Reseña invitada: @Odo y The Constantine Affliction, de Tim Pratt

Elias¡Hoy tenemos un invitado de lujo en La Biblioteca de Ilium

Nuestro amigo Odo, morador de Sense of Wonder cuyas computaciones profundas ya habían resonado en otras ocasiones por los vastos espacios de este blog, nos ha cedido la versión en español de su reseña de The Constantine Affliction, una novela de Tim Pratt con una pinta auténticamente fenomenal. La versión en inglés de esta reseña ha aparecido simultáneamente en Sense of Wonder

Dado que las palabras que leeréis a continuación han sido traducidas por vuestro humilde servidor, el Bibliotecario de Ilium, cualquier incorrección en ellas es atribuíble solo a mí mismo. El inefable Odo está más allá del error y no le debemos más que adoración y gracias por permitirnos albergar la sombra indigna de sus palabras excelsas.

 

The Constantine Affliction, de Tim Pratt

Banda sonora de la reseña: Sugiero leer esta reseña escuchando West End Girlsde Pet Shop Boys (Youtube, Spotify).

A pesar de su publicación bajo el sello Night Shade Books (mi editorial favorita) no tenía ninguna intención de leer The Constantine Affliction, de T. Aaron Payton. Mi amigo Miquel [¡Mira mamá! ¡Salgo en una reseña!] me envió un mensaje de correo electrónico para explicarme lo mucho que le gustaba el argumento de la novela pero a mí, sencillamente, no me atraía. Y entonces sucedió algo que cambió mi opinión por completo: Tim Pratt reveló que T. Aaron Payton era uno de sus seudónimos. Como mi interés por cualquier cosa escrita por Pratt es inmediato, me apresuré a obtener un ejemplar de cortesía en NetGalley y me puse a leerlo. ¡Y cómo me alegro de haberlo hecho!

The Constantine Affliction es una de las mejores novelas que he leído este año. Es inteligente, sorprendente y, sobretodo, divertidísima. Al parecer, mi primera impresión sobre el libro era totalmente errónea. Me gustaría que equivocarse siempre sentara así de bien.

The Constantine AfflictionEs difícil clasificar The Constantine Affliction bajo un único género. Podríamos calificarlo de steampunk por sus varias similitudes, en términos de ambientación y temática, con libros como Boneshakerde Cherie Priest y The Affinity Bridge de George Mann (aunque para mi la novela de Pratt es mucho más amena, más en la línea del The Bookman de Tidhar). Pero también está fuertemente inspirado en los relatos de detectives (luego volveré a esta idea) o terror del siglo XIX. Incluso percibí algún punto en común con una película a la que le tengo un aprecio especial (aunque más por ser divertida que por ser realmente buena), El hombre con dos cerebros.

Limitémonos a decir, entonces, que The Constantine Affliction es un cuento de autómatas, alquimia, cerebros en tarros, extrañas enfermedades y chantajes. Y algunos Primigenios para que no falte de nada. Pratt consigue incluso tratar temas sociales o de género (la dolencia de Constantine que da título al libro es una enfermedad que transforma a las mujeres en varones y a los varones en mujeres) y plantear algunas cuestiones interesantes relacionadas con la libre voluntad y la consciencia. Os parecerá que es un surtido variopinto, pero Pratt se las arregla para hacerlo funcionar de forma homogénea y sin fisuras.

El estilo de la novela es típicamente Prattiano. Si he aprendido algo leyendo la obra de Pratt es que este autor es un maestro del diálogo y The Constantine Affliction no es una excepción. Incluso me atrevería a decir que se trata de uno de sus mejores trabajos en este aspecto. De hecho, The Constantine Affliction es el libro en el que he subrayado más párrafos entre los que he leído últimamente, y es que cómo evitar enamorarse de frases como ésta:

“Mr. Adams says London is like a trash heap, whith things piled on top of other things, but the other things are mostly just more London, from a long time ago.”

“El Sr. Adams dice que Londres es como un montón de basura, con cosas apiladas encima de otras cosas, pero la mayoría de esas otras cosas no son más que más Londres de largo tiempo atrás.”

O esta otra, una de mis favoritas:

 His hair stood on end, giving him the appearance of a demented dandelion.

Tenía los pelos de punta y eso le daba el aspecto de un diente de león demente.

La trama es absorbente y su ritmo casi perfecto, con algunas escenas memorables, especialmente en el vibrante tercio final de la novela. Hallaréis, por ejemplo, un ataque de prostitutas mecánicas (sí, lo habéis leído bien) que podría haber salido directamente de un episodio del Dr. Who calificado X (por cierto, debo ser el aficionado a la ciencia ficción más raro del lugar puesto que, sinceramente, no entiendo todo el revuelo en torno a la serie del Dr. Who, aunque si Pratt guionizara un episodio lo vería sin ningún tipo de duda).

La mayoría de los personajes son fascinantes. Mi favorito, sin duda, ha sido Adam, un científico loco de película de serie B inspirado por igual en el Fantasma de la Ópera y en un Dr. Frankenstein sinestésico. Pero también me gustó Lady Winifred, la esposa de Lord Pembroke, que en realidad es su antiguo amigo Freddy transformado por la dolencia de Constantine. El suyo es un matrimonio de conveniencia en más de un sentido. A Freddy le proporciona protección, claro, pero también permite que Pimm (Lord Pembroke) satisfaga sus dos aficiones favoritas: jugar a detectives y beber.

Sin embargo, y para mí este es el mayor “sin embargo” de la novela, Pimm no me parece un personaje especialmente atractivo aunque es él el principal protagonista del relato. A pesar de que se supone que es un gran detective, el Sherlock Holmes de su época, eso es algo que se nos explica más que se nos muestra, pues no llegamos a ser testigos de ninguna auténtica hazaña deductiva suya.

En conjunto, podría muy bien ser ésta la mejor novela de Pratt hasta la fecha y eso es decir mucho, especialmente viniendo de un admirador acérrimo de Marla Mason como yo. Aunque la novela funciona perfectamente por sí misma, deja espacio para más historias ambientadas en el mismo mundo y… ¡Estoy desando leerlas!

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