Danza de Tinieblas, de Eduardo Vaquerizo, o reseñar como excusa

Introducción: ¿Excusa para qué?

Hace poco que leí, en el blog de mi buen amigo Pedro, su análisis amargo de la realidad actual de la literatura fantástica española, uno de varios últimamente dentro de este mundillo del género en nuestro país. Es un tema que tiende a provocar reacciones polarizadas, más bien primarias, que me parece que enmascaran una discusión que ni está de más, ni tiene porqué ser otra cosa que constructiva. No comparto el planteamiento de Pedro —yo me siento más cómodo entre tonos de grises que entre blancos y negros, tal vez porque escribo desde la duda permanente—, pero coincido con algunas de las cosas que dice o algunas de las que interpreto, tal vez equivocadamente. Mis impresiones —y oye, ni estoy sentando cátedra ni soy un experto en el tema— son las siguientes:

  • Mucha de la literatura de género autóctona que se publica en España tiene una calidad muy baja. Hay excepciones, numerosas y valiosas. Pasa lo mismo fuera de España, por cierto, aunque la estadística nos perjudica. Cuando digo “calidad” no estoy diciendo “que me gusta a mi”. Estoy diciendo que está mal escrito (dolorosamente escrito, muchas veces, además de mal narrado), pobremente imaginado (sin originalidad, sin profundidad) y mal editado (mal maquetado, mal corregido, mal impreso). Ahora, antes de que salten las voces calificándome de hater (un término que, por cierto, tiende a reforzar mi opinión) os recomiendo que volváis a mi segunda frase en este punto: “Hay excepciones, numerosas y valiosas”. No poder resaltar lo que a uno le parece mal sin que el fandom informal y profesional se ponga de uñas sugiere un clima de inseguridad que ya querría Freud para jugar con él. No soy un hater, amigos y amigas, y no creo necesitar más defensa en ese sentido que mis reseñas aquí y en otros lugares. Mis posturas están claras. Tampoco me las doy de infalible, por cierto.
  • Existe una amplia tradición de literatura fantástica en España o, por ser más inclusivo, en español, pero es evidente que no bebe de las mismas raíces que la ciencia ficción (especialmente, que la ciencia ficción) y la fantasía anglosajonas. Esta tradición, sofisticada en lo literario y en lo imaginativo, no es la que le interesa a la mayoría de los aficionados, formados con los libros de Asimov, Heinlein, y toda esa troupe surgida de las revistas norteamericanas e inglesas. Estoy simplificando, lo sé, pero seguid conmigo un rato. Por eso cuando se dice que no existe tradición de ciencia ficción y fantasía en España se incurre en un error a la vez que se tiene razón. Por eso, también, muchos libros de ciencia ficción escritos en español parecen traducciones, aunque eso es un problema más amplio, que creo que sólo me preocupa a mi, y que afecta por igual al resto de géneros.
  • Muchos aficionados, tal vez la mayoría, son extremadamente conservadores en sus gustos. Lo cual, corro a añadir, no tiene absolutamente nada de malo —A mi artículo sobre las zonas de confort me remito—, pero en un mercado de tamaño reducido no favorece la innovación, la diversidad ni la asunción de riesgos. De nuevo, hay honrosas excepciones, especialmente entre editoriales pequeñas.

Dicho esto, creo que el género fantástico autóctono tiende a la buena salud, y soy el primero en disfrutar de su zona de confort y de sus libritos convencionales de literatura fantástica mainstream, muchas veces mal escritos. Eso no me impide buscar una dieta variada con frecuentes excursiones fuera del género.

Y ahora alguien tendría que preguntarme, ¿tú no ibas a hablar de Danza de Tinieblas? Pues sí, a eso venía yo, a hablar de la estupenda novela de Eduardo Vaquerizo y al final parece que parafrasee lo que ya se hizo en Sin Solapas, pero a alzarnos a hombros de gigantes hemos venido, así que vamos a ello y veamos qué misteriosa cadena de asociaciones me ha llevado a escribir esta introducción tan rebuscada.

Danza de Tinieblas: la voz de una España que no fue

danzadetinieblasLa novela de Vaquerizo lleva en mi lista de libros a leer desde que se empezó a hablar de ella al publicarla Minotauro, hace cerca de diez años, y en mi estantería desde el Festival Celsius del verano de 2013, donde me agencié un ejemplar —acompañado de su secuela, Memoria de Tinieblas, editados esta vez por Sportula— dedicado por el propio autor. He tardado meses en empezar a leerla y lamento todos y cada uno de los minutos de ese retraso (hiperbólico es mi apellido). He disfrutado la lectura a muchos niveles, no todos ellos relacionados con lo literario. Aunque la novela es una ucronía, lo que hace avanzar la trama es un thriller bastante efectivo que atrapa al lector y le obliga a pasearse por la España alternativa inventada por Vaquerizo, pero para mi ese aspecto, el ligado al argumento, casi es lo de menos. Lo que convierte a Danza de Tinieblas en un libro especial y en un buen ejemplo de literatura de género de calidad son dos cosas que, en este caso, se retroalimentan: su elaboración de un castellano que combina por igual arcaísmos y neologismos, por un lado, y la reconstrucción de una España retrofuturista que se convierte en un escenario magnífico que no me extraña que su autor se resista a abandonar.

Veamos la sinopsis oficial, sacada de la web de Sportula:

Felipe II muere en vísperas de la batalla de Lepanto y su hermano Juan de Austria, que vuelve victorioso de la guerra, ocupa el trono. A partir de ahí la historia deja de ser tal como la conocemos y, en un siglo XX alternativo, el cabo Joannes Salamanca investiga una serie de asesinatos que lo llevarán a descubrir cosas que quizá habría preferido que permanecieran ocultas.

Mientras recorre un Madrid poblado de cabalistas, carros a vapor, nobles disolutos, monjes inquisitivos y varios individuos de dudosa catadura, Salamanca descubre las oscuras raíces de un misterio que podría hacer tambalearse todo el Imperio.

Danza de tinieblas es, sin duda, uno de los más logrados steampunk que se han escrito. Abandonando el modelo anglosajón y victoriano, Eduardo Vaquerizo se centra en recrear en esta obra una España y un Madrid que no son los que conocemos, pero parecen tan reales como ellos.

El lenguaje es lo primero que llama la atención, claro. Vaquerizo opta por vocabulario castizo lleno de neologismos —me tienta inventar, si nadie lo ha hecho ya, el concepto de neoarcaismo para describir lo que hace en realidad— que le da a su prosa una textura fascinante. El resultado, además de atractivo, es un texto vivaz tanto en los diálogos como en los fragmentos más expositivos, un hacer algo nuevo del lenguaje. Exige cierto esfuerzo por parte del lector, cierto, pero en ningún momento pone en cuestión la accesibilidad del texto. Me recuerda a lo poco que he podido leer del Capitán Alatristre de Arturo Pérez-Reverte, y lo digo como halago. Mirad un ejemplo especialmente colorista —y más extremo que la mayoría del libro, que nadie se asuste— sacado de un diálogo entre el cabo Johannes Salamanca, el alguacil protagonista de la historia, y uno de sus informantes:

—¿Qué tal, Salamanca, cómo va todo?

—¿Te he tratado yo mal alguna vez, Chinche?

—Bueno, he perdido la cuenta, Salamanca.

—¿Eh? —No, Salamanca, nunca. Vosotros, los de la madera, nunca dais.

El fraile lo miró con sus grandes ojos de pájaro. El Chinche apartó la vista.

—No me seas turrito, Chinche, que te salto los pocos sitios que te quedan de una manguara.

—No me ajáis Salamanca, que finto a todos por ti siempre y tú nunca estás fino conmigo.

Joannes metió mano al sobaco logrando que el Chinche se agitase nerviosamente. Sólo se tranquilizó cuando el alguacil sacó la manaza, la abrió y le mostró un puñado de cuartillos de plata. Se le abrieron mucho los ojos para ver aquella mísera fortuna.

—Andas sobrao de guita, fandurrón.

—No es tuya aún, pinche otario, carbufón.

—¿Qué quieres que te raje?, está todo como facilón y plano.

—Pues quiero saber de un gilastrón que finó poco de un mes atrás.

—Aquí finan todas las tardes cien.

—Un cabalista viejo al que se le arrimó la lumbre a los rizos.

Es magnífico. No sé qué pensaría un lingüista al respecto, pero para mi es uno de las principales virtudes de Danza de Tinieblas, una de las cosas que le dan personalidad. También contribuye, claro, al trabajo de ambientación de época que propone el libro.

Danza de tinieblas MinotauroPorque Danza de Tinieblas, ya lo he dicho, es una ucronía, uno de los subgéneros de la ciencia ficción que más dudas taxonómicas me provoca. La divergencia con la historia que ha llevado a la realidad que habitamos (el punto Jonbar), se produce cuando Felipe II muere por culpa de un accidente de caza que lleva a su hermano, Juan de Austria, a ocupar el trono del Reino de España. Eso da lugar a una rama de la historia en la que, en el 1927 en el que transcurre la novela, España es una de las primeras potencias mundiales, tanto a nivel económico, como político y tecnológico. Hay muchas otras divergencias, no pocas de las cuales sin duda se me habrán escapado —una cosa que tienen las ucronías es que me hacen sentir enormemente inculto—. De hecho, y aún a riesgo de incurrir en la ira de los teóricos de la ciencia ficción, la novela contiene otros dos puntos Jonbar menos evidentes: la muerte de los equinos por culpa de una plaga en tiempos medievales y la no expulsión de los judíos por parte de los Reyes Católicos en 1492. Es importante porque no se trata sólo de que la presencia judía y sus tradiciones desempeñen un papel importante en Danza de Tinieblas, sino de cómo Vaquerizo las utiliza para darle vistosidad a su historia. Para mi, es uno de los aspectos más divertidos de la novela y a pesar de que a partir de un momento determinado es relativamente sencillo adivinar hacia dónde se dirigirá la cosa, esa previsibilidad en ningún momento perjudica a su desarrollo.

A pesar de la riqueza de su mundo, Vaquerizo se acoge —acertadamente, si me preguntáis a mi— al famoso show, don’t tell de Hemingway y reduce al mínimo la exposición, llevándonos a conocer su mundo de la mano al cabo Salamanca, acompañándole en su investigación de la ola de asesinatos que dejan Madrid sembrado de cadáveres con una relación cada vez más aparente y nos vamos adentrando en una conspiración llena de cabalistas judíos metidos a informáticos retrofuturistas, agentes de la inquisición que bien podrían haber sido ninjas con una pequeña transposición geográfica y las complejidades de un plan tramado por un rival capaz de poner en jaque a la cúpula de la mayor potencia que el mundo ha conocido. O había conocido. O habría conocido, que esto es un lío. En cualquier caso, es una estrategia directa que funciona, le da ritmo a la narración sin simplificarla y, combinado con el elaborado lenguaje del libro, convierte su lectura en una experiencia inmersiva.

Vale la pena hablar del protagonista de la novela, el cabo de alguaciles Joannes Salamanca. Me gusta como lo describe la novela en un fragmento seleccionado por el propio Vaquerizo en su blog:

Joannes Salamanca, cabo de alguaciles, veterano de los tercios, hijo de emigrantes holandeses y más conocido como mascaburras, suspiró audiblemente. Era un hombre grande, ancho de hombros; un muro serrano construido para vencer al viento y la nieve hubiera tenido las mismas proporciones. El pecho, al respirar, parecía extendérsele hasta casi reventar los lazos de la camisa, por lo demás ya forzados por las lorzas excesivas del talle y la anchura de espaldas. En medio de su cara, ancha y rubicunda, dos ojos pequeños, dos cabezas de alfiler de color azul, observaron el comedor del cuartel, las mesas repletas, el aire cansado de humo, los hombres de uniforme apoyados en las paredes, charlando, fumando, esperando que la tarde se hiciera noche.

Salamanca es un arquetipo, un personaje inasequible al desaliento a pesar de enfrentarse a una situación que le sobrepasa y a la que va ganando puntos a fuerza de pura tozudez y por el tamaño, por citar un atributo muy ibérico, de sus enormes cojones. Es un héroe que ya hemos leído, poco original, pero bien construído, coherente y perfectamente capaz de sostener la trama sobre sus (no os imagináis cuánto) castigadas espaldas. El grado de violencia del que es víctima Salamanca a lo largo de la novela es enorme hasta hacer rechinar los dientes del lector, aunque al menos se alimenta bien, loado sea Vaquerizo. Menos atención reciben algunos de los personajes secundarios, aunque raro es el que no presente alguna doblez en su carácter que sirva para aderezar el tono cada vez más conspiranoico de la historia.

Las únicas objeciones que le pongo a la trama tienen que ver, sobre todo, con la parte romántica de la motivación de Salamanca y con alguna otra solución argumental que recurre a lo sobrenatural de una forma que ha puesto a prueba mi capacidad de suspensión de la incredulidad. Son dos detalles que a mi me han chirríado, pero no me atrevería a calificarlos de errores. Para otros lectores pueden funcionar.

Etiquetas, calidad y apuntes finales

Me pregunto si está tan claro que Danza de Tinieblas es una ucronía. Está claro que la contiene, vamos, y el propio Vaquerizo reconoce la influencia del Pavana de Keith Roberts, además de dedicar la introducción a dejar clarísimo el punto Jonbar a partir del cual se desarrolla la historia, pero también es cierto que la historia abandona temprano la voluntad de explorar una rama alternativa de la historia para lanzarse a narrar una aventura de claros tintes fantásticos y con pocos visos de verosimilitud. No me interpreteis mal, el esfuerzo de reconstrucción (¿reinvención?) histórica es enorme y, hasta donde yo alcanzo, impecable. Incluso es su aspecto más llamativo, pero la aplicación de la etiqueta sin matices me provoca alguna duda. No es que tenga ninguna importancia…

También me consta —se lo escuche decir autor durante la presentación de Memoria de Tinieblas en una HispaCon— que se ha criticado su adscripción al steampunk, pero eso me genera menos dudas. En cualquier caso es evidente que la novela dialoga con ese género tanto como con la ucronía: Crítica al imperialismo, tono social, reconstrucción de una estética y un lenguaje, etc. En ese sentido incluso podría considerarlo más steampunk que otras obras anglosajonas más conocidas, aunque tampoco es plan de ponerse bizantino. Además, nunca me ha gustado la palabra “steampunk”, me parece preferible la etiqueta, más amplia, de “retrofuturismo”, a la que Danza de Tinieblas se ajusta perfectamente. En ese sentido os diría que le echarais un vistazo al artículo sobre el origen del steampunk que publiqué hace unos meses en Literatura Fantástica. Danza de Tinieblas responde bien a algunas de las ideas que intenté recoger allí.

En cualquier caso, y volviendo a mis tres propuestas de la introducción, me parece que Danza de Tinieblas (a) es un magnífico ejemplo de literatura fantástica española de calidad —y comercial, diría, aunque desconozco si la realidad ha refrendado esta última impresión—; (b) bebe de unos esquemas, o al menos de un lenguaje, muy propios de nuestro país sin negar referentes anglosajones en cuanto a la elección del subgénero y recursos de la trama; y (c) no está libre de riesgo estilístico, aunque este es menor a nivel argumental. Ni es el único ejemplo ni tiene porqué ser el mejor. Cuando se habla de la salud de un género literario, como de otras cosas, me parece que es más importante la calidad que la cantidad o, dicho de otra manera, cuentan más las excepciones que la norma. Danza de Tinieblas puede muy bien ser una de esas excepciones.

Descarga este artículo como un epub

Tagged , , , ,

10 thoughts on “Danza de Tinieblas, de Eduardo Vaquerizo, o reseñar como excusa

  1. Carlos dice:

    Empezaré por lo más importante: eres un hater.

    Dicho esto solo para quitarnos tensiones, me parece una gran y argumentadísima reseña. La primera parte me la recuadro. De la segunda, hay un par de puntos que comentaría, pero ya lo haremos en persona cuando se tercie, que solo son apreciaciones que no aportarán nada a esta joyita que se ha marcado.

    Pues eso. Que muy bien todo.

    • qdony dice:

      Muchas gracias por el comentario, Carlos. I hate you.

      En cuanto a terciar la ocasión en que me comentes ese par de puntos, ya puedes ir buscando un momento para tomarnos una cervecita o un zumito.

      Un abrazo.

  2. Malapata dice:

    Hola

    Me lo pasé muy bien leyendo “Danza de tinieblas”. Sin embargo para mí la novela está algún escalón por debajo de dónde la sitúan la mayoría de las reseñas que he leído sobre ella.

    Su mayor punto a favor es su cuidada ambientación. El Madrid que recrea se puede sentir, oler, y Vaquerizo es muy hábil limitándose a soltar sólo algunas migajas sobre la historia y organización del mundo donde se sitúa, dejando siempre con ganas de más. Además cuenta con un buen ritmo narrativo.

    En su contra… a ver cómo lo digo. Para mí hubo un momento en que me planteé la novela como una película de Bruce Willis. ¿Que al protagonista le dan una paliza pero a la siguiente escena está corriendo para meterse en otro lío? Está bien, es Bruce Willis, se lo puede permitir. ¿Que se me mete en un (otro) callejón sin salida pero ocurre algo que le permite escapar en el último momento? Pues claro, es Bruce Willis y tiene imán para las salidas apuradas.

    En ese momento perfectamente podría haber dicho “Venga ya, no me lo creo” y haber cerrado el libro. No lo hice y lo disfruté, pero me parece que el autor abusa un poco con la resistencia y la suerte de su protagonista, pidiendo un esfuerzo a veces excesivo al lector para pasarlo por alto.

    Un saludo

    • qdony dice:

      Bueno, yo no digo que no tengo problemas y de hecho le he cascado cuatro estrellas, que creo que es lo que se merece. Estoy un poco de acuerdo con el tema “bruce willis”. A ello me refiero cuando digo que el “grado de violencia del que es víctima Salamanca a lo largo de la novela es enorme hasta hacer rechinar los dientes del lector”, pero creo que no me molesta tanto como a ti. Es un poco “hardboiled”, ¿no? Para mi le resta originalidad, pero contribuye a la construcción de un personaje que se caracteriza por su actitud de retroceder nunca, rendirse jamás. Una actitud, cabe decir, que hace más duro el final del libro, del que no he hablado.

      En cualquier caso, estoy de acuerdo con que las mayores virtudes de la novela no están en su argumento (que mola, ojo), he intentado reflejarlo en la reseña. Sigue pareciéndome recomendable 🙂

      ¡Y gracias por comentar!

      • Malapata dice:

        Conste que lo de Bruce Willis era un cumplido, por las mismas podría haber dicho Van Damme o Seagal 🙂

        En cuanto al final de libro, mejor no hablar, sí. Lo que me lleva, en un juego ruendas engarzadas, al principio de tu no reseña.

        Yo soy aficionado perdido y vuelto a encontrar de lo fantástico. He leído casi nada de autores hispanohablantes. No por convicción, sino casi accidentalmente; he ido leyendo lo que me iba interesando o llamando la atención en cada momento. Esto me lleva a lo que puede ser una losa de esta novela, el que haya sido señalada como ejemplo del buen hacer en nuestro idioma.

        Y en opinión (y al igual que me ocurrió con el primer Terra Nova) vale, está bien, pero si esto es lo mejor que me puede ofrecer el género entonces creo que voy a seguir con mis lecturas anglosajonas. Si una novela que me ha gustado, pero que no me ha resultado especialmente destacable se presenta como el estandarte entonces me quitan las ganas de probar con las que son peores. No es una crítica a la novela, sino a la imagen que se ha dado (o, al menos que yo he percibido) sobre ella.

        Saludos

        • qdony dice:

          Hombre… yo sí que pienso que es un buen ejemplo de, como mínimo, un buen camino a seguir. Lo que es evidente es que ningún ejemplo es otra cosa que anecdótico, y que cada uno tendrá su panteón particular. En este caso me parece que sí que tiene suficientes cosas destacables (por usar tu adjetivo) como para hacerla recomendable, con sus limitaciones incluidas, que las tiene. ¿Qué si te pones a comparar cifras es probable que haya más novelas de fantástico excelentes en inglés que en español? Hombre… no me cabe duda. Pero no es una comparación justa.

          En cualquier caso no la calificaría de estandarte 🙂

  3. Joseph dice:

    En mi visión de las ucronias escritas en español, y basadas no en la estética victoriana sino en la Madrid que todos conocemos (o que ha podido ser), Danza de Tinieblas tiene un lugar especial.
    El post está bien escrito y cuanto falta hacen voces criticas en España como la de Miquel.

  4. Paco García dice:

    Creo que aciertas totalmente en tus comentarios sobre el género en España (o en español) como sobre la novela de Eduardo, que tuvo el gran placer y honor de publicar en Minotauro, de manera que reconozco que mi opinión puede no ser demasiado objetiva. En líneas generales me parece que tenemos una historia lo suficientemente amplia e interesante como para abordarla desde el punto de vista fantástico, como en este caso, pero sin olvidar otras aportaciones importantes como “La locura de dios” de Juan Miguel Aguilera, por citar sólo un título “fundacional”. Las aportaciones de Eduardo, Juan Miguel, Javier Negrete, Rafa Marín o Félix J. Palma se merecen mucho mayor reconocimiento por parte de los lectores españoles de los que han obtenido hasta la actualidad. Y no estoy nada de acuerdo en la opinión de Malaparte (dicho con todo el cariño) sobre su predileccion por los autores anglosajones. Después de muchos años leyendo y publicando literatura fantástica, mi modesta opinión, si es que vale de algo, es que salvo unas pocas excepciones de autores realmente magistrales, los buenos autores españoles, como los que he citado y algunos más, están a la misma altura y no tienen nada que envidiar a los autores anglosajones… bueno, sí… tienen algo que envidiarles: decenas de miles de lectores, una industria editorial que apuesta por ellos, un mercado consolidado, etc., pero no en cuanto a calidad e imaginación.
    Y un comentario final para el reseñador: tu blog es de lo mejor que he leído en mucho tiempo sobre crítica de género.¡ Enhorabuena!

    • qdony dice:

      ¡Paco! ¡Que alegría verte por aquí!

      Muchas gracias por los elogios. Uno trata de hacerlo bien y, aunque no sé hasta que punto lo consigo, saber que algunos buenos lectores no consideran estas reseñas una perdida de tiempo me basta para seguir escribiéndolas con ilusión.

      Estoy muy de acuerdo con lo que dices de que lo que los escritores de aquí pueden envidiar a los anglosajones es el contexto en el que publican. Una parte de él me parece poco modificable, así que es el panorama con el que habrá que aprender a lidiar. No obstante, creo que hay espacio para mejorar.

      Enhorabuena a ti, por cierto, por ser el primero en publicar esta novela.

      ¡Y espero volver a verte pronto por aquí!

      Un abrazo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *