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Mañana Todavía, menos de doce distopías pero un montón de buenos relatos

21459207Desde la primera vez que oí hablar de esta antología he estado esperando a que cayera en mis manos y mi curiosidad no ha hecho más que crecer a medida que he ido sabiendo de algunos de los nombres, poco frecuentes en este tipo de libros —no así otros a los que estamos más acostumbrados a considerar sospechosos habituales—, como Laura Gallego, Marc Pastor, Rosa Montero o José Maria Merino. Como suele decirse: le tenía ganas. Luego, poco antes de la publicación del libro, apareció en C de Cyberdark un muy recomendable artículo de Julián Díez expresando su descontento con el mal uso, creciente, de público, editores y autores del concepto distopía, dando lugar a un extenso y mayormente interesante hilo de comentarios que ya quisiera uno para su blog y provocando un clima en las redes sociales más próximas a ese ente difuso que damos en llamar fandom que a uno le parece un tanto extraño y no puede evitar observar con cierta, no por ello irrespetuosa, sorna. Vaya por delante que creo, desde mi osada pero parcial ignorancia, que Julián tiene razón en su apreciación. Toda. Y que su artículo, al que matizaría algún aspecto menor, me parece magnífico y digno de premio (de Ignotus, que es lo que toca en el momento de escribir en estas líneas). Sólo lo menciono para hacer notar que —siempre digo que soy impresionable— esa curiosidad, la interrogación de qué puede ser y qué puede no ser una distopía, es el marco mental con el que me he aproximado a Mañana Todavía, y eso es así por haber leído el artículo de Julián poco antes que el libro, por lo que nadie se extrañe si el concepto de distopía en torno al cual articularé esta reseña se parece, hasta donde alcanzo a discernir, al del mencionado artículo. Usando la fórmula habitual, pero sincera, en estos casos: cualquier error es culpa del que suscribe.

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Danza de Tinieblas, de Eduardo Vaquerizo, o reseñar como excusa

Introducción: ¿Excusa para qué?

Hace poco que leí, en el blog de mi buen amigo Pedro, su análisis amargo de la realidad actual de la literatura fantástica española, uno de varios últimamente dentro de este mundillo del género en nuestro país. Es un tema que tiende a provocar reacciones polarizadas, más bien primarias, que me parece que enmascaran una discusión que ni está de más, ni tiene porqué ser otra cosa que constructiva. No comparto el planteamiento de Pedro —yo me siento más cómodo entre tonos de grises que entre blancos y negros, tal vez porque escribo desde la duda permanente—, pero coincido con algunas de las cosas que dice o algunas de las que interpreto, tal vez equivocadamente. Mis impresiones —y oye, ni estoy sentando cátedra ni soy un experto en el tema— son las siguientes:

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Presencia Humana Magazine #1: Raros relatos ricos

El relato, uno de los formatos más emblemáticos de la literatura fantástica, está de moda. Es muy difícil hacer una lista de las antologías, recopilaciones y publicaciones diversas dedicadas a la literatura fantástica breve aparecidas en nuestro país en los últimos meses y no dejarse alguna asi que, sin ánimo de ser exhaustivo, mencionaré solo iniciativas como el proyecto Terra Nova —permanezcan atentos a La Biblioteca de Ilium porque no tardaré en reseñar el segundo volumen—, el presuntamente —no busquen escepticismo, es que aún no lo he leído— magnífico Cuentos para Algernon: Año I, o la cada vez más larga y siempre excelente selección de títulos de Fata Libelli. Sin olvidar, por razones evidentes relacionadas con el propio ego, el curioso escaparate del imaginario de futuros autores que representa Visiones 2012. Hay para todos los gustos, ya lo ven, algo patente en la diversidad de las valoraciones de algunos de ellos aparecidas por ahí.

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Concurso de reseñas en Libros y Literatura: Espejismo, de Hugh Howey

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Al igual que hizo el año pasado hacia finales de año, el portal de literatura Libros y Literatura ha organizado un concurso de reseñas en el que se pueden ganar lotes de libros y un Sony Reader PRS-T3. La novedad, este año, es que las reseñas tienen que ser de libros incluidos en la lista de mejores novelas de 2013 según Libros y Literatura, y que las reseñas de cada título sólo podran votarse durante un período de 24 horas. Podéis ver la lista de libros “reseñables” y el calendario de votaciones en este enlace, y las instrucciones generales del concurso en este. Atención: Las normas del concurso se han cambiado y ahora se puede participar con la reseña de cualquier libro.

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Ancillary Justice, de Ann Leckie: a un paso del éxito

Ancillary Justice

Ancillary Justice

Ancillary Justice es una de las novelas de ciencia ficción que más hype está generando en la blogosfera anglosajona dedicada al género. No hay más que echar un vistazo a la página del libro en Goodreads para darse cuenta de ello, aunque los que a mi me convencieron para leerlo fueron Jonathan Strahan y Gary K. Wolfe en su excelente podcast Notes from Coode Street (enlazado al episodio en cuestión en el que se menciona el libro). Bueno, ellos y mis buenos compañeros de podcast Elías “Odo” Combarro y Josep Maria Oriol, que propusieron hacer una lectura conjunta del libro. Podéis leer sus respectivas reseñas aquí y aquí.

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Reseña de Wool (Espejismo), de Hugh Howey: un ovillo apocalíptico

Hugh Howey (izquierda) y yo (derecha)

Hugh Howey (izquierda) y yo (derecha)

El pasado 24 de octubre tuvo lugar en Gigamesh, la popular librería de Barcelona, un encuentro a puerta cerrada entre Hugh Howey y una selección de medios online. Tuve la suerte de estar invitado al encuentro y de poder plantearle varias preguntas al autor de Wool/Espejismo. Un tipo interesante, igual que el encuentro. Quería hacer una crónica del evento, pero lo cierto es que después de la exhaustividad de Marc J. Piarnau en La Casa de El o la síntesis de Sergi Viciana en Fantifica no le veo demasiado sentido. Os recomiendo leer ambos artículos (y el de Jordi Benavente en Martorell Negre, en catalán) para saber cómo fue la cosa, pero yo me limitaré a reseñar el libro refiriéndome a la presentación en algún momento. Una de las preguntas que le planteé a Howey fue si pensaba que la piratería de libros electrónicos tenía el mismo impacto en un autor autoeditado que en un autor publicado en una editorial tradicional y su respuesta, en breve, fue que no, que el impacto era mucho menor. Me parece muy interesante su respuesta, pero Marc la ha explicado tan bien que me parece un poco absurdo repetirme. Os animo de verdad a leer su crónica. Al cuerno con ese dogma del SEO que recomienda no enviar a la gente a visitar otros blogs. Volved luego, eso sí, a acabar de leer la reseña. Le agradezco mucho a Minotauro y a Gigamesh su invitación a la presentación. Fue una charla realmente interesante y la compañía fue inmejorable, tanto durante la presentación como durante la ineludible cata de zumo de cebada que tuvo lugar a continuación.

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Reseña de Los Nombres Muertos, de Jesús Cañadas: Lovecraft y su pandilla

Jesús Cañadas en plan interesante.

Jesús Cañadas en plan interesante.

Ayer publicamos en el podcast de Los VerdHugos nuestra entrevista a Jesús Cañadas y a Ricard Ruiz Garzón, respectivamente autor de Los Nombres Muertos y asesor editorial de Fantascy Libros. Os recomiendo que escuchéis el programa, pues no solo hablamos extensamente largamente de la novela, de la colección en la que ha salido y de la situación de la literatura fantástica en españa, si no que tendréis la oportunidad de ganar un ejemplar del libro firmado por su autor. En cualquier caso, después de haber disfrutado con el libro, no quería quedarme con las ganas de compartir mi impresión sobre él. ¿Y para qué, si no, tengo un blog? Lo mismo le ha pasado a Elías, amigo y compañero de podcast, con el cual hemos cordinado nuestras respectivas reseñas. Os invito a leer la suya siguiendo este enlace. Es lo que voy a hacer yo. Sospecho que tendremos visiones un tanto diferentes.

Esta es la segunda novela de Jesús Cañadas después de publicar El Baile de los Secretos con el desaparecido Grupo AJEC en 2011. En Los Nombres Muertos, Cañadas combina elementos de gran novelista con algunos problemas de fondo que le impiden alcanzar la excelencia pero le establecen firmemente como escritor de género al que tener muy en cuenta. La mejora estilística desde su primera novela es palpable y da fe de su capacidad de progresión, una virtud que les falta a no pocos escritores, una virtud que aumenta mi interés en seguir su carrera. Cañadas, sospecho, tiene un gran futuro como novelista por delante. Parte con ventaja respecto a muchos de sus contemporáneos en el fantástico en español, tanto en términos de talento bruto como de dominio del lenguaje y del estilo, pero también de capacidad de documentación y, parece, disciplina o rigor para convertir sus ideas en novela. Soy impresionable, nunca lo he negado ni quiero cambiarlo, y reconozco que Los Nombres Muertos me ha impresionado. Más, quizás, por lo que augura que por lo que da, aunque lo que da es mucho. Se trata de una novela de aventuras que circula por el terreno ambiguo y estrecho de la posibilidad de lo sobrenatural sin perder nunca el equilibrio y se la recomiendo sin reservas a cualquier aficionado al género fantástico. Se la recomiendo, en realidad, a cualquier aficionado a la lectura.

Los escritores ficticios

nombresmuertosExiste una tradición que no sé si puede llegar a calificarse de subgénero en la que escritores que han llegado a formar parte del imaginario popular son convertidos en personajes y trasplantados a una realidad en la que los mundos que imaginaron son más reales que lo que habían pensado. Los ejemplos abundan, y seguro que me dejo muchos, pero estoy pensando en lo que hizo Félix J. Palma con H.G. Wells en El Mapa del Tiempo y El Mapa del Cielo de (y el tercero, mapa ignoto en estos momentos, que debe estar a punto de aparecer), o Paul Malmont en The Astounding, the Amazing and the Unknown (protagonizadas, ni más ni menos, por Robert Heinlein, Isaac Asimov y L. Ron Hubbard) o The Chinatown Death Cloud Peril (con Walter Gibson, creador de The Shadow, y Lester Dent, inventor de Doc Savage), o Julian Barnes en su famosa Arthur & George, con Arthur Conan Doyle investigando como su famoso detective privado. Es un recurso que apela tanto a la nostalgia, en cuanto a menudo trata de reconstruir el espíritu de las obras a las que rinde homenaje y evocar sentimientos similares entre los que las disfrutaron años atrás, como al deseo de mitificar (¿o es desmitificar? No estoy seguro) a los escritores que amueblaron los sueños de los que luego seguirían su ejemplo. Tiene también un componente lúdico, claro, y no por otra cosa suelen ser obras plagadas de guiños, referencias y personajes que el aficionado buen conocedor de las obras originales reconocerá en un ¿dónde está Wally? literario que, bien hecho, enriquece la experiencia narrativa. Si abandonamos el terreno de la literatura basada sólo en la palabra y recordamos la magnífica Liga de los Hombres Extraordinarios propuesta por Alan Moore, ¿quién de entre sus lectores no se ha perdido en sus viñetas buscando toda pista y detalle robado a los orígenes del pulp y la ciencia ficción? Es un trabajo de atrezzo que ya empieza medio hecho y que aumenta la sensación de inmersión en la realidad descrita por la novela.

H.P. Lovecraft y Frank Belknap Long.

H.P. Lovecraft y Frank Belknap Long.

En esta tradición se inserta Los Nombres Muertos. En ella, acompañaremos a los escritores H.P. Lovecraft, Robert E. Howard y Frank Long, con otras apariciones estelares, por la Europa de principios de los años treinta en pos del Necronomicon, el infame libro inventado por Lovecraft en sus historias sobre Cthulhu y su pandilla. Y le sale bien. Creo que acierta al no centrarse exclusivamente en la figura de Lovecraft, que de hecho se mantiene al ralentí durante buena parte de la novela asumiendo el protagonismo sólo en momentos cruciales, por más que su personalidad impregna el conjunto de la narración y se hace notar en el resto de personajes que orbitan en torno suyo y le aceptan de forma implícita como su gurú. El peso de la historia recae en uno u otro en diferentes momentos y, aunque no me parece que calificar Los Nombres Muertos de novela coral sea del todo correcto, la dinámica entre los personajes es uno de los puntos fuertes del libro. Al trío de escritores ya mencionado hay que sumarle Sonia Greene, ex-mujer de Lovecraft y un contrapunto fantástico a la testosterona (bueno, la tiene toda Robert E. Howard…) de los hombres del grupo. También tiene su contrapartida en la vida real y Cañadas ha conseguido elaborar un personaje fuerte, creíble y que rebosa personalidad. Hace poco dijo, presentando el libro en Gigamesh, en Barcelona, que estaba orgulloso de ella. Tiene motivos. Personalmente, y que me perdone Lovecraft, mis preferidos son Robert E. Howard y Sonia. No sé como serían (ellos y sus compañeros) en la vida real… pero como personajes de ficción son estupendos.

Si a eso le sumas que durante las primeras decenas de páginas del libro todas las frases pronunciadas por Lovecraft están sacadas, directamente y según declaración del autor, de sus propias cartas, y los meses que pasó Cañadas documentándose y visitando en persona los escenarios de la vida de H.P. Lovecraft, tendrás como resultado la magnífica tridimensionalidad, en términos de inmersión del lector, de Los Nombres Muertos. Cañadas le saca todo el partido al artificio y consigue un resultado que, para mi, es bastante más sólido que El Mapa del Tiempo o El Mapa del Cielo, por no rehuir la comparación inevitable (téngase en cuenta que no soy admirador de esas dos novelas).

Viajar sin volver la vista atrás

soniaLa estructura de la novela está condicionada por el recurso principal que usa Cañadas para hacer avanzar la trama: el viaje. A lo largo del libro Lovecraft y sus amigos deben seguir una serie de pistas y deducciones que les llevan a visitar Londres, el Berlín del inicio del nazismo, Portugal, Damasco… y definen el libro en las secciones que lo componen. Creo que entiendo la elección, pero la cuestiono. Es el único reproche serio que le hago a la novela, y lo hago porque creo que Jesús paga un peaje un tanto elevado por seguir el trayecto: la sensación de estar huyendo hacia adelante. Un no volver la vista atrás a lo largo del cuál se descartan personajes secundarios y se precipitan decisiones de una forma que, a pesar de respetar los clichés del género de aventuras, se percibe como oportunidad perdida ante la gran calidad de los otros aspectos del libro. No es un problema constante. Hay grandes secundarios que surgen y resurgen punteando la historia y dejando una impresión profunda en el lector (al menos en este lector). Sin embargo, en ocasiones, los lazos entre personajes parecen antojadizos qual piuma al vento, los motivos por los que se ayudan (el grupo protagonista y algunos secundarios) son difíciles de entender y, por culpa de lo confuso de algunas de las explicaciones que se nos dan, todo el misterio que rodea al Necronomicon está más cerca de la predistigitación que de la auténtica magia .

Robert E. Howard

Robert E. Howard

Dicho esto, cada una de las etapas es interesante por derecho propio y el sentido de la escena de Cañadas es enorme. Ya sea en la delirante conclusión de la parte londinense —Y vive Cthulhu que me estoy mordiendo las puntas de los dedos que teclean estas líneas para no destripar lo que allí pasa. ¿Por qué, Jesús? ¿¡Por qué!?— o en la opresiva atmósfera de la aventura en Berlín, por mencionar solo dos, todo parece perfectamente coreografiado para provocar una reacción muy concreta en el lector. Es una extraña combinación de intuición narrativa y planificación que, para mi, funciona a la perfección.

A medida que procede el viaje los protagonistas se van adentrando en una historia oculta del mundo cada vez más extraña y la narración explora cuestiones como el valor de la fe, de los ritos y la naturaleza del poder, explicando entre líneas una historia secundaria que nunca eclipsa la aventura pero la enriquece.

¡Y se acabó! ¿O no? La reseña sí

Tanto la mezcla de hechos reales y ficción en Los Nombres Muertos como la ambigüedad de su recurso a lo sobrenatural hace que sea muy difícil anticipar hacia donde se dirigirá la historia. Eso es una virtud, especialmente dada la linealidad de parte de su planteamiento, aunque el deseo de Cañadas de no dejar (prácticamente) cabo suelto sin atar peca de excesivo y tensa al límite la credibilidad del lector en un doble final que se antoja un tanto anticlimático, aunque no resulta difícil abandonarse a la magnitud del misterio detrás de todos los misterios. Sospecho que el test del algodón, para este libro, va a ser su capacidad de resistir una segunda lectura, pero el disfrute de la primera está garantizado. En ningún momento me amenazó el aburrimiento y en ningún momento mi reacción fue otra que el asombro ante lo que Jesús estaba escribiendo y, sobre todo, cómo lo estaba escribiendo. Es cierto que no es una novela perfecta (pocas lo son), pero también lo es que sus virtudes están muy por encima de sus defectos.

He hablado poco, pero es lo que más me ha impactado, de la calidad de la prosa del libro. La escritura de Cañadas tiene ritmo, música, imágenes potentes y una elegancia que no decae en ningún momento. Domina los diálogos a la perfección (este es uno de los cambios más importantes respecto a lo que leí de El Baile de los Secretos, por cierto) y tiene dominio absoluto de todo lo que escribe en la novela. Los problemas que he mencionado son más de fine tuning que otra cosa. Eso no les resta importancia pero sí hace que no interfieran excesivamente con el disfrute de la novela. Además, caramba, que si Cañadas hubiera escrito una novela perfecta tan pronto en su carrera daría miedo, y yo ya he dicho que soy impresionable. Sustos no, por favor.

Los Nombres Muertos es una puerta grande por la que entrar en el mundo de la fantastika, aunque la entrada de Jesús fuera anterior. Es una novela interesante, relevante y de calidad. No puedo más que recomendarla y Jesús Cañadas se ha ganado un pase preferente a la cima de mi Pila de lectura con cada libro que saque a partir de ahora.

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Reseña de Terra Nova vol.1: El primer paso de un futuro clásico

Terra Nova: antología de ciencia ficción contemporánea (Terra Nova, #1)

Para mi Terra Nova se había convertido en una asignatura pendiente. Me suscribí al proyecto cuando se anunció, hice mi donación, recibí el libro, me lo volví a comprar en formato digital para mayor comodidad y… pasaron los meses sin siquiera tocarlo. No es un retraso infrecuente. Como les pasa a muchos, la velocidad de incorporación de nuevos títulos a mi biblioteca personal es muy superior a la salida que puedo darles, pero en el caso de Terra Nova me molestaba especialmente por varios motivos. En primer lugar, es un proyecto que contaba con mi simpatía y mi apoyo a priori, independientemente de la calidad que me fuera a encontrar después. Además, no han dejado de aparecer reseña tras reseña que, con uno u otro matiz, daban a entender que el resultado estaba a la altura de las expectativas, cosa que no siempre sucede. En realidad sucede con frecuencia escasa. Finalmente, cuando ya se ha anunciado la aparición del segundo volumen y su tabla de contenidos (¡muy interesante!), esta vez bajo el paraguas de Fantascy, ha disparado mi sensación de estar a punto de ser arrollado por el proverbial toro y me ha llevado a cogerlo por los cuernos, leer el libro y ¡ahora sí! dar rienda suelta mi incontinencia verbal y explicaros, a vosotros y al mundo en general, qué me ha parecido. Y me ha parecido… Bien. Quiero decir realmente bien. Bien de corre y léelo.

Nunca tengo claro cuál es la mejor manera de encarar la reseña de una antología, especialmente cuando es de autores diversos y sin un tema claro como ésta o, dicho de otra forma, cuando tiene vocación de escaparate. El resultado tiene que ser necesariamente (o casi) desigual, por más que los altibajos puedan ser diferentes para cada lector, y de hecho ese es el principal reproche que le hago: el esfuerzo dedicado a tener un cuento para todos los gustos hace difícil que alguien pueda enamorarse de todos. Por otro lado, esa diversidad es consistente con la vocación escaparatil a la que me refería antes y los propios Luis Pestarini y Mariano Villarreal, responsables de la antología lo reconocen en su prólogo:

“[E]s arriesgado hablar de rasgos de la ciencia ficción como si estuviéramos ante un corpus homogéneo, pero al menos podemos afirmar que ese núcleo duro que tiene como virtud la especulación y la indagación sobre los cambios y sus consecuencias sobre el hombre, es el que otorga sentido a esta antología.”

Mostrar el abanico de la ciencia ficción contemporánea es, claro está, una misión imposible, pero loable en su inconsciencia. Y qué caramba, puede no resultar tan descabellado si Terra Nova se consolida como publicación periódica, como parece sugerir su reciente asociación con un sello como Fantascy. Es decir: reproche inicial anulado. Tabula rasa y seguimos con la reseña. Algún espoiler habrá.

Volar alto como Ícaro…

Para mí la antología incluye cuatro relatos magistrales: los de Ken LiuErick J. MotaJuanfran Jiménez e Ian Watson. Si tuviera que elegir uno por encima de los demás creo que me quedaría con el Recuerdos de un país zombi de Mota, aunque es posible que objetivamente no sea el mejor y le vea algún problema.

Ya había leído en inglés El zoo de papel, de Ken Liu, y ya entonces me pareció un cuento hermoso y bien ejecutado. Ahora, además, puedo elogiar la traducción de Claudia de la Bella y confirmar mi impresión del cuento. Una de las críticas negativas que más a menudo se leen acerca de los relatos de Liu se refiere a su carácter sensiblero. Es cierto, lo tienen otros cuentos y lo tiene El zoo de papel, pero es un tono al que le sabe sacar partido y no me parece una crítica seria. Lo que Liu hace lo hace muy bien y habría que saber diferenciar entre los gustos personales y su habilidad como narrador. La evolución de la relación entre un hijo y su madre, con sus altibajos, es algo con lo que muchos podemos empatizar. Liu tiene la gracia de llenar la infancia de magia (literalmente) y hacer que el chaval renuncie a apreciarla para no sentirse diferente en una reacción totalmente verosímil, como verosímiles son su crueldad adolescente y su arrepentimiento posterior. Muy buen cuento, hermoso, y una buena muestra de cómo los recursos del género fantástico pueden servir para explorar la realidad de nuestras vidas.

Hace un tiempo, hablando con Cris de Más Ficción que Ciencia acerca de Cuerpos de Juanfran Jiménez, me dijo que le recordaba al Trueque mental de Robert Sheckley. Ambos comparten la premisa del cambio de cuerpo, pero mi sensación es que la intención de los dos textos es muy diferente. Donde Sheckley buscaba la sátira y la desintegración de la linealidad de la narración a golpe de surrealismos, Jiménez plantea una historia de acción casi hollywoodiense llena de humor y muy eficaz. No es un relato demasiado serio… pero maldita la falta que le hace. Divierte. Un día sin papá, de Ian Watson, es lo contrario: un relato sutil, intimista y delicado que presta tanta atención a lo que explica como a lo que calla. Toca un tema, el de la vejez y el futuro que nos depara, que me inquieta sobremanera y le da un tratamiento original e imaginativo que no desentonaría en un capítulo de Black Mirror, aunque la serie busque un efecto más provocador. A juzgar por otras reseñas que he leído no es uno de los relatos más apreciados del volumen… y ahora mismo estoy tensando las riendas de mi arrogancia para no decir que eso es porque no se ha leído bien. De los relatos que he mencionado hasta ahora es el que más me gustaría haber escrito.

Vamos con Recuerdos de un país zombi, el original relato Z del cubano Erick J. Mota que ha provocado reacciones tan encontradas entre los lectores. He ido leyendo las reseñas que he ido encontrando del libro, además de hablar de él con varios amigos con los que comparto afición, y a priori me parecían más convincentes los argumentos a favor del relato que los contrarios. A posteriori también, mira tú. En manos de Mota la suma de su acento cubano con la mezcla de crítica social, historia de zombis e invasión de los ultracuerpos produce un resultado mayor que la suma de sus partes que no puede atribuirse solo al exotismo. Además de ser tremendamente divertido y sugerente, el autor le da una energía a su historia que compensa las irregularidades gramaticales (¡esos tiempos verbales incongruentes!) y lo chapucero del innecesario infodump hacia el final del libro. Si se supera, Erick J. Mota puede convertirse en uno de los autores revelación del fantástico en español. Si no, habrá escrito un relato destinado (apostaría por ello) a convertirse en uno de los clásicos del género en nuestro idioma. El Ojos de cesio suyo que estoy leyendo ahora no me hace pensar que la promesa lleve camino de convertirse en realidad, pero el material sigue estando allí. Si alguien lo editara mejor…

Un lento descenso a los infiernos

Con esta historia comienza el declive en cuatro pasos de la antología, pero el nivel sigue siendo perfectamente aceptable. En El ciclo de vida de los objetos de SoftwareTed Chiang mantiene el estilo frío y analítico que tan apreciado fue (no tanto por mí) en Stories of Your Life and Others pero no le sirve para mantener el pulso de la narración en el conjunto de esta novela breve. Propone un tema interesante y a nivel intelectual su lectura es estimulante pero le falta algún ingrediente que la haga memorable. Es una historia que ya había leído cuando se publicó en inglés en 2010 y ya entonces me pareció un tanto fallida, aunque para nada estoy diciendo que sea un mal relato. A falta de leer su último cuento, The Truth of Fact, the Truth of Feeling, me parece que Chiang tiene buenas ideas pero que como escritor es pobre. No demuestra tener recursos para sostener una historia más allá de la extensión de un relato breve. Venga, soltad los perros de la guerra.

Más problemático me resulta Memoria, de la argentina Teresa P. Mira de Echevarría. Parte de un premisa interesante, un entorno a medio camino entre Crónicas marcianas de Bradbury y Avatar de James Cameron con un carácter decididamente de romance científico, pero el desarrollo de la historia y el tono empalagoso de su prosa no me ha convencido. No me gusta su paleta emocional. Al igual que me ha pasado, ya veréis, con Deirdre de Lola Robles, aquí interviene un tema de preferencias personales por estilos narrativos concretos que no es culpa de la autora, pero en cualquier caso Memoria, para mí, es uno de los puntos bajos de la antología. Es una pena, porque me encanta ese Marte como puesto colono fronterizo y muchas de las ideas que forman parte del relato están bien tratadas. Sirvan de ejemplo la marginación de los “nativos” (humanos modificados genéticamente para terraformar Marte) una vez completada su tarea o la concepción de la visión profética como un futuro a enfocar a través de las propias acciones.

Con el Deirdre de Lola Robles me pasa algo parecido: su paleta emocional no es para mí, pero es que además renuncia a toda profundidad y convierte su texto en un sermón, tanto peor por cuanto el planteamiento no es nada original. Robles no tiene la culpa de que a mí me guste que los relatos tengan subtextos pero, como en el relato anterior, es lo que hay. Por lo demás, la autora tiene una prosa bonita pero con un punto de afectacción en el que no entro.

Y llegamos a Victor Conde y su Enciende una vela solitaria. Mi primer Conde. ¿Mi último Conde? Probablemente, aunque hay quien medio me ha convencido de darle una segunda oportunidad. Este relato es malo. Malo con avaricia. Malo de hacer sangrar el alma que lo ha absorbido, arrancarse los ojos que lo han leído y cortarse las manos que han tocado sus páginas. Saltarse este cuento solo puede hacer que la antología mejore. Queridos editores, ¿en qué estaban pensando? No, en serio, ¿en qué? De acuerdo que tiene escenas que funcionan a un nivel puramente visual, pero… ¿”profunda crítica a las redes sociales”? —introducción dixit— Para nada: ni es profunda ni puede ser crítica de puro absurdo. Terrible, de verdad.

Reflexión final

Que una antología tenga altibajos es de esperar, especialmente cuando son de material inédito. Eso no es óbice para que el nivel medio de Terra Nova sea francamente elevado. Después de leerla cada cual tiene su póquer de ases y su selección de relatos con los que no conecta, pero que estos sean diferentes para cada uno refleja la habilidad de los editores para elegir obras representativas para distintos lectores. Menos el de Conde, el de Conde es mal. La idea de combinar autores hispanos de dentro y fuera de España y combinarlos con obras internacionales contemporáneas de actualidad me parece brillante y convierte Terra Nova en una publicación imprescindible para cualquiera interesado en el género fantástico.

Terra Nova empezó como una iniciativa que pudo hacerse realidad gracias al respaldo de muchos lectores que nos sumamos al proyecto antes de ver una sola página. Su voluntad declarada siempre fue la de convertirse en una publicación periódica capaz de ser autosuficiente y no puedo interpretar su adhesión a un sello como Fantascy más que de forma positiva. Quiero aprovechar esta reseña para felicitar a Mariano Villarreal y a Luis Pestarini por el trabajo que han realizado y por el que van a poder seguir realizando. Me muero de ganas de leer el segundo volumen.

P.D. En otra línea de cosas, leyendo el libro me dio el gusanillo de investigar un poco sobre la historia de las antologías en la literatura fantástica y, después de preguntar a quién sabe más que yo, acabé escribiendo este artículo sobre el tema. No puedo dejar de enlazarlo, aunque sea un poco con calzador 😉

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Cyberstorm, de Matthew Mather: por buscar Google en Google

cyberstormCyberstorm, de Matthew Mather, ha sido uno de esos libros que lees casi por casualidad, sin muchas expectativas, y te sorprende para bien. Después de leerlo me he enterado de que iba a ser publicado en español y, buscando un poco, que forma parte de un proyecto más ambicioso de su autor. ¿He dicho que además es autopublicado? Pues lo es, y eso suele hacer saltar todas mis alarmas pero en este caso la desconfianza era innecesaria: no sé de donde sale Matthew Mather pero sus recursos no son los de un autor primerizo. No quiero decir que se trate de una novela perfecta, pues no lo es y probablemente menos para un lector no estadounidense, pero consigue atraparte en su historia y sembrarla de momentos memorables.

La premisa de Cyberstorm es seductora y no es de extrañar, especialmente teniendo en cuenta su planteamiento, que haya llamado la atención de la 20th Century Fox: un ataque digital coordinado de origen desconocido provoca el colapso de internet y, con ello, una crisis mundial de proporciones devastadoras. El planteamiento recuerda un poco a lo que espero de otra novela que aguarda turno en mi estantería, el Zero Day: A Novel del experto en informática Mark E. Russinovich, aunque no dudo que encontraré numerosas diferencias entre ambas. El acierto, para mí, de Mather, consiste en situar la acción de la mayor parte de su novela en un entorno de máximo impacto: la isla de Manhattan durante una gran nevada. No resulta difícil imaginar el caos que puede representar la interrupción súbita de las comunicaciones y, sobretodo, de los canales de distribución de bienes, en una urbe tan dependiente de los suministros externos y la tecnología como la famosa isla. Así, casi toda la novela se convierte en una historia de supervivencia con un planteamiento muy verosímil, al menos cuando no idealiza a los supervivientes (aunque esa apreciación puede depender del cinismo del lector…) y hasta el momento en el que se adentra más en el terreno de la ciencia ficción (a través de la distopía).

El estilo de Mather es competente, y no lo digo como elogio tibio. Sabe narrar su historia y sacar partido del entorno y los personajes que va construyendo, y si bien es cierto que entre sus páginas encontraréis más de uno y más de dos lugares comunes, eso no quiere decir que la novela esté desprovista de originalidad. Es bien sabido que el hambre agudiza el ingenio, y los pobres habitantes de Manhattan se convierten en avatares del proverbio cuando tratan de organizarse para enfrentarse al caos de su ciudad. A pesar de algunos de los comentarios que haré a continuación creo que Mather sabe lo que hace cuando se sienta ante el teclado, tanto como constructor de historias como de imágenes hermosas. Nada de ello va a molestar en Hollywood, claro.

atopiaA este libro le veo algunos problemas y los que más me molestan son extraliterarios, uno de ellos (el que más me molesta) extraliterario. El primero de ellos es la lentitud con la que acumula la inercia que, a partir de un momento dado, hace imposible resistirse a su fuerza de arrastre. Mi impresión es que Mather ha tratado de anclar su historia en la cotidianidad de las vidas de sus protagonistas con tanto ahínco que ha estado a punto de anegar el motor de la novela. Es cierto que la jugada le sale bien. La discrepancia entre lo repentino de la “cibertormenta” y el cambio de mentalidad (la adaptación al desastre) de los protagonistas da lugar a algunas páginas en las que nada parece suceder, pero eso hace que al lector le resulte fácil aceptar dicho cambio. Creo que era posible mantener ese efecto sin renunciar al ritmo, pero tampoco me parece un problema grave, como tampoco me lo parece el salto de fe que le pide al lector en la resolución final, un tanto anticlimática, de su historia. Las cosas como son, me muero de ganas de saber como continuará la historia en la especie de secuela o spin-off que existe, The Atopia Chronicles (esta vez sí, claramente de ciencia ficción).

El otro problema tiene más que ver con el subtexto de la historia, aunque es algo a lo que tanto Hollywood como muchos bestsellers estadounidenses nos tienen acostumbrados a los lectores de otros países. Y cuando hablo del subtexto me refiero al machismo —son los hombres los responsables de proporcionar las provisiones mientras las mujeres se quedan en casa dedicándose a “sus labores”, en la medida que el fin de la civilización se lo permite—, al patriotismo hiperbólico —uno de los protagonistas, para nada caricaturizado, podría sentirse a gusto sentado entre Charlton Heston y Robert Heinlein— y un cierto tufo a xenofobia en el que no voy a entrar mucho por no revelar demasiados detalles de la trama. Nada nunca visto ni nada que no pueda hacerse a un lado con un suspiro para centrarse en otros aspectos de la novela, pero algo que no me sentiría cómodo si dejara de mencionarlo. El tema del patriotismo puede ser una espina personal que no moleste a todos por igual, pero ahí queda.

Y poco más que añadir. Creo que es un libro que vale la pena leer si os gustan las novelas con tintes post-apocalípticos, teniendo en cuenta que es un libro con voluntad de ser muy comercial y que eso condiciona su tono. Creo que mi reseña lo da a entender pero insistiré por si las moscas: no es exactamente ciencia ficción, al menos no hasta su tramo final. De hecho, creo que puede gustar a un abanico bastante amplio de lectores. Seguiré a Matthew Mather con interés.

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Reseña-entrevista de Cenital, de Emilio Bueso: el caleidoscopio del fin de los días

Uno de los libros de ciencia ficción española de los que más he oído hablar últimamente ha sido Cenital, la novela postapocalíptica de Emilio Bueso y la primera novela que leo del autor. No será la última. Lo he devorado en poco más de dos días y me hace mucha ilusión reseñarlo, más ahora que ha ganado el Premio Celsius 2012 en La Semana Negra de Gijón. Tiene virtudes, defectos, y todo aquello que me hace disfrutar cuando me siento a escribir una reseña. En este caso, además, la ilusión es doble porque Emilio Bueso ha accedido a responder algunas preguntas sobre el libro, así que más que una reseña esto es una entrevista/reseña. A ver cómo sale. Ya adelanto que mi reseña tiende claramente a lo positivo pero parece que los astros se han confabulado y Pedro, a.k.a Leemaslibros, ha sacado al mismo tiempo una reseña que parece un reflejo especular negativo de la mía. Podéis leer aquí. Qué puedo decir… él se equivoca y yo no 😉

Cenital

La premisa de Cenital es tan sencilla como aterradora: en 2014 se agotan las reservas de combustibles fósiles del mundo y con ello se derrumba de forma catastrófica el dominio de la cultura humana sobre el planeta. Es aterradora por la proximidad del fin, por la intensidad del planteamiento de Bueso y por el barniz de verosimilitud que consigue darle al sembrar el texto de referencias a autores y documentos, publicados en nuestra realidad, que ya hoy predicen un fin muy similar al de la novela. Me parece que “conspiranoico” describe bien el tono de Cenital, por más que Bueso confiese no compartir esa manera de ver la realidad:

Yo no creo en las teorías de la conspiración. Entre otras cosas porque si lo del cenit del petróleo fuera una de ellas a mí no me habrían permitido acercarme a una tercera edición de Cenital.

Yo, personalmente, y aunque haga entre poco y nada para prepararme, creo que Cenital habla de una crisis que acabará por llegar… aunque espero que las consecuencias sean algo menos dramáticas, o mucho menos, que en la novela. Bueso, ante la pregunta de si cree que estamos cerca de la situación que describe en Cenital, nos dice:

Las existencias de hidrocarburos disponibles son un activo estratégico para todos y cada uno de los principales exportadores. Hablo de países como Irán  Venezuela, Rusia, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos… Unos estados criminales y/o criminalizados, nada transparentes, a menudo considerados como poco democráticos y cuya solvencia y fuentes de financiación a futuros dependen de las reservas declaradas.

Con todo resulta imposible saber cuánto petróleo queda a ciencia cierta, incluso para los hombres más poderosos del mundo. Algunos analistas dicen que ya casi no queda petróleo barato, que tanto secretismo es en parte debido a que la mayor parte de los pozos han superado su cénit de producción. Y el hecho parece ser que los principales yacimientos, como Campo Ghawar, que es de donde ARAMCO obtiene el 65% de sus exportaciones, están ya más secos que un Martini.

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