El Legado de Prometeo, de Miguel Santander

El Legado de Prometeo

-¿Más langostas, señor? Son de la última plaga.

El Legado de Prometeo es una de las pocas novelas de ciencia-ficción dura escritas por un autor español que he leído, lo cual revela mucho más de mi ignorancia que de la salud (o falta de ella) de este subgénero en nuestro país. Mi impresión es que comparte parte de los (para mi) defectos de la ciencia-ficción hard publicada allende de nuestras frontera, aunque también muchas de sus virtudes.

Si os parece bien empezaré por los aspectos que me han convencido menos para poder dedicarme luego a lo positivo, mucho más gratificante. El Legado de Prometeo es, en esencia, una novela de personajes y es precisamente la dinámica entre estos la que acaba impidiendo que la novela alcance todo su pontencial. El motor de buena parte de la trama depende de las tensas relaciones entre los tripulantes de la nave en la que transcurre la historia. Esta tensión es comprensible si se tiene en cuenta que la duración del viaje es de décadas y en si misma puede dar pie a situaciones interesantes (y quien quiera un ejemplo magistral de lo que puede dar de si un escenario de este tipo, aunque sea fuera del ámbito literario, no debería dejar de echar un vistazo a la magnífica reformulación televisiva de Battlestar Galactica), pero creo que Santander se equivoca al no poner límites a sus personajes, convirtiéndolos (no a todos) en un elenco de incontinentes emocionales al borde del histrionismo que pueden llegar a resultar profundamente antipáticos y tener reacciones poco creíbles. Y sí, Marco, te estoy mirando a ti (pero tranquilo, no estás solo). Sospecho que la causa es un intento de conseguir la empatía del lector pero el resultado es un expresionismo y unos diálogos que resultan forzados y poco verosímiles. A pesar de que el escenario de la mayor parte de la historia es un espacio aislado durante décadas (la nave espacial Éxodo), en términos de evolución de la psicología de los personajes la novela no consigue transmitir de forma eficaz el transcurso del tiempo a pesar de sus enormes elipsis (más eficaces en la parte de la historia ambientada en la Tierra). Tampoco transmite la sensación de que la tripulación esté formada por más que el puñado de personajes cuyo punto de vista se nos muestra (aunque en realidad está formada por decenas de tripulantes) ni una claustrofobia que parece sugerir pero no acaba de manifestarse en el texto. En general, tanto en la Tierra como en la Éxodo, los “malosos” son unidimensionales y resulta complicado imaginar que pudieran eistir.

Otros aspectos de la novela que no acaban de satisfacerme son los relacionados con la personalidad y el comportamiento de la inteligencia artificial que ayuda a tripular la nave (repartida en tres núcleos cognitivos llamados, sin demasiada sutileza, Padre, Hijo y Espíritu Santo…). Tal vez sea una manía personal porque es un detalle que me ha llamado la atención negativamente en otras novelas, pero me parece que sufren de un exceso de antropomorfización que dificultan creer en ella. Destacan especialmente frente al mimo con el que se plantean las bases científicas de la novela cuando hacen relación a la física o a la astrofísica. Además, aunque la resolución de una parte importante de la trama depende fuertemente del comportamiento de esta inteligencia artificial y a pesar de que en el contexto de la narración es básicamente satisfactoria, la parte humana de la ecuación que interviene en la situación se resuelve con el recurso a un rasgo psicológico de uno de los personajes que no había sido suficientemente desarrollado con anterioridad, dando cierta sensación de trampa teniendo en cuenta la importancia que tiene para el desarrollo de la historia.

En la balanza de las virtudes, en cambio, nos encontramos con un futuro de la tierra muy sugerente, en el que el calentamiento del planeta a dado pie a una elevación del nivel del mar que ha recortado el la geografía del mundo a base de Tsunamis (como el provocado por el hundimiento de Las Palmas de Gran Canaria, que destruyó buena parte de la isla de Manhattan) y ha convertido Castilla la Mancha en un desierto surcado por tormentas de arena. Después de una Tercera Guerra Mundial (la Guerra de las Alianzas) la tierra se encuentra en plena crisis de los combustibles fósiles y la humanidad se ha visto forzada a recurrir a los combustibles alternativos. El descubrimiento de Némesis, un agujero negro relativamente cercano al sistema solar impulsa el desarrollo del Proyecto Prometeo, basado en las investigaciones del científico Daniel Merino y su promesa de conseguir una fuente de energía limpia e inagotable a partir del agujero negro. Con la colaboración de la multinacional Atlas (siguiendo los intereses ocultos de Laka O’Brien, su retorcido Presidente Ejecutivo) el Proyecto Prometeo consigue construir y lanzar la Éxodo, tripulada por Daniel y un equipo formado por científicos y militares en un viaje de décadas de duración de ida y vuelta a Némesis. La historia dedica un espacio desigual a dos tramas divergentes, una principal protagonizada por los tripulantes de la nave y una menor, pero más interesante, dedicada a los acontecimientos que suceden en la Tierra durante el viaje de la Éxodo. La descripción de la situación en la Tierra consigue transmitir una sensación de precariedad ecológica y reflejar la necesaria adaptación de la sociedad a la escasez, mostrando la aparición de valores sociales  que convierten en terrorismo ecológico acciones como el uso de aparatos de aire acondicionado o la circulación en un coche privado. Escasez, más que pobreza, pues el mundo de El Legado de Prometeo está tecnológicamente más avanzado que el nuestro, especialmente en cuanto al desarrollo de energías alternativas se refiere (quiero una bici eléctrica como la de Marco ya mismo). Es difícil hablar de la trama terrícola sin referirnos a su protagonista, así que le llamaré Paquito para evitar destriparle la historia a futuros lectores. A lo largo de la historia, Paquito entrará en contacto con dos de los grandes poderes que intentan controlar el destino del planeta: Laka O’Brien como presidente ejecutivo de la multinacional Atlas empeñado en saltarse todas las normas medioambientales impuestas por los gobiernos, por un lado, y la organización ecologista-radical formada por los Gaianos, una especie de culto que considera que la humanidad es una plaga y recurre al terrorismo para “curar” al planeta de su enfermedad. Situado en el punto de mira de estos dos grupos y del gobierno por una serie de particulares acontecimientos, Paquito será nuestro guía terrestre durante los años de viaje de la Éxodo. A pesar de una cierta ingenuidad en el retrato del juego de intereses políticos y comerciales, la trama terrícola funciona perfectamente e incluso se ve enriquecida por unas elipsis a las que el vacío del espacio no les sienta tan bien. Paquito es un protagonista carismático y que sufre una evolución creíble (a pesar de ciertas escenas que no desentonarían en una película de James Bond o de la saga de Misión Imposible).

En el espacio, claro, también hay escenas memorables, como las que muestran el sistema de simulación que usan los jóvenes en su educación (la recreación de la cultura celtibérica que experimenta Marco con sus compañeros de clase es alucinante) o el progresivo (y angustioso) deterioro de la memoria que sufre uno de los protagonistas debido al uso de la mnemosina, una droga que permite rememorar (revivir sería más adecuado) los recuerdos a voluntad. También funcionan bien los homenajes que me ha parecido percibir (ay… ese eye of the beholder…) a 2001 (esa genial escena inicial), las leyes de la robótica de Isaac Asimov o esas competiciones en gravedad cero en las que Ender Wiggins podría haber dado un par de lecciones a los tripulantes de la Éxodo… Pero mi dificultad para creer sin esfuerzo en el comportamiento de los personajes ha convertido la lectura de esta parte más en una carrera de obstáculos que un trayecto trepidante.

En conjunto es una novela sólida que no acaba de satisfacer las expectativas debido sobretodo a una mala gestión de la paleta emocional de sus personajes, aunque plantea un futuro muy sugerente, especialmente la parte de la historia ambientada en la tierra, y está llena de magníficas ideas y teorías cuyo desarrollo impulsan a seguir leyendo. También cabe destacar, como detalle que se aparta de lo habitual, el enfoque abierto a la sexualidad de varios personajes destacados aunque el tratamiento que se le da en un caso concreto, convirtiéndolo en un elemento de sorpresa, puede ser tachado de efectista por manipulador. La novela propone un final satisfactorio que deja abierta la posibilidad a seguir con la historia. A mi me gustaría de verdad leer esa hipotética continuación aunque mi interés sería aún mayor si se invirtiera el peso relativo de las dos vertientes de la historia, dando mayor protagonismo a la situación en el planeta y a su permanente crisis ecológica (especialmente incierta después de la conclusión de El Legado de Prometeo).

Es una novela de tres estrellas que recomiendo como primera toma de contacto con un autor que sospecho que seguirá creciendo hasta convertirse en una voz a tener en cuenta en el panorama de la ciencia ficción en español.

Os recomiendo leer la reseña (más positiva que la mía) y la entrevista al autor en el Más Ficción que Ciencia de Cristina Jurado.

 

Edición Reseñada

El Legado de Prometeo
Miguel Santander
Iniciativa Mercurio (Letras Apócrifas; mayo de 2012)
Edición para Kindle
625 páginas

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2 thoughts on “El Legado de Prometeo, de Miguel Santander

  1. […] Miquel Codony en su reseña de la novela: «creo que Santander se equivoca al no poner límites a sus personajes, convirtiéndolos (no a […]

  2. […] sino también a autores con planteamientos más próximos a la ciencia ficción tradicional, como Miguel Santander o Cristina Jurado. Más allá de ejemplos más o menos acertados, lo que me llama la atención es […]

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