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The Postmortal, de Drew Magary

The Postmortal

Bajo una u otra forma, la inmortalidad forma parte del repertorio habitual de la ciencia ficción pero no recuerdo ningún título en el que sea el tema principal de una novela o, al menos, no con el enfoque de Drew Magary.

El punto de partida de The Postmortal (publicado en español con el título Eterna Juventud por Minotauro) es simple: de forma casi accidental la humanidad descubre un tratamiento que interrumpe el proceso de envejecimiento convirtiendo a todos aquellos con acceso a él en post-mortales de facto. La muerte sigue siendo una posibilidad, pero morir de viejo deja de ser inevitable y el impacto de esa nueva realidad, cada vez al alcance de más gente, lo cambia todo.

La propuesta de Drew Magary es una lectura absorbente, sugerente y… deprimente. A partir de una idea a la que pocos le haríamos ascos (¿o no os habéis planteado nunca las ventajas de la inmortalidad?) Magary advierte del peligro de conseguir nuestros deseos, al menos bajo las particulares condiciones en las que la inmortalidad irrumpe en este libro. En el mundo post-mortal de Magary la falta de fecha de caducidad de la especie parece más una prórroga que una auténtica eliminación. Ningún área de la existencia humana, psicológica, sociológica o ecológica, escapa a las consecuencias de la cura del envejecimiento y del ciclo de muerte y renovación que nos vincula al planeta y a nuestros semejantes. No pretendo estropear el placer (la angustia) que supone ir descubriendo esta sociedad post-mortal pero tratad de imaginar, por un momento, que podría significar para el mercado laboral la desaparición de la necesidad de jubilación, o la irrelevancia del concepto de más allá para las religiones o de algo tan preocupante hoy en día como la superpoblación si el flujo de nacimientos no se ve compensado, al menos en parte, por la desaparición de parte de la población. Por no hablar de la fuente de desigualdades que puede provocar la falta de acceso al tratamiento de las clases más desfavorecidas. La inmortalidad como algo al alcance la sociedad no es algo nuevo en el imaginario de la ciencia-ficción pero suele darse en contextos en los que la falta de espacio o recursos vitales no son un problema, ya sea a través de la colonización de otros planetas (como sucede en algunas novelas de Alastair Reynolds o Peter F. Hamilton) o por el traslado de la conciencia a soportes no biológicos autosuficientes (los ejemplos son innumerables pero sólo mencionaré a mi apreciado Greg Egan). Suele ser, en definitiva, una ventaja indudable. La novedad del libro de Magary es convertir el planeta post-mortal en una olla a presión. La cura del envejecimiento llega demasiado pronto y la bendición se torna maldición, desviando la utopía hacia una distopía sorprendentemente descorazonadora.

La estructura de la novela responde a un artificio que para mí no acaba de funcionar, aunque mi valoración general del libro es muy positiva: el descubrimiento, once años después del fin del libro, de la tableta personal de John Farrell en la que escribió sus pensamientos durante los últimos 60 años de su vida, los 60 años posteriores al descubrimiento de la cura del envejecimiento. El prólogo explica que Farrell era una persona muy meticulosa que utilizó una aplicación llamada LifeRecorder para registrar todas sus interacciones personales, editadas luego para darles la forma de libro con la que ha llegado a nuestras manos. Me imagino que el objetivo de este pretexto es aumentar la ilusión de realismo de la narración pero para mi es un esfuerzo innecesario y lo que consigue es todo lo contrario. Por mucho que el propio texto justifica la meticulosidad con la que se han consignado los diálogos y los pensamientos de Farrell, a medida que avanza el libro se vuelve más y más difícil imaginar que este perdiera un solo momento en elaborar su archivo. Pecata minuta que no va más allá del prólogo y que no afecta para nada al funcionamiento del resto de la historia. De hecho, aunque el interés de lo que explica se mantiene a lo largo del conjunto del texto, la acumulación inicial de textos más o menos inconexos dedicados a explicar la difusión y el impacto de la cura va ganando en potencia a medida que la narración de John Farrell se vuelve más personal. Para mi, a pesar de que me han llegado opiniones opuestas, la historia va de menos a más hasta alcanzar un clímax final fenomenal. Hay aspectos concretos del argumento que no estoy seguro de creerme del todo, especialmente en relación con su vida sentimental hacia el final del libro, pero que aumentan la complejidad del libro en el plano emocional y energizan el desenlace. El estilo de escritura de Drew Magary es transparente y funcional, sin aspavientos pero sin problemas evidentes. La concatenación de capítulos muy breves le da al libro un ritmo ágil que seduce y aumenta la sensación de cambio vertiginoso que sufre la sociedad a partir de la aparición de la cura. Me ha parecido un debut muy interesante y sin duda estaré pendiente de su próximo libro.

¿Os ha pasado alguna vez, al hablar de un libro o una película, que os dáis cuenta de que el libro ha dejado una huella mayor de lo que pensábais mientras lo leíais? Es lo que me ha ido pasando a lo largo de la semana que he tardado en ordenar mis ideas e ir escribiendo esta reseña. No es algo que suceda siempre (incluso puede darse el caso contrario, como me pasa a mi con los libros de Patrick Rothfuss) y en mi experiencia significa que el libro es más de lo que parece en primera instancia, que explica algo que merece ser explicado y por ello merece ser leído. The Postmortal cala. Hace pensar seriamente en cosas que, por otro lado, no estan tan lejos del alcance de la ciencia. Es una lectura ágil que no requiere más de 3 o 4 tardes pero que acompañará a nuestra imaginación durante largo tiempo. Le caen 4 de las 5 estrellas posibles de Goodreads y recomiendo vivamente su lectura.

 

Edición reseñada

The Postmortal
Drew Magary
Penguin Books (30 de agosto de 2011)
369 páginas

 

Edición en español

Eterna Juventud
Drew Magary (Traducción de José Elías Álamo Gómez)
Minotauro (10 de abril de 2012)
368 páginas

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