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The House of Shattered Wings, de Aliette de Bodard

[Con esta reseña inauguro una nueva etapa del blog con la idea de prevenir su fallecimiento por inanición. Es posible que recupere la dinámica anterior, pero este año va a ser complicado y prefiero dar salida a reseñas breves e impresionistas que guardar en el cajón de las cosas no hechas las reseñas más elaboradas y extensas que he venido escribiendo hasta ahora (“Elaboradas” en relación con el tiempo que me lleva escribirlas, no en su calidad o falta de ella). Muchos ya conocéis mis gustos y esto pretende ser algo informal, así que voy a saltar directamente a conclusiones sin argumentar especialmente. Estaré encantado de explicarme en los comentarios, por supuesto. A ver cómo sale esto…]

Sinopsis

A superb murder mystery, on an epic scale, set against the fall out – literally – of a war in Heaven.

Paris has survived the Great Houses War – just. Its streets are lined with haunted ruins, Notre-Dame is a burnt-out shell, and the Seine runs black with ashes and rubble. Yet life continues among the wreckage. The citizens continue to live, love, fight and survive in their war-torn city, and The Great Houses still vie for dominion over the once grand capital.

House Silverspires, previously the leader of those power games, lies in disarray. Its magic is ailing; its founder, Morningstar, has been missing for decades; and now something from the shadows stalks its people inside their very own walls.

Within the House, three very different people must come together: a naive but powerful Fallen, a alchemist with a self-destructive addiction, and a resentful young man wielding spells from the Far East. They may be Silverspires’ salvation. They may be the architects of its last, irreversible fall…

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Lexicon, de Max Barry: El Sistema Operativo de la Mente

lexicon_usa_hb_big¿Habéis leído “El Predicador”, de Garth Ennis y Steve Dillon? Tremendo cómic. En él Jesse Custer, el predicador que da título a la serie, es parasitado por una entidad de naturaleza divina que le otorga el don de hablar con La Voz de Dios: con ella, su autoridad es absoluta y resulta imposible desobedecer sus deseos. A una premisa similar, sin los aspectos religiosos y con un planteamiento más cercano al thriller y a la ciencia ficción que a la fantasía urbana gamberra de Ennis y Dillon, recurre Max Barry en “Lexicon”, donde también se detectan trazas de historia secreta o novela de conspiraciones. Es una propuesta un tanto fallida pero interesante y creo que puede interesar tanto a lectores familiarizados con el género fantástico como a otros no especialmente interesados en él. Yo la he disfrutado de principio a fin, pero resulta imposible pasar por alto algunas aristas importantes que, para mi, impiden que se aleje de la convencionalidad: el forzamiento de ciertas casualidades necesarias, la aparente violación de algunas de sus propias reglas —por más que se pueda justificar con pequeño ejercicio de gimnasia mental— y la incapacidad del autor para evitar la confusión en la relativamente compleja estructura de la novela. A pesar de estos problemas es una novela original, emocionante, bien planteada e incluso escrita con cierta voluntad de estilo. Me ha gustado lo que hace Max Barry y sin duda leeré “Jennifer Government”, la otra novela suya que me llama la atención. Tanto esta como “Lexicon” han sido publicadas en castellano (“Jennifer Gobierno” por la editorial Tropismos y “Lexicón” dentro de la colección Nova de Ediciones B).

 

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Reseña de El Rey Trasgo, de Alberto Morán Roa

La portada de Barb Hernández, nominada a los Ignotus 2013.

La portada de Barb Hernández, nominada a los Ignotus 2013.

Ya hace varios meses que El Rey Trasgo me mira desde la estantería del despacho. He tardado en ponerme con él a pesar de las muchas ganas que le tenía, en parte por reseñas como esta de Alexánder Páez en Donde Termina el Infinito o la de Sergio Llamas en El Rincón de Koreander. Es uno de los libros de género fantástico español del año pasado que más quería leer, aunque al final mi experiencia lectora ha sido un tanto agridulce. No obstante, y a pesar de los peros que le pondré a la novela de Alberto Morán Roa a lo largo de la reseña, mi tendencia es ver el vaso medio lleno. Quiero pensar, eso sí, que esto no es lo mejor que puede dar la fantasía en nuestro país. Si lo fuera el género estaría condenado.

Una advertencia a cualquier lector de esta reseña: la compuerta de los espoilers está abierta en toda su amplitud. No voy a dedicar ningún esfuerzo (normalmente sí lo hago) a ocultar detalles de la trama. Lo he intentado y he visto que eso me impide hablar de las cosas que me reconcomen desde que leí el libro y decidí que quería reseñarlo. No sufráis todavía: si sois spoilerfóbicos (hola Leemaslibros) podéis seguir leyendo este párrafo. Cual estudiante de periodismo que acaba de descubrir la pirámide invertida comenzaré por la conclusión: Le recomiendo el libro a todo aficionado al género, especialmente a su vertiente más fantástica, y tendría más reservas con públicos más amplios. El punto fuerte del libro es su argumento. Si eso es lo que buscáis en una novela no váis a tener problemas, argumento hay para repartir y que sobre, y además es interesante, imaginativo en su mayor parte y emocionante, con la dosis de coitus interruptus que este tipo de historias seriadas acostumbran a tener. Los problemas del libro están en su estructura (descompensada), en su prosa (amanerada) y en cierto apresuramiento molesto en algunas partes del texto. No pretendo parecer elitista: es mejor novela que la que yo escribiría y una primera novela mejor que muchas de autores apreciados con varias a sus espaldas. Lo que me pasa, creo, es que me parece que Morán Roa puede dar mucho más de así. Lo creo de verdad, en El Rey Trasgo están todas las señas de que tiene madera de escritor, pero aún le falta camino por recorrer. Como debe ser, por otra parte.

Ahora vamos a por los spoilers prometidos.

El inicio y la estructura

La novela arranca con un brillante falso inicio que en dos páginas hace más por construir un personaje que el resto del libro entero, un artificio en el que uno de los protagonistas de la novela lee una novela de fantasía dentro de la novela de fantasía sin que el lector lo sepa. Eso, por cierto, queda claro a lo largo del libro: a Alberto Morán Roa le gusta la metaficción. El tono de parodia de esta introducción es excelente, tanto que es imposible no sentir pavor ante la perspectiva de leer todo un libro así: no me pude resistir a grabar un ejemplo. Sed compasivos, por favor.

A partir de aquí la novela continúa con varios cambios de registro que alcanzan resultados dispares. La historia se explica a través de varias líneas argumentales prácticamente independientes, conectadas solo por la figura del Rey Trasgo, una especie de duende con esteroides que reina sobre el resto de su raza en la montaña. El problema con esta estructura es que no todas las historias son igual de interesantes y el resultado final cojea. La relación  entre las cronologías, entre los tempos, se me antojó confusa hasta bien avanzada la novela, cuando los acontecimientos despejan toda duda, y creo que algo tan sencillo como incluir algún tipo de fecha al principio de cada capítulo lo hubiera dejado todo más claro . Así, la novela alterna entre las historias de Kaelan y la Ciudadela; la historia del erudito Tobías, el viejo Helmont y el misterioso Mirias; y la historia de unos viajeros perdidos en el laberinto de cuevas en el interior de la montaña de los trasgos, explicada mediante un diario viejo encontrado y leído por Tobías. No sé como se ha escrito el libro, si de forma más o menos lineal o a partir de una de las historias y construyendo el resto alrededor, pero si tuviera que apostar me inclinaría por la segunda opción, porque las virtudes y los problemas de cada una de ellas son muy diferentes. Aunque me voy a referir a cada parte como un bloque independiente el libro salta de una a otra.

La Ciudadela: un USS Enterprise de fantasía

La Ciudadela. Magníficamente pintada por Óscar Pérez.

La Ciudadela. Magníficamente pintada por Óscar Pérez.

La Ciudadela es la mejor idea de toda la novela y la que tiene más potencial, por más que no lo alcance del todo. La Ciudadela (magníficamente ilustrada en la imagen que acompaña estas líneas, sacada de la web del autor) es una gran roca flotante habilitada como instrumento de guerra y dotada de un puente de mando digno del Enterprise de Star Trek (!), una especie de islote volador de origen misterioso (hasta que el libro lo aclara) convertido en arma de destrucción masiva por una coalición de naciones enfrentadas a Kara, un imperio rival más poderoso que las amenaza. El conflicto con Kara es poco más que un pretexto que se resuelve rápidamente y la novela pasa a centrarse en algo mucho más interesante: las tensiones entre las naciones al mando de La Ciudadela. Mientras unas pretenden usarla como elemento disuasorio para mantener la paz, otras desean convertirla en arma de guerra para erigirse en la nación más poderosa del mundo. Esto da pie a una serie de intrigas y conspiraciones que conoceremos a través de los ojos de Kaelan, a quien conocimos leyendo un libro de fantasía, un capitán que a lo largo de los meses progresará en su carrera militar hasta convertirse en uno de los tres comandantes de la roca.

Kaelan es un personaje carismático (nos dicen más que nos muestran) con el que no resulta difícil simpatizar, pero sin una contrapartida igualmente atractiva entre sus rivales. Lo mejor de esta parte es el entorno y el sentido de la maravilla, aunque esté desperdiciado por razones a las que me referiré en un momento. Lo más interesante es que trate un tema más propio de la ciencia ficción que de la fantasía (y que nadie dude en corregirme si lo cree menester): Las armas de destrucción masiva y sus implicaciones reales y éticas. Es algo en lo que no había pensado nunca antes, pero la fantasía épica parece un género especialmente adecuado para hablar de él. En El Rey Trasgo se nos muestran más las intrigas políticas que las consecuencias del uso de la Ciudadela, y su destrucción me lleva a pensar que en la segunda novela no se profundizará mucho más en el tema, pero me gustaría ver cuales son sus consecuencias. Y aunque he tenido que pensarlo un poco, también me gusta la transformación de Kaelan en el héroe (o uno de ellos) del segundo libro, especialmente por los elementos de worldbuilding que contiene en pocas páginas sobre la parte sobrenatural del mundo. Incluso le perdono el Deus Ex Machina.

Mi principal reproche a los capítulos de la Ciudadela es el apresuramiento con el que están narrados, prácticamente de batalla en batalla y sin prestar atención al entorno general. Así renuncia a buena parte del sentido de la maravilla (o del horror) que podría conseguir y, de hecho, algunas de las mejores escenas de estas secciones son las que se explican desde puntos de vista externos: los soldados del ejército karense viendo como la Ciudadela se acerca a ellos con su carga de muerte inescapable, o los ciudadanos de Thorar al darse cuenta de la amenaza que pende sobre sus cabezas. Otras escenas, como el encuentro entre Kaelan y el cirujano responsable de injertarle un brazo mecánico, funcionan mal por culpa de una falta de trabajo previo que prepare el terreno para la relación entre ambos, y cosas similares pueden decirse de encuentros similares. En general, en esta sección la prosa de Morán Roa peca de afectada y, para mi gusto, fuerza demasiado el estilo en busca de un tono épico al que le falta algún ajuste para funcionar de verdad.

El erudito Tobías, el librero Helmont, Mirias el misterioso y la música del azar

Esta es la segunda parte del libro y la que menos me gusta. Es la más problemática, la menos interesante y lamento no poder decir mucho bueno de ella. A ver, pasemos rápido el mal trago: es aburrida, los personajes son esquemáticos y tiene más casualidades que hojas en el suelo de un robledal en lo más crujiente del crujiente otoño. Más que una subtrama parece una excusa para tener a una serie de personajillos a punto para el segundo libro, pero en el actual no sirve más que de marco para la tercera (y la mejor) de las subtramas, narrada en el diario de viaje descubierto por Tobías, por CASUALIDAD, en la librería de su amigo Helmont. También sirve para esconder primero y revelar después un personaje que no hace nada durante la mayor parte de la historia pero al que solo le falta un letrero luminoso (parpadeante) que diga “¡ESTE TÍO ES IMPORTANTE!”. Se trata de Mirias, un nigromante encerrado en si mismo que NUNCA duerme y NUNCA habla y que vive bajo el techo de Helmont, que le dio cobijo años atrás. Más tarde descubrimeros que fue Mirias quien creó al Rey Trasgo, que a su vez creó La Ciudadela como herramienta que le permitiera dominar el mundo. ¿Os he dicho que la desaparición de la mujer de Tobías parece ser similar a la desventura narrada en el diario? Casualidad.

El comportamiento de los personajes también es un poco forzado. El diario es lo mejor de El Rey Trasgo, pero no puedo decir lo mismo de su descubrimiento o, al menos, de la reacción de Tobías al leer el primer párrafo del mismo:

No pudo seguir leyendo. Estaba perplejo, confundido y asustado. ¿Qué era aquello? Retrocedió unas cuantas páginas.

«Octavo día del mes de Luya.» 

Tobías reaccionó con genuina sorpresa, que se mezcló con el miedo que bullía en su interior. Aquel libro era un diario.

Que sí, que es un diario y que lo que explica puede ser bestia, pero el tal Tobías es un incontinente emocional que ni siquiera se plantea que el diario pueda ser falso, y así se mantiene durante el resto del libro. O sea: poco creíble. La cosa parece mejorar cuando Tobías trata de seguir el camino descrito en el diario en busca del destino de su mujer… pero luego se reactiva Mirias y todo se va al carajo, para bien y para mal.

Los capítulos de esta subtrama me parecen poco trabajados en todos sus niveles. Por suerte está el diario.

Un viaje lleno de desgracias y el Rey Trasgo

Kaelan, un tío que cae bien y que se va a enfadar mucho.

Kaelan, un tío que cae bien y que se va a enfadar mucho.

El diario que tanto impresiona a Tobías contiene un relato de terror estupendo con su principio, su desarrollo y su final. Explica la historia de un grupo de viajeros perdidos en el interior de una montaña que descienden por las grutas de los trasgos y se enfrentan a la locura a medida que se van quedando sin provisiones y los pequeños monstruos dan cuenta de ellos. Es una ficción dentro de la ficción y Morán Roa ha dado, aquí sí, con el tono perfecto. La narración funciona, la atmósfera es opresiva y los personajes se comportan de forma lógica. Es más, la progresión de la historia desde el inicio del viaje hasta llegar a las grutas es impecable y el estilo de Morán Roa fluye de forma natural y controlada, sin esa sensación de esfuerzo excesivo por impresionar con el dominio del lenguaje que afecta al resto del libro. Y da miedo, que es de lo que se trata. La única crítica que le puedo hacer a esta parte del libro es que requiere cierto esfuerzo de suspensión de la incredulidad para aceptar el artificio del diario (¿cómo conserva su autor la sangre fría para conservarlo?), pero no es grave.

A través de esta historia conoceremos a los trasgos y a su rey, el especial personaje que da título a la saga. Dotado de un gran poder mágico y una inteligencia muy superior a la de sus súbditos, el Rey Trasgo espera en la cima de la montaña a que los humanos acarreen su propia desgracia usando La Ciudadela que él creó. Al final del libro, claro, se sale con la suya y el mundo queda marcado por una enorme cicatriz y preparado ser invadido por una plaga de trasgos (de los cutres, de los tontos). El Rey Trasgo es puro anime. Su personalidad histriónica, su explosión de poder al final del libro, todo lo que sabemos de él… me resulta imposible no imaginarlo dibujado por Akira Toriyama o salido de un manga guardado justo al lado de los de Full Metal Alchemist, otro tebeo japonés que resuena en algunos aspectos de la novela. Es  un personaje divertido y caracterizado con un mimo evidente, aunque su integración con el resto de la novela es precaria y, hasta que desencadena el apocalipsis, es poco más que un recordatorio ominoso de un terrible (y poco claro) destino que aguarda al mundo. No cabe duda de que su importancia será mayor en la siguiente entrega. De momento es poco más que una promesa, pero no lo digo como crítica negativa sino como descripción de su papel. Más allá de disfrutar del personaje me cuesta valorarlo más hasta que no haya leído más de la saga.

El libro en movimiento y su director de orquesta

Como para no tenerle miedo...

Morán Roa. Como para no tenerle miedo…

Para mí, el principal problema del libro es que el todo no es mayor que la suma de sus partes. Tampoco es menor, ojo, pero el conjunto no funciona como un todo orgánico. Es una novela llena de buenas ideas y con escenas y pasajes concretos fenomenales, que consigue cerrar las tramas principales anticipando lo justo para dejar al lector con ganas de más, pero su ejecución es desigual y se le ven las costuras. Tal vez sea un libro demasiado ambicioso, no lo sé, pero el caso es que se le ven demasiado las costuras. Me encantaría saber cual ha sido el proceso de escritura, porque mi sensación es que ha sido escrito por capas y que no todas están igual de trabajadas. Ya digo, eso no es más que una impresión. Es probable que esté equivocado.

Lo cierto es que siento una gran curiosidad por ver si Morán Roa va un poco más allá en la segunda entrega, que leeré con ganas tanto por esta curiosidad como por las puras ganas de saber como sigue la historia (y esto en si mismo ya es un triunfo de El Rey Trasgo). Es un autor al que seguiré. Creo que tiene ante sí un camino ascendente. Tiene que encontrar su voz de verdad, la que suene natural, pero es evidente que tiene voluntad de estilo y, hasta donde yo puedo juzgar, madera de escritor.

Además parece un Highlander, así que si me lo vuelvo a encontrar por la calle huiré como la cobarde sabandija que soy, no fuera a ser que hubiera leído esta reseña y tuviera su espada a mano. 

PD. Esta lectura ha formado parte de la lectura conjunta organizada en el blog El Sueño del Dragón.

Barb Hernández

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The Alloy of Law, de Brandon Sanderson

The Alloy of Law (Mistborn, #4)

“Lord Ladrian,” Steris said as they began eating, “I suggest that we begin compiling a list of conversational topics we can employ when in the company of others. The topics should not touch on politics or religion, yet should be memorable and give us opportunities to appear charming. Do you know any particularly witty sayings or stories that can be our starting point?”
“I once shot the tail off a dog by mistake,” Waxillium said idly. “It’s kind of a funny story.”
“Shooting dogs is hardly appropriate dinner conversation,” Steris said.
“I know. Particularly since I was aiming for its balls.”

Igual que Nacidos en la Bruma, la entretenidísima trilogía que precede a esta especie de secuela, The Alloy of Law (Aleación de Ley, Ediciones B) es una novela de aventuras sin complejos ni complejidades innecesarias que sabe sacar partido de clichés de solvencia contrastada. Se trata de una novela independiente de la famosa trilogía de Brandon Sanderson situada en el mismo mundo pero trescientos años después. El tiempo transcurrido permite que Sanderson refleje algo poco habitual en el ámbito de la fantasía: la evolución tecnológica de la sociedad. Aúnque prácticamente no pierda tiempo explicando sus características, en The Alloy of Law siguen existiendo la alomancia, la ferruquimia y las otras disciplinas mágicas que conocimos en Nacidos en la Bruma, pero la tecnología ha evolucionado dando lugar a un mundo con claras connotaciones steampunk y una ambientación muy cercana al western.

The Alloy of Law no es, ni de lejos, un libro perfecto: en muchas ocasiones el argumento peca de ingenuo y una simplicación excesiva puede hacer que algunas motivaciones o decisiones de los personajes puedan parecer inverosímiles. El protagonista de la historia, Lord Waxillium, situado a medio camino entre Bruce Wayne y Sherlock Holmes, es un personaje interesante y carismático pero los personajes secundarios, en cambio, son muy… secundarios. Todos ellos podrían haberse beneficiado enormemente de una segunda capa de pintura. A pesar de todo The Alloy of Law recuerda a los procesadores de texto modernos en cuanto es WYSIWYG (“What You See Is What You Get” o “lo que ves es lo que obtienes”). Y lo que ves y lo que obtienes es una historia de aventuras de carácter pulp en el que lo principal es que el argumento fluya para disfrutar de la imaginación y la exageración que la anima, repleta de efectos especiales espectaculares y un sentido del humor divertido hasta la carcajada que no permite detenerse en detalles nimios como la facilidad con que Lady Marasy se incorpora al equipo de Lord Waxillium y Wayne, o las deducciones prodigiosas de los protagonistas, o la extremada improbabilidad de éxito de los planes que, sin embargo, acaban triunfando. Este libro es fast food para la imaginación y a mi, lo confieso, me gusta visitar de vez en cuando al “rey de las hamburgueserías”.

Como demostró en Nacidos en la Bruma, Brandon Sanderson es un escritor de estilo correcto, sin más, pero con un instinto feroz para la trama y una gran habilidad para constuir escenas y situacines que suponen un regalo para la imaginación. The Alloy of Law no puede ser tildado de original, pues lo más original que tiene es su sistema de magia y ya estaba inventado, pero tampoco le hace falta. Brandon Sanderson tiene muy claros sus referentes y su objetivo, y utiliza los primeros con maestría para alcanzar el segundo con éxito absoluto.

El propio autor insistió mucho en que se trataba de una novela independiente y, ciertamente, no hace falta leer la trilogía de Nacidos en la Bruma para disfrutar de ella, pero me gustaría mucho que se decidiera a continuar la aventura de Lord Waxillium y su tropa. He disfrutado mucho leyendo esta novelita que demuestra el buen resultado que puede obtenerse si se saben reciclar con gracia elementos que por si mismos no son demasiado originales. Entretenimiento es lo que propone y lo proporciona a raudales.

[Igual que hicimos la semana pasada con la reseña del Zendegi de Greg Egan, la publicación de la de Aleación de Ley es la traducción de la versión en catalán que escribí cuando la leí y va acompañada de la reseña paralela publicada por Odo en su excelente Sense of Wonder]

 

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El Legado de Prometeo, de Miguel Santander

El Legado de Prometeo

-¿Más langostas, señor? Son de la última plaga.

El Legado de Prometeo es una de las pocas novelas de ciencia-ficción dura escritas por un autor español que he leído, lo cual revela mucho más de mi ignorancia que de la salud (o falta de ella) de este subgénero en nuestro país. Mi impresión es que comparte parte de los (para mi) defectos de la ciencia-ficción hard publicada allende de nuestras frontera, aunque también muchas de sus virtudes.

Si os parece bien empezaré por los aspectos que me han convencido menos para poder dedicarme luego a lo positivo, mucho más gratificante. El Legado de Prometeo es, en esencia, una novela de personajes y es precisamente la dinámica entre estos la que acaba impidiendo que la novela alcance todo su pontencial. El motor de buena parte de la trama depende de las tensas relaciones entre los tripulantes de la nave en la que transcurre la historia. Esta tensión es comprensible si se tiene en cuenta que la duración del viaje es de décadas y en si misma puede dar pie a situaciones interesantes (y quien quiera un ejemplo magistral de lo que puede dar de si un escenario de este tipo, aunque sea fuera del ámbito literario, no debería dejar de echar un vistazo a la magnífica reformulación televisiva de Battlestar Galactica), pero creo que Santander se equivoca al no poner límites a sus personajes, convirtiéndolos (no a todos) en un elenco de incontinentes emocionales al borde del histrionismo que pueden llegar a resultar profundamente antipáticos y tener reacciones poco creíbles. Y sí, Marco, te estoy mirando a ti (pero tranquilo, no estás solo). Sospecho que la causa es un intento de conseguir la empatía del lector pero el resultado es un expresionismo y unos diálogos que resultan forzados y poco verosímiles. A pesar de que el escenario de la mayor parte de la historia es un espacio aislado durante décadas (la nave espacial Éxodo), en términos de evolución de la psicología de los personajes la novela no consigue transmitir de forma eficaz el transcurso del tiempo a pesar de sus enormes elipsis (más eficaces en la parte de la historia ambientada en la Tierra). Tampoco transmite la sensación de que la tripulación esté formada por más que el puñado de personajes cuyo punto de vista se nos muestra (aunque en realidad está formada por decenas de tripulantes) ni una claustrofobia que parece sugerir pero no acaba de manifestarse en el texto. En general, tanto en la Tierra como en la Éxodo, los “malosos” son unidimensionales y resulta complicado imaginar que pudieran eistir.

Otros aspectos de la novela que no acaban de satisfacerme son los relacionados con la personalidad y el comportamiento de la inteligencia artificial que ayuda a tripular la nave (repartida en tres núcleos cognitivos llamados, sin demasiada sutileza, Padre, Hijo y Espíritu Santo…). Tal vez sea una manía personal porque es un detalle que me ha llamado la atención negativamente en otras novelas, pero me parece que sufren de un exceso de antropomorfización que dificultan creer en ella. Destacan especialmente frente al mimo con el que se plantean las bases científicas de la novela cuando hacen relación a la física o a la astrofísica. Además, aunque la resolución de una parte importante de la trama depende fuertemente del comportamiento de esta inteligencia artificial y a pesar de que en el contexto de la narración es básicamente satisfactoria, la parte humana de la ecuación que interviene en la situación se resuelve con el recurso a un rasgo psicológico de uno de los personajes que no había sido suficientemente desarrollado con anterioridad, dando cierta sensación de trampa teniendo en cuenta la importancia que tiene para el desarrollo de la historia.

En la balanza de las virtudes, en cambio, nos encontramos con un futuro de la tierra muy sugerente, en el que el calentamiento del planeta a dado pie a una elevación del nivel del mar que ha recortado el la geografía del mundo a base de Tsunamis (como el provocado por el hundimiento de Las Palmas de Gran Canaria, que destruyó buena parte de la isla de Manhattan) y ha convertido Castilla la Mancha en un desierto surcado por tormentas de arena. Después de una Tercera Guerra Mundial (la Guerra de las Alianzas) la tierra se encuentra en plena crisis de los combustibles fósiles y la humanidad se ha visto forzada a recurrir a los combustibles alternativos. El descubrimiento de Némesis, un agujero negro relativamente cercano al sistema solar impulsa el desarrollo del Proyecto Prometeo, basado en las investigaciones del científico Daniel Merino y su promesa de conseguir una fuente de energía limpia e inagotable a partir del agujero negro. Con la colaboración de la multinacional Atlas (siguiendo los intereses ocultos de Laka O’Brien, su retorcido Presidente Ejecutivo) el Proyecto Prometeo consigue construir y lanzar la Éxodo, tripulada por Daniel y un equipo formado por científicos y militares en un viaje de décadas de duración de ida y vuelta a Némesis. La historia dedica un espacio desigual a dos tramas divergentes, una principal protagonizada por los tripulantes de la nave y una menor, pero más interesante, dedicada a los acontecimientos que suceden en la Tierra durante el viaje de la Éxodo. La descripción de la situación en la Tierra consigue transmitir una sensación de precariedad ecológica y reflejar la necesaria adaptación de la sociedad a la escasez, mostrando la aparición de valores sociales  que convierten en terrorismo ecológico acciones como el uso de aparatos de aire acondicionado o la circulación en un coche privado. Escasez, más que pobreza, pues el mundo de El Legado de Prometeo está tecnológicamente más avanzado que el nuestro, especialmente en cuanto al desarrollo de energías alternativas se refiere (quiero una bici eléctrica como la de Marco ya mismo). Es difícil hablar de la trama terrícola sin referirnos a su protagonista, así que le llamaré Paquito para evitar destriparle la historia a futuros lectores. A lo largo de la historia, Paquito entrará en contacto con dos de los grandes poderes que intentan controlar el destino del planeta: Laka O’Brien como presidente ejecutivo de la multinacional Atlas empeñado en saltarse todas las normas medioambientales impuestas por los gobiernos, por un lado, y la organización ecologista-radical formada por los Gaianos, una especie de culto que considera que la humanidad es una plaga y recurre al terrorismo para “curar” al planeta de su enfermedad. Situado en el punto de mira de estos dos grupos y del gobierno por una serie de particulares acontecimientos, Paquito será nuestro guía terrestre durante los años de viaje de la Éxodo. A pesar de una cierta ingenuidad en el retrato del juego de intereses políticos y comerciales, la trama terrícola funciona perfectamente e incluso se ve enriquecida por unas elipsis a las que el vacío del espacio no les sienta tan bien. Paquito es un protagonista carismático y que sufre una evolución creíble (a pesar de ciertas escenas que no desentonarían en una película de James Bond o de la saga de Misión Imposible).

En el espacio, claro, también hay escenas memorables, como las que muestran el sistema de simulación que usan los jóvenes en su educación (la recreación de la cultura celtibérica que experimenta Marco con sus compañeros de clase es alucinante) o el progresivo (y angustioso) deterioro de la memoria que sufre uno de los protagonistas debido al uso de la mnemosina, una droga que permite rememorar (revivir sería más adecuado) los recuerdos a voluntad. También funcionan bien los homenajes que me ha parecido percibir (ay… ese eye of the beholder…) a 2001 (esa genial escena inicial), las leyes de la robótica de Isaac Asimov o esas competiciones en gravedad cero en las que Ender Wiggins podría haber dado un par de lecciones a los tripulantes de la Éxodo… Pero mi dificultad para creer sin esfuerzo en el comportamiento de los personajes ha convertido la lectura de esta parte más en una carrera de obstáculos que un trayecto trepidante.

En conjunto es una novela sólida que no acaba de satisfacer las expectativas debido sobretodo a una mala gestión de la paleta emocional de sus personajes, aunque plantea un futuro muy sugerente, especialmente la parte de la historia ambientada en la tierra, y está llena de magníficas ideas y teorías cuyo desarrollo impulsan a seguir leyendo. También cabe destacar, como detalle que se aparta de lo habitual, el enfoque abierto a la sexualidad de varios personajes destacados aunque el tratamiento que se le da en un caso concreto, convirtiéndolo en un elemento de sorpresa, puede ser tachado de efectista por manipulador. La novela propone un final satisfactorio que deja abierta la posibilidad a seguir con la historia. A mi me gustaría de verdad leer esa hipotética continuación aunque mi interés sería aún mayor si se invirtiera el peso relativo de las dos vertientes de la historia, dando mayor protagonismo a la situación en el planeta y a su permanente crisis ecológica (especialmente incierta después de la conclusión de El Legado de Prometeo).

Es una novela de tres estrellas que recomiendo como primera toma de contacto con un autor que sospecho que seguirá creciendo hasta convertirse en una voz a tener en cuenta en el panorama de la ciencia ficción en español.

Os recomiendo leer la reseña (más positiva que la mía) y la entrevista al autor en el Más Ficción que Ciencia de Cristina Jurado.

 

Edición Reseñada

El Legado de Prometeo
Miguel Santander
Iniciativa Mercurio (Letras Apócrifas; mayo de 2012)
Edición para Kindle
625 páginas

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Throne of the Crescent Moon, de Saladin Ahmed

Throne of the Crescent Moon (The Crescent Moon Kingdoms, #1)

La primera novela de Saladin Ahmed es una aventura de fantasía clásica (y donde digo clásica quiero decir genérica y ligeramente convencional) que se beneficia de un toque de exotismo arábigo que le sienta realmente bien. ¿Es un soplo de aire fresco en el ámbito de la fantasía? Pues no, o no del todo.

La novela está protagonizada, sobretodo, por un anciano mago cazador de monstruos (Adoulla) y su ayudante (Raseed), un guerrero procedente de una estirpe de fanáticos ultrarreligiosos. Durante el transcurso de una de sus misiones dan con Zamia, la última superviviente de una tribu nómada masacrada por la criatura de un brujo oscuro que tiene el poder de crear monstruos inusualmente numerosos y poderosos. La muchacha, por cierto, tiene el don divino de transformarse en un felino mítico, y ha sido la protectora de su tribu hasta la matanza de la misma. Juntos, deberán hallar la manera de evitar que el brujo malvado se haga con el Trono de la Luna Creciente y hunda el mundo en una edad oscura. ¿No os parece una permutación más de una historia que ya conocíais? A mi sí.

Ojo, no estoy diciendo que sea una mala novela. No lo es en absoluto. Tiene mucho que alabar, la lectura absorbe y las especias con las que está aderezada la convierten en una experiencia interesante, pero su componente de innovación no va mucho más allá de lo cosmético. A estas alturas no habrá muchos aficionados que discutan que el imaginario derivado de la edad medieval en Europa ha encorsetado durante largo tiempo la estética de la fantasía más o menos épica, por más que en estos últimos años han aparecido libros que se alejan de esta tendencia (y sin haberlos leído me vienen a la cabeza los diversos libros de Guy Gavriel Kay, la Trilogía de la Sucesión de N.K. Jemisin, la fantasía épica de trasfondo eslavo de Bradley P Beaulieu o, muy recientemente, el Range of Ghosts de Elizabet Bear). Aunque el libro de Ahmed representa un paso más en una dirección nueva e interesante, su ampliación de fronteras no va suficientemente lejos. Los clichés a los que recurre son los mismos de siempre y la estructura básica de la historia resulta sobradamente familiar. Lo que sí aporta es una sensibilidad algo diferente en el planteamiento del argumento, con un ritmo algo menos acelerado de lo que es habitual en este tipo de aventuras y un enfoque que prima las interaciones entre los personajes, sus diferencias de origen y sus diferentes sistemas de creencias. También es curioso, en el buen sentido, el contraste de edad entre los dos grupos de protagonistas principales: Adoulla y sus viejos compañeros de aventuras (los héroes de antaño: sabios, cansados, nostálgicos, cínicos) y Raseed y Zamia (los jóvenes guerreros: desprovistos de sentido del humor, obsesivos, ansiosos por combatir, irreflexivos). El recurso a la figura del viejo guerrero es uno de los aspectos del libro que más me ha gustado y la interacción entre los dos grupos da pie a una dinámica interesante. El deseo de Adoulla y sus compañeros de combatir una última batalla para luego retirarse definitivamente le da a la historia un toque nostálgico y ayuda a aumentar la significación personal de la aventura. Saladin Ahmed tiene un buen dominio de su estilo y consigue ser simultáneamente claro y alambicado y muy sensorial. Su escritura evoca una atmosfera exótica que recuerda a otras leyendas procedentes del mundo árabe que todos hemos conocido desde pequeños. Aunque es un buen escritor de escenas de acción estas no son demasiado numerosas y el tono del libro es más bien nostálgico y reflexivo, con mucho lamer de heridas. La edición en audiolibro que yo he usado tiene el valor añadido del prodigioso Phil Gigante, un narrador elegante capaz de infundir todo tipo de acentos exóticos a la narración.

Throne of the Crescent Moon es uno de los debuts interesantes del año y no me cabe duda de que es una lectura recomendable (y muy disfrutable) para cualquier aficionado a la literatura fantástica interesado en las novedades y su combinación de nuevos aromas con un enfoque de la historia tirando a convencional funciona bien. Hay algunos aspectos que no me acaban de convencer, entre los que destacaría su intenso aroma a primera novela de trilogía (sí, será una trilogía. ¿No lo veíais venir?). A ello atribuyo la familiaridad del argumento. No discuto la solidez del relato, aunque el ritmo reposado está a un paso de volverse comatoso en el tramo intermedio y luego se precipita a una conclusión que no es completamente satisfactoria, pero durante demasiadas páginas he pensado que el autor estaba más interesado en tantear el terreno de cara al segundo libro que en escribir esta primera entrega. Ahora que ha colocado a todos sus peones y ha dado vida a unos personajes interesantes y perfectamente caracterizados, mis expectativas para un eventual segundo libro serán mucho más elevadas. Me he quedado con ganas de más, tanto porque me ha sabido a poco como por lo que el libro promete en términos de futuras aventuras, pero tengo confianza en la capacidad de Saladin Ahmed de dar más cancha a su imaginación y escribir algo realmente nuevo y emocionante. A día de hoy le pongo 3 estrellas de las 5 posibles de Goodreads.

 

Edición reseñada:
Throne of the Crescent Moon
Saladin Ahmed (narrado por Phil Gigante)
10 hrs y 16 mins (unabridged)
Brilliance Audio

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El Mapa del Tiempo, de Félix J. Palma

El Mapa del Tiempo (Trilogia Victoriana #1)

Tengo la impresión de que El Mapa del Tiempo se ha convertido, después de 4 años desde su publicación y gracias, en parte, a la potente campaña promocional que ha acompañado a la publicación de su secuela (El Mapa del Cielo, Ed. Plaza & Janés), en la sensación de la literatura de género fantástico en nuestro país. Ha ganado un premio importante, ha recogido las mieles del éxito editorial y está teniendo una buena acogida entre el público y la crítica internacional. A poco que echéis un vistazo en vuestro buscador favorito encontraréis un sinfín de críticas y reseñas del libro casi unánimemente laudatorias. De las muchas críticas positivas, os recomiendo especialmente esta, bien planteada y bellamente escrita. Si, como yo, sois de ese tipo de persona que reacciona con suspicacia cuando nadie dice nada negativo de un libro, película, etc., estáis de enhorabuena: aqui estoy yo para ensuciar el brillo de esta novela. Porque alguien tiene que hacerlo.

Poco diré de la trama del libro y nada en absoluto que no hayan dicho antes, y mejor, otros antes que yo. Dividida en tres partes, El Mapa del Tiempo explica tres historias diferentes conectadas entre si por algunos personajes y parte del contexto, ambientadas en el Londres victoriano de H.G. Wells, uno de los protagonistas de la novela. Cada una de las tres historias explora la noción de viaje en el tiempo con éxito desigual y con un enfoque cercano al folletín en el que el lector es interpelado frecuentemente a través del cuarto muro que separa la realidad de toda obra ficción. El narrador, al que estamos casi obligados a identificar como el mismo Félix J. Palma, adopta un tono recargado con una dosis importante de socarronería, y aunque no se le puede negar su personalidad y su elegancia ocasional, lo cierto es que el estilo se le escapa de las manos durante la mayor parte del libro, con la estupenda excepción de la segunda parte, realmente notable. Creo que esta es mi principal discrepancia con las reseñas que he leído o con lo que se me ha dicho: La prosa del libro me parece mediocre, no elegante. Una medida tan simple como pegarle un tiro en la cabeza a uno de cada dos adjetivos mejoraría el estilo. Perdón por el sarcasmo, se me ha escapado. Je.

En cuanto a las tres partes del libro, diría que su relativa independencia justifica considerarlas aparte. Sin alargarme mucho, os diré que la primera parte me parece regular, la segunda casi extraordinaria y divertidísima, y la tercera terrible, sin más. De hecho, las connotaciones de la historia dan un giro de 180 grados al llegar a la tercera parte y, francamente, me parecía mucho más interesante el tipo de cuento que me estaba explicando hasta ese momento, una vez comprendidas y aceptadas las reglas del juego que propone el autor. En cualquier caso, eso es una apreciación muy sujeta a gustos personales y, por decirlo de algún modo, no se lo tengo en cuenta. Lo que no puedo aceptar es la forma apresurada en la que está explicada esa tercera parte, en la que todo el brío narrativo acumulado se desparrama. La opción elegida para explicar el quid de la cuestión me parece un despropósito, sobretodo por su extensión. Mi queja más importante en la tercera parte, a nivel de estilo, es esa: la escasez de recursos. La sensación que me da, en este caso concreto, es de apresuramiento.

Una de las particularidades de la novela es que utiliza muchas figuras históricas, entre las que destaca el escritor HG Wells, situado en el centro del alma de la novela. También hacen su aparición otros escritores como Henry James o Bram Stoker, Joseph Merrick (el famoso hombre elefante) o el siempre simpático Jack el Destripador. No todos tienen la misma importancia pero es un detalle que he disfrutado, incluso si a veces no venía demasiado a cuento. Es cierto, como otros han dicho, que en ocasiones la novela se desvía excesivamente de la historia principal para explicar detalles de la vida de Wells o describir su famosa novela de viajes en el tiempo, pero como eso es algo que me interesa no puedo tenérselo en cuenta. En conjunto, para mi este es uno de los puntos positivos de la novela.

Aunque mi reacción ante la unanimidad de la buena acogida del libro se acerca a la incomprensión, lo cierto es que a casi todo el mundo le gusta. Tened eso en cuenta frente a mi reseña: probablemente esté equivocado. A pesar de todo, se trata de una novela con mucha personalidad, muy bien ambientada y con un sentido del humor peculiar que funciona mejor si no te lo tomas muy en serio. Sospecho que mejora si se lee rápido y sin lupa, pero algo tendrá cuando me ilusiona de verdad leer El Mapa de Cielo, su secuela. A pesar del tono sarcástico que pueda tener mi reseña en algún momento, os aseguro que es una novela que me inspira respeto y más aún su autor. Simplemente, en lugar de considerar que ha nacido una estrella, como parecen sugerir muchas reseñas, creo que Palma es una voz interesante rebosante de ideas a la que seguir con atención, a la espera de que de a luz la obra maestra que algunas partes de esta novela me sugieren que lleva en su interior.

En goodreads le he puesto tres de cinco estrellas.

PD. Y no dejaré de leer los libros de relatos de Palma, pues me dicen que es donde da lo mejor de si mismo.

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