La Cuarta Señal, de José Carlos Somoza: un libro de M

la cuarta senalYa hace un tiempo que me propuse explorar de forma más o menos sistemática —está siendo más menos que más— el panorama de la literatura fantástica escrita por autores españoles, un terreno en el que andaba, y ando, lamentablemente pez. Eso me ha llevado a rastrear foros, conversaciones, blogs y fuentes diversas para tratar de formarme una lista de autores más o menos representativos a ir leyendo, además de plantear la pregunta (con resultados interesantes) en este mismo blog. Es un sistema poco preciso pero seguro que mejor que la selección al azar, al menos hasta que me forme un panteón personal y me sean más familiares los nombres. Y si hablamos de nombres, uno de los que más alto suenan es, sin duda, José Carlos Somoza. Y suena con suficiente frecuencia y consistencia como para que lo considerara una apuesta razonablemente segura.

Craso error.

La Cuarta Señal es la decimoctava novela de Somoza y sirve para inaugurar el sello M de Minotauro, diseñado para llegar a un público más general que el habitual en la literatura fantástica. Me gustaría pensar que es precisamente mi familiaridad con el género lo que se ha interpuesto con mi disfrute de esta novela y, ciertamente, para alguien menos habituado a los protocolos de lectura de la ciencia ficción y la fantasía pueden resultar menos importantes —originales, incluso— algunos de los aspectos más problemáticos del texto, pero me cuesta aceptarlo. Lo cierto, y me sabe mal decirlo, es que La Cuarta Señal me parece una mala novela y no sé ver la habilidad de un escritor capaz de haber escrito diecisiete novelas de éxito (no sé si todas) más. Espero que M levante cabeza con los próximos títulos o ni todo el éxito comercial del mundo podrá impedir que haga la broma con el significado de esa “M” que voy a pasarme toda la reseña haciendo. Vamos a ello, que los malos tragos es mejor pasarlos rápido.

Mis problemas con la novela pueden resumirse en varios apartados: la premisa del escenario (no se sostiene y está llena de inconsistencias), el tono (inadecuado y a menudo de mal gusto) y la propia base de la historia (una especie de profecía apocalíptica sin ningún sentido). Antes de seguir, aclaro que me voy a ahorrar todo “me parece”, “en mi opinión”, etc, etc. Están ahí, de acuerdo, pero me harían falta tantos que esto sería ilegible.

Órgano, Bach Vs. The Matrix

La mayor parte de la novela transcurre en el interior de Órgano, una realidad virtual desarrollada por el genio Alan Neumeister después de conseguir que ” los complejísimos cálculos que forman la estructura de ÓRGANO se hiciesen más veloces convirtiéndolos en notas de la música de Bach gracias a un artilugio matemático de su invención llamado «Gestor de Conversión»… “. No es precisamente ciencia ficción hard, ¿verdad? Bueno, no tiene porqué serlo, pero en ese momento la novela empieza a funcionar (ligeramente) mejor en clave de fantasía que de ciencia ficción. Que los virtuosos de Órgano utilicen las partituras de Bach a modo de hechizo (“programas”, los llaman ellos) para hackear distintos aspectos del entorno no ayuda a despejar esa impresión, como no lo hacen muchos otros detalles del argumento, pero es algo que choca con el pretendido entorno informático en el que transcurre la historia. Esa indefinición, ese no saber hallar su camino entre la ciencia ficción y la fantasía, no se puede confundir con una hipotética voluntad del autor de desdibujar adrede las fronteras entre géneros —y lo dice alguien que cree muy poco en tales barreras…—; es, más bien, un uso poco riguroso de convenciones poco compatibles entre sí. Aceptar el planteamiento sobre el que se apoya Órgano y, por lo tanto, todo el mundo en el que tiene lugar la historia, pasa por ignorar todo principio de verosimilitud. Hay escritores capaces de obtener ese grado de complicidad con el lector pero Somoza, al menos en este libro, no es uno de ellos.

“Tetazas. Cinturita. Sexy a más no poder”

En el punto anterior me he referido a la inverosimilitud, pero en realidad el mayor obstáculo con el que me he encontrado ha sido la prosa. Puedo imaginar muchos motivos por los que el autor ha optado por darle un tono desenfadado a sus personajes (¡y a su narrador!), pero… no le sale. No es natural, ni espontáneo, ni la gente habla (¡o piensa!) así. Lo que le falta, sospecho, es oído; capacidad de capturar el lenguaje coloquial sin renunciar a la elegancia. Que nadie me malinterprete: no estoy sugiriendo que me molesten los tacos, ni el slang ni nada parecido… ¿Os acordáis de mi reseña de La Chica Zombie? Allí me refería al uso que hacía Laura Fernández del lenguaje soez: «¿Será “polla” la palabra más frecuente entre sus páginas? Posiblemente, casi siempre asociada a “chupar”, aunque quizás “puta” rivalice con ella». Pero donde Fernández convierte su provocación en una cuestión de estilo, Somoza lo deja en chascarrillo y la sonrisa no llega a asomar en los labios del (de este) lector. El problema es que esto se traslada a la psicología de los personajes, que desarrollan unas voces más cercanas a la caricatura que a personalidades complejas, y no (me) permite creer en determinados comportamientos de algunos de los personajes, como la repentina conversión de la protagonista, María, a fan de Órgano o el peculiar romance en el que se verá envuelta.

Los Cuatro Días Más Importantes: Bach Vs. The Matrix… Vs. Nostradamus

La novela explica una historia que dura cuatro días, “los Cuatro Días Más Importantes” descritos en una antigua profecía que iremos conociendo poco a poco, en parte gracias a algunos capítulos intercalados que explican una vida secreta de Johann Sebastian Bach e incluyen algunos de los mejores momentos de la novela. Se supone que es una profecía de origen antiguo y no quiero revelar demasiado acerca de ella por respeto a los muchos _spoiler_fóbicos que corren por el mundo, pero sí debo mencionar la cascada de paradojas que se van acumulando a medida que aumenta la información de la que dispone el lector. Eso, sumado a la ya mencionada fragilidad de la premisa sobre la que se apoya Órgano, contribuye a la sensación de despropósito que me ha embargado a medida que me acercaba al final del libro… especialmente porque la novela, en esencia, es una historia de conspiraciones. Este debería haber sido un aspecto mucho más cuidado.

Valoración final y agradecimientos

Bueno… llegados aquí… queda claro que yo no soy el público objetivo de La Cuarta Señal. Es posible que ni siquiera sea el público objetivo de José Carlos Somoza, ve tu a saber, y eso me sabe peor. No será la única oportunidad que le de y quiero pensar que soy capaz de leer cualquier libro con la mente limpia, así que ya veremos como va la cosa. Sobre lo que no me ha gustado del libro ya he hablado, aunque me he dejado algunos aspectos, pero también tiene algunas virtudes que otros lectores sabrán apreciar mejor que yo.

Por un lado, la historia es muy entretenida y los elementos más cercanos al thriller están bien llevados, así que puede funcionar para alguien que busque una aventura con toques fantásticos y un punto de romance sin necesidad de ir mucho más allá de la superficie de lo que está leyendo, ese “lector casual” al que se refiere Minotauro al describir su nueva colección. Más difícil lo va a tener, eso sí, con el “aficionado de género más exigente” al que también apela… Por otro lado, la historia tiene un subtexto políticamente incorrecto atractivo por inesperado, al menos para mí, y su defensa implícita de la legitimidad de las relaciones sociales en el mundo 2.0 en el que ya hemos comenzado a vivir resulta interesante. Para mi son virtudes insuficientes, pero que están allí es indiscutible.

Me gustaría agradecerle a Minotauro su amabilidad al ofrecerme un ejemplar de cortesía de La Cuarta Señal antes de que este saliera a la venta. Me sabe mal no poder hacer una reseña más entusiasta y les deseo suerte en su nueva colección. Creo que este libro de José Carlos Somoza no es el mejor de los comienzos posibles, pero reconozco la dificultad del objetivo de la colección, así que… ¡suerte y valor!

¡Y os dejo con el trailer!

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2 thoughts on “La Cuarta Señal, de José Carlos Somoza: un libro de M

  1. Carlos dice:

    Pues me ha gustado la reseña, como siempre llena de argumentos. Si temías que fuese dura, creo que lo es, pero no es carnicera. Tú nunca eres así, cosa que te honra. Pero hay que saber leer(te).

    Espero otra versión de esta reseña, y lo sabes.

    • qdony dice:

      Gracias Carlos. Lo cierto es que la he planteado como reseña dura, pero hay quien me ha dicho que no lo es… y me ha desconcertado un poco. No sé porqué la gente confunde dureza con contundencia o agresividad. Para mí no solo no son lo mismo, sino que son la diferencia entre una buena valoración y una rabieta que no lleva a nada. Y ojo, no digo que mi valoración sea “buena”… solo que lo intenta 😉

      Y tendrás esa otra versión. Dame un par de semanas de margen.

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