La tercera cara de la luna, de Ángel Luis Sucasas

tercera caraSé que los prejuicios son cosa mala pero me sucede a menudo, y sospecho que no soy único en eso, que cuando empiezo un libro lo hago con ciertas expectativas, tal vez hipótesis, en mente. Hasta qué punto esos apriorismos tiñen luego nuestra valoración del libro es una cuestión espinosa, pero quiero pensar que uno, como lector, es capaz de sobreponerse a ellos y estimar el libro en lo que —siempre en un marco subjetivo, claro— vale. Y si empiezo la reseña de La Tercera Cara de la Luna con tantos meandros y cierta actitud defensiva es, simplemente, porqué esperaba leer un libro extraordinario y descubro, al pasar la última página, que he leído un libro extraordinario. Sospechoso…

De parte de mis expectativas, claro, puedo responsabilizar directamente al prólogo, en el que Félix J. Palma hace afirmaciones como estas:

[s]u autor, el periodista Ángel Luis Sucasas, se atreve a ir un paso más allá del género, lo hace evolucionar. Podría decirse, si me permites la broma, que estos cuentos suponen un pequeño paso para el autor, pero un gran paso para la literatura fantástica en español.

O:

Con toda probabilidad, por su ambición y resultados, se convertirá en un libro de referencia dentro del fantástico patrio[.]

No es tan raro leer elogios así en un prólogo, ¿verdad? Pero vamos, lo dice Félix J. Palma, un escritor al que respeto mucho, así que de entrada le concedí el beneficio de la duda. E hice bien. No sé si realmente los relatos de Sucasas suponen una evolución porqué no sé exactamente cómo medirlo, pero tampoco es algo que cuestione; con la segunda afirmación, sin embargo, estoy plenamente de acuerdo.

Lo que me gusta del trabajo de Sucasas es cómo saca partido de un imaginario familiar para los lectores de género y lo utiliza como punto de partida más que como escenario. “Sucasas no se deja nada en su catálogo fantástico, ninguna región sin visitar en ese viaje mágico al corazón de los mitos”, dice Félix J. Palma, pero lo interesante es que a menudo escribe una historia de las secuelas, de las consecuencias: de los desenlaces. No es raro que sus relatos comiencen en el punto exacto casi exacto en el que otro escritor estaría dando las pinceladas finales. Es interesante porque Sucasas le pide al lector, no sé si deliberadamente, que aplique unos protocolos de lectura con los que está muy familiarizado para rellenar, sin esfuerzo, los antecedentes de lo que explica. Eso, en ocasiones, tiene una contrapartida: algunos relatos exigen que el lector aporte su predisposición a creer en historias que se justifican a si mismas, ya sea por su escasa conexión con nuestra realidad o por su lógica externa fragmentada. En parte es una cuestión de preferencia personal: cuando la narración se aleja mucho de los límites de un marco de referencia, por decirlo de algún modo, su impacto narrativo desagua y corre el riesgo de quedarse en mero ejercicio de estilo. Es el único reproche que le hago a algún relato de la antología, como por ejemplo a “El ocaso de los sueños”, una fantasía que hace bandera del exceso visual y me evoca (no es la única vez que me pasará) a algunas de las enfebrecidas historietas que leí de adolescente en la colección de Cimocs y 1984 de mi padre.

Cuento a cuento

La antología empieza con “Un cuento de la Dama Blanca”, una recuperación de la figura del hombre lobo que se apoya, sobre todo, en la riqueza de la trama. De hecho, en cierto sentido esa riqueza se convierte en el peor enemigo de un relato que fácilmente podría haber dado pie a una novela corta con un desarrollo más orgánico. Creo que la historia lo pide, pero el relato funciona perfectamente en su presente forma y desemboca en un final en dos tiempos francamente espectacular. Un magnífico comienzo.

El último amanecer” exige la complicidad del lector para creer en la realidad que explica, aunque el sentido de lo maravilloso que consigue Sucasas en su secuencia de pequeñas historias —y el hecho de que cada una de ellas sea una pequeña joya perversa— lo pone muy fácil. Se trata de un texto elegante que trabaja muy bien el punto de vista. Fijaos, los que lo leáis, en el fantástico fragmento protagonizado por un perro.

En “Por ti…” Sucasas explora un territorio cercano al realismo mágico (no sólo por su ambientación argentina) que enfatiza de forma muy explícita sus aspectos fantásticos. Los elementos sobrenaturales, basados en el árbol de la vida de la Cábala, aportan un trasfondo muy especial a la construcción de los personajes, especialmente sutil en el caso de Lucía, la protagonista (“Lucía sabía cuán distintas eran las fronteras entre lo cotidiano y lo real, entre lo imposible y lo indudable. Había viajado mucho y había visto, oído, olido, tocado y saboreado muchas cosas que ningún hombre o mujer corriente podrían creer como ciertas”). Los diálogos son muy hermosos y consiguen una rara paradoja: alcanzar la fluidez a través del artificio y la impostura. De nuevo, el lector (el lector escéptico, al menos) tiene que aportar su suspensión de la incredulidad y, también de nuevo, Sucasas se lo gana a fuerza de elegancia y consistencia interna. Tiene un punto de ambigüedad que me gusta mucho.

Ya he hablado de “El ocaso de los sueños” y de porqué es un tipo de fantasía en la que me cuesta un poco entrar, pero vale la pena aunque sea por la potencia de sus imágenes. También tiene un doble final que, de alguna forma, lo contextualiza y hace que lo aprecie más.

Mas allá” es otra fantasía desatada que, visualmente, puede recordar al relato previo (con un imaginario más sexual, eso sí), pero que me resulta mucho más satisfactoria que la anterior (no por lo del imaginario sexual, mal pensados; que os conozco) hasta el punto de ser uno de mis relatos favoritos en la antología. Se puede leer como una abstracción casi de manual del periplo del héroe —dándole a la narración un marco de referencia que refuerza la pirueta imaginativa de una propuesta que no puedo evitar visualizar plasmada por Jean Giraud “Moebius”—. A caballo entre la fantasía y la ciencia ficción, no me extrañaría que se convirtiera en un clásico del género patrio.

A los que les guste el subgénero de “Espada y Brujería” disfrutaran con “La sonrisa y el reflejo”, uno de los mejores ejemplos de “literatura de los desenlaces” que he mencionado en la introducción. En este caso, el relato gira en torno a la idea de dualidad de personajes opuestos, algo que ya había jugado un papel en varios de los relatos anteriores.

La ofrenda” no se aleja demasiado del entorno de la espada y la brujería aunque el planteamiento de la historia sí que es totalmente diferente. No se trata de un relato de aventuras y resulta perturbador desde su magnífico e inquietante párrafo inicial hasta su desconcertante final abrupto. Nunca nadie (lo digo como elogio) había desprestigiado tanto la figura del elfo. El relato funciona, como debe ser, como una pequeña pieza de relojería que podría muy bien haber sido fabricada por el juguetero protagonista, narrador secundario de la historia. Sucasas es un escritor elegante, de prosa atenta.

Igual que sucedía con “El último amanecer”, y siendo un relato totalmente diferente, “El día que dije no a un imperio” propone una especie de rotura del velo que separa la fantasía y la realidad, un cambio de paradigma. En este caso, claro, la “realidad” no es tal si no un futuro de ciencia ficción (casi fantaciencia) del que no se nos dan más que cuatro someras pero muy sugerentes pinceladas. Lo mejor del relato es su sentido del humor y la voz en primera persona del narrador. Es una narración fresca, espontánea e incluso provocadora, pero menos redonda que las que la preceden. Eso sí, para no variar el final es magnífico.

La despedida” es uno de los cuentos más potentes de la antología y, probablemente, mi favorito. De nuevo, narra lo que sucede después de una serie de acontecimientos de alcance global de lo que se nos explica lo justo y nada más. Protagonizado por una civilización de niños y adolescentes, “La despedida” empieza pareciendo ciencia ficción para revelarse rápidamente como fantasía, una encarnación oscura de Neverland o idealizada de El Señor de las Moscas. Me fascina el juego entre la identidad convencional de los niños (“Diego”. “Laura”) y su papel (“Tristán Vociaguda”. “Manika Matalobos”) el rol que desempeñan en su nuevo mundo, así como el contraste entre su sentido de la aventura y la nostalgia por la enormidad de lo que han perdido. Es un relato triste, ya os lo podéis imaginar, en el que Sucasas da con el lenguaje justo a pesar de realizar una concesión al estilo que creo justificada: dada la juventud y la historia del narrador en primera persona, su riqueza de vocabulario parece un poco inverosímil. Suena tan bién, sin embargo, que es imposible no pasar ese detalle por alto.

Otro de mis relatos favoritos, y el que más interesante me parece en términos de worlbuilding, es “La llamada del cazador”. Es alucinante, inquietante, y un buen ejemplo de cómo Sucasas abre puertas y explora nuevos territorios dentro de la fantasía, al menos a nivel de trama. Como propuesta imaginativa es tremendamente atractiva y, de nuevo, consigue darle profundidad a los personajes con una gran economía de medios. Es un relato muy sólido y propone un mundo que me gustaría ver más desarrollado en más relatos o, incluso, en un formato más extenso.

“Omeyocán” es un texto arriesgado por la decisión del autor de escribirlo en español “a la mexicana”. Desde mi desconocimiento (o sea, haría falta un mexicano para valorar si el lenguaje es fiel a la realidad) solo puedo decir que a nivel estético el efecto es muy atractivo. Por lo demás, este es el relato más violento y cruel de la antología, con un tono negrísimo que no pone en cuestión la sensibilidad y la belleza del texto. No he visto venir el desenlace y a mí, lo confieso, me ha dejado hecho polvo.

El penúltimo texto de la antología es “El mago del doble cuerpo”, con una falta de verosimilitud que parece deliberada. Por eso, y por una resolución no del todo satisfactoria, es tal vez el relato que menos me ha interesado del libro. “Máscaras”, el relato final, es muy breve pero eficaz y bien resuelto, capaz de evocar a la perfección una inquietante atmósfera de pesadilla.

Conclusión

Pues no sé si mi reseña lo refleja, pero se da la circunstancia de que esto es lo mejor que he leído en mucho tiempo. Lo que más destacable me parece es el rango imaginativo de Sucasas y la elegancia de su prosa. Estoy de acuerdo con el prólogo en que debería convertirse en una antología de referencia del género en español, aunque precisamente por lo extremo de algunas de sus propuestas no estoy seguro de que vaya a generar mucho consenso entre los lectores.

Recomiendo leerlo con ánimo de exploración.

Descarga este artículo como un epub

Tagged , , ,

5 thoughts on “La tercera cara de la luna, de Ángel Luis Sucasas

  1. timumi sanchez ballesteros dice:

    Donde encontar el libro, vamos en que tiendas o comercios en de San Sebastián LAS TRES CARAS DE LA LUNA DE Angel Lis Sucasas, gracias.

    • qdony dice:

      Ostras, no lo sé y no conozco San Sebastián (lo he visitado, pero no conozco las librerías). No debería ser difícil de encontrar. Yo he leído una versión para prensa, el libro sale publicado el 9 de febrero (el lunes que viene, vamos).

      Un abrazo y gracias por el interés.

  2. […] de las más largas y también de las que más cortas se hacen. Decía Miquel Qdony en su reseña (La bilioteca de la Ilium) que si bien el relato funciona, “fácilmente podría haber dado pie a una novela corta con un […]

  3. Corso dice:

    Es muy aburrido este autor. Nada recomendable.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *