Hijos Bastardos de Matusalén (Eternos), de Raúl Atreides

hijos bastardosMe hace especial ilusión hablar de este libro porque creo que merece una atención que no va a recibir por el hecho de ser autopublicado, y ojalá me equivoque. Hace tiempo que busco —sin gran afán, lo confieso— el libro español de ciencia ficción que me sirva de ejemplo de la validez de la autopublicación como paradigma capaz de producir obras de calidad y debo decir, a riesgo de generar antipatías, que no lo había encontrado hasta dar con este Hijos Bastardos de Matusalén (Eternos) de Raúl Atreides. Y que conste: el mérito no es mío. Si lo he leído es porque me lo recomendó, de forma muy enfática, alguien en cuyo criterio tenía razones para confiar. Ahora tengo más.

Si algo le sobra a Hijos Bastardos son ideas, actitud y ambición. Atreides plantea un futuro relativamente cercano en el que los recursos ecológicos han colapsado y cualquier pretensión de democracia y de protección de los derechos sociales ha desaparecido bajo el peso de un modelo neoliberal de capitalismo elevado a la enésima potencia según el cual Margaret Thatcher estaría sólo un paso menos a la izquierda que Karl Marx. En ese sentido la novela de Atreides comparte varios de sus planteamientos de fondo con el cyberpunk, aunque luego la historia progrese por unos derroteros muy distintos. El giro original de Hijos Bastardos —y uno de sus dos principales novums— es el papel que le da a la religión:

Jobs había creado lo que los católicos llevaban años predicando; el cielo y el infierno. Eran reales, más reales que nunca. En los servidores del Vaticano se almacenaban los patrones bioeléctricos de los fieles, unos para recibir su descanso eterno y otros para sufrir los fuegos del infierno por sus pecados. La red de neurotransmisión de la santa sede cubría el mundo, recogiendo las almas de los muertos y llevándolas a su juicio virtual.

En el futuro de la novela la iglesia católica ha conseguido utilizar la tecnología para monopolizar, literalmente, la capacidad de salvar o condenar las almas y eso le ha permitido convertirse en una de las fuerzas más poderosas —o corruptas— del planeta. La digitalización de las almas no se llega a explicar de forma totalmente satisfactoria —lo siento por los aficionados a la cifi hard— pero Atreides la integra de forma tan efectiva en el mundo que construye que en ningún momento —o casi— peligra la suspensión de la incredulidad del lector. De la “rama religiosa y revolucionaria” de la novela surge uno de sus principales protagonistas: el Padre Abraham. Se trata de una figura subversiva, de desarrollo un tanto caótico e inverosímil, que le da al libro buena parte de su carácter de crítica social.

El otro novum importante de la novela tiene que ver con la existencia de un tratamiento (el suero de Ponce) que, aplicado con regularidad, permite alargar la vida del consumidor durante una cantidad imprecisa, pero alta, de años. Igual que sucedía con la digitalización de las almas Atreides sabe convertir una idea de por sí no tan original en el vórtice de una espiral de cambios que han transformado el mundo por completo aumentando, eso sí, las desigualdades en el proceso: El uso del Ponce es ilegal para todo aquel que no posea una licencia de uso y esta —¿se sorprenderá alguien?— cuesta un dinero solo al alcance de una minoría, por lo la sociedad, siempre comprensiva, establece una red de tráfico de la sustancia. Para enfrentarse al uso ilegal se ha creado, y eso da mucho juego en la novela, un cuerpo informal de mercenarios (parcas) que lo persiguen a cambio de una recompensa y del derecho de usar el Ponce que les puedan confiscar a traficantes y usuarios previa, ejem, muerte. Otro de los protagonistas principales, Germán, pertenece al gremio de las parcas y es uno de los matusalenes —el nombre que reciben los usuarios de Ponce— más viejos del planeta. Aún mejor: también es uno de los personajes más interesantes y llenos de matices del libro, y protagoniza la “rama macarra” de un libro al que, en líneas generales, le pega muchísimo ese calificativo.

El tercer personaje importante es Lorelei, la hija malcriada de uno de los hombres más poderosos del planeta a la que su padre, ante el declive de su poder, le “corta el grifo” obligándola —¡El horror! ¡El horror!— a buscar un trabajo con el que ganarse la vida. Es un personaje bien desarrollado, en términos de su progresión a lo largo de la novela, que sirve de vehículo para que el lector pueda comparar los diferentes niveles de vida según la clase social. En cierta manera es un personaje doble, no por cómo cambia a lo largo de la trama sino por cómo se complementa con su padre, Max, uno de los personajes más interesantes (y desaprovechados) del libro. Igual que Max, Lorelei es un personaje lleno de claroscuros, virtudes y defectos. Aunque su historia crece rápidamente en interés, este se resiente algo de la unión de su arco argumental con el de Germán en el último tercio de la novela.

El libro de Raúl Atreides funciona a fuerza de trama y lo hace estupendamente. Atreides tiene algo que, aunque suene raro, no se da en todas las novelas: una historia que explicar. También es provocador (y gamberro), está lleno de ideas y sabe excitar la imaginación del lector y mantenerle pegado a la novela. Buena parte de su atractivo proviene del mundo construido por Atreides, una pesadilla hipercapitalista con rasgos familiares para cualquier aficionado al género que, sin embargo, consiguen una personalidad propia muy marcada. La división de la sociedad entre las lujosas torres y los progresivamente más desprotegidos suburbios y arrabales está muy bien desarrollada y el papel que ha jugado la crisis ecológica y la modernización de la religión (al menos el catolicismo) es razonablemente creíble y sugerente. El componente de crítica social, con un tono provocador y a menudo incómodo —hay momentos en los que Atreides podría ser un terrorista cultural…— aumentan aún más el atractivo de la novela.

No es que el libro esté libre de defectos y, de hecho, tiene diversas aristas que se podrían pulir; el resultado general, sin embargo, ofrece un balance neto claramente positivo y sus problemas son menores que sus virtudes. En mi opinión los aciertos del libro se concentran en tres ámbitos: la trama, en la que incluyo el tono gamberro y provocador, así como las ideas de fondo; la construcción del mundo, con un futuro creíble y, por ello, aterrador —con un componente prospectivo importante sin entrar en la distopía—; y los personajes, carismáticos y, en general, bien construidos a pesar de algunos problemas muy concretos. Los desaciertos, en cambio, son de edición —faltas ortográficas, problemas de formato en el kindle, repeticiones innecesarias,…— ; de planificación —informaciones importantes reveladas sin la suficiente preparación que parecen ases sacados de la manga, transiciones forzadas entre algunas escenas importantes, la desaparición injustificada de algunos personajes “expulsados” de la historia,… — y de credibilidad de la psicología o la evolución de algunos personajes —y aquí prefiero no dar detalles que rayan el spoiler, pero para los veo especialmente en la figura del padre de Lorelei y en la parte romántica de la trama—. Creo que es una buena novela, pero también creo que una buena revisión externa a manos de un agente literario o de un buen editor (sin tener porqué salir del ámbito de la autopublicación, ojo, que no hablo de eso) podría haber limado algunas de esas aristas. No se trata, creo que lo he dejado claro, de que el libro sea malo: se trata de que podría haber sido aún mejor. ¿Mi principal reproche? El final abierto. Malditas sean las sagas.

Puedo imaginar a muchos lectores sacándole defectos a Hijos Bastardos de Matusalén (Eternos) y, ciertamente, no está libre de ellos. A pesar de ello, es una novela que recomiendo sin reservas. Creo que es una aportación relevante al género y, francamente, le veo más potencial de perduración que muchos de los libros que se publican en canales más tradicionales. No sé a vosotros, pero a mi me entusiasma encontrar libros (o historias, por salir del ámbito estrictamente literario) como este, que son mejores que la suma de sus partes.

Sirva esta reseña para que algunos de los que la lean le den una oportunidad al libro (la merece), para darle mi enhorabuena a Raúl y desearle mucha suerte con su novela. Y para meterle prisa con su secuela.

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4 thoughts on “Hijos Bastardos de Matusalén (Eternos), de Raúl Atreides

  1. David dice:

    Muy buenas, lo primero que quiero hacer es darte la enhorabuena por el pedazo de blog de crítica literaria que tienes. Soy fan de la ciencia ficción, la fantasía también me gusta (aunque en menor medida) y me guío mucho de las reseñas que aquí viertes. Pero sobre todo agradezco que me descubran cosas nuevas, desconocidas, y de autores españoles, noveles y no tan noveles.
    En cuanto vi esta reseña me lancé a comprar este libro. Acabo de comenzar su lectura. A primera vista saltan dos cosas, a saber: que la maquetación del ePub es todas luces deficiente y que se nota que le hace falta una revisión en profundidad, por falta de tildes, algún signo de puntuación mal utilizado, etc. Sin embargo le veo algo. Algo tiene que me está haciendo continuar la lectura. Describe un mundo interesante con una narración sencilla (a veces un tanto deslavazada) que me parece que es digna de mi atención.
    Creo que tal y como dices, con un buen editor detrás, podría llegar a ser mucho más, aunque aprecio mucho los bemoles del autor para lanzarse sin paracaídas en esta selva despiadada.
    No vemos por estos lares.

    • qdony dice:

      ¡Gracias por los elogios!

      Pues mira, me alegro mucho de que le hayas dado una oportunidad al libro. Eso que dices es exactamente lo que he tratado de reflejar en la reseña, que el libro vale la pena a pesar de algunos defectos de forma y de contenido. Con una mejor labor de edición hubiera ganado muchos puntos. Creo que es tan importante señalar lo bueno como lo malo.

      En cualquier caso espero que tu interés se mantenga y que lo disfrutes tanto como yo, y que no dejes de pasar por aquí a dejar tu valoración sea o no tan favorable como la mía.

      ¡Nos leemos!

  2. Octavi dice:

    Me has convencido, comprada en Lektu. 😉

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