Reseña de Terra Nova vol.1: El primer paso de un futuro clásico

Terra Nova: antología de ciencia ficción contemporánea (Terra Nova, #1)

Para mi Terra Nova se había convertido en una asignatura pendiente. Me suscribí al proyecto cuando se anunció, hice mi donación, recibí el libro, me lo volví a comprar en formato digital para mayor comodidad y… pasaron los meses sin siquiera tocarlo. No es un retraso infrecuente. Como les pasa a muchos, la velocidad de incorporación de nuevos títulos a mi biblioteca personal es muy superior a la salida que puedo darles, pero en el caso de Terra Nova me molestaba especialmente por varios motivos. En primer lugar, es un proyecto que contaba con mi simpatía y mi apoyo a priori, independientemente de la calidad que me fuera a encontrar después. Además, no han dejado de aparecer reseña tras reseña que, con uno u otro matiz, daban a entender que el resultado estaba a la altura de las expectativas, cosa que no siempre sucede. En realidad sucede con frecuencia escasa. Finalmente, cuando ya se ha anunciado la aparición del segundo volumen y su tabla de contenidos (¡muy interesante!), esta vez bajo el paraguas de Fantascy, ha disparado mi sensación de estar a punto de ser arrollado por el proverbial toro y me ha llevado a cogerlo por los cuernos, leer el libro y ¡ahora sí! dar rienda suelta mi incontinencia verbal y explicaros, a vosotros y al mundo en general, qué me ha parecido. Y me ha parecido… Bien. Quiero decir realmente bien. Bien de corre y léelo.

Nunca tengo claro cuál es la mejor manera de encarar la reseña de una antología, especialmente cuando es de autores diversos y sin un tema claro como ésta o, dicho de otra forma, cuando tiene vocación de escaparate. El resultado tiene que ser necesariamente (o casi) desigual, por más que los altibajos puedan ser diferentes para cada lector, y de hecho ese es el principal reproche que le hago: el esfuerzo dedicado a tener un cuento para todos los gustos hace difícil que alguien pueda enamorarse de todos. Por otro lado, esa diversidad es consistente con la vocación escaparatil a la que me refería antes y los propios Luis Pestarini y Mariano Villarreal, responsables de la antología lo reconocen en su prólogo:

“[E]s arriesgado hablar de rasgos de la ciencia ficción como si estuviéramos ante un corpus homogéneo, pero al menos podemos afirmar que ese núcleo duro que tiene como virtud la especulación y la indagación sobre los cambios y sus consecuencias sobre el hombre, es el que otorga sentido a esta antología.”

Mostrar el abanico de la ciencia ficción contemporánea es, claro está, una misión imposible, pero loable en su inconsciencia. Y qué caramba, puede no resultar tan descabellado si Terra Nova se consolida como publicación periódica, como parece sugerir su reciente asociación con un sello como Fantascy. Es decir: reproche inicial anulado. Tabula rasa y seguimos con la reseña. Algún espoiler habrá.

Volar alto como Ícaro…

Para mí la antología incluye cuatro relatos magistrales: los de Ken LiuErick J. MotaJuanfran Jiménez e Ian Watson. Si tuviera que elegir uno por encima de los demás creo que me quedaría con el Recuerdos de un país zombi de Mota, aunque es posible que objetivamente no sea el mejor y le vea algún problema.

Ya había leído en inglés El zoo de papel, de Ken Liu, y ya entonces me pareció un cuento hermoso y bien ejecutado. Ahora, además, puedo elogiar la traducción de Claudia de la Bella y confirmar mi impresión del cuento. Una de las críticas negativas que más a menudo se leen acerca de los relatos de Liu se refiere a su carácter sensiblero. Es cierto, lo tienen otros cuentos y lo tiene El zoo de papel, pero es un tono al que le sabe sacar partido y no me parece una crítica seria. Lo que Liu hace lo hace muy bien y habría que saber diferenciar entre los gustos personales y su habilidad como narrador. La evolución de la relación entre un hijo y su madre, con sus altibajos, es algo con lo que muchos podemos empatizar. Liu tiene la gracia de llenar la infancia de magia (literalmente) y hacer que el chaval renuncie a apreciarla para no sentirse diferente en una reacción totalmente verosímil, como verosímiles son su crueldad adolescente y su arrepentimiento posterior. Muy buen cuento, hermoso, y una buena muestra de cómo los recursos del género fantástico pueden servir para explorar la realidad de nuestras vidas.

Hace un tiempo, hablando con Cris de Más Ficción que Ciencia acerca de Cuerpos de Juanfran Jiménez, me dijo que le recordaba al Trueque mental de Robert Sheckley. Ambos comparten la premisa del cambio de cuerpo, pero mi sensación es que la intención de los dos textos es muy diferente. Donde Sheckley buscaba la sátira y la desintegración de la linealidad de la narración a golpe de surrealismos, Jiménez plantea una historia de acción casi hollywoodiense llena de humor y muy eficaz. No es un relato demasiado serio… pero maldita la falta que le hace. Divierte. Un día sin papá, de Ian Watson, es lo contrario: un relato sutil, intimista y delicado que presta tanta atención a lo que explica como a lo que calla. Toca un tema, el de la vejez y el futuro que nos depara, que me inquieta sobremanera y le da un tratamiento original e imaginativo que no desentonaría en un capítulo de Black Mirror, aunque la serie busque un efecto más provocador. A juzgar por otras reseñas que he leído no es uno de los relatos más apreciados del volumen… y ahora mismo estoy tensando las riendas de mi arrogancia para no decir que eso es porque no se ha leído bien. De los relatos que he mencionado hasta ahora es el que más me gustaría haber escrito.

Vamos con Recuerdos de un país zombi, el original relato Z del cubano Erick J. Mota que ha provocado reacciones tan encontradas entre los lectores. He ido leyendo las reseñas que he ido encontrando del libro, además de hablar de él con varios amigos con los que comparto afición, y a priori me parecían más convincentes los argumentos a favor del relato que los contrarios. A posteriori también, mira tú. En manos de Mota la suma de su acento cubano con la mezcla de crítica social, historia de zombis e invasión de los ultracuerpos produce un resultado mayor que la suma de sus partes que no puede atribuirse solo al exotismo. Además de ser tremendamente divertido y sugerente, el autor le da una energía a su historia que compensa las irregularidades gramaticales (¡esos tiempos verbales incongruentes!) y lo chapucero del innecesario infodump hacia el final del libro. Si se supera, Erick J. Mota puede convertirse en uno de los autores revelación del fantástico en español. Si no, habrá escrito un relato destinado (apostaría por ello) a convertirse en uno de los clásicos del género en nuestro idioma. El Ojos de cesio suyo que estoy leyendo ahora no me hace pensar que la promesa lleve camino de convertirse en realidad, pero el material sigue estando allí. Si alguien lo editara mejor…

Un lento descenso a los infiernos

Con esta historia comienza el declive en cuatro pasos de la antología, pero el nivel sigue siendo perfectamente aceptable. En El ciclo de vida de los objetos de SoftwareTed Chiang mantiene el estilo frío y analítico que tan apreciado fue (no tanto por mí) en Stories of Your Life and Others pero no le sirve para mantener el pulso de la narración en el conjunto de esta novela breve. Propone un tema interesante y a nivel intelectual su lectura es estimulante pero le falta algún ingrediente que la haga memorable. Es una historia que ya había leído cuando se publicó en inglés en 2010 y ya entonces me pareció un tanto fallida, aunque para nada estoy diciendo que sea un mal relato. A falta de leer su último cuento, The Truth of Fact, the Truth of Feeling, me parece que Chiang tiene buenas ideas pero que como escritor es pobre. No demuestra tener recursos para sostener una historia más allá de la extensión de un relato breve. Venga, soltad los perros de la guerra.

Más problemático me resulta Memoria, de la argentina Teresa P. Mira de Echevarría. Parte de un premisa interesante, un entorno a medio camino entre Crónicas marcianas de Bradbury y Avatar de James Cameron con un carácter decididamente de romance científico, pero el desarrollo de la historia y el tono empalagoso de su prosa no me ha convencido. No me gusta su paleta emocional. Al igual que me ha pasado, ya veréis, con Deirdre de Lola Robles, aquí interviene un tema de preferencias personales por estilos narrativos concretos que no es culpa de la autora, pero en cualquier caso Memoria, para mí, es uno de los puntos bajos de la antología. Es una pena, porque me encanta ese Marte como puesto colono fronterizo y muchas de las ideas que forman parte del relato están bien tratadas. Sirvan de ejemplo la marginación de los “nativos” (humanos modificados genéticamente para terraformar Marte) una vez completada su tarea o la concepción de la visión profética como un futuro a enfocar a través de las propias acciones.

Con el Deirdre de Lola Robles me pasa algo parecido: su paleta emocional no es para mí, pero es que además renuncia a toda profundidad y convierte su texto en un sermón, tanto peor por cuanto el planteamiento no es nada original. Robles no tiene la culpa de que a mí me guste que los relatos tengan subtextos pero, como en el relato anterior, es lo que hay. Por lo demás, la autora tiene una prosa bonita pero con un punto de afectacción en el que no entro.

Y llegamos a Victor Conde y su Enciende una vela solitaria. Mi primer Conde. ¿Mi último Conde? Probablemente, aunque hay quien medio me ha convencido de darle una segunda oportunidad. Este relato es malo. Malo con avaricia. Malo de hacer sangrar el alma que lo ha absorbido, arrancarse los ojos que lo han leído y cortarse las manos que han tocado sus páginas. Saltarse este cuento solo puede hacer que la antología mejore. Queridos editores, ¿en qué estaban pensando? No, en serio, ¿en qué? De acuerdo que tiene escenas que funcionan a un nivel puramente visual, pero… ¿”profunda crítica a las redes sociales”? —introducción dixit— Para nada: ni es profunda ni puede ser crítica de puro absurdo. Terrible, de verdad.

Reflexión final

Que una antología tenga altibajos es de esperar, especialmente cuando son de material inédito. Eso no es óbice para que el nivel medio de Terra Nova sea francamente elevado. Después de leerla cada cual tiene su póquer de ases y su selección de relatos con los que no conecta, pero que estos sean diferentes para cada uno refleja la habilidad de los editores para elegir obras representativas para distintos lectores. Menos el de Conde, el de Conde es mal. La idea de combinar autores hispanos de dentro y fuera de España y combinarlos con obras internacionales contemporáneas de actualidad me parece brillante y convierte Terra Nova en una publicación imprescindible para cualquiera interesado en el género fantástico.

Terra Nova empezó como una iniciativa que pudo hacerse realidad gracias al respaldo de muchos lectores que nos sumamos al proyecto antes de ver una sola página. Su voluntad declarada siempre fue la de convertirse en una publicación periódica capaz de ser autosuficiente y no puedo interpretar su adhesión a un sello como Fantascy más que de forma positiva. Quiero aprovechar esta reseña para felicitar a Mariano Villarreal y a Luis Pestarini por el trabajo que han realizado y por el que van a poder seguir realizando. Me muero de ganas de leer el segundo volumen.

P.D. En otra línea de cosas, leyendo el libro me dio el gusanillo de investigar un poco sobre la historia de las antologías en la literatura fantástica y, después de preguntar a quién sabe más que yo, acabé escribiendo este artículo sobre el tema. No puedo dejar de enlazarlo, aunque sea un poco con calzador 😉

Descarga este artículo como un epub

Tagged , , ,

23 thoughts on “Reseña de Terra Nova vol.1: El primer paso de un futuro clásico

  1. Carlos dice:

    Pues me alegra que me hagas esta pregunta. Comparto en casi todo tu valoración, salvo en que Memoria me pareció mejor y en que el Vela me merece un crédito menor que el que le das tú. Al principio pensé que era una broma, pero luego pensé que broma es que yo diga “mamá, mamá, ¿los pedos pesan?”.

    No quiero dejar de comentar que el nivel del castellano de los hispanoamericanos y el de los españoles está a tanta distancia que da ganas de llorar. Quizá podría comentar más, pero vayamos a algo conreto como es, sin ir más lejos, la soltura con el idioma. El relato de Mota me gustó mucho, pese a los defectos que señalas (las explicaciones finales sobran), porque puedo reconocer claramente una forma de escribir en español que no parece un calco de traducciones de aficionado de relatos de Astounding. Hay mucha contaminación del inglés o poca del castellano original. Las dos posibilidades dan miedo.

    De todas maneras, y con permiso del famdom, mi impresión es que el futuro de la CF en castellano es más prometedor cerca de los Andes que de los Pirineos. Aquí estamos muy (mal) maleaos.

    Dicho lo cual, cierro este espacio de crítica popular de “comentador”.

    • qdony dice:

      Hola Carlos,

      antes que nada, gracias por comentar. Los comentadores aquí son bienvenidos. Por ello nos pag… estooo, nada.

      No, creo que el de Conde me gusta menos a mí que a tí. Seguro, vamos.

      En cuanto a lo del castellano… esperaba tu comentario 🙂 Creo que estoy bastante de acuerdo contigo, aunque tú sabes mejor que yo que no tenemos muestra suficiente (en este libro) para valorarlo. A decir verdad, me interesa el tema como fenómeno, pero me da bastante igual en cuanto a resultado. Lo que quiero es que haya buenos escritores, me da un poco igual de donde sean. Quiero decir, sí quiero que haya buenos escritores en español, pero no me importa mucho qué español sea.

      No pretendo provocar, es como lo veo.

      • Carlos dice:

        Tampoco me parece provocador. Yo tampoco pido el pasaporte a ningún escritor (quizá a algún traductor…), aun así no veo motivo para los castillos de fuegos artificiales que se tiran cuando se habla del género nacional. Que no lo veo.

        Si alguien se siente ofendido, le recomiendo un telediario.

  2. Pedro dice:

    Coincido con el comentador anterior: creo que el futuro del género está en el Cono Sur. Por aquí necesitamos una regeneración literaria, por llamarla de alguna forma, que llevará bastante tiempo.

  3. Cristina dice:

    Estoy bastante de acuerdo contigo Miquel, excepto con “Memoria”, que a mí me gustó mucho. En cambio “Un día sin papá” y “Diendre” no los entendí o no llegaron a conectar conmigo. Me sumo a tu opinión sobre Conde y también disfruté mucho con Mota y Jiménez. Últimamente me sucede que Liu empieza a sonarme igual siempre… cada vez me gusta menos.

    • qdony dice:

      Hola Cristina, muchas gracias por pasarte por aquí.

      No he leído tantos relatos de Liu como para cansarme (sólo un par), pero por lo que he oído lo que me dices no es un efecto infrecuente.

      En cuanto a las otras discrepancias eran de esperar (a parte de que ya las conocía), creo que cada cual tendrá sus favoritos y que habrá muchas diferencias.

      • Odo dice:

        Cris, Liu tiene registros muy, muy diferentes, pero sus relatos más “famosos” son los que son del estilo de “The Paper Menagerie”. Se ve que conecta con el lado “sensible” del fandom.

        Para ver los distintos estilos de los que es capaz Liu recomiendo catar, por ejemplo, “Cutting'”, “The Bookmaking Habits of Selected Species” o “The Call of the Pancake Factory”. Nada que ver con “El zoo de papel” o “Mono No Aware”.

        • qdony dice:

          La verdad es que tengo que ponerme más en serio con Liu, porque seguro que en otros registros me gustaría. Ya me gusta en este. En fin, tanto por leer…

  4. Juanfran dice:

    Muchas gracias Miquel, por la parte que me toca. Escribo sobre todo para comentar que coincido contigo en la valoración del relato de Ian Watson, que como bien dices no ha sido de los más elogiados. No sé si será por el tema de las expectativas, o porque me impactó por alguna otra razón, pero a la postre es el que más me gustó.

    Un saludo.
    Juanfran.

    • qdony dice:

      Gracias a ti por pasarte, Juanfran. Me alegra mucho coincidir contigo en la valoración del relato de Ian Watson. Y enhorabuena por el tuyo 🙂

      Por curiosidad, ¿de lo del intercambio de cuerpos te dio la idea el de Sheckley o es casualidad? Entiendo que un mago nunca revela sus trucos, no es por ser indiscreto 🙂

      Un abrazo.

      • Juanfran dice:

        No, el de Sheckley no me lo he leído, y ni siquiera lo conocía. :-/ Mi mujer dice que la idea me la dio ella, pero sinceramente no me acuerdo. xDD

        Si te paras a pensarlo, seguro que recuerdas alguna película, de esas que han echado mil veces en la tele, donde dos personajes (casi siempre chico y chica, a veces padre e hijo, etc.) intercambian sus cuerpos (o sus mentes, según se mire). Vamos, yo las recuerdo, aunque me moriría si mi vida dependiera de recordar ahora algún título o argumento concreto. xDDD En esas películas la explicación del trueque suele ser más fantástica que “cientifica”, pero para el caso la “idea” (la excusa para hilar la trama) viene a ser la misma, ¿no?

        Un abrazo.

      • Juanfran dice:

        Perdón: digo que el de Sheckley no lo conocía hasta que salió en RBA, ahora ya sí lo conozco. 😉 De hecho a la primera persona que le leí hablar sobre él creo que fue a Cristina. A ver si me lo leo.

        • qdony dice:

          Jaja, la verdad es que yo también me inclinaba por la casualidad, pero tenía tan fresco el de Sheckley que tenía que preguntar 🙂 Es muy divertido, y también muy raro. A mí acabó gustándome mucho pero fue todo un proceso.

  5. Malapata dice:

    Coincido en lo general contigo, aunque yo podría a Mota y Watson un escalón por debajo de Liu y Jiménez. En particular el segundo fue todo un descubrimiento, una divertida obra de acción en el que el ritmo no decae. El relato de Mota empieza muy bien, pero para mí lo destroza en su última parte, una lástima.

    • qdony dice:

      Hola Malapata,

      aunque para mí Mota no llega a destrozar su relato sí estoy de acuerdo en que, como mínimo, al final da un traspiés. Y sí, el de Jiménez es todo un descubrimiento 🙂

      Un abrazo

  6. Nacho dice:

    Creo que yo soy un poco más ñoño… El que más me gustó fue Memoria con su parte romántica y eso 🙂

    El segundo puesto sería para Chiang y el tercero para Mota. A partir de aquí, aunque están bien y me gustaron, no resaltaría ninguna obra excepto la de Conde…

    Me alegro de no ser el único al que no le ha gustado, que ya empezaba a pensar que yo era un bicho raro o que no entendía bien los textos.

    Hace poco leí Fantasmas contra extraterrestres de Javier Avilés que todo el mundo la pone por las nubes y la verdad es que no me gustó nada 🙁

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *