Recordando a Iain Banks: The Player of Games

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Desde El Fantascopio, a propuesta de Leti de Fantástica Ficción, hemos iniciado una lectura compartida de los libros de Iain Banks con motivo de su fallecimiento el pasado junio. Así, desde ayer y hasta el día de navidad podréis leer las reseñas y artículos que le hemos dedicado al autor escocés y a sus libros, incluyendo muchas de sus novelas de La Cultura. Para mi, más que de recordatorio, esto ha sido un descubrimiento, pues The Player of Games (1988; El Jugador, 1992) es la primera novela de Banks que he tenido el placer de leer.

Os animo a pasearos por El Fantascopio cada día desde hoy hasta navidad, pues allí será donde primero anunciemos la publicación y la dirección de cada entrada y artículo del proyecto Recordando a Iain Banks. Yo también iré anunciándolos en el blog y en mi cuenta de twitter, aunque sin duda la que mejor lo va a recopilar todo será Leti. No os lo perdáis, que tenemos alguna sorpresilla. Ya podéis leer la introducción a la serie de artículos y un artículo de Iain Banks traducido por Cristina Jurado dedicado a La Cultura.

Reseña de The Player of Games

player2Aunque he disfrutado la lectura de The Player of Games desde la primera hasta la última página, ha sido solo durante los días que le he estado dando vueltas y pensando en cómo enfocar la reseña cuando he apreciado de verdad lo inteligente y magnífica que es esta novela.

The Player of Games fue publicado originalmente en 1988 y es la segunda de las novelas de La Cultura, la fértil civilización galáctica inventada por Banks que sirvió de marco a muchas de sus novelas de ciencia ficción. El hecho de no haber leído la primera de la saga (Consider Phlebas) no me ha supuesto ningún problema para entender esta, que a nivel de argumento funciona como novela independiente —algo, por lo que tengo entendido, que comparte con el resto de libros de la serie—. Así, La Cultura es un recurso similar al universo de los Ekumen en las novelas de Ursula K. Le Guin, el Espacio Conocido de Larry Niven o el Universo del Espacio Revelación de Alastair Reynolds, por mencionar solo algunos: un escenario que refleja las preocupaciones de su creador y le proporciona una serie de reglas sencillas a través de las cuales dar coherencia interna, y profundidad, al conjunto de su obra. La metáfora correcta en el caso de esta novela es que le proporciona un perfecto tablero de juego.

Hay tres puntos de los que me gustaría hablar: La invención de La Cultura, el uso del juego de mesa como idea base de la novela y el desarrollo de Gurgeh como personaje.

La Cultura de Banks

Para una explicación completa, escrita por el propio Banks, os invito a leer el ensayo introductorio traducido por Cristina Jurado para la iniciativa Recordando Iain Banks de la que esta reseña forma parte. Mis comentarios siguientes hablan de la cultura como invención aislada en The Player of Games, sin haber leído el resto de novelas de La Cultura. Teniendo esto en cuenta, La Cultura es una sociedad humana galáctica que ha alcanzado una situación virtualmente utópica: la escasez no existe, el dinero ha dejado de ser necesario, se han superado muchos de los límites de la física y de la biología, prácticamente todo está permitido y casi no hay leyes, todos tienen acceso a todo lo que puedan desear y, sobre todo, es una sociedad fértil y creativa. En este universo existen otras civilizaciones en diferentes estadíos de desarrollo y no necesariamente conocedoras de La Cultura, por lo que existe una organización, Contact, responsable de regular las relaciones con esas otras sociedades, algo fundamental en esta novela. Cuando las cosas se complican interviene un departamento de Contact llamado Special Circumstances.

Lo interesante de La Cultura es que funciona casi como una declaración de principios de su autor. Más que un escenario neutro en el que transcurran las historias es la confrontación de los principios (culturales, sociales, filosóficos, etc.) que forman la base de esta sociedad lo que sirve de motor a buena parte de la trama. En The Player of Games esta confrontación se produce por comparación con un Imperio (Azad) con valores diametralmente opuestos, un detalle (hay otros) en el que recuerda al inmenso The Dispossessed de Ursula K. Le Guin. El acierto de Banks, para mi, es articular la confrontación a través de un juego de mesa, un marco conceptual potente que el autor sabe convertir en un artificio literario flexible y rico que influye en todos los niveles de la novela. De hecho, algunos de los mejores pasajes del libro tienen lugar durante las partidas.

Azad, un juego y un Imperio

player1Azad es el nombre del imperio que visita Gurgeh y el nombre del juego en el que competirá allí. Como Imperio, nos explica Contact, Azad es una anomalía:

“It is unusual for us to discover an imperial power-system in space. As a rule, such archaic forms of authority wither long before the relevant species drags itself off the home planet, let alone cracks the lightspeed problem, which of course one has to do, to rule effectively over any worthwhile volume.”

¿Y qué ha hecho que una “forma de autoridad tan arcaica” como el Imperio haya sobrevivido hasta expandirse más allá de su planeta natal? Su obsesión histórica con un juego, Azad, la piedra angular de la estructura social, política e incluso administrativa del Imperio. Los ciudadanos de Azad crecen inmersos en las normas del juego y en la celebración periódica de grandes torneos que determinan el status social y el futuro profesional de los participantes, hasta el punto de que el ganador del torneo se convierte en Emperador. Es evidente que para Gurgeh, uno de los jugadores más respetado y de mayor nivel de La Cultura, no es sencillo rechazar la oportunidad de jugar a un juego así.

El acierto de Banks es dar con el punto de equilibrio entre vaguedad y concreción en sus descripciones del juego, del que nunca llegamos a saber las normas (afortunadamente). Con solo algunos detalles basta transmitir una sensación de consistencia sorprendentemente sólida y nos hagamos la idea de la enorme complejidad de Azad, el juego definitivo. En él interviene la táctica, la estrategia, la habilidad e incluso los principios filosóficos y morales del jugador. No resulta extraño que la aparición de alguien como Gurgeh, procedente de un sistema social con valores que chocan frontalmente con los del imperio, equivalga para los jugadores nativos de Azad a la de un rival difícil de predecir.

En cualquier juego de mesa, en mayor o menor medida según el caso, la abstracción es un parámetro intrínseco a su naturaleza. Se podría proponer un rango que fuera (como ejemplos, solo para hacerse una idea) desde los juegos de simulación, presuntamente más cercanos a la vida real, hasta juegos del estilo del ajedrez o el Go, en el que la metáfora del combate no es más que eso, una metáfora que sirve de pretexto para la articulación de una serie de reglas que permiten el enfrentamiento —el diálogo, dice Gurgeh avanzada la novela— de dos o más contrincantes. Uno de los principales temas de The Player of Games es hasta qué punto el juego es una metáfora y hasta qué punto el reflejo de fuerzas reales, y Banks lo hace interesante estableciendo un paralelismo entre este descubrimiento y el proceso de introspección que deberá seguir Gurgeh para ser capaz no ya de entender el juego, sino de entenderse a sí mismo como jugador de Azad.

El juego como reflejo de la vida, como lenguaje, como forma de interpretar la realidad… Al convertir el juego en la piedra angular sobre la que se apoyan el Imperio, Gurgeh y la trama en su conjunto, Banks hace lo mismo que los grandes jugadores: oculta sus intenciones con movimientos engañosos y solo cuando nos damos cuenta de cual fue su estrategia desde el principio descubrimos cual fue la cuestión central de la novela desde el principio: la importancia de los propios valores.

Gurgeh, el campeón descreído

El jugador que da título a la novela es Chiark-Gevantsa Jernau Morat Gurgeh dam Hassease, Gurgeh para los amigos, un ciudadano de La Cultura y uno de los mejores y más famosos jugadores de juegos de mesa de su civilización. Pero Gurgeh se aburre. Eso, y alguna otra motivación adicional de naturaleza un tanto incómoda que prefiero no detallar, le lleva a aceptar la propuesta de Contact: embarcarse en un viaje de cinco años para visitar el Imperio de Azad y jugar, como representante de La Cultura, al juego de mesa del que el imperio toma el nombre.

Azad el juego y Azad el imperio se reflejan mutuamente y Gurgeh deberá entender a ambos para ser capaz de convertirse en un jugador eficaz. Para conseguirlo deberá sumergirse en el juego y a tal profundidad lo hace que la barrera entre realidad y juego se desdibuja:

As happened every now and again, everything he saw around him seemed to be part of the game; the way people stood like pieces, grouped according to who could take or affect whom; the way the pattern on the marquee was like a simple grid-area on the board, and the poles like planted power-sources waiting to replenish some exhausted minor piece and supporting a crux-point in the game; the way the people and police stood like the suddenly closed jaws of some nightmarish pincer-movement . . . all was the game, everything was seen in its light, translated into the combative imagery of its language, evaluated in the context its structure imposed upon the mind.

Progresivamente, por etapas, Gurgeh asimilará las normas del juego e irá descubriendo hasta qué punto forma parte de la estructura del Imperio de Azad. En Gurgeh convergen la esencia de La Cultura y, de forma creciente, algunas de las principales características del Imperio a través de su asimilación del juego. Si todo lo explicado hasta ahora cobra vida es gracias al progresivo cambio que se opera en el protagonista de la novela a lo largo de un arco que le lleva de ser un personaje individualista sin creencias firmes a convertirse en el adalid de La Cultura en el torneo de Azad. Para ello, como sucede a  menudo en la vida real, primero tendrá que descubrir qué no es. Solo después podrá reconocer sus auténticos valores y convertirlos en sistema de juego. El momento de la novela en el que eso sucede, la exploración del alma corrupta del Imperio, da pie a un cambio del tono de la novela hacia algo mucho más oscuro, más triste, pero también más sereno. Gurgeh es un personaje que crece y se transforma hasta ser un personaje muy distinto del que empezó la novela. La habilidad de Banks es conseguir que esta transición sea verosímil y deje oir su eco en todos los niveles de la novela. Todo cambia desde el principio hasta el final y tan jugadores son Gurgeh y sus rivales como el conjunto de La Cultura y El Imperio al que se opone.

Movimientos finales

He hablado de todo lo que quería hablar y me dejo mucho fuera. No he mencionado la enorme capacidad de provocar sentido de la maravilla que tiene Iain Banks, ni su sentido del humor (baste con echar un vistazo a los nombres de las naves espaciales, o a la humanidad extrema de las inteligencias artificiales que pueblan la novela), ni el misterio que rodea al narrador que nos explica la historia. Tampoco he querido detenerme en cómo Banks cede a la tentación del efectismo cuando buscar un escenario final para su aventura porque es tan divertido que no cambiaría ni un detalle. Al final, todos estos detalles, que engrandecerían a cualquier otra novela de este tipo, no son más que aspectos secundarios de una de las mejores novelas de ciencia ficción que he leído.

Los que todavía no lo hayáis hecho no tardéis tanto como yo en descubrirla.

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4 thoughts on “Recordando a Iain Banks: The Player of Games

  1. Por ahora solo he leido el Jugador, el Uso de las armas y Pensad en Flebas de Iain Banks. Las tres me han parecido buenisimas y me pasa como con la saga de Malaz de Erikson ¿como estos autores y sus novelas no tienen un monton de premios?.

    En cuanto al jugador de los tres es el que mas me ha gustado pero quizas porque tiene un tono mas “alegre” que los otros dos que, ya descubriras, o mas que alegre quizas la forma de describir la confrontación me resulto mas amena. Es que en los otros dos los personajes quizas estaban mas machacados psicologicamnete, y es que los miembros de Circustancias Especiales suelen ser ellos mismos “peculiares”

    • qdony dice:

      Gracias por pasar por aquí y comentar, Alfonso. El Uso de las Armas y Pensad en Flebas, al menos, seran las próximas que lea de Banks, y les tengo muchísimas ganas. Hombre, no sé si tiene premios o no pero respetado lo era un rato.

      Y Erikson… me intimida un poco comenzar con él, lo confieso 🙂

  2. Koreander dice:

    Ésta la he leído, y guardo un recuerdo buenísimo, pero tengo pendientes el resto de Banks. Me animaría si no fuera por lo caros que andan los ebooks de este autor. ¿Alguna recomendación sobre por cuál seguir?

    • qdony dice:

      Pues no sé que decirte, este ha sido mi primer Banks. Parece que el consenso es que El Uso de las Armas es la siguiente a leer, o esa o Pensad en Flebas. Yo seguiré por allí.

      ¡Gracias por la visita!

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