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Railsea, de China Miéville

Railsea

The railsea. Long straights, tight curves; metal runs on wooden ties; overlapping, spiralling, crossing at metalwork junctions; splitting off temporary sidings that abutted & rejoined main lines. Here the train tracks spread out to leave yards of unbroken earth between them; there they came close enough together that Sham could have jumped from one to the next, though that idea shivered him worse than the cold. Where they cleaved, at twenty thousand angles of track-meets-track, were mechanisms, points of every kind: wye switches; interlaced turnouts; stubs; crossovers; single & double slips. & on the approaches to them all were signals, switches, receivers, or ground frames.

Railsea, el último libro publicado por China Miéville, refuerza mi impresión de que sus novelas, en mayor medida que las de otros escritores, son una propuesta que va más allá del ejercicio puramente narrativo. En sus libros el contexto es, no ya un protagonista, sino el protagonista principal, por lo que el éxito de sus textos depende en buena medida del grado de aceptación de las reglas implícitas en el tipo de juego que propone. Es una consideración que va más allá de lo literario y que puede llegar a interferir con la narración pero que, por otro lado, puede amplificar el disfrute de sus historias. Y eso me ha pasado a mi con Railsea.

Railsea (¿víamar? ¿mar de vías?) es un mar de tierra densamente cubierto por una madeja de vías puestas por no se sabe quién y mantenidas no se sabe exactamente como por trenes-ángel vistos por muy pocos. La tierra sobre la que se apoyan estas vías está plagada de criaturas subterráneas que la surcan en busca de presas que llevarse a la boca y poner pie en tierra es una receta segura para morir en cuestión de minutos, ya sea devorado por un topo gigante o hecho pedazos por las pinzas de un escarabajo elefantiásico. Asi pués, los trenes y sus tripulaciones ocupan el lugar de los barcos en nuestra realidad y, de hecho, el muchacho que protagoniza la historia la empieza como aprendiz de médico en un tren cazador de topos cuyo capitán, última encarnación de Ahab, está obsesionado por dar caza al topo gigantesco que le derrotó en el pasado. De estos capitanes se dice que “tienen una filosofía” y son considerados estudiosos que persiguen a un animal que encarna un concepto concreto como “la tenacidad”, “el engaño” o, en realidad, casi cualquier otro que se os ocurra.

How many of these philosophies were out there? Not every captain of the Streggeye Lands had one, but a fair proportion grew into a close antipathy-cum-connection with one particular animal, which they came to realise or decide—to decidalise—embodied meanings, potentialities, ways of looking at the world. At a certain point, & it was hard to be exact but you knew it when you saw it, the usual cunning thinking about professional prey switched onto a new rail & became something else—a faithfulness to an animal that was now a worldview.

Asi, Railsea es enormemente denso en símbolos y metáforas. La primera que se me ocurre es la naturaleza dual de las vías, que permiten viajar y explorar a la vez que limitan severamente la posibilidad de salir del camino marcado, precisamente uno de los temas principales del libro. Sham, el protagonista de la novela, se pasa buena parte del libro buscando su identidad y su propósito en la vida solo para descubrir que este consiste en to boldly go where no man has gone before. Si en algo se acerca Railsea al género de la novela juvenil al que se viene atribuyendo desde antes de su publicación es en este espíritu de aventura y descubrimiento.

Otra de las imágenes constantes del libro, la que me resulta más sugerente, es la de la geología de despojos humanos (pero no solo) acumulada capa a capa a traves de las eras, repartida a lo largo y a través del mar de vías. El mundo de Railsea es sucio y claustrofóbico, con una humanidad emparedada entre un suelo mortal y una atmosfera tóxica surcada por sus propios leviathanes. No sabemos demasiado del origen de esta situación, no hay una voluntad de descripción exhaustiva del tipo de mundo en el que transcurre la historia, pero sí que los humanos se ha adaptado convirtiéndose en carroñeros de despojos, arqueólogos del desperdicio que atraviesan la tierra en sub¿marinos? o sub¿perforadores? en busca de riquezas a las que dar usos muchas veces lejanos del original. Es un collage de objetos de mil épocas que van desde lo más prosaico (una montaña de lavadoras es un buen ejemplo) hasta tecnología tan sofisticada que incluso a nosotros nos parececería magia.

Our minds we salvage from history’s rubbish, & they are machines to make chaos into story.

El narrador de Railsea es un ente omnisciente que enfatiza constantemente la naturaleza ficticia de la historia y la convierte en un interesante ejercicio de metanarración que, por si fuera poco, funciona. El mundo del Mar de Vías es tremendamente artificial y se adapta a la perfección al formato de la metanarración. La estrategia de Miéville consiste en intercalar capítulos brevísimos en los que interrumpe el flujo de la narración para llamar la atención sobre determinados mecanismos de la estructura de la historia, como un cambio de punto de vista:

What should the story do when the primary window through which we view it is shuttered? we might say: It should look through another window.

O el uso de un recurso lingüístico concreto:

THERE WAS A TIME when we did not form all words as now we do, in writing on a page. There was a time when the word “&” was written with several distinct & separate letters. It seems madness now. But there it is, & there is nothing we can do about it.

Porque si algo destaca en Railsea es su uso del idioma. No es raro encontrar, en reseñas o comentarios a reseñas de libros suyos, la idea de que Miéville es mejor formador de frases que constructor de historias y se dice que cuando el río suena agua lleva. ¿Que pienso yo? Es una de las cosas que amo de este autor. Eso y su imaginación portentosa. Como muchos otros escritores con talento, Miéville tiene tics que en ocasiones se vuelven excesivos (y excesivo es un adjetivo que le cuadra como anillo al dedo). La tendencia al barroquismo o su incapacidad casi infantil para dejar de inventar neologismos son buenos ejemplos de estos amaneramientos de estilo y, de hecho, la novela en la que más controla sus riendas (The City and The City) es doblemente interesante por ello. Railsea es barroca, amanerada, llena de neologismos y de dobles negaciones y de escritura densa y apretada, pero el lenguaje es maravilloso. Resulta sorprendente como Miéville ha conseguido poblar su prosa de imágenes que denotan una psicología vinculada a un mundo de trenes y vías. También se nota que su barroquismo no es sinónimo de descontrol y la atención a la sonoridad y al buen fluir de las palabras convierte su lectura en un placer, obstaculizado un poco por su empeño tipográfico en apadrinar toda & que se acercara a sus dedos. La textura de la prosa de Miévilles, cercana en este libro a la técnica del flujo de la conciencia, es uno de sus rasgos más distintivos. En este caso da pie a unas imágenes que invaden el cerebro y que no podía de dejar de imaginar plasmadas a través del arte de un Miyazaki o del equipo formado por los franceses Jeunet y Caro.

Al igual que sucedía con Embassytown, a Railsea le cuesta un tercio de libro encontrar un ritmo que encarrile la atención del lector como un tren con rumbo (¡Ja!). Aún y asi el libro nunca se libra de una serie de problemas relacionados, casi siempre, con la naturaleza demasiado esquemática de la psicología de los personajes y de la esencia de la trama. Es un libro extraño que por la complejidad de su prosa se aleja del género juvenil que se le atribuye pero que por las connotaciones de la historia que explica se enmarca de lleno en él, sobre todo cuando entendemos “juvenil” como esas novelas clásicas de búsquedas de tesoros y aventuras en alta mar en la que el grumete se convertía en héroe y tenía un mono en el hombro que siempre le acompañaba. Incluso se le puede acusar de infantil en algunas de sus soluciones, como la escena inmediatamente anterior, insuficientemente desarrollada, a un final que retrospectivamente era el únicamente posible. Por esas y otras razones es un libro que dista de ser perfecto pero se convierte en una propuesta única.

Es un libro de cuatro estrellas y lo despido con esta declaración de intenciones de la propia novela:

PEOPLE HAVE WANTED TO narrate since first we banged rocks together & wondered about fire. There’ll be tellings as long as there are any of us here, until the stars disappear one by one like turned-out lights.

 

Edición reseñada

Railsea
China Miéville
MacMillan (24 de mayo de 2012)
448 páginas

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Embassytown, de China Miéville

Embassytown by China Miéville

“We speak now or I do, and others do. You’ve never spoken before. You will. You’ll be able to say how the city is a pit and a hill and a standard and an animal that hunts and a vessel on the sea and the sea and how we are fish in it, not like the man who swims weekly with fish but the fish with which he swims, the water, the pool. I love you, you light me, warm me, you are suns.
You have never spoken before.”

Me ha llevado bastante escribir esta reseña y aún en el momento de sentarme a escribirla no tengo del todo claro como enfocarla. Si que os puedo decir que este ha sido uno de los libros leídos en 2011 que más me ha gustado y, sin duda, es mi candidato preferido de cara a los Premios Hugo 2012 (aunque tampoco me importaría que ganase el Among Others de Jo Walton). En lo que a mi respecta, la incursión de China Miéville en la ciencia ficción representa un éxito rotundo y le confirma como un escritor contemporáneo de género fantástico a seguir. Vamos a por esa reseña.

Después de un inicio relativamente arduo y opaco que exige cierto grado de persistencia y de fe en que el autor sabe lo que tiene entre manos, Embassytown se convierte en una novela de ciencia ficción perfecta a la que no le se ver ningún defecto. Es probable, mejor decirlo ya, que se trate de uno de esos libros que solo se pueden amar u odiar, sin términos medios (aunque visto desde la distancia el desconcierto puede ser una tercera opción).

El libro transcurre en Arieka, un planeta situado al límite del cosmos conocido y habitado sobretodo por los Ariekei, una especie muy hermética y extraordinariamente dotada para la tecnología (business, business…). En Arieka solo existe una ciudad (Embassytown) preparada para la supervivencia de los humanos, que además es el único lugar del universo en el que existen los Embajadores, humanos modificados con el objetivo de hablar el lenguaje Arieka y comunicarse con la especie dominante del planeta. El único lugar, esto es, hasta que se publica esta novela y… y no quiero hablar más del argumento.

La narradora del libro es Avice Benner Cho, una de las pocas habitantes de Embassytown que ha tenido la oportunidad de visitar otros planetas gracias a su condición de Immerser (navegante del Immer, una especie de subrealidad de difícil navegación que en el universo propuesto por Miéville hace las veces de hiperespacio). Es un personaje que tiende a la indolencia y su resistencia a convertirse en protagonista dificulta un poco empatizar con ella, aunque las circunstancias la meten de lleno (de una forma más literal de lo que quiero expresar aqui para respetar la sensación de maravilla que supone ir desentrañando la madeja de esta historia) en el meollo de la cultura Arieka y no le quedará más remedio que convertirse en nuestra embajadora en el mundo alienígena de Miéville a lo largo de una aventura que reflexiona acerca del lenguaje y de como este influye sobre nosotros y sobre nuestra percepción del mundo.

El libro no está libre de problemas pero estos se acumulan en su primer tercio. El enfoque que tiene Miéville de la literatura fantástica parece ser la inmersión total, sin paracaídas, consejos ni guía de viajes, y eso convierte el primer tramo de la novela en un ejercicio de aprendizaje un tanto arduo que nos exige la asimilación de un nuevo vocabulario y de las normas de comportamiento de una sociedad realmente… extraña. Es un inicio interesante pero poco motivador a lo largo del cual el lector empieza a plantearse la posibilidad de que el libro no esté a la altura de las expectativas y es justo en ese momento en que el impulso de leer flaquea cuando la novela despliega sus alas y nos arrastra a un vuelo de la imaginación que no querremos que termine. Este esfuerzo inicial proporciona el bagaje necesario para embarcar al lector en un nudo y un desenlace de la novela que me parecen magistrales y dignos de contarse entre las mejores páginas que ha proporcionado el genero. ¿Que qué es ciencia ficción, Embassytown? Ciencia ficción eres tuuuuuuuuu…

La atmosfera y la ambientación de la novela son muy característicos de su autor, que no en vano está considerado como uno de los adalides del new weird. Su estilo es barroco y organicista y las imágenes que evoca parecen salidas de la obra de H.R. Giger. Miéville es un estilista con un gran dominio del lenguaje y de las riendas de una imaginación portentosa, que se deleita en lo extraño y en la manipulación de la percepción del mundo. En la práctica eso le convierte en un escritor exigente que tiende a la inaccesibilidad. Su prosa es inteligente y sin concesiones, pero puede resultar irritante si no se entra en su dinámica. No menos importante, la obra de Miéville (y Embassytown especialmente) rebosa ideas sugerentes e imaginativas, y este es una característica menos frecuente de lo que sería de suponer en un género como la ciencia ficción, descrita tantas veces como una “literatura de ideas”. La propuesta que hace China Miéville en Embassytown es tan cautivadora como la de los clásicos más transgresores del género y su calidad literaria es superior a muchos de ellos.

Mi opinión de China Miéville, de quien he leído Perdido Street Station y sus tres últimos libros (The City and The City, Kraken, Embassytown), no puede ser mejor. Le considero, con diferencia, el escritor vivo de ciencia ficción más prometedor y es al que sigo con mayor interés. Ninguna de sus obras que conozco está libre de problemas pero todas ellas merecen contarse entre las mejores novelas del género en sentido amplio y, de hecho, a menudo lo trascienden. El hecho de que casi ninguna de sus novelas se haya traducido al español suscita mi más absoluta estupefacción. Es posible que Embassytown sea su mejor novela hasta la fecha y no puedo sino animaros a leerla. Fue uno de mis libros preferidos en 2011 y es mi candidato ganador para los Hugo 2012.

Matrícula de Honor.

 

Edición reseñada

Embassytown
China Miéville
Macmillan (6 de mayo de 2011)
Versión Kindle

[Una versión en catalán de esta reseña apareció originalmente en la Biblioteca de Ilium en Tumblr. El motivo por el que la vuelvo a publicar traducida es su nominación en los premios Hugo 2012]

P.D. En el blog Pat’s Fantasy Hotlist se publicó una reseña con una visión diametralmente opuesta a la mía, por bien que compartimos algunas apreciaciones. Pat defencía una valoración global negativa y la idea de que la parte realmente interesante de la novela se encuentra en el primer tercio. Aunque está en inglés, la enlazo a título de curiosidad y para proporcionar un punto de vista diferente.

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