space Opera yo, por lo que su visión del libro parte de un punto de vista diferente al mío y puede resultaros interesante. Eso no quita que os recomiendo leer el libro y, ya puestos, dejar vuestro comentario en nuestros blogs.

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Embassytown, de China Miéville

Embassytown by China Miéville

“We speak now or I do, and others do. You’ve never spoken before. You will. You’ll be able to say how the city is a pit and a hill and a standard and an animal that hunts and a vessel on the sea and the sea and how we are fish in it, not like the man who swims weekly with fish but the fish with which he swims, the water, the pool. I love you, you light me, warm me, you are suns.
You have never spoken before.”

Me ha llevado bastante escribir esta reseña y aún en el momento de sentarme a escribirla no tengo del todo claro como enfocarla. Si que os puedo decir que este ha sido uno de los libros leídos en 2011 que más me ha gustado y, sin duda, es mi candidato preferido de cara a los Premios Hugo 2012 (aunque tampoco me importaría que ganase el Among Others de Jo Walton). En lo que a mi respecta, la incursión de China Miéville en la ciencia ficción representa un éxito rotundo y le confirma como un escritor contemporáneo de género fantástico a seguir. Vamos a por esa reseña.

Después de un inicio relativamente arduo y opaco que exige cierto grado de persistencia y de fe en que el autor sabe lo que tiene entre manos, Embassytown se convierte en una novela de ciencia ficción perfecta a la que no le se ver ningún defecto. Es probable, mejor decirlo ya, que se trate de uno de esos libros que solo se pueden amar u odiar, sin términos medios (aunque visto desde la distancia el desconcierto puede ser una tercera opción).

El libro transcurre en Arieka, un planeta situado al límite del cosmos conocido y habitado sobretodo por los Ariekei, una especie muy hermética y extraordinariamente dotada para la tecnología (business, business…). En Arieka solo existe una ciudad (Embassytown) preparada para la supervivencia de los humanos, que además es el único lugar del universo en el que existen los Embajadores, humanos modificados con el objetivo de hablar el lenguaje Arieka y comunicarse con la especie dominante del planeta. El único lugar, esto es, hasta que se publica esta novela y… y no quiero hablar más del argumento.

La narradora del libro es Avice Benner Cho, una de las pocas habitantes de Embassytown que ha tenido la oportunidad de visitar otros planetas gracias a su condición de Immerser (navegante del Immer, una especie de subrealidad de difícil navegación que en el universo propuesto por Miéville hace las veces de hiperespacio). Es un personaje que tiende a la indolencia y su resistencia a convertirse en protagonista dificulta un poco empatizar con ella, aunque las circunstancias la meten de lleno (de una forma más literal de lo que quiero expresar aqui para respetar la sensación de maravilla que supone ir desentrañando la madeja de esta historia) en el meollo de la cultura Arieka y no le quedará más remedio que convertirse en nuestra embajadora en el mundo alienígena de Miéville a lo largo de una aventura que reflexiona acerca del lenguaje y de como este influye sobre nosotros y sobre nuestra percepción del mundo.

El libro no está libre de problemas pero estos se acumulan en su primer tercio. El enfoque que tiene Miéville de la literatura fantástica parece ser la inmersión total, sin paracaídas, consejos ni guía de viajes, y eso convierte el primer tramo de la novela en un ejercicio de aprendizaje un tanto arduo que nos exige la asimilación de un nuevo vocabulario y de las normas de comportamiento de una sociedad realmente… extraña. Es un inicio interesante pero poco motivador a lo largo del cual el lector empieza a plantearse la posibilidad de que el libro no esté a la altura de las expectativas y es justo en ese momento en que el impulso de leer flaquea cuando la novela despliega sus alas y nos arrastra a un vuelo de la imaginación que no querremos que termine. Este esfuerzo inicial proporciona el bagaje necesario para embarcar al lector en un nudo y un desenlace de la novela que me parecen magistrales y dignos de contarse entre las mejores páginas que ha proporcionado el genero. ¿Que qué es ciencia ficción, Embassytown? Ciencia ficción eres tuuuuuuuuu…

La atmosfera y la ambientación de la novela son muy característicos de su autor, que no en vano está considerado como uno de los adalides del new weird. Su estilo es barroco y organicista y las imágenes que evoca parecen salidas de la obra de H.R. Giger. Miéville es un estilista con un gran dominio del lenguaje y de las riendas de una imaginación portentosa, que se deleita en lo extraño y en la manipulación de la percepción del mundo. En la práctica eso le convierte en un escritor exigente que tiende a la inaccesibilidad. Su prosa es inteligente y sin concesiones, pero puede resultar irritante si no se entra en su dinámica. No menos importante, la obra de Miéville (y Embassytown especialmente) rebosa ideas sugerentes e imaginativas, y este es una característica menos frecuente de lo que sería de suponer en un género como la ciencia ficción, descrita tantas veces como una “literatura de ideas”. La propuesta que hace China Miéville en Embassytown es tan cautivadora como la de los clásicos más transgresores del género y su calidad literaria es superior a muchos de ellos.

Mi opinión de China Miéville, de quien he leído Perdido Street Station y sus tres últimos libros (The City and The City, Kraken, Embassytown), no puede ser mejor. Le considero, con diferencia, el escritor vivo de ciencia ficción más prometedor y es al que sigo con mayor interés. Ninguna de sus obras que conozco está libre de problemas pero todas ellas merecen contarse entre las mejores novelas del género en sentido amplio y, de hecho, a menudo lo trascienden. El hecho de que casi ninguna de sus novelas se haya traducido al español suscita mi más absoluta estupefacción. Es posible que Embassytown sea su mejor novela hasta la fecha y no puedo sino animaros a leerla. Fue uno de mis libros preferidos en 2011 y es mi candidato ganador para los Hugo 2012.

Matrícula de Honor.

 

Edición reseñada

Embassytown
China Miéville
Macmillan (6 de mayo de 2011)
Versión Kindle

[Una versión en catalán de esta reseña apareció originalmente en la Biblioteca de Ilium en Tumblr. El motivo por el que la vuelvo a publicar traducida es su nominación en los premios Hugo 2012]

P.D. En el blog Pat’s Fantasy Hotlist se publicó una reseña con una visión diametralmente opuesta a la mía, por bien que compartimos algunas apreciaciones. Pat defencía una valoración global negativa y la idea de que la parte realmente interesante de la novela se encuentra en el primer tercio. Aunque está en inglés, la enlazo a título de curiosidad y para proporcionar un punto de vista diferente.

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A Dance With Dragons, de George R.R. Martin

A Dance With Dragons by George R.R. Martin

“Not all men were meant to dance with dragons»

En cuestión de libros no he encontrado nada que se parezca tanto a una droga como la saga de la canción de hielo y fuego de George R.R. Martin (GRRM). Sus libros me hacen perder toda pretensión de perspectiva y no puedo más que dejarme llevar y disfrutar, de forma casi obsesiva, del argumento y las desventuras de los personajes. Me embarga el entusiasmo y me resulta enormemente difícil dar un paso atrás y formarme una opinión más o menos ecuánime del libro, pero voy a intentarlo tratando de no destripar los acontecimientos del libro.

Si habéis leído los libros precedentes sabéis que esta entrega no es tanto la continuación de la anterior (A Feast For Crows (AFFC)/Festín de Cuervos) como su segunda mitad. Si AFFC narraba los acontecimientos que transcurrían en Westeros después de A Storm of Swords (ASOS /Tormenta de Espadas), en A Dance With Dragons (ADWD) sabremos lo que sucedía en aquellos momentos más allá del Muro y al otro lado del Mar Estrecho, aunque llegado un punto el libro continúa la historia más allá de AFFC. Este solapamiento parcial de las cronologías puede resultar algo confuso en algunos momentos, pero en general no da mayores problemas. Esta mitad de la historia, por cierto, es la que sigue a los personajes que me parecen más interesantes.

Tengo la sensación de que, en términos de estilo, GRRM ha evolucionado como escritor libro a libro, aunque la mejora de la prosa se ha visto acompañada de una pérdida relativa de brío narrativo. Muchos de los acontecimientos importantes (y a veces parece que todos lo son) narrados en ADWD suceden entre bastidores y sólo los conoceremos cuando lo haga algún personaje relevante. Es probable que eso sea un rasgo inevitable en una novela que ha acumulado decenas de personajes, incontables líneas argumentales y un nivel de detallismo difícil de describir. La historia ha pasado de centrarse casi por completo en el argumento y la interacción entre personajes a priorizar la vida interior de los personajes y el análisis detallado de periodos cortos de tiempo, y el coste del realismo así obtenido se ha pagado en términos de adrenalina. Es un cambio que comienza con AFFC, el libro de la saga que más se aleja de la novela de aventuras y más interés muestra en el retrato social y en explicar el impacto que tienen la guerra y la ineptitud de los gobernantes sobre el grueso de la población. ADWD se sitúa a medio camino de las dos opciones y recupera buena parte del carácter folletinesco (¿pulp, quizás?) de las primeras novelas sin renunciar a la atención al detalle, la atmósfera y la vida interior de los personajes. Por mucho que se abran algunas subtramas nuevas, en ADWD se comienzan a posicionar las piezas del argumento de cara a un eventual desenlace. No soy tan atrevido como para asegurar que GRRM conseguirá acabar su saga en los dos volúmenes pendientes previstos pero sin duda, por primera vez, se vislumbra una luz al final del túnel.

Este es el quinto volumen de una serie extensa y, consecuentemente, un libro dirigido a los fans de la saga (cada vez más numerosos gracias, en buena parte, al éxito de la magnífica adaptación televisiva de HBO). Los aficionados recibieron con cierta tibieza el volumen anterior (AFFC), en parte por el largo tiempo que tardó en aparecer en los estantes de las librerías y en parte por la discutible decisión de excluir a algunos de los personajes más populares debido a una división de la estructura de la novela algo absurda. Esta tibieza no parece haber influido en lo más mínimo en las enormes expectativas que ha generado la publicación de ADWD, que durante los larguísimos 6 años transcurridos desde la publicación de AFFC no han hecho más que crecer. Para mi ha merecido la pena la espera y puedo decir que me ha gustado más que AFFC (que, a diferencia de tantos, me gustó mucho). Durante las semanas que he tardado en leerlo me he sentido obnubilado e hipnotizado por la historia, ciego a los comentarios negativos que he ido recibiendo a través de twitter (esta ha sido una lectura un poco 2.0). Posiblemente la queja más frecuente que he leído es que durante buena parte del libro pasa más bien poco, y ciertamente hay algo de cierto en esa afirmación. Es una novela de ajustes minúsculos a una enorme maquinaria argumental construida a lo largo de cinco novelas extensas y, necesariamente, se aparta a menudo del meollo de la acción. En cualquier caso el aburrimiento no me ha enseñado en ningún momento su rostro gris y opino que GRRM da muestras de un pulso narrativo y de una capacidad de ingeniería narrativa brutales. Creo sinceramente justificado el largo tiempo que le ha llevado escribir este libro. Nunca me ha resultado fácil valorar el mérito literario de la saga. Y sí, ya se, el «mérito literario» es una cualidad inefable y siempre discutible, pero normalmente me cuesta menos crearme una impresión, subjetiva y más o menos equivocada, que me sirve para entender los libros y, más importante, para entenderme a mí mismo como lector. La Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin hace saltar por los aires mi persona de reseñador aficionado, convirtiendo en un monstruo incontenible al pequeño fanboy que llevo dentro. Lo hizo con el primer libro, lo ha hecho con todos los que lo han seguido, y lo ha vuelto a hacer ahora. No puedo más que quitarme el sombrero ante GRRM, encomendarme a los dioses de la paciencia y rezar para que la espera hasta el próximo libro no se me haga tan larga como se me ha hecho con este.

Matrícula de honor.

 

Edición reseñada

A Dance With Dragons
George R.R. Martin
Bantam (12 de julio de 2011)
Versión Kindle

[Una versión en catalán de esta reseña apareció originalmente en la Biblioteca de Ilium en Tumblr. El motivo por el que la vuelvo a publicar traducida es su nominación en los premios Hugo 2012]

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Throne of the Crescent Moon, de Saladin Ahmed

Throne of the Crescent Moon (The Crescent Moon Kingdoms, #1)

La primera novela de Saladin Ahmed es una aventura de fantasía clásica (y donde digo clásica quiero decir genérica y ligeramente convencional) que se beneficia de un toque de exotismo arábigo que le sienta realmente bien. ¿Es un soplo de aire fresco en el ámbito de la fantasía? Pues no, o no del todo.

La novela está protagonizada, sobretodo, por un anciano mago cazador de monstruos (Adoulla) y su ayudante (Raseed), un guerrero procedente de una estirpe de fanáticos ultrarreligiosos. Durante el transcurso de una de sus misiones dan con Zamia, la última superviviente de una tribu nómada masacrada por la criatura de un brujo oscuro que tiene el poder de crear monstruos inusualmente numerosos y poderosos. La muchacha, por cierto, tiene el don divino de transformarse en un felino mítico, y ha sido la protectora de su tribu hasta la matanza de la misma. Juntos, deberán hallar la manera de evitar que el brujo malvado se haga con el Trono de la Luna Creciente y hunda el mundo en una edad oscura. ¿No os parece una permutación más de una historia que ya conocíais? A mi sí.

Ojo, no estoy diciendo que sea una mala novela. No lo es en absoluto. Tiene mucho que alabar, la lectura absorbe y las especias con las que está aderezada la convierten en una experiencia interesante, pero su componente de innovación no va mucho más allá de lo cosmético. A estas alturas no habrá muchos aficionados que discutan que el imaginario derivado de la edad medieval en Europa ha encorsetado durante largo tiempo la estética de la fantasía más o menos épica, por más que en estos últimos años han aparecido libros que se alejan de esta tendencia (y sin haberlos leído me vienen a la cabeza los diversos libros de Guy Gavriel Kay, la Trilogía de la Sucesión de N.K. Jemisin, la fantasía épica de trasfondo eslavo de Bradley P Beaulieu o, muy recientemente, el Range of Ghosts de Elizabet Bear). Aunque el libro de Ahmed representa un paso más en una dirección nueva e interesante, su ampliación de fronteras no va suficientemente lejos. Los clichés a los que recurre son los mismos de siempre y la estructura básica de la historia resulta sobradamente familiar. Lo que sí aporta es una sensibilidad algo diferente en el planteamiento del argumento, con un ritmo algo menos acelerado de lo que es habitual en este tipo de aventuras y un enfoque que prima las interaciones entre los personajes, sus diferencias de origen y sus diferentes sistemas de creencias. También es curioso, en el buen sentido, el contraste de edad entre los dos grupos de protagonistas principales: Adoulla y sus viejos compañeros de aventuras (los héroes de antaño: sabios, cansados, nostálgicos, cínicos) y Raseed y Zamia (los jóvenes guerreros: desprovistos de sentido del humor, obsesivos, ansiosos por combatir, irreflexivos). El recurso a la figura del viejo guerrero es uno de los aspectos del libro que más me ha gustado y la interacción entre los dos grupos da pie a una dinámica interesante. El deseo de Adoulla y sus compañeros de combatir una última batalla para luego retirarse definitivamente le da a la historia un toque nostálgico y ayuda a aumentar la significación personal de la aventura. Saladin Ahmed tiene un buen dominio de su estilo y consigue ser simultáneamente claro y alambicado y muy sensorial. Su escritura evoca una atmosfera exótica que recuerda a otras leyendas procedentes del mundo árabe que todos hemos conocido desde pequeños. Aunque es un buen escritor de escenas de acción estas no son demasiado numerosas y el tono del libro es más bien nostálgico y reflexivo, con mucho lamer de heridas. La edición en audiolibro que yo he usado tiene el valor añadido del prodigioso Phil Gigante, un narrador elegante capaz de infundir todo tipo de acentos exóticos a la narración.

Throne of the Crescent Moon es uno de los debuts interesantes del año y no me cabe duda de que es una lectura recomendable (y muy disfrutable) para cualquier aficionado a la literatura fantástica interesado en las novedades y su combinación de nuevos aromas con un enfoque de la historia tirando a convencional funciona bien. Hay algunos aspectos que no me acaban de convencer, entre los que destacaría su intenso aroma a primera novela de trilogía (sí, será una trilogía. ¿No lo veíais venir?). A ello atribuyo la familiaridad del argumento. No discuto la solidez del relato, aunque el ritmo reposado está a un paso de volverse comatoso en el tramo intermedio y luego se precipita a una conclusión que no es completamente satisfactoria, pero durante demasiadas páginas he pensado que el autor estaba más interesado en tantear el terreno de cara al segundo libro que en escribir esta primera entrega. Ahora que ha colocado a todos sus peones y ha dado vida a unos personajes interesantes y perfectamente caracterizados, mis expectativas para un eventual segundo libro serán mucho más elevadas. Me he quedado con ganas de más, tanto porque me ha sabido a poco como por lo que el libro promete en términos de futuras aventuras, pero tengo confianza en la capacidad de Saladin Ahmed de dar más cancha a su imaginación y escribir algo realmente nuevo y emocionante. A día de hoy le pongo 3 estrellas de las 5 posibles de Goodreads.

 

Edición reseñada:
Throne of the Crescent Moon
Saladin Ahmed (narrado por Phil Gigante)
10 hrs y 16 mins (unabridged)
Brilliance Audio

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Nobody Move, de Denis Johnson

Nobody Move

La novela negra no es el género en el que más leído estoy. Dicho eso, Nobody Move representa el paradigma de lo que para mi significa «novela negra». Es una novela repleta de perdedores abocados a una tragedia desprovista de épica y moralejas, explicada con una voz tensa y ansiosa que puede ser muy evocativa y en ocasiones lírica. Los personajes están perfectamente dibujados gracias a unos diálogos alucinantes e inmejorables, que consiguen dotarlos de personalidad y vida con cada palabra.

Me ha gustado mucho el estilo de Denis Johnson, pero no tanto la elección de narrador en la edición de audiolibro que he escuchado, perfecto en los pasajes descriptivos pero excesivamente enfático en los diálogos. No se puede decir que la novela sea original, ni en su argumento ni en sus personajes (con excepciones), pero su factura es impecable. Le pongo 4 de 5 estrellas y me apunto al autor como imprescindible.

P.D. Este libro fue una recomendación de Aramys Romero, a quién podréis encontrar viajando alrededor de una mesa. Para mi ha sido su primera recomendación, pero os aseguro que no será la última. Gracias, Aramys. ¿Más recomendaciones?

 

Edición reseñada:
Nobody Move
Denis Johnson (narrado por Will Patton)
4 hrs y 23 mins (unabridged)
Macmillan Audio

Edición en Español:
Que Nadie Se Mueva
Denis Johnson
Ed Roja y Negra (Mondadori) 2012

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Unpossible and Other Stories, de Daryl Gregory

Unpossible and Other Stories

Después de Raising Stony Mayhall este es el segundo libro de Daryl Gregory que leo. Aunque mi opinión sobre el escritor sigue siendo estupenda, personalmente le prefiero en distancias largas. Como suele suceder con muchas antologías el interés del conjunto es dispar, aunque el nivel general es elevado. Entre los catorce relatos que contiene el libro ninguno es malo, solo uno es regular (“Free, and clear”), la mayoría son notables o sobresalientes e incluso he encontrado uno digno de matrícula de honor (“Dead Horse Point”). En absoluto un mal resultado neto.

El libro tiene un horizonte temático amplio, con ideas y temas repetidos en varios relatos como la figura de los superhéroes (con un enfoque que recuerda al Astro City de Kurt Busiek) o los relatos basados en conceptos extraídos directamente de la neurociencia. Es en estos últimos donde se encuentran los mejores momentos de la antología, como el sutil y triste “Second Person, Present Tense”, los tres brevísimos “Petit Mal #1: Glass” (inquietante), “Petit Mal #2: Digital “ (hilarante) y “Petit Mal #3. Persistence” (conmovedor), que podrían haber sido escritos por Oliver Sacks si se dedicara a la ciencia-ficción, o, sobretodo, el hermosamente manipulador “Dead Horse Point”.

Otros relatos muy recomendables son “Damascus” (la religión como enfermedad transmisible), “Gardening at Night” (Inteligencia artificial, robots y selección natural. ¿Prometedor? El relato es plenamente satisfactorio pero pide a gritos un desarrollo más extenso o, al menos, una secuela), el sofocante relato de ciencia-ficción rural “What We Take When We Take What We Need”. Otros relatos que acompañan al lector largo tiempo después de haberlos terminado son “In The Wheels”, un coctel que combina una ambientación estilo Mad Max con carreras de coches poseídos por demonios .

Daryl Gregory es un escritor interesante y muy competente que con este libro demuestra, de nuevo, tener una visión bastante personal y amplia de la literatura fantástica que combina elementos del horror, la ciencia ficción y la fantasía urbana, que en su caso es más rural. De hecho, esta ambientación rural y la incorporación de la religión en sus historias es algo bastante característico de las historias de Gregory, sacado directamente de su juventud por lo que explica en el epílogo del libro. Es un libro de 4 estrellas, muy recomendable e imprescindible para los aficionados al autor.

 

Edición reseñada:

Unpossible and Other Stories
Daryl Gregory
Fairwood Press (2011)

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«Red Country» de Joe Abercrombie ya tiene portada


Después de leer la Trilogía de la Primera Ley de Joe Abercrombie me declaré fan incondicional del autor y de su enfoque… ¿Tarantiniano?… de la fantasía épica clásica. Todavía me esperan en la estantería su The Heroes y su Best Served Cold [La Mejor Venganza, Ed. Alianza], con los que comparte mundo y algunos personajes y ya anuncian la publicación de su nueva novela Red Country. Su fecha prevista de publicación es el 20 de noviembre de 2012 asi que espero que me de tiempo a leer también los otros. De momento Red Country está incluida en la sección The Pila 2012 de La Biblioteca.

Lo poco que se sabe del argumento de Red Country, y basta para despertar mi apetito, es esto (¿habéis visto esos trailers que explican toda la película? Pues esto se parece. Avisados quedáis):

«Cuando Shy South regresa a su granja no encuentra más que ruinas humeantes. Su hermano y su hermana han desaparecido y sabe que si quiere volver a verlos tendrá que recuperar su maldito antiguo yo. Cuando emprende la búsqueda solo su cobarde padrastro la acompaña. Pero al parecer, igual que ella, este también ocultaba un pasado sangriento. Sangriento como ningún otro. 

Su viaje les llevará a través de las llanuras sin ley, a un pueblo fronterizo enfermo con la fiebre del oro, a través de enfrentamientos, duelos y masacres, hasta subir a las alturas inexploradas de las montañas en las que se encontrarán con antiguos enemigos y establecerán una alianza con Nicomo Cosa, un infame soldado de fortuna en el que nadie debería confiar…»

La portada, por cierto, la he encontrado en el estupendo blog A Dribble of Ink y hace referencia a la edición USA.

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