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Throne of the Crescent Moon, de Saladin Ahmed

Throne of the Crescent Moon (The Crescent Moon Kingdoms, #1)

La primera novela de Saladin Ahmed es una aventura de fantasía clásica (y donde digo clásica quiero decir genérica y ligeramente convencional) que se beneficia de un toque de exotismo arábigo que le sienta realmente bien. ¿Es un soplo de aire fresco en el ámbito de la fantasía? Pues no, o no del todo.

La novela está protagonizada, sobretodo, por un anciano mago cazador de monstruos (Adoulla) y su ayudante (Raseed), un guerrero procedente de una estirpe de fanáticos ultrarreligiosos. Durante el transcurso de una de sus misiones dan con Zamia, la última superviviente de una tribu nómada masacrada por la criatura de un brujo oscuro que tiene el poder de crear monstruos inusualmente numerosos y poderosos. La muchacha, por cierto, tiene el don divino de transformarse en un felino mítico, y ha sido la protectora de su tribu hasta la matanza de la misma. Juntos, deberán hallar la manera de evitar que el brujo malvado se haga con el Trono de la Luna Creciente y hunda el mundo en una edad oscura. ¿No os parece una permutación más de una historia que ya conocíais? A mi sí.

Ojo, no estoy diciendo que sea una mala novela. No lo es en absoluto. Tiene mucho que alabar, la lectura absorbe y las especias con las que está aderezada la convierten en una experiencia interesante, pero su componente de innovación no va mucho más allá de lo cosmético. A estas alturas no habrá muchos aficionados que discutan que el imaginario derivado de la edad medieval en Europa ha encorsetado durante largo tiempo la estética de la fantasía más o menos épica, por más que en estos últimos años han aparecido libros que se alejan de esta tendencia (y sin haberlos leído me vienen a la cabeza los diversos libros de Guy Gavriel Kay, la Trilogía de la Sucesión de N.K. Jemisin, la fantasía épica de trasfondo eslavo de Bradley P Beaulieu o, muy recientemente, el Range of Ghosts de Elizabet Bear). Aunque el libro de Ahmed representa un paso más en una dirección nueva e interesante, su ampliación de fronteras no va suficientemente lejos. Los clichés a los que recurre son los mismos de siempre y la estructura básica de la historia resulta sobradamente familiar. Lo que sí aporta es una sensibilidad algo diferente en el planteamiento del argumento, con un ritmo algo menos acelerado de lo que es habitual en este tipo de aventuras y un enfoque que prima las interaciones entre los personajes, sus diferencias de origen y sus diferentes sistemas de creencias. También es curioso, en el buen sentido, el contraste de edad entre los dos grupos de protagonistas principales: Adoulla y sus viejos compañeros de aventuras (los héroes de antaño: sabios, cansados, nostálgicos, cínicos) y Raseed y Zamia (los jóvenes guerreros: desprovistos de sentido del humor, obsesivos, ansiosos por combatir, irreflexivos). El recurso a la figura del viejo guerrero es uno de los aspectos del libro que más me ha gustado y la interacción entre los dos grupos da pie a una dinámica interesante. El deseo de Adoulla y sus compañeros de combatir una última batalla para luego retirarse definitivamente le da a la historia un toque nostálgico y ayuda a aumentar la significación personal de la aventura. Saladin Ahmed tiene un buen dominio de su estilo y consigue ser simultáneamente claro y alambicado y muy sensorial. Su escritura evoca una atmosfera exótica que recuerda a otras leyendas procedentes del mundo árabe que todos hemos conocido desde pequeños. Aunque es un buen escritor de escenas de acción estas no son demasiado numerosas y el tono del libro es más bien nostálgico y reflexivo, con mucho lamer de heridas. La edición en audiolibro que yo he usado tiene el valor añadido del prodigioso Phil Gigante, un narrador elegante capaz de infundir todo tipo de acentos exóticos a la narración.

Throne of the Crescent Moon es uno de los debuts interesantes del año y no me cabe duda de que es una lectura recomendable (y muy disfrutable) para cualquier aficionado a la literatura fantástica interesado en las novedades y su combinación de nuevos aromas con un enfoque de la historia tirando a convencional funciona bien. Hay algunos aspectos que no me acaban de convencer, entre los que destacaría su intenso aroma a primera novela de trilogía (sí, será una trilogía. ¿No lo veíais venir?). A ello atribuyo la familiaridad del argumento. No discuto la solidez del relato, aunque el ritmo reposado está a un paso de volverse comatoso en el tramo intermedio y luego se precipita a una conclusión que no es completamente satisfactoria, pero durante demasiadas páginas he pensado que el autor estaba más interesado en tantear el terreno de cara al segundo libro que en escribir esta primera entrega. Ahora que ha colocado a todos sus peones y ha dado vida a unos personajes interesantes y perfectamente caracterizados, mis expectativas para un eventual segundo libro serán mucho más elevadas. Me he quedado con ganas de más, tanto porque me ha sabido a poco como por lo que el libro promete en términos de futuras aventuras, pero tengo confianza en la capacidad de Saladin Ahmed de dar más cancha a su imaginación y escribir algo realmente nuevo y emocionante. A día de hoy le pongo 3 estrellas de las 5 posibles de Goodreads.

 

Edición reseñada:
Throne of the Crescent Moon
Saladin Ahmed (narrado por Phil Gigante)
10 hrs y 16 mins (unabridged)
Brilliance Audio

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Nobody Move, de Denis Johnson

Nobody Move

La novela negra no es el género en el que más leído estoy. Dicho eso, Nobody Move representa el paradigma de lo que para mi significa “novela negra”. Es una novela repleta de perdedores abocados a una tragedia desprovista de épica y moralejas, explicada con una voz tensa y ansiosa que puede ser muy evocativa y en ocasiones lírica. Los personajes están perfectamente dibujados gracias a unos diálogos alucinantes e inmejorables, que consiguen dotarlos de personalidad y vida con cada palabra.

Me ha gustado mucho el estilo de Denis Johnson, pero no tanto la elección de narrador en la edición de audiolibro que he escuchado, perfecto en los pasajes descriptivos pero excesivamente enfático en los diálogos. No se puede decir que la novela sea original, ni en su argumento ni en sus personajes (con excepciones), pero su factura es impecable. Le pongo 4 de 5 estrellas y me apunto al autor como imprescindible.

P.D. Este libro fue una recomendación de Aramys Romero, a quién podréis encontrar viajando alrededor de una mesa. Para mi ha sido su primera recomendación, pero os aseguro que no será la última. Gracias, Aramys. ¿Más recomendaciones?

 

Edición reseñada:
Nobody Move
Denis Johnson (narrado por Will Patton)
4 hrs y 23 mins (unabridged)
Macmillan Audio

Edición en Español:
Que Nadie Se Mueva
Denis Johnson
Ed Roja y Negra (Mondadori) 2012

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Raising Stony Mayhall, de Daryl Gregory

Raising Stony Mayhall

Una de las características que más a menudo he leído sobre este libro es que representa un soplo de aire fresco en el panorama de los libros de zombis. Dado mi total desconocimiento del subgénero en su ámbito novelístico ese es un aspecto del que prescindiré y no diré más que, efectivamente, no se parece en nada a ninguna película de zombis que haya visto. Pasemos a otro punto.

Raising Stony Mayhall es una de las novelas de ciencia ficción (¿fantasía? Especulativa en cualquier caso) más redondas que he leído en mucho tiempo. Estoy convencido de que cualquier persona mínimamente aficionada a la literatura fantástica puede obtener un gran placer de este libro, que para mi solo tiene virtudes en todos sus frentes. Con Stony Mayhall, el no-muerto, Daryl Gregory ha creado un personaje dotado de una gran humanidad que consigue la hazaña de ser entrañable sin siquiera aproximarse al terreno de la cursilería. La trama se extiende durante varias décadas a lo largo de las cuales se explican la vida de Stony y del mundo en el que vive. Es difícil describir el libro sin revelar aspectos de la trama, pero prefiero dejar la reseña coja en aras del placer que supone sumergirse en ella. Stony es un personaje en evolución constante que nos lleva de viaje a través de una trama maravillosamente construida que nunca decae y se reinventa a si misma una y otra vez, explorando temas como el sentido de identidad, el límite de lo humano, la compasión o la necesidad de creer en algo mayor que nosotros mismos (ya sea la pertenencia a una comunidad o sentimientos religiosos). La prosa de Daryl Gregory es un excelente ejemplo del difícil arte de convertirse en narrador invisible, por más que en determinadas ocasiones el narrador de un paso al frente para aumentar el carácter histórico, quizá mítico, de la historia de Stony.

El narrador del audiolibro a través del cual he accedido al libro es David Marantz, y aunque durante el primer par de horas de escucha me parecía un narrador soso, lo cierto es que a medida que he ido acumulando horas de escucha su capacidad para convertirse en Stony y el resto de personajes me ha seducido. Su lectura es mucho más sutil y llena de matices de lo que parece en un primer momento y aporta una calidez que le va como anillo al dedo al tono general del libro. No puedo menos que disculparme ante el señor Marantz por mis reticencias iniciales y felicitarle por su interpretación. Un diez.

Es un libro de cinco estrellas donde los haya, para no perdérselo.

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Ready Player One, de Ernest Cline

Ready Player One

“I’d designed my avatar’s face and body to look, more or less, like my own. My avatar had a slightly smaller nose than me, and he was taller. And thinner. And more muscular. And he didn’t have any teenage acne. But aside from these minor details, we looked more or less identical.”

El ensalzamiento de Ready Player One como gran esperanza de la geek-lit apestaba a hype lo cogieras por donde lo cogieras y confieso que emprendí su (audio)lectura con cierta dosis de escepticismo. Luego, claro, uno es lo que es. Uno es más o menos (en este caso menos) geek, siente más o menos nostalgia por la cultura pop de los ochenta y, en lo que se refiere a los videojuegos, uno tal vez no tiene un presente pero su pasado está fuera de toda duda. Y uno no es de piedra y va recibiendo recomendaciones de gente en cuyo criterio confías y que te dicen que sí, oye, que el libro está muy bien. Que mola mazo. Que cowabunga. Asi que tomé aire, me calé mis gafas de realidad virtual y mis mejores galas hápticas y me sumergí en el divertido mundo multicolor de Ready Player One. Y guau.

“You’re evil, you know that?” I said.

She grinned and shook her head. “Chaotic Neutral, sugar.”

La gran baza con la que juega Ernest Cline en este libro es que conoce perfectamente los puntos débiles de su público diana, esa generación que fue adolescente (adolescente geek, especialmente) en los años 80 y nunca expulsó por completo de su sistema las capas de subcultura que dejaron como poso todos esos píxels y películas con banda sonora de sintetizador que consumía en sus horas de acnéico ocio. En ese sentido, RPO es una rara avis, que propone una novela de ciencia-ficción claramente juvenil dirigida a lectores cuya juventud se sitúa más en el reino de la nostalgia que de la actualidad.

“Being human totally sucks most of the time. Videogames are the only thing that make life bearable.”

La historia propone una sociedad distópica pintada con brocha gorda y ambientada en un futuro cercano en el que la crisis de los combustibles fósiles ha empantando la economía mundial. La única válvula de escape que tiene esa sociedad es OASIS, un sistema de realidad virtual que abarca todas las dimensiones de la vida y de libre acceso según la voluntad de su creador, James Halliday, figura Steve-Jobsiana cuya muerte al principio de la novela da pie al descubrimiento de un legado que puede poner en peligro la naturaleza de OASIS como… bueno… como Oasis… A partir de este punto la novela casi se convierte en un videojuego y nos permite acompañar a Wade Watts en su obsesión por resolver el enigma propuesto por Hallyday, para el cual deberá demostrar su dominio de la cultura pop de los 80 y su habilidad como maestro de los videojuegos. Se trata, en más de un sentido, de un argumento que resulta más que familiar por no decir manido. Es la gesta del héroe en ciernes que deberá superar mil y una dificultades para demostrar ser merecedor del premio final antes que el demonio que amenaza con devorar el mundo (en este caso una megacorporación que pretende acabar con la gratuidad del acceso al paraíso en la tierra que representa OASIS). Y sin embargo funciona.

Uno de los ingredientes principales del éxito de RPO es su apelación a la nostalgia de una generación de geeks (frikis; nerds; pringaos. Elegid la etiqueta que más os guste). La novela rebosa de referencias a videojuegos, películas, novelas y grupos de música de la década de los 80 recordadas a través de un filtro que magnifica su dimensión mítica convirtiéndolas en el reflejo de una época en la que (desde el presente de la novela) todo era mejor. Mi predicción es que eso condenará al libro a un envejecimiento rápido, pero en cualquier caso a día de hoy, para lectores de mi generación y recuerdos como los míos (¡Spectrums! ¡Golden Axe! ¡Goonies!), la novela funciona. Más allá de la nostalgia el libro ofrece diversión, estilo y estética a raudales, además de un argumento ante cuyas emociones es difícil no rendirse a pesar de resultar algo vacuo a poco que busques algo un poco trascendente bajo su superficie de neón. De hecho, para mí los momentos más potentes de la novela (los que me llevan a pensar que Ernest Cline no será un escritor de una única novela) son precisamente los que transcurren al margen de ese neón, cuando la Vida Real se impone a la simulación y obliga a los protagonistas a tomar las riendas (so to speak) de su vida. El arco argumental de Wade en el momento en que el juego es lo único que le queda y se ve obligado a forzar la mano de sus rivales en el Mundo Real para obtener alguna ventaja sobre ellos es una pequeña joya de ciencia ficción distópica dentro del huevo Kinder de entretemiento que es la novela.

La edición particular a través de la cual he “consumido” el libro es el audiolibro leído, magistralmente, por Wil Wheaton. Es uno de aquellos casos en los que la calidad de la narración mejora la novela. Muy recomendable.

Tengo la sensación de que mi reseña, escrita un poco desde la distancia y con ánimo de ser objetivo, no refleja mi entusiasmo con la novela. Pero os lo aseguro: entusiasmo es la emoción que mejor caracteriza mi experiencia lectora del libro. Es muy, muy, muy, muy divertido. Os lo recomiendo sin ningún tipo de reticencia, pero tened claro lo que es: diversión en estado puro. No más, pero tampoco menos. Con eso en mente, le pongo 5 de las 5 estrellas que permite Goodreads.

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