Zendegi, de Greg Egan

Zendegi

If we spend all our time gazing at the wonders ahead without remembering where we’re standing right now, we’re going to trip and fall flat on our face, over and over again.

Zendegi es el segundo intento de Greg Egan de cambiar de registro después del fracaso que supuso Teranesia en este sentido. Aunque en este caso solo podamos hablar de éxito parcial no cabe duda de que supone un paso en la buena dirección y el resultado es una novela fallida pero interesante. Egan situa Zendegi en un futuro tan cercano que para nosotros ya es presente y hunde sus raíces firmemente tanto en la actualidad política del Oriente Medio del 2012 imaginado por su autor como en la situación emocional de sus protagonistas: Martin Seymour, periodista australiano enviado como corresponsal a Irán para cubrir unas elecciones especialmente conflictivas; y Nasim Golestani, joven científica iraní exiliada a los Estados Unidos tras la ejecución por disidente de su padre. Ambos protagonistas compartiran el peso de toda la primera parte del libro sin saber el uno del otro, sin más vínculo que su relación con la situación en Irán. El la segunda mitad del libro, sin embargo, las dos historias se entrelazan y el argumento saca buen partido del impulso almacenado hasta entonces sin demasiado virtuosismo, dando pie a un segundo comienzo del libro que se antoja más real que el primero. El principal problema de la novela radica precisamente en esa primera parte que se arrastra sin seducir para establecer las bases de los personajes y del contexto. Egan necesita recurrir a la tragedia para conseguir dar color a sus personajes y cambiar radicalmente el tono de su novela, hasta el punto de que el escritor de la segunda mitad parece otro. Resulta, o eso me parece, que el problema de Egan no es su incapacidad de retratar las emociones, sino su dificultad para integrarlas en la trama de la historia de forma homogénea; cuando se suelta, no obstante, es capaz de hacer saltar las lágrimas. Cuando se adueña del terreno emocional el libro se convierte, casi, en fábula moral y permite que el autor explore una serie de ideas, en un estilo muy propio de él, relacionadas con el duelo, la pérdida, la naturaleza de la identidad y los determinantes de la condición humana. Casi nada. El prisma emocional a través del cual se exploran estas ideas les confiere un “suplemento de realismo” que hace difícil (si conseguimos llegar a este punto) abandonar la lectura.

El punto fuerte de Greg Egan siempre ha sido su capacidad para integrar en sus historias las descripciones y explicaciones tecnológicas más complejas sin perder por eso la capacidad de seducción o, incluso, la belleza de sus textos. Es un escritor inimitable cuando se trata de desafiar o estimular al intelecto dando vida a las teorías científicas más complicadas. Egan siempre se ha esforzado, en muchas ocasiones con éxito, en ilustrar el impacto de la ciencia y la tecnología sobre nuestra percepción de la realidad y, en definitiva, sobre nuestra conciencia. En esta novela, situada en un futuro mucho más próximo de lo que es habitual en su autor, el conficto fundamental es el del padre que sabe que su fecha de caducidad está próxima y decide construir para su hijo (ya huérfano de madre) una especie de ángel guardián tecnológico, basado en la personalidad paterna, que le sirva de apoyo durante los años que le quedan hasta llegar a la edad adulta. La situación de la historia en el futuro cercano de un país com Irán es un recurso dirigido, sin duda, al lector occidental, al que aporta una distancia cultural adicional sobre la que reflexionar acerca de las implicaciones más espirituales de la tecnología propuesta por Egan en la novela.

Siempre he disfrutado con las novelas de Greg Egan y creo que sabe sacar muco partido de sus (notables) limitaciones como escritor, pero esta es la primera vez que he tenido la sensación de que a la obra le faltaba “tiempo de cocina” para consolidar la atmosfera y el argumento de la historia. Aunque esta situación se resuelve por completo en la segunda parte de la novela (y afortunadamente es la más extensa), la necesidad de conseguir que los protagonistas alcancen una situación emocional e histórica concreta desde la cual solucionar sus conflictos está ejecutada de forma más bien pedestre, y lastra el ritmo y la solidez del libro. Los personajes se hubieran entendido igual de bien, quizás con mayor interés, en una novela más breve que comenzara directamente en la segunda parte, al nivel de lo mejor de su autor. Como acostumbra, Egan siembra la historia de pequeñas simetrías y juegos de espejos que aumentan su atractivo. El desenlace, más radical de lo que pueda parece en un primer momento, tiene connotaciones humanistas que no suelen estar presentes en las obras de este autor, que en sus últimas novelas ha tendido a la abstracción. Más allá del mero papel de la tecnología, lo que Zendegi oculta en su interior es una hermosa reflexión sobre la aceptación de la muerte y el deseo de dejar tras nuestro algo que persista, desde un punto de vista ateo y racional que a mi me resulta muy atractivo.
Aunque se trata de un libro recomendable independientemente de la afinidad del lector hacia la ciencia ficción, los lectores que no conozcan a este interesante autor harán mejor acercándose a Permutation City (“Ciudad Permutación”) o Quarantine (“Cuarentena”). Ambos son libros asequibles que despejan cualquier duda acerca de la importancia de Greg Egan como rompedor de fronteras dentro del género. O aún mejor, buscad sus espectaculares antologías de relatos cortos Axiomatic (“Axiomático”) o Luminous (“Luminoso”) y experimentad la maravilla ante lo que es capaz de conseguir este autor. No obstante, este libro, rara avis dentro de la producción de Greg Egan, es una muy buena lectura en la que el autor demuestra que todavía tiene muchas historias que explicar y la inquietud de explorar nuevos territorios, aunque el resultado sea mejor en otras de sus obras.

PS. Esta reseña apareció originalmente en catalán en La Ludoteca de Ilium. La publicación de Zendegi en español gracias a Bibliópolis, sumada a la propuesta de Elías en Sense of Wonder de sacar nuestras reseñas simultáneamente, me ha llevado a traducirla (casi os diría adaptarla) al español para vuestro disfrute. Para leer la reseña de Elías haced clic aqui.

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One thought on “Zendegi, de Greg Egan

  1. […] que hicimos la semana pasada con la reseña del Zendegi de Greg Egan, la publicación de la de Aleación de Ley es la traducción de la versión en […]

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