Los libros de Alcatraz: un logro desperdiciado

BANNER daeiPocos escritores de fantasía actuales pueden alardear de mantener una productividad tan elevada como Brandon Sanderson. Tal vez sólo Michael Moorcock, famoso por tardar entre tres y diez días en escribir sus primeras novelas, pudiera superar la sobrehumana velocidad de Sanderson para hilvanar novela tras novela —o novela junto a novela, dado como las escribe en paralelo— cual in your face dirigidos a otros dos populares y lentos escritores de fantasía épica a los que quizás no haga falta nombrar. Y sin embargo, lo milagroso no es su velocidad, si no que a pesar de ella consiga demostrar con sorprendente frecuencia que puede llegar a convertirse en uno de los escritores de fantasía más interesantes del panorama. Lo que Sanderson ejemplifica, al menos para mi, es que la comercialidad no es incompatible con la calidad ni esta con la diversión. Sus puntos fuertes no están en el estilo si no en la capacidad de trabajar la trama y las escenas, especialmente las de acción. A cambio, muchas de sus obras son reelaboraciones del esquema clásico de Campbell y tiene un cariño, tal vez excesivo, por un elenco de personajes genéricos que recicla una y otra vez. Uno de los valores de la saga de Alcatraz que comentaremos en este artículo es, precisamente, la voluntad de alejarse de sus planteamientos habituales, aunque ya veremos que el proyecto se desinfla después de un comienzo magnífico.

[Os invito a visitar el blog Donde Acaba el Infinito y leer el resto del artículo que le he dedicado a los libros de Alcatraz, de Brandon Sanderson]

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