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Sorteo de ejemplar firmado de “Ocúltame entre las tumbas”, de Tim Powers

Recién llegado de la última Worldcon, que se ha celebrado en Londres estos últimos días, me encuentro con una sorpresa que hará de alguno de los seguidores de La Biblioteca de Ilium un lector feliz: gracias a Gigamesh puedo sortear un ejemplar firmado por Tim Powers del libro que la editorial barcelonesa publicará en setiembre, la novela Ocúltame entre las sombras. Además de estar firmada, esta edición tiene una portada diferente de la que se pondrá a la venta. Oricalco puro para un coleccionista, vamos.

A cambio, lo único que os pido para incluiros en el sorteo es que me respondáis, en los comentarios, a una de estas preguntas:

¿Cuál es vuestra novela preferida (o relato preferido) del subgénero steampunk y porqué?

¿Cómo definiríais vosotros el steampunk?

Solo aceptaré una participación por persona y podéis entrar en el sorteo hasta el próximo 31 de agosto a las 23.59h, momento en el que asignaré un número a cada participante y realizaré el sorteo usando la web random.org. La editorial se encargará de hacerle llegar al afortunado ganador su ejemplar del libro.

Le agradezco su amabilidad a Gigamesh y a vosotros… ¡Os deseo la mejor de las suertes!

Cubierta Ficción 054 - Ocúltame entre las tumbas 1.0 edición especial

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Concurso de reseñas en Libros y Literatura: Espejismo, de Hugh Howey

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Al igual que hizo el año pasado hacia finales de año, el portal de literatura Libros y Literatura ha organizado un concurso de reseñas en el que se pueden ganar lotes de libros y un Sony Reader PRS-T3. La novedad, este año, es que las reseñas tienen que ser de libros incluidos en la lista de mejores novelas de 2013 según Libros y Literatura, y que las reseñas de cada título sólo podran votarse durante un período de 24 horas. Podéis ver la lista de libros “reseñables” y el calendario de votaciones en este enlace, y las instrucciones generales del concurso en este. Atención: Las normas del concurso se han cambiado y ahora se puede participar con la reseña de cualquier libro.

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Ganador de Híbridos y Engendros

hyeYa podemos anunciar el nombre del ganador de Híbridos y Engendros, el segundo volumen de la autobiografía literaria de George R.R. Martin editado por Ediciones Gigamesh.

Y el ganador es…

¡¡¡Alfonso Junquera con el número 8!!!

Quien, siguiendo las instrucciones del concurso, nos ha explicado que el libro que le enganchó a esto de la literatura fantástica con el libro La Historia Interminable de Michael Ende, aunque luego entra en detalles y especifica un a serie de títulos a cual más interesnte

¡Buena elección!

En el sorteo han participado 73 personas y vale la pena detenerse en las respuestas de los participantes a la pregunta que les hacía (¿Cuál fue el libro que os convirtió en aficionados a la literatura fantástica?). Desde los libros de Harry Potter hasta los romances científicos de Julio Verne o H.G. Wells, la variedad es grande y se intuye un factor generacional que no podría demostrar. También abundan las aventuras estilo Dragonlance y (como sería mi caso) la popular serie de Las Fundaciones de Asimov. Por supuesto, la obra de Tolkien está más que bien representada. Es posible que sorprenda más (por más sofisticados) encontrarse con Clifford D. Simak, Philip K. Dick o Ray Bradbury. Y me gusta, me gusta muchísimo que nueve (¡nueve!) personas, entre ellas nuestro ganador Alfonso, hayan mencionado la maravillosa La Historia Interminable de Michael Ende como su puerta de entrada al género. De verdad, echadle un vistazo a las respuestas porque permiten remontarse a aquellos días en los que la magia de la fantasía era casi real.

Gracias a todos por participar y enhorabuena al ganador. Próximamente me pondré en contacto con él para arreglar el envío. Gracias también a Ediciones Gigamesh, por supuesto, por haberle facilitado a La Biblioteca de Ilium un ejemplar del libro para el sorteo.

¡Hasta el próximo concurso!

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Concurso de Reseñas de “Libros y Literatura”: ¡Todos a votar!

En la entrada anterior os anunciaba la participación de La Biblioteca de Ilium en el concurso de reseñas organizado desde la web Libros y Literatura. Hoy os anuncio que el período de votaciones lleva algunos días abierto y os animo a votar la reseña con la que participé (la de Narrenturm, de Andrzej Sapkowski, editado por Alamut Ediciones.).

Para votar solo tenéis que clicar aquí y seguir las instrucciones (creo que hay que hacerse amigo de la página o darle al gustar).

También os recuerdo que por el mero hecho de votar entraréis en el sorteo de 10 lotes de cinco libros, así que participar puede tener efectos colaterales muy positivos. El período de votación va desde el pasado 10 de diciembre hasta el 1 de enero de 2013.

¡El bibliotecario de La Biblioteca de Ilium os da las gracias por adelantado!

 

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Concurso de Reseñas de “Libros y Literatura”: Narrenturm, de Andrzej Sapkowski

Aunque no hace mucho que habéis podido leer (¿osaré decir disfrutar? No, no osaré) esta reseña, hoy la publico de nuevo para participar en el concurso de reseñas organizado desde la web Libros y Literatura. A todos aquellos que tengáis un blog dedicado a los libros o en el que publiquéis reseñas os animo a participar. Podéis acceder a las reglas del concurso clicando en el banner inferior, debajo del cual encontraréis la reseña de Narrenturm, de Andrzej Sapkowski, editado por Alamut Ediciones.

 

Narrenturm (Trilogía husita #1)

El fin del mundo no llegó en el Año del Señor de 1420, aunque señales muchas hubo de que así había de ser.

No se consumaron las aciagas profecías de los chiliastas que preveían con asaz precisión —para el año 1420, en el mes de febrero, en lunes, Santa Escolástica— la llegada del Fin. Mas pasó el lunes, vino el martes y tras él el miércoles, y nada. No llegó el Día del Castigo y la Venganza que había de anteceder a la llegada del Reino de Dios. No se liberó de sus prisiones al satán, aunque habían pasado mil años, y no salió éste para embaucar a las naciones de las cuatro esquinas de la Tierra. No murieron todos los pecadores del mundo ni los enemigos de Dios a causa de espada, fuego, hambre, granizo, de colmillo de bestia, de aguijón de escorpión o veneno de sierpe. En vano esperaron los fieles la llegada del Mesías en los montes Tabor, Carnero, Oreb, Sión y en el de los Olivos, en vano esperaron la nueva venida de Cristo las quinque civitates, las cinco ciudades escogidas que anunciaban las profecías de Isaías y por las cuales se tuvo a Pilsen, Klatovy, Louny, Slany y Zatec. No llegó el fin del mundo. El mundo no sucumbió ni estalló. Por lo menos no todo.

Y aún así se montó una buena

Narrenturm, la primera entrega de la Trilogía Husita, no es una lectura fácil, ni por el lenguaje ni por la densidad de la información que contiene sobre la revolución Husita en el siglo XV. De hecho, el libro debería venir con una advertencia: “No te desesperes con la introducción”. El tono despeja cualquier duda de que el sudor frío es exactamente lo que Sapkowski pretendía provocar con sus primeras páginas, pues las siembra con una densidad de nombres propios de sonoridad centroeuropea (es decir, impronunciables y difíciles de memorizar) y acontecimientos históricos capaz de amilanar al más pintado. Afortunadamente, y a pesar de que la novela condensa mucha información y en ocasiones es inevitable volver atrás para refrescar algún episodio, el texto enseguida adquiere un ritmo de trote con arranques de galope y hace muy difícil abandonar su lectura.

Este libro es una novela desconcertante y que evite el naufragio es el mejor testimonio posible de la habilidad de Sapwkowski como novelista. Las coincidencias inverosímiles y las salidas de tono parecen la materia prima de una historia que se regocija en el artificio y bebe de la tradición fantástica europea, repleta de brujas, duendes, criaturas del bosque y una inquisición más terrible que todo lo que persigue. Seguro que habéis leído libros que os han hecho pensar que el escritor lo tenía todo planeado desde el principio o, al contrario, que cuando se sentó a teclear no tenía ni idea de por donde le llevarían los antojos de las musas: con Narrenturm soy incapaz de pronunciarme. La planificación es evidente al nivel más general de la trama, pero la increíble energía que la propulsa de huída hacia adelante a huída hacia adelante parece fruto de una imaginación febril difícil de someter a la disciplina de un esquema previo. Esa vitalidad, combinada con el (sucio) detallismo maníaco con el que el autor describe la historia y el entorno, convierten la lectura de Narrenturm en una experiencia inmersiva al alcance de pocos escritores. Per si hablamos de la capacidad de inmersión del libro es inevitable referirse la traducción de Jose maría Faraldo, capaz de reproducir un lenguaje forzado en su sintaxis y en su léxico que trata de evocar la sonoridad y la forma de hablar de otras épocas. La traducción de Faraldo representa uno de aquellos casos en los que opinar sin ser filólogo es pecar de incauto. Yo no soy filólogo y sí incauto, pero reconozco que es fácil que lo que para mi es virtud para otro sea un defecto o, al menos, un obstáculo. Narrenturm es un libro que impone su propio ritmo de lectura, que obliga al lector a aminorar el paso para atravesar su cuello de botella lingüístico y examinar con detenimiento cada frase y cada palabra, cada arcaísmo, cada latinajo, cada delicioso vulgarismo que, sumados, convierten el artificio en pirotecnia de explosión lenta y despliegue pausado. Si os gustan las lecturas vertiginosas este NO es vuestro libro, a pesar de su carácter es aventurero y los acontecimientos se suceden sin pausa dando lugar a una “road movie” medieval de sorprendentes inmediatez y vivacidad. Otro de los aspectos peculiares de la novela tiene relación con sus protagonistas, tanto el principal (Reinmar de Bielau, conocido como Reynevan) como los secundarios (Scharley el monje-delincuente,  el enigmático Sansón Mieles, Urban Horn el espía o la valerosa Nicoletta). La interacción entre los tres primeros, especialmente, le da un carácter especial a la historia gracias a la lealtad un tanto inverosímil que les une. El contraste entre la ingenuidad y el idealismo de Reynevan, el cinismo antisocial de Scharley y la sabiduría casi extraterrenal de Sansón Mieles les convierte en un magnífico equipo cuya dinámica responde a una fórmula cómica sencilla que se adapta bien al componente de comedia de la historia: Reynevan se mete en líos, habitualmente de faldas, y Scharley y Sansón le rescatan. Esta dinámica se ajusta bien al carácter de comedia. De hecho son estos elementos (lenguaje, escenario, contexto, personajes) los que actúan de motor de la historia, pues Sapkowski renuncia a la estructura convencional de planteamiento-nudo-desenlace y, desde las primeras líneas, construye un enorme nudo que puede resultar un poco apabullante.

La Europa en la que transcurre Narrenturm se diferencia de la nuestra en que la magia es real (no, no creo en la magia…). Si existen otras diferencias respecto a la historia oficial a mi se me escapan. Estamos hablando de una magia arraigada en el folklore, de hechizos construidos a base de hierbajos y encantamientos en latín o lenguas muertas, dominio de brujos y brujas cuya queja es que “cada vez hay menos de nosotros” y que se prestan ayuda en el ocaso de su submundo lisérgico. Es la historia de la aparición de un nuevo orden que, a su vez, se promete mutable, basado en el control férreo de las creencias de la población por parte de una iglesia más cercana a las supersticiones que persigue que a la tecnología incipiente que guarda en su interior la capacidad de liberar al vulgo, aunque sea para saltar de la sartén a las brasas. Sirva como ejemplo la conversación entre Johannes Gutenberg y los protagonistas acerca de su nuevo invento: La imprenta:

—Perdón. —El gigante extendió las manos—. No pude evitar caer en la tentación… Siendo, lo queramos o no, testigos de un hallazgo que cambiará la faz de la época.

—¡Ja! —El rostro de Gutenberg se iluminó, como todo artista gustoso del halago, aunque fuera emitido por un ogro de aspecto idiota cuya cabeza alcanzaba el techo—. ¡Así será precisamente! ¡Y no de otro modo! ¡Porque imaginaos, nobles señores, libros doctos a decenas, y puede que alguna vez, por mucho que hoy suene ridículo, hasta en centenas! ¡Sin tener que copiarlos cansinamente y durante largos años! ¡La sabiduría humana impresa y accesible! ¡Sí, sí! Y si vos, nobles señores, apoyáis mi hallazgo, os prometo que precisamente vuestra villa, la hermosa Swidnica, será famosa por todos los siglos de los siglos como el lugar en el que se encendió la lámpara de la ciencia. Como lugar desde el que la ciencia se extendió a todo el mundo.

—Ciertamente —enunció al cabo Sansón Mieles con su voz amable y tranquila—. Lo veo con los ojos del espíritu. Una producción masiva de papel densamente cubierto de letras. Cada papel en cientos, y algún día, por muy ridículo que hoy suene esto, puede que hasta en miles de ejemplares. Todo reproducido multitud de veces y de fácil acceso. Mentiras, habladurías, calumnias, pasquines, denuncias, falsa propaganda y demagogia halagando al populacho. Toda maldad ennoblecida, toda nimiedad oficializada, toda mentira hecha verdad. Toda porquería, virtud; todo innoble extremo, revolución progresista; todo ocioso eslogan, sabiduría; toda bagatela, valores. Toda estupidez, reconocida; todo idiota, coronado. Porque todo estará impreso. Está en el papel, así que tiene poder, así que es de obligado cumplimiento. Fácil será comenzar esto, señor Gutenberg. Y desarrollarlo. ¿Mas detenerlo?

—Dudo que exista la necesidad —intervino Scharley con seriedad—. Siendo como soy más realista que tú, Sansón, no le auguro tanta popularidad al invento. E incluso si se llegara de hecho al resultado por ti profetizado, habrá cómo detenerlo. De modo simple como un cubo. De la forma más común y corriente, se creará un índice de libros prohibidos.

Gutenberg, quien no hacía mucho estaba radiante, se apagó. Tanto que a Reynevan le dio pena.

—No le auguráis entonces a mi hallazgo futuro alguno —afirmó al cabo con voz de ultratumba—. Con verdadero entusiasmo de inquisidor perseguisteis su lado más oscuro. E igualmente como inquisidores menospreciasteis sus más claras virtudes. Luminosas. Las más luminosas. Puesto que también se podrá imprimir y de este modo propagar con amplitud la Palabra de Dios. ¿Qué respondéis a ello?

—Respondemos —los labios de Scharley se torcieron en una sonrisilla burlona— como los inquisidores. Como los padres conciliares. ¿Qué, señor Gutenberg, que no sabéis qué es lo que proclamaron en lo tocante a esto los padres conciliares? La sacra pagina ha de ser privilegio de los clérigos, puesto que sólo ellos son capaces de entenderla. Fuera de ella las zarpas de los seglares.

—Os burláis.

Reynevan también pensaba lo mismo. Porque Scharley, al seguir hablando, no escondió ni su sonrisa burlona ni su tono irónico.

—A los seglares, incluso a aquéllos que muestran un punto de razón, les basta con los sermones, las lecciones, el evangelio del domingo, las citas, cuentos y moralidades. Y aquéllos completamente pobres de espíritu habrán de conocer las Escrituras con teatrillos, milagros, pasiones y vía crucis, cantando laudes y mirando las imágenes y las esculturas de las iglesias. ¿Y vos queréis imprimir las Sagradas Escrituras y dárselas al vulgo? ¿Y puede incluso que hasta traducida del latín a la lengua vulgar? ¿Para que todo el mundo pueda leerla e interpretarla a su modo? ¿Querríais que se llegara a ello?

—No tengo que quererlo en absoluto —respondió Gutenberg con serenidad—. Porque a ello ya se ha llegado. Y no muy lejos de aquí. En Bohemia. Y sea como sea como vaya discurriendo la historia, nada cambiará ya el hecho ni sus consecuencias. Lo queráis o no, estamos a las puertas de una reforma.

Y todo ello aderezado con el sentido del humor, me dicen que característico, de Andrezj Sapkowski, que combina la sutileza con la zafiedad y la escatología y consigue arrancar del lector las más grandes carcajadas. Entiéndaseme: el humor, oscuro, que impregna al libro es algo tan esencial, tan inherente a su mensaje de escepticismo y relativismo acerca de la naturaleza del progreso de la civilización, que no podría entenderse la novela sin él. Está en su médula desde su propio título, Narrenturm, “La Torre de los Locos”, ese edificio antiguo en el que se encerraban a los enfermos mentales y que funciona como metáfora, no sé si de la Silesia del S. XV o del conjunto de la Historia, pero que en cualquier caso captura muy bién la esencia de esta historia.

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