Challenger, de Guillem López: minirreseña y entrevista.

Minirreseña

challenger guillem lopez aristas martinezLa búsqueda de la calidad literaria, el eclecticismo y el mimo al libro como objeto a escasa distancia de la artesanía son algunas de las marcas de la casa de Aristas Martínez, algo especialmente evidente a poco que se ojee cualquiera de los números publicados hasta la fecha de la publicación periódica insignia de la editorial, la revista Presencia Humana, o cualquiera de las novelas de su catálogo. Challenger, de Guillem López, no es una excepción y cualquier aficionado a la literatura fantástica —y me resulta difícil concretar más en la clasificación— española debería dedicarle su atención y reservarle un lugar de honor en su estantería. Es una propuesta ambiciosa, compleja, exigente con el lector y un tanto desconcertante y, si tuviera que arriesgar, diría que muestra más interés en explorar los territorios limítrofes del género y ampliar su imaginario que en explicar una historia. Para hacerlo recurre a un método que no es nuevo: el cruce de historias; pero en lugar de engarzarlas de forma más o menos lineal, o paralela, e ir de una a otra para tejer un tapiz narrativo, López opta por elegir un acontecimiento central (la explosión del transbordador Challenger el 28 de enero de 1986) y usarlo de centro para las 73 historias (una por capítulo, un capítulo por cada segundo transcurrido desde el despegue del transbordador hasta su explosión) que orbitan en torno suyo, desordenadas cronológicamente a lo largo de un período que abarcad desde unas horas antes hasta unas horas después de la explosión. Además de la falta de linealidad, la peculiaridad de la estructura de Challenger es la negativa a recuperar cada trama, el rechazo al arco argumental como concepto, la resistencia a repetir protagonistas, por más que acontecimientos, personajes y escenas puedan resurgir ocasionalmente a modo de testigo de la carrera de relevos en que se convierte a ratos la novela. Científicos locos, monstruos, alienígenas, videntes… No son más que algunos de los elementos que pululan por las páginas de una historia en la que todo, casi literalmente, es posible y en la que la explosión del Challenger puede leerse (y la interpretación es personal, no sé en que pensaría Guillem López) como un símbolo de todo lo que no somos capaces de prever y de como el azar abre la puerta a un mundo mucho más maravilloso que el que a menudo podemos reconocer.

No voy a negar que Challenger me ha sorprendido y entusiasmado a partes iguales. Creo que no es una novela sencilla, pero por ambición y resultado no puedo menos que recomendarla. Es por novelas como esta que las editoriales independientes, siempre más arriesgadas, son necesarias y desde aquí felicito tanto a Guillem como a Aristas Martínez por publicarla. Es un libro sugerente y, de hecho, durante su lectura se me han ocurrido varias preguntas que Guillem ha sido tan amable de responder. Poco más tengo que añadir a esta reseña, breve pero intensa, y prefiero dejaros con las palabras del autor del libro. Con todos vosotros, Guillem López.

Entrevista a Guillem López

Guillem López¿Porqué el Challenger?

Yo estuve allí, podría decir (risas). No, en serio, es un recuerdo vívido de mi infancia y de muchos de mi generación. Sabía que tenía que hacer algo con el Challenger, con la tragedia, con lo que significó. Al final fue un vidas cruzadas que me vino al pelo. Cuando comencé la documentación previa, todo parecía conducirme y reafirmarme en ello —la cadena de errores, los setenta y tres segundos, Miami en los ochenta…—, tal vez porque yo mismo quería que así fuese, quién sabe. La cuestión es que había una especie de euforia alrededor del lanzamiento que, por cierto, era el culmen de una carrera espacial en la vía muerta; el programa Teachers in Space… Hay algo profano en lanzar un hombre al espacio, quizá reminiscencias de Ícaro, algo que acojona de verdad y que llevamos por ahí dentro, en la memoria colectiva. La cuestión es que tras el estallido, ese momento en que se hizo real lo inesperado… Ese es mi terreno fantástico, lo inesperado aunque probable. Tenía que ser Challenger.

¿Cómo se planifica una novela como Challenger? ¿Cómo se ordena y en qué momento se le pone punto y final?

En principio se planifica como cualquier otra novela: con una libreta y un par de bolígrafos. Yo sabía lo que quería construir, lo que no sabía era cómo hacerlo y que siguiese llamándose novela. Challenger tenía que ser una historia de muchas historias porque la desestructura era una representación más de lo que la novela pretendía decir. De la paja mental a la práctica hay mucho trabajo. Se ordena con un par de pizarras, fichas, chinchetas de colores y muchos post-it, y se acaba en el capítulo setenta y tres, porque si algo tenía claro era el número de capítulos.

¿En el momento de sentarte a escribirla, había capítulos que ya sabías que existirían?

Todos y cada uno de ellos. Digamos que en la fase previa trabaje con muchas más ideas y que, finalmente, seleccioné las que aparecen en la novela. Lo que sí tenía claro era el primer y el último capítulo.

Una de las cosas que más me llaman la atención del libro es cómo creas un escenario (Miami) Vivido y lleno de personalidad. ¿Conoces la ciudad? ¿Qué retos te ha planteado construirla?

Nunca he estado en Miami. De eso se supone que va la literatura, ¿no? Si algún lector se siente más cómodo pensando que escribo sobre sitios en los que he estado, lo siento, soy un escritor de género fantástico; fantasear y mentir se me da muy bien. Prometo mudarme allí en cuanto me haga millonario, lo juro. El escenario está logrado, gracias a documentación que está al alcance de cualquiera en las bibliotecas o en Internet. Afortunadamente, conté con el visto bueno de un lector que sí había vivido en la ciudad. Lograr un escenario creíble no es sólo cuestión de clichés y datos, hay una especie de incultura popular en ello; no importa lo que Miami sea realmente, sino lo que la gente crea que es, incluidos los que la conocen bien.

Estamos ante una novela de difícil clasificación. ¿Cómo describirías el uso del elemento fantástico en Challenger?

Creo que la mejor descripción del fantástico en la obra es el primer párrafo de la misma. Me pase semanas escribiendo ese primer párrafo para conseguir el tono ideal de lo que tenía por delante el lector. Digamos que todo es una cuestión de probabilidades. Nadie esperaba que el Challenger estallase en el aire. Lo digo en serio; había una especie de jodida euforia colectiva. Y todo eso a pesar de que las estadísticas que manejan los ingenieros de la NASA son de ¡1 accidente en el despegue por cada 438! Nadie pensó que podía pasar, o alguien lo hizo cuando encontró la plataforma de despegue totalmente congelada esa mañana, pero… La cuestión es que la realidad y el sueño se hicieron pedazos y en por esa grieta estadística se coló lo inesperado. Así aparece lo fantástico en Challenger, como algo inesperado que, efectivamente, está ahí. Ocurre porque en algún universo debe de ocurrir.

Tus anteriores novelas publicadas, si no me dejo ninguna, se enmarcan claramente en el ámbito de la fantasía épica, mientras que esta tiene un planteamiento mucho más ecléctico. ¿Cómo refleja eso tu evolución como escritor?

Es un cambio de registro, pero mis novelas anteriores también eran muy eclécticas dentro del sector de la fantasía épica al uso. Challenger venía trabajándola desde mucho tiempo antes y, bueno, no me importa meterme en una fantasía urbana con toques de ciencia ficción. No tengo complejos ni preferencias tampoco siempre que me guste la historia y me suponga un reto literario.

¿Cuáles crees que son tus influencias literarias confesables?

Copio cualquier cosa que me guste sin reparo alguno. Me da igual que sea Philip K. Dick, Paul Auster, Cormac McArthy, Ken Follet o Gabriel García Márquez. Al fin y al cabo, la creatividad es eso, ¿no? Romper las cosas y hacer algo nuevo con los pedazos. Gaudí fue el primero en verlo.

Sin decir (o sí) nombres, ¿cómo valoras el panorama literario y/o editorial español actual en el terreno del fantástico?

Suspenso y a septiembre. Por una parte hay quejas, lloros y denuncias de que a los autores españoles se les discrimina respecto a los extranjeros. Se llora a moco tendido y se suplica un poco de atención por parte de la industria editorial, se reclama, se exige como si fuese una terrible injusticia, que haya editoriales que no apuesten por noveles patrios y su calidad innegable, que no tienen nada que envidiar. Lo siento mucho, pero es que el nivel está por los suelos, y no sólo en lo literario —que da pena— sino en lo creativo. Escritores de género fantástico; hay que escribir bien, pero también hay que recrear fantasía, joder, arriesgar, ir un poco más allá en los planteamientos, en la forma y el fondo. El momento para arriesgar es ahora. Se está publicando literatura de género que hace años era impensable en España y ahí es donde están las joyas. Y las joyas brillan, joder cómo brillan, en silencio, sin hacer ruido, trabajando para construir buena literatura de género fantástico en España.

¿Crees que existe un prejuicio, desde la literatura general (entre autores o lectores), hacia la literatura fantástica?

Por supuesto que existe, pero ¿quién no tiene prejuicios hoy en día? El que los tenga que se pase a la novela histórica. Yo ya he salido del armario y lo he aceptado: soy un escritor de género fantástico. Mis padres ya lo saben. Mi hijo lo descubrirá pronto. La mayor parte de mi biblioteca son libros de género. Aunque también leo libros “normales”, sin orcos ni princesas o naves espaciales y no me ha pasado nada, excepto que he aprendido a escribir mejor, eso sí. Ser escritor de género fantástico es la hostia, es un homenaje a los orígenes de la literatura, ¿por qué carajo tendría que querer escribir otra cosa?

¿Nos puedes adelantar en qué otros proyectos literarios estás trabajando?

No, no puedo. Pero es la hostia.

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