As I Lay Dying, de William Faulkner

As I Lay Dying

“When something is new and hard and bright, there ought to be something a little better for it than just being safe, since the safe things are just the things that folks have been doing so long they have worn the edges off and there’s nothing to the doing of them that leaves a man to say, That was not done before and it cannot be done again.”

Reseñar una novela que te desborda es un reto insuperable. ¿Cómo reflejar, en pocos párrafos y sin demasiados recursos críticos, la complejidad y los múltiples niveles de lectura de un libro como el As I Lay Dying (Mientras Agonizo en su edición en español) de William Faulkner? Sabiendo que me enfrento al fracaso y sin ningún temor me lanzo a desbarrar.

A pesar de su brevedad se trata de un libro complejo, vivo y de múltiples niveles de lectura. La intuición que tiene Faulkner para el uso del lenguaje y para la evocación es impresionante. En As I Lay Dying consigue estremecer sin que el lector sea capaz de señalar con concreción el origen de su inquietud. Faulkner retrata a una familia del Mississippi de los años 30, lanzada contra viento y marea hacia el cumplimiento del deseo que es mitad venganza, de la madre que agoniza, de ser enterrada junto a sus parientes en un cementerio situado en un pueblo vecino que bien podría estar a medio mundo de distancia dado el infortunio que complicará la tarea. Dirigidos por un padre que dedica un esfuerzo mayor a no mover un dedo que el que necesitaría para solucionar sus problemas por él mismo, la familia Bundren se nos muestra como un núcleo disfuncional en el que únicamente el enfrentamiento contra el mundo es mayor que los enfrentamientos entre ellos.

La combinación de las técnicas de flujo de la conciencia (ejecutado con virtuosismo por el autor), múltiples puntos de vista y narración en primera persona da lugar a una narración potente y perturbadora en la que cada personaje, especialmente los miembros de la familia Bundren, monstruosamente humanos en su condición de caricaturas faltas de realismo y paradójicamente auténticas, parece ir por libre, unidos entre si solo por el vínculo de una madre presente casi solo a través de la ausencia. Esta paradoja, exacerbada en el escaso naturalismo de la prosa de Faulkner, es uno de los rasgos más característicos de esta novela. En cierta manera demuestra como retratar la vida (o “algo que es verdad”, por decirlo de algún modo) a través de un estilo que se aleja tanto de la realidad del pensamiento cotidiano. ¿Cómo se puede dar esa sensación de espontaneidad, de flujo sin obstáculos del lenguaje, con un vocabulario tan cultista y una prosa tan elusiva como la de Faulkner? Tal vez tenga que ver con el origen de la novela, escrita según su autor a lo largo de seis semanas febriles y sin ningún tipo de revisión posterior. La novela se resiste a la interpretación (de este lector, al menos) y deja sin aliento cuando se sumerge en el surrealismo del pensamiento, casi mágico, de algunos de los personajes, especialmente de los más jóvenes. Es un acto de equilibrismo que consigue evocar esa sensación de estar a punto de entender, de lo tengo en la punta de la lengua, veo un destello de sentido, pero que luego desborda a través de imágenes que evocan sensaciones potentes pero comprensión ninguna hasta alcanzar un final que, naturalmente, solo podía ser una catarsis.

Cada uno de los personajes, cada una de las voces que aparecen en la novela merecería un análisis por separado que llenaría más páginas que las que pretendo escribir en esta breve reseña. Si Joyce se dedicaba a jugar con el estilo de capítulo en capítulo en su famoso corte de mangas al mundo, Faulkner, mucho más sobrio pero más que probablemente emparentado con el maestro (y escribiendo esto, buscando información sobre libro y autor, he aprendido que el “As I Lay Dying” del título tiene su origen, precisamente, en La Odisea de Homero, reafirmando mis sospechas iniciales), opta por cambiar de registro personaje a personaje y vincula sus necesidades de estilo a la psicología de cada uno de ellos para darles personalidad, profundidad y, especialmente, una individualidad claustrofóbica.

Me quito el sombrero ante un libro para el cual no hay estrellas suficientes en el firmamento.

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8 thoughts on “As I Lay Dying, de William Faulkner

  1. Carlos dice:

    Has salodo más que bien parado. Has dicho todo lo que hace falta, menos que tiene el capítulo más corto de la historia de la literatura.

    Mola encontrar libros así y mola encontrar quien los reseñe para que otros los conozcamos. El siguiente, Pedro Páramo, ya lo verás.

    • qdony dice:

      ¡Gracias Carlos!

      Viniendo de tí el cumplido vale mucho, oh monstruo de las reseñas. Que digo reseñas… ¡más!

      Cierto, cortísimo. Un capítulo pezqueñín, vaya.

      Pedro Páramo pasará por aquí, no lo dudes. Espero empezarlo hoy o mañana, pero antes irán una o dos reseñas diferentes.

      De nuevo, gracias por comentar.

      • Carlos dice:

        ¿Sabes lo que más me gusta de este libro? Que es perfectamente natural, que no parece pensado. Cuando lo leí le daba vueltas a eso mismo y después supe lo del parto de 6 semanas. Dejando de lado que hay que ser un superdotado para escribir esto en tan poco tiempo y no hacer revisiones (superdotado: ¿hola? ¿Moorcock?) , todo parece tan fluido…
        Otra cosa es que la técnica de los múltiples POVs en flujo de conciencia no es invención de Faulkner, que parece que en esto lo dejó todo acabado Joyce, pero a mi modesto entender, en este libro llega a un nivel que asusta. Meterte en la cabeza de 15 personas, todas ellas claramente taradas, exige saber mucho de cómo funciona tu cabeza. Yo tengo debilidad por el punto de vista de Vardaman, porque me creo totalmente que un niño de esa edad se hable así. Y en cuanto al capítulo más corto, podría hablar de él en un highbrow level (with monocle) durante un montón de tiempo. Porque ese capítulo -que en la primera lectura me pareció capricho- es una decisión, o una conclusión, de un niño que no sabe cómo explicar la muerte. Sólo te das cuenta de lo bien que lo retrata Faulkner cuando tienes un niño pequeño y llegas a ese punto.

        Lo que tiene este tipo de grande es que no sólo tiene un dominio técnico abrumador sino que además tiene un conocimiento del ser humano que -de nuevo en mi opinión- le falta a Joyce, que en ningún momento me llega a convencer de la versoimilitud de sus primeras personas. No creo que nadie piense así. En cambio, con Faulkner, me lo creo todo.

        • qdony dice:

          A mi me gusta mucho Vardaman y estoy de acuerdo con tu comentario. Me encantaría oír tu comentario de ceja alta del minicapítulo, que a mi todavía me desconcierta un poco. Una cosa que me gusta, relacionada con lo que dices, es que cuanto más joven es el personaje (y pienso en la hermana) más «mágico» o caótico es su pensamiento.

          Es alucinante que consiga hacer creíbles unos pensamientos tan impostados como los que usa Faulkner. Eso es testimonio de su maestría. Es en lo que más insisto en la reseña, creo, pero es que es lo que más me impresiona.

          ¿Otro personaje que me gusta? El vecino, Vernon, por realista. Contrasta mucho con los otros y confirma que los «taraos» son los Bundren. También me parece que la «textura» de sus capítulos se acerca (y aquí fácilmente desbarro) a la de la novela negra, o a algo que tiene la novela negra que a mi me gusta.

          Durante mucho rato pensé, y erré, que al final todo sería una broma de la madre y que en el cementerio no habría ningún familiar suyo. Debí darme cuenta de que Faulkner estaba más allá del chascarrillo.

          Decididamente iré a por el resto de libros del señor este, pero me lo voy a tomar con calma.

          Gracias por comentar Carlos

  2. Pedro dice:

    Leída en diagonal 🙂 . Pendiente. Cae el año que viene fijo.

  3. Francesc Bon dice:

    Qdony: vengo a verte por nuestras comunes amigas Deborahlibros y Moritz Epidor: estupendo blog al cual voy a tomarme la libertad de incluir en mis favoritos en el mío propio, que te invito a visitar, aunque ni lo esperes tan currado ni tan centrado como el tuyo. Soy muy disperso, qué li farem. Salut i força.

    • qdony dice:

      Hola Francesc!

      Gracias por la visita. Pues yo descubrí y suscribí tu blog hace pocos días a través también de Deborahlibros (Epidor no me había dicho nada, la muy traidora) y no me parece poco currado en absoluto. El mío tiene espíritu de estar un poco más disperso pero no hay manera, acaba centrándose en esta especie de reseñas que disfruto escribiendo. Verás que hablo mucho de literatura fantástica pero también de todo tipo de libros. Nada, que añadido quedas tú también a favoritos.

      ¡Espero verte por aquí a menudo!

      Una abraçada molt gran

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