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Agradecimientos varios y convocatorias abiertas

antologíasHoy se ha publicado en el blog de Literatura Fantástica RBA mi último artículo, que lleva por título Las antologías y la literatura fantástica. Os animo a leerlo y a hacerme llegar vuestros comentarios. Hace tiempo que lo llevaba en la cabeza y la verdad es que he disfrutado tanto escribiéndolo como documentándolo. Si lo he disfrutado tanto ha sido, en buena parte, por las colaboraciones magníficas que he conseguido. En el artículo no he encontrado sitio para hacerlo, así que aprovecho este espacio personal para agradecerles su tiempo a Marian Womack de Nevsky Prospects, a Pablo Mazo de Salto de Página, a Susana Arroyo y Silvia Schettin de Fata Libelli, a Mariano Villarreal del Proyecto Terra Nova y a Marchetto de Cuentos Para Algernon. Si el artículo es especial (yo creo que lo es) es gracias a ellos, mientras que cualquier equivocación en el planteamiento es mío y solo mío. Total, que gracias, que ha sido un placer y no lo digo por decir.

Como siempre, quien más aprende con estas cosas es quien las escribe. Me han parecido fascinantes las diferencias en la situación de las antologías (y el relato en general) entre países y en otra ocasión me gustaría profundizar en el tema de las revistas pulp. Estos días estoy leyendo The Way the Future Was, la autobiografía de Frederik Pohl, y su descripción del mundo de las revistas de ciencia ficción en los años treinta y siguientes en los Estados Unidos me tiene totalmente absorto. Vaya por delante mi amenaza: me veréis hablar más de este tema.

Otra cosa que quería hacer en esta breve nota es compartir dos informaciones que deberían interesar a todos los aficionados a la escritura de literatura fantástica. Por un lado, os animo a visitar la convocatoria de la antología The Best of Spanish Steampunk que planea publicar Nevsky Prospects a través de su sello Fábulas de Albión. Se pueden enviar relatos entre el 1 de setiembre de 2013 y el 1 de enero de 2014, y los relatos seleccionados serán traducidos al inglés y publicados en el mercado internacional. Me parece una iniciativa muy interesante y os animo a visitar el enlace para leer la convocatoria completa y a hacer difusión de ella.

Por otra parte, también se ha abierto la convocatoria para el volumen 3 de Terra Nova, que esta vez se publicará bajo el sello Fantascy de Random House Mondadori. Aquellos de vosotros que queráis probar suerte y enviar vuestros relatos podéis hacerlo a la dirección de correo electrónico originalesfantascy@rhm.es o a literfan@yahoo.es especificando en el asunto ” Para la antología Terra Nova “. Aunque no he encontrado una convocatoria oficial a la que enlazar, en El Rincón de Koreander podéis leer lo que se dijo al respecto en la presentación del segundo volumen que tuvo lugar en Avilés durante el Celsius 232. En el siguiente enlace encontraréis esta información, además de la tabla de contenidos del segundo volumen y su portada (que no me enamora).

Finalmente, ya se ha abierto la convocatoria para el volumen Visiones 2013. Esta vez es temática (el tema es Un Ambiente Lovecraftiano) y la selección corre a cargo del equipo de Sedice.com. Podéis leer la convocatoria aquí. Después de hacer de seleccionador en la edición anterior me pregunto si en Sedice.com saben la que se les viene encima…

Lo dicho, os invito a leer el artículo sobre las antologías y a comentarlo, le agradezco su enorme ayuda a todos los participantes (y a los compañeros que han hecho de lectores cero y me han enviado sus recomendaciones. No me olvido —nunca— de vosotros) y os animo a enviar vuestros relatos a las convocatorias mencionadas.

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Reseña de El Rey Trasgo, de Alberto Morán Roa

La portada de Barb Hernández, nominada a los Ignotus 2013.

La portada de Barb Hernández, nominada a los Ignotus 2013.

Ya hace varios meses que El Rey Trasgo me mira desde la estantería del despacho. He tardado en ponerme con él a pesar de las muchas ganas que le tenía, en parte por reseñas como esta de Alexánder Páez en Donde Termina el Infinito o la de Sergio Llamas en El Rincón de Koreander. Es uno de los libros de género fantástico español del año pasado que más quería leer, aunque al final mi experiencia lectora ha sido un tanto agridulce. No obstante, y a pesar de los peros que le pondré a la novela de Alberto Morán Roa a lo largo de la reseña, mi tendencia es ver el vaso medio lleno. Quiero pensar, eso sí, que esto no es lo mejor que puede dar la fantasía en nuestro país. Si lo fuera el género estaría condenado.

Una advertencia a cualquier lector de esta reseña: la compuerta de los espoilers está abierta en toda su amplitud. No voy a dedicar ningún esfuerzo (normalmente sí lo hago) a ocultar detalles de la trama. Lo he intentado y he visto que eso me impide hablar de las cosas que me reconcomen desde que leí el libro y decidí que quería reseñarlo. No sufráis todavía: si sois spoilerfóbicos (hola Leemaslibros) podéis seguir leyendo este párrafo. Cual estudiante de periodismo que acaba de descubrir la pirámide invertida comenzaré por la conclusión: Le recomiendo el libro a todo aficionado al género, especialmente a su vertiente más fantástica, y tendría más reservas con públicos más amplios. El punto fuerte del libro es su argumento. Si eso es lo que buscáis en una novela no váis a tener problemas, argumento hay para repartir y que sobre, y además es interesante, imaginativo en su mayor parte y emocionante, con la dosis de coitus interruptus que este tipo de historias seriadas acostumbran a tener. Los problemas del libro están en su estructura (descompensada), en su prosa (amanerada) y en cierto apresuramiento molesto en algunas partes del texto. No pretendo parecer elitista: es mejor novela que la que yo escribiría y una primera novela mejor que muchas de autores apreciados con varias a sus espaldas. Lo que me pasa, creo, es que me parece que Morán Roa puede dar mucho más de así. Lo creo de verdad, en El Rey Trasgo están todas las señas de que tiene madera de escritor, pero aún le falta camino por recorrer. Como debe ser, por otra parte.

Ahora vamos a por los spoilers prometidos.

El inicio y la estructura

La novela arranca con un brillante falso inicio que en dos páginas hace más por construir un personaje que el resto del libro entero, un artificio en el que uno de los protagonistas de la novela lee una novela de fantasía dentro de la novela de fantasía sin que el lector lo sepa. Eso, por cierto, queda claro a lo largo del libro: a Alberto Morán Roa le gusta la metaficción. El tono de parodia de esta introducción es excelente, tanto que es imposible no sentir pavor ante la perspectiva de leer todo un libro así: no me pude resistir a grabar un ejemplo. Sed compasivos, por favor.

A partir de aquí la novela continúa con varios cambios de registro que alcanzan resultados dispares. La historia se explica a través de varias líneas argumentales prácticamente independientes, conectadas solo por la figura del Rey Trasgo, una especie de duende con esteroides que reina sobre el resto de su raza en la montaña. El problema con esta estructura es que no todas las historias son igual de interesantes y el resultado final cojea. La relación  entre las cronologías, entre los tempos, se me antojó confusa hasta bien avanzada la novela, cuando los acontecimientos despejan toda duda, y creo que algo tan sencillo como incluir algún tipo de fecha al principio de cada capítulo lo hubiera dejado todo más claro . Así, la novela alterna entre las historias de Kaelan y la Ciudadela; la historia del erudito Tobías, el viejo Helmont y el misterioso Mirias; y la historia de unos viajeros perdidos en el laberinto de cuevas en el interior de la montaña de los trasgos, explicada mediante un diario viejo encontrado y leído por Tobías. No sé como se ha escrito el libro, si de forma más o menos lineal o a partir de una de las historias y construyendo el resto alrededor, pero si tuviera que apostar me inclinaría por la segunda opción, porque las virtudes y los problemas de cada una de ellas son muy diferentes. Aunque me voy a referir a cada parte como un bloque independiente el libro salta de una a otra.

La Ciudadela: un USS Enterprise de fantasía

La Ciudadela. Magníficamente pintada por Óscar Pérez.

La Ciudadela. Magníficamente pintada por Óscar Pérez.

La Ciudadela es la mejor idea de toda la novela y la que tiene más potencial, por más que no lo alcance del todo. La Ciudadela (magníficamente ilustrada en la imagen que acompaña estas líneas, sacada de la web del autor) es una gran roca flotante habilitada como instrumento de guerra y dotada de un puente de mando digno del Enterprise de Star Trek (!), una especie de islote volador de origen misterioso (hasta que el libro lo aclara) convertido en arma de destrucción masiva por una coalición de naciones enfrentadas a Kara, un imperio rival más poderoso que las amenaza. El conflicto con Kara es poco más que un pretexto que se resuelve rápidamente y la novela pasa a centrarse en algo mucho más interesante: las tensiones entre las naciones al mando de La Ciudadela. Mientras unas pretenden usarla como elemento disuasorio para mantener la paz, otras desean convertirla en arma de guerra para erigirse en la nación más poderosa del mundo. Esto da pie a una serie de intrigas y conspiraciones que conoceremos a través de los ojos de Kaelan, a quien conocimos leyendo un libro de fantasía, un capitán que a lo largo de los meses progresará en su carrera militar hasta convertirse en uno de los tres comandantes de la roca.

Kaelan es un personaje carismático (nos dicen más que nos muestran) con el que no resulta difícil simpatizar, pero sin una contrapartida igualmente atractiva entre sus rivales. Lo mejor de esta parte es el entorno y el sentido de la maravilla, aunque esté desperdiciado por razones a las que me referiré en un momento. Lo más interesante es que trate un tema más propio de la ciencia ficción que de la fantasía (y que nadie dude en corregirme si lo cree menester): Las armas de destrucción masiva y sus implicaciones reales y éticas. Es algo en lo que no había pensado nunca antes, pero la fantasía épica parece un género especialmente adecuado para hablar de él. En El Rey Trasgo se nos muestran más las intrigas políticas que las consecuencias del uso de la Ciudadela, y su destrucción me lleva a pensar que en la segunda novela no se profundizará mucho más en el tema, pero me gustaría ver cuales son sus consecuencias. Y aunque he tenido que pensarlo un poco, también me gusta la transformación de Kaelan en el héroe (o uno de ellos) del segundo libro, especialmente por los elementos de worldbuilding que contiene en pocas páginas sobre la parte sobrenatural del mundo. Incluso le perdono el Deus Ex Machina.

Mi principal reproche a los capítulos de la Ciudadela es el apresuramiento con el que están narrados, prácticamente de batalla en batalla y sin prestar atención al entorno general. Así renuncia a buena parte del sentido de la maravilla (o del horror) que podría conseguir y, de hecho, algunas de las mejores escenas de estas secciones son las que se explican desde puntos de vista externos: los soldados del ejército karense viendo como la Ciudadela se acerca a ellos con su carga de muerte inescapable, o los ciudadanos de Thorar al darse cuenta de la amenaza que pende sobre sus cabezas. Otras escenas, como el encuentro entre Kaelan y el cirujano responsable de injertarle un brazo mecánico, funcionan mal por culpa de una falta de trabajo previo que prepare el terreno para la relación entre ambos, y cosas similares pueden decirse de encuentros similares. En general, en esta sección la prosa de Morán Roa peca de afectada y, para mi gusto, fuerza demasiado el estilo en busca de un tono épico al que le falta algún ajuste para funcionar de verdad.

El erudito Tobías, el librero Helmont, Mirias el misterioso y la música del azar

Esta es la segunda parte del libro y la que menos me gusta. Es la más problemática, la menos interesante y lamento no poder decir mucho bueno de ella. A ver, pasemos rápido el mal trago: es aburrida, los personajes son esquemáticos y tiene más casualidades que hojas en el suelo de un robledal en lo más crujiente del crujiente otoño. Más que una subtrama parece una excusa para tener a una serie de personajillos a punto para el segundo libro, pero en el actual no sirve más que de marco para la tercera (y la mejor) de las subtramas, narrada en el diario de viaje descubierto por Tobías, por CASUALIDAD, en la librería de su amigo Helmont. También sirve para esconder primero y revelar después un personaje que no hace nada durante la mayor parte de la historia pero al que solo le falta un letrero luminoso (parpadeante) que diga “¡ESTE TÍO ES IMPORTANTE!”. Se trata de Mirias, un nigromante encerrado en si mismo que NUNCA duerme y NUNCA habla y que vive bajo el techo de Helmont, que le dio cobijo años atrás. Más tarde descubrimeros que fue Mirias quien creó al Rey Trasgo, que a su vez creó La Ciudadela como herramienta que le permitiera dominar el mundo. ¿Os he dicho que la desaparición de la mujer de Tobías parece ser similar a la desventura narrada en el diario? Casualidad.

El comportamiento de los personajes también es un poco forzado. El diario es lo mejor de El Rey Trasgo, pero no puedo decir lo mismo de su descubrimiento o, al menos, de la reacción de Tobías al leer el primer párrafo del mismo:

No pudo seguir leyendo. Estaba perplejo, confundido y asustado. ¿Qué era aquello? Retrocedió unas cuantas páginas.

«Octavo día del mes de Luya.» 

Tobías reaccionó con genuina sorpresa, que se mezcló con el miedo que bullía en su interior. Aquel libro era un diario.

Que sí, que es un diario y que lo que explica puede ser bestia, pero el tal Tobías es un incontinente emocional que ni siquiera se plantea que el diario pueda ser falso, y así se mantiene durante el resto del libro. O sea: poco creíble. La cosa parece mejorar cuando Tobías trata de seguir el camino descrito en el diario en busca del destino de su mujer… pero luego se reactiva Mirias y todo se va al carajo, para bien y para mal.

Los capítulos de esta subtrama me parecen poco trabajados en todos sus niveles. Por suerte está el diario.

Un viaje lleno de desgracias y el Rey Trasgo

Kaelan, un tío que cae bien y que se va a enfadar mucho.

Kaelan, un tío que cae bien y que se va a enfadar mucho.

El diario que tanto impresiona a Tobías contiene un relato de terror estupendo con su principio, su desarrollo y su final. Explica la historia de un grupo de viajeros perdidos en el interior de una montaña que descienden por las grutas de los trasgos y se enfrentan a la locura a medida que se van quedando sin provisiones y los pequeños monstruos dan cuenta de ellos. Es una ficción dentro de la ficción y Morán Roa ha dado, aquí sí, con el tono perfecto. La narración funciona, la atmósfera es opresiva y los personajes se comportan de forma lógica. Es más, la progresión de la historia desde el inicio del viaje hasta llegar a las grutas es impecable y el estilo de Morán Roa fluye de forma natural y controlada, sin esa sensación de esfuerzo excesivo por impresionar con el dominio del lenguaje que afecta al resto del libro. Y da miedo, que es de lo que se trata. La única crítica que le puedo hacer a esta parte del libro es que requiere cierto esfuerzo de suspensión de la incredulidad para aceptar el artificio del diario (¿cómo conserva su autor la sangre fría para conservarlo?), pero no es grave.

A través de esta historia conoceremos a los trasgos y a su rey, el especial personaje que da título a la saga. Dotado de un gran poder mágico y una inteligencia muy superior a la de sus súbditos, el Rey Trasgo espera en la cima de la montaña a que los humanos acarreen su propia desgracia usando La Ciudadela que él creó. Al final del libro, claro, se sale con la suya y el mundo queda marcado por una enorme cicatriz y preparado ser invadido por una plaga de trasgos (de los cutres, de los tontos). El Rey Trasgo es puro anime. Su personalidad histriónica, su explosión de poder al final del libro, todo lo que sabemos de él… me resulta imposible no imaginarlo dibujado por Akira Toriyama o salido de un manga guardado justo al lado de los de Full Metal Alchemist, otro tebeo japonés que resuena en algunos aspectos de la novela. Es  un personaje divertido y caracterizado con un mimo evidente, aunque su integración con el resto de la novela es precaria y, hasta que desencadena el apocalipsis, es poco más que un recordatorio ominoso de un terrible (y poco claro) destino que aguarda al mundo. No cabe duda de que su importancia será mayor en la siguiente entrega. De momento es poco más que una promesa, pero no lo digo como crítica negativa sino como descripción de su papel. Más allá de disfrutar del personaje me cuesta valorarlo más hasta que no haya leído más de la saga.

El libro en movimiento y su director de orquesta

Como para no tenerle miedo...

Morán Roa. Como para no tenerle miedo…

Para mí, el principal problema del libro es que el todo no es mayor que la suma de sus partes. Tampoco es menor, ojo, pero el conjunto no funciona como un todo orgánico. Es una novela llena de buenas ideas y con escenas y pasajes concretos fenomenales, que consigue cerrar las tramas principales anticipando lo justo para dejar al lector con ganas de más, pero su ejecución es desigual y se le ven las costuras. Tal vez sea un libro demasiado ambicioso, no lo sé, pero el caso es que se le ven demasiado las costuras. Me encantaría saber cual ha sido el proceso de escritura, porque mi sensación es que ha sido escrito por capas y que no todas están igual de trabajadas. Ya digo, eso no es más que una impresión. Es probable que esté equivocado.

Lo cierto es que siento una gran curiosidad por ver si Morán Roa va un poco más allá en la segunda entrega, que leeré con ganas tanto por esta curiosidad como por las puras ganas de saber como sigue la historia (y esto en si mismo ya es un triunfo de El Rey Trasgo). Es un autor al que seguiré. Creo que tiene ante sí un camino ascendente. Tiene que encontrar su voz de verdad, la que suene natural, pero es evidente que tiene voluntad de estilo y, hasta donde yo puedo juzgar, madera de escritor.

Además parece un Highlander, así que si me lo vuelvo a encontrar por la calle huiré como la cobarde sabandija que soy, no fuera a ser que hubiera leído esta reseña y tuviera su espada a mano. 

PD. Esta lectura ha formado parte de la lectura conjunta organizada en el blog El Sueño del Dragón.

Barb Hernández

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Lanzamiento del Sello VerdHugos

Antes de que os vayáis de vacaciones queremos lanzar la que sin duda es la mayor novedad del año: ¡el sello VerdHugos!
No, no vamos a vender ni editar nada. Ni siquiera nuestro podcast, si podemos evitarlo. Este es un sello de lectores, para lectores.
La idea es simple (lógico: es nuestra). Ya nos conocéis a los cuatro. Ya sabéis de qué pie cojea cada uno, quién coincide más con vuestros gustos y quién menos. Si uno de nosotros recomienda una novela, es casi seguro que será un buena novela. Casi.
¿Pero si la recomendamos los cuatro?
El sello VerdHugos se otorgará sólo a aquellos libros, antiguos y nuevos, que, de manera unánime, se consideren excepcionales por los cuatro VerdHugos. Sobresalientes. Estupendos. Libros que todo el mundo debería leer. No basta con que sean buenos o notables: han de destacar. Tenemos muchos candidatos y por supuesto escucharemos vuestras sugerencias. Stay tuned!
Para ilustrar el concepto, hemos rogado al descomunal Javier Hansard, nuestro artista favorito, que diseñara una imagen para la ocasión. ¡Y nos ha creado varias! El sello VerdHugos se pone en marcha. La semana que viene, el primer título al que se lo otorgamos. Se aceptan apuestas.

SelloVerdHugos

 

SelloVerdHugosNombres

 

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WallpaperVerdHugos

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Nace El Fantascopio

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Un fantascopio es el instrumento que utilizan los fantascopistas para observar el género fantástico. Nadie lo ha visto, pero todos lo intuyen. Lo cierto es que se metamorfosea de acuerdo a la capacidad imaginativa de cada fantascopista.

Esta es la presentación de El Fantascopio, una página de Facebook recién nacida de las mentes de Elías Combarro (Sense of Wonder), Alberto Fernández Olmedo (@A_pHOBOS), Félix García (El Almohadón de Plumas), Cristina Jurado (Más Ficción Que Ciencia), Fernando Martínez Gimeno (Deprisa, Deprisa), Josep María Oriol (Voracilector), Pedro Román (Leemaslibros) y yo mismo, Miquel Codony.

Nuestro objetivo es crear una plataforma que favorezca el diálogo en torno a la literatura fantástica, en sentido amplio, y facilite el compartir los muchos contenidos que, día a día, aparecen por la blogosfera. Aunque nuestros blogs estarán muy presentes en El Fantascopio, nuestra intención es que vaya más allá de ellos y que todo aquel dispuesto a compartir y debatir se encuentre cómodo en este espacio.

Os invitamos a que entréis, busquéis un buen sitio, disfrutéis y participéis. Y no os olvidéis de echarle un vistazo al magnífico banner que Alejandro Colucci nos ha prestado para inagurar el invento.

¡Bienvenidos!

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Gigamesh publica los relatos de George R.R. Martin

Ya sé, ya sé, os dije que la anterior sería la última entrada del año pero… luego uno se entera de que Gigamesh va a sacar la primera parte del Dreamsongs: A RRetrospective de George R.R. Martin y ya ves, no se puede resistir a la emoción de explicarlo… Y lo voy a hacer, aún a riesgo de que lo toméis como inocentada.

Y no es que sea el primero en decirlo, ya corrían por twitter y publicaciones como Scifiworld algunas voces que lo anunciaban, el propio Antonio Torrubia lo apuntó al hablar de sus libros preferidos de 2012 en el blog de Literatura Fantástica RBA y en la página de facebook de Ediciones Gigamesh han puesto la portada como imagen de cabecera. Sin embargo, por si acaso alguien no se ha enterado todavía, ahí va la noticia.

Luz de estrellas lejanas

Efectivamente, el 4 de enero Gigamesh publicará Luz de estrellas lejanas, la primera parte de las antologías Dreamsongs. En este volumen el popular autor de Canción de Hielo y Fuego demuestra que su leyenda comenzó a gestarse muchos años antes de su popular saga y adopta un enfoque autobiográfico para presentar una selección de su mejor narrativa breve, explicando sus experiencias durante su trayectoria como escritor y numerosas anécdotas de sus años como estudiante, además de hablar de su afición al cómic y de aquellos escritores (desde Robert A. Heinlein hasta J.R.R. Tolkien) que más le influyeron en su carrera. A este volumen le seguirán Híbridos y engendros y Un corazón atribulado, completando las tres entregas de la autobiografía literaria del autor.toc

Acompañando a este artículo podéis ver la magnífica portada diseñada por Alejandro Terán y una captura de la primera parte de la tabla de contenidos del volumen publicada ayer en la página de facebook de la editorial. La segunda parte de los contenidos, anuncian, será publicada hoy mismo. Como véis, la selección incluye títulos tan populares como Una canción para Lya, La ciudad de piedra o El camino de la cruz y el dragón. Sin duda se trata de un volumen goloso.

No envidio a los libreros de Gigamesh lo que les espera los días antes de Reyes…

Y si hoy no os creéis la noticia, os invito a pasaros de nuevo por aquí mañana.

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Redemption in Indigo, by Karen Lord

(Disclaimer: English is my second language, so I want to apologize in advance for there may be mistakes in the text below. If you find any, please let me know so that I can correct it. I’d really appreciate it. Thanks.)

‘I am a storyteller. I travel to collect stories, and I return to tell the stories of one place to the people of another. That is the important part of the trade. You must never tell people their own stories. They have no interest in them, or they think they can tell them better themselves. Give them a stranger’s life and then they’re content.

Redemption in Indigo Sometimes, some books take us back to that territory of the Realm of imagination where our love for fiction was born. We may have preserved some hold on it through our whole life, but I reckon that we tend to impede the accesss to that Realm with no end of obstacles named sophistication, cynicism, realism, avant-gardism, postmodernism, conventionalism, deconstructivism o whatever your favourite group of -isms might be. Far be it from me to deny the virtue in any of those resources when adequately used, and indeed I’m among the firsts to joyously raise my little finger whent the breakthrough writer of the day manages to surprise me with his or her last rethorical pirouette. But when a writer is able to manage that same level of surprise using the exact opposite mechanism, writing a seemingly straightforward -never less than elegant- text, so firmly grounded in the tradition of oral storytelling, as this Redemption in Indigo written by Karen Lord, both my pleasure and my admiration skyrocket.

Redemption in Indigo is a short novel that reminds me, in several ways, of “A Christmas Carol” by Charles Dickens in reverse. The novel depicts a world bursting with djombi -more or less benign or malignant spirits of shifting loyalties- whose eternal lives are devoted to help (or to pester) humans. We will follow one of these djombi whose faith in the human kind has withered in his dealing swith Paama, a coraugeous woman who has confronted tradition in order to flee a husband ruled by gluttony. While this is not an indulging novel, it has an undisguised positive attitude and a willingness to convey a moral, though who is the character in the story to whom the lesson is addressed is a curious choice (hence my mention to a reversed “A Christmas Carol”). My guess is that the tone of this story will remind most readers of some well-known fables read in some form or other. The narrative voice of Lord perfectly matches this approach and one of her achievements is to endow her invented world with a complexity that doesn’t condone the folklore character from which some of the uniqueness of the text derives, perhaps (I wouldn’t dare to be categorical about that) arising from the Caribbean origin of Karen Lord. And, as so often happens in the movies, once the credits are complete a little epilogue is found both surprising and enticing, that leaves us asking for more, more, more!

Redemption in Indigo What will you find in Redemption in Indigo? Magical objects, spirits disguised as animals, three (as custom has it) elderly priestesses that in my european tradition would be either good witches or goodfairies, Chaos sticks, ghosts, exotic landscapes, instant teleportation, time travel! What you will realy find is a magnificent tale that will help you remember why imagination is important. Karen Lord writes in a style both straightforward and elegant, chosing a very personal narrative voice that addresses the reader breaking the fourth wall whenever she deems it necessary. I have some minor issues with a character whose appearances throughout the story seem a little bit discordant to me, but I blame my limitations rather than the text itself. Overall, this is a really impressive debut, owing in no small part to its simplicity. I highly recommend it to anyone interested in fantastic literature.

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Redemption in Indigo, de Karen Lord

‘I am a storyteller. I travel to collect stories, and I return to tell the stories of one place to the people of another. That is the important part of the trade. You must never tell people their own stories. They have no interest in them, or they think they can tell them better themselves. Give them a stranger’s life and then they’re content.

Redemption in IndigoAlgunos libros nos llevan de regreso a ese territorio de la imaginación en el que nació nuestro amor por la ficción. Aunque podamos no abandonarlo nunca del todo, a veces la intuición me sugiere que tendemos a obstaculizar el acceso a ese reino mediante un sinfín de obstáculos que llamamos sofisticación, cinismo, realismo, vanguardismo, postmodernismo, convencionalismo, deconstructivismo o vuestro grupo favorito de -ismos. No seré yo quien discuta la virtud de cualquiera de estas herramientas cuando su uso es adecuado y soy el primero en alzar el meñique con gozo cuando el autor revelación de turno me sorprende con su última pirueta retórica, pero cuando un escritor (o, en este caso, escritora) consigue sorprenderme utilizando el recurso inverso, con un texto que aparenta ser sencillo y nunca es menos que elegante, que bebe tan directamente de la tradición oral, como el Redemption in Indigo escrito por Karen Lord, mi placer y mi admiración se multiplican.

Redemption in Indigo es una novela breve que, en muchos sentidos, me hace pensar en un reflejo inverso del “Un Cuento de Navidad” de Charles Dickens. La novela propone un mundo repleto de djombi, espíritus más o menos benignos o malévolos de lealtades cambiantes que pasan la eternidad ayudando o perjudicando a los humanos, y nos explica la relación entre un poderoso djombi que ha perdido la fe en la especie humana y Paama, una valerosa mujer que se ha visto obligada a enfrentarse a la tradición para alejarse de un marido cuya vida está completamente dominada por la gula. Aunque no se trata de una novela complaciente, el tono de la historia tiende sin disimulo a lo positivo y su voluntad de transmitir una enseñanza moral es evidente, aunque quién es el destinatario de esa enseñanza no deja de ser curioso (de ahí mi referencia a “Un Cuento de Navidad”). En este sentido recuerda a numerosas fábulas o cuentos que en una forma u otra todos conoceremos y la voz narrativa de Lord se adapta perfectamente a este formato. Uno de los logros de la autora es saber dotar de complejidad su mundo inventado sin renunciar al tono de folklore que le da su carácter especial, atribuible tal vez (no me atrevería a ser categórico al respecto) al origen caribeño de Karen Lord. Y, como sucede tan a menudo en el cine, después de los títulos de crédito hay una pequeña escena que deja con la boca abierta y con ganas de más, más, ¡más!

Redemption in Indigo¿Que encontraréis en Redemption in Indigo? objetos mágicos, espiritus disfrazados de animales, tres (como manda la costumbre) viejas sacerdotisas que en la tradición europea serían brujas buenas o hadas, varitas del caos, fantasmas, exotismo, cambios de lugar instantáneos, ¡viajes en el tiempo! Lo que de verdad encontraréis es un magnífico cuento que os ayudará a recordar porqué era importante eso de la imaginación. Karen Lord tiene un estilo sencillo pero elegante y adopta la voz de un narrador muy personal que interpela al lector atravesando la cuarta pared siempre que le resulta conveniente. Hay un par de detalles muy menores que me despistan, no acabo de verlos claro, un personaje que aparece en dos momentos de una forma un tanto inconexa, pero lo atribuyo más a mis limitaciones que a un problema del texto. En conjunto me parece un debut realmente impresionante, en buena parte gracias a su sencillez. Muy recomendado para cualquiera interesado en la literatura de fantasía.

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Concurso de Reseñas de “Libros y Literatura”: ¡Todos a votar!

En la entrada anterior os anunciaba la participación de La Biblioteca de Ilium en el concurso de reseñas organizado desde la web Libros y Literatura. Hoy os anuncio que el período de votaciones lleva algunos días abierto y os animo a votar la reseña con la que participé (la de Narrenturm, de Andrzej Sapkowski, editado por Alamut Ediciones.).

Para votar solo tenéis que clicar aquí y seguir las instrucciones (creo que hay que hacerse amigo de la página o darle al gustar).

También os recuerdo que por el mero hecho de votar entraréis en el sorteo de 10 lotes de cinco libros, así que participar puede tener efectos colaterales muy positivos. El período de votación va desde el pasado 10 de diciembre hasta el 1 de enero de 2013.

¡El bibliotecario de La Biblioteca de Ilium os da las gracias por adelantado!

 

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Concurso de Reseñas de “Libros y Literatura”: Narrenturm, de Andrzej Sapkowski

Aunque no hace mucho que habéis podido leer (¿osaré decir disfrutar? No, no osaré) esta reseña, hoy la publico de nuevo para participar en el concurso de reseñas organizado desde la web Libros y Literatura. A todos aquellos que tengáis un blog dedicado a los libros o en el que publiquéis reseñas os animo a participar. Podéis acceder a las reglas del concurso clicando en el banner inferior, debajo del cual encontraréis la reseña de Narrenturm, de Andrzej Sapkowski, editado por Alamut Ediciones.

 

Narrenturm (Trilogía husita #1)

El fin del mundo no llegó en el Año del Señor de 1420, aunque señales muchas hubo de que así había de ser.

No se consumaron las aciagas profecías de los chiliastas que preveían con asaz precisión —para el año 1420, en el mes de febrero, en lunes, Santa Escolástica— la llegada del Fin. Mas pasó el lunes, vino el martes y tras él el miércoles, y nada. No llegó el Día del Castigo y la Venganza que había de anteceder a la llegada del Reino de Dios. No se liberó de sus prisiones al satán, aunque habían pasado mil años, y no salió éste para embaucar a las naciones de las cuatro esquinas de la Tierra. No murieron todos los pecadores del mundo ni los enemigos de Dios a causa de espada, fuego, hambre, granizo, de colmillo de bestia, de aguijón de escorpión o veneno de sierpe. En vano esperaron los fieles la llegada del Mesías en los montes Tabor, Carnero, Oreb, Sión y en el de los Olivos, en vano esperaron la nueva venida de Cristo las quinque civitates, las cinco ciudades escogidas que anunciaban las profecías de Isaías y por las cuales se tuvo a Pilsen, Klatovy, Louny, Slany y Zatec. No llegó el fin del mundo. El mundo no sucumbió ni estalló. Por lo menos no todo.

Y aún así se montó una buena

Narrenturm, la primera entrega de la Trilogía Husita, no es una lectura fácil, ni por el lenguaje ni por la densidad de la información que contiene sobre la revolución Husita en el siglo XV. De hecho, el libro debería venir con una advertencia: “No te desesperes con la introducción”. El tono despeja cualquier duda de que el sudor frío es exactamente lo que Sapkowski pretendía provocar con sus primeras páginas, pues las siembra con una densidad de nombres propios de sonoridad centroeuropea (es decir, impronunciables y difíciles de memorizar) y acontecimientos históricos capaz de amilanar al más pintado. Afortunadamente, y a pesar de que la novela condensa mucha información y en ocasiones es inevitable volver atrás para refrescar algún episodio, el texto enseguida adquiere un ritmo de trote con arranques de galope y hace muy difícil abandonar su lectura.

Este libro es una novela desconcertante y que evite el naufragio es el mejor testimonio posible de la habilidad de Sapwkowski como novelista. Las coincidencias inverosímiles y las salidas de tono parecen la materia prima de una historia que se regocija en el artificio y bebe de la tradición fantástica europea, repleta de brujas, duendes, criaturas del bosque y una inquisición más terrible que todo lo que persigue. Seguro que habéis leído libros que os han hecho pensar que el escritor lo tenía todo planeado desde el principio o, al contrario, que cuando se sentó a teclear no tenía ni idea de por donde le llevarían los antojos de las musas: con Narrenturm soy incapaz de pronunciarme. La planificación es evidente al nivel más general de la trama, pero la increíble energía que la propulsa de huída hacia adelante a huída hacia adelante parece fruto de una imaginación febril difícil de someter a la disciplina de un esquema previo. Esa vitalidad, combinada con el (sucio) detallismo maníaco con el que el autor describe la historia y el entorno, convierten la lectura de Narrenturm en una experiencia inmersiva al alcance de pocos escritores. Per si hablamos de la capacidad de inmersión del libro es inevitable referirse la traducción de Jose maría Faraldo, capaz de reproducir un lenguaje forzado en su sintaxis y en su léxico que trata de evocar la sonoridad y la forma de hablar de otras épocas. La traducción de Faraldo representa uno de aquellos casos en los que opinar sin ser filólogo es pecar de incauto. Yo no soy filólogo y sí incauto, pero reconozco que es fácil que lo que para mi es virtud para otro sea un defecto o, al menos, un obstáculo. Narrenturm es un libro que impone su propio ritmo de lectura, que obliga al lector a aminorar el paso para atravesar su cuello de botella lingüístico y examinar con detenimiento cada frase y cada palabra, cada arcaísmo, cada latinajo, cada delicioso vulgarismo que, sumados, convierten el artificio en pirotecnia de explosión lenta y despliegue pausado. Si os gustan las lecturas vertiginosas este NO es vuestro libro, a pesar de su carácter es aventurero y los acontecimientos se suceden sin pausa dando lugar a una “road movie” medieval de sorprendentes inmediatez y vivacidad. Otro de los aspectos peculiares de la novela tiene relación con sus protagonistas, tanto el principal (Reinmar de Bielau, conocido como Reynevan) como los secundarios (Scharley el monje-delincuente,  el enigmático Sansón Mieles, Urban Horn el espía o la valerosa Nicoletta). La interacción entre los tres primeros, especialmente, le da un carácter especial a la historia gracias a la lealtad un tanto inverosímil que les une. El contraste entre la ingenuidad y el idealismo de Reynevan, el cinismo antisocial de Scharley y la sabiduría casi extraterrenal de Sansón Mieles les convierte en un magnífico equipo cuya dinámica responde a una fórmula cómica sencilla que se adapta bien al componente de comedia de la historia: Reynevan se mete en líos, habitualmente de faldas, y Scharley y Sansón le rescatan. Esta dinámica se ajusta bien al carácter de comedia. De hecho son estos elementos (lenguaje, escenario, contexto, personajes) los que actúan de motor de la historia, pues Sapkowski renuncia a la estructura convencional de planteamiento-nudo-desenlace y, desde las primeras líneas, construye un enorme nudo que puede resultar un poco apabullante.

La Europa en la que transcurre Narrenturm se diferencia de la nuestra en que la magia es real (no, no creo en la magia…). Si existen otras diferencias respecto a la historia oficial a mi se me escapan. Estamos hablando de una magia arraigada en el folklore, de hechizos construidos a base de hierbajos y encantamientos en latín o lenguas muertas, dominio de brujos y brujas cuya queja es que “cada vez hay menos de nosotros” y que se prestan ayuda en el ocaso de su submundo lisérgico. Es la historia de la aparición de un nuevo orden que, a su vez, se promete mutable, basado en el control férreo de las creencias de la población por parte de una iglesia más cercana a las supersticiones que persigue que a la tecnología incipiente que guarda en su interior la capacidad de liberar al vulgo, aunque sea para saltar de la sartén a las brasas. Sirva como ejemplo la conversación entre Johannes Gutenberg y los protagonistas acerca de su nuevo invento: La imprenta:

—Perdón. —El gigante extendió las manos—. No pude evitar caer en la tentación… Siendo, lo queramos o no, testigos de un hallazgo que cambiará la faz de la época.

—¡Ja! —El rostro de Gutenberg se iluminó, como todo artista gustoso del halago, aunque fuera emitido por un ogro de aspecto idiota cuya cabeza alcanzaba el techo—. ¡Así será precisamente! ¡Y no de otro modo! ¡Porque imaginaos, nobles señores, libros doctos a decenas, y puede que alguna vez, por mucho que hoy suene ridículo, hasta en centenas! ¡Sin tener que copiarlos cansinamente y durante largos años! ¡La sabiduría humana impresa y accesible! ¡Sí, sí! Y si vos, nobles señores, apoyáis mi hallazgo, os prometo que precisamente vuestra villa, la hermosa Swidnica, será famosa por todos los siglos de los siglos como el lugar en el que se encendió la lámpara de la ciencia. Como lugar desde el que la ciencia se extendió a todo el mundo.

—Ciertamente —enunció al cabo Sansón Mieles con su voz amable y tranquila—. Lo veo con los ojos del espíritu. Una producción masiva de papel densamente cubierto de letras. Cada papel en cientos, y algún día, por muy ridículo que hoy suene esto, puede que hasta en miles de ejemplares. Todo reproducido multitud de veces y de fácil acceso. Mentiras, habladurías, calumnias, pasquines, denuncias, falsa propaganda y demagogia halagando al populacho. Toda maldad ennoblecida, toda nimiedad oficializada, toda mentira hecha verdad. Toda porquería, virtud; todo innoble extremo, revolución progresista; todo ocioso eslogan, sabiduría; toda bagatela, valores. Toda estupidez, reconocida; todo idiota, coronado. Porque todo estará impreso. Está en el papel, así que tiene poder, así que es de obligado cumplimiento. Fácil será comenzar esto, señor Gutenberg. Y desarrollarlo. ¿Mas detenerlo?

—Dudo que exista la necesidad —intervino Scharley con seriedad—. Siendo como soy más realista que tú, Sansón, no le auguro tanta popularidad al invento. E incluso si se llegara de hecho al resultado por ti profetizado, habrá cómo detenerlo. De modo simple como un cubo. De la forma más común y corriente, se creará un índice de libros prohibidos.

Gutenberg, quien no hacía mucho estaba radiante, se apagó. Tanto que a Reynevan le dio pena.

—No le auguráis entonces a mi hallazgo futuro alguno —afirmó al cabo con voz de ultratumba—. Con verdadero entusiasmo de inquisidor perseguisteis su lado más oscuro. E igualmente como inquisidores menospreciasteis sus más claras virtudes. Luminosas. Las más luminosas. Puesto que también se podrá imprimir y de este modo propagar con amplitud la Palabra de Dios. ¿Qué respondéis a ello?

—Respondemos —los labios de Scharley se torcieron en una sonrisilla burlona— como los inquisidores. Como los padres conciliares. ¿Qué, señor Gutenberg, que no sabéis qué es lo que proclamaron en lo tocante a esto los padres conciliares? La sacra pagina ha de ser privilegio de los clérigos, puesto que sólo ellos son capaces de entenderla. Fuera de ella las zarpas de los seglares.

—Os burláis.

Reynevan también pensaba lo mismo. Porque Scharley, al seguir hablando, no escondió ni su sonrisa burlona ni su tono irónico.

—A los seglares, incluso a aquéllos que muestran un punto de razón, les basta con los sermones, las lecciones, el evangelio del domingo, las citas, cuentos y moralidades. Y aquéllos completamente pobres de espíritu habrán de conocer las Escrituras con teatrillos, milagros, pasiones y vía crucis, cantando laudes y mirando las imágenes y las esculturas de las iglesias. ¿Y vos queréis imprimir las Sagradas Escrituras y dárselas al vulgo? ¿Y puede incluso que hasta traducida del latín a la lengua vulgar? ¿Para que todo el mundo pueda leerla e interpretarla a su modo? ¿Querríais que se llegara a ello?

—No tengo que quererlo en absoluto —respondió Gutenberg con serenidad—. Porque a ello ya se ha llegado. Y no muy lejos de aquí. En Bohemia. Y sea como sea como vaya discurriendo la historia, nada cambiará ya el hecho ni sus consecuencias. Lo queráis o no, estamos a las puertas de una reforma.

Y todo ello aderezado con el sentido del humor, me dicen que característico, de Andrezj Sapkowski, que combina la sutileza con la zafiedad y la escatología y consigue arrancar del lector las más grandes carcajadas. Entiéndaseme: el humor, oscuro, que impregna al libro es algo tan esencial, tan inherente a su mensaje de escepticismo y relativismo acerca de la naturaleza del progreso de la civilización, que no podría entenderse la novela sin él. Está en su médula desde su propio título, Narrenturm, “La Torre de los Locos”, ese edificio antiguo en el que se encerraban a los enfermos mentales y que funciona como metáfora, no sé si de la Silesia del S. XV o del conjunto de la Historia, pero que en cualquier caso captura muy bién la esencia de esta historia.

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Narrenturm, de Andrzej Sapkowski

[Le agradezco a la editorial Alamut la cortesía de enviarme un ejemplar del libro para reseñarlo en La Biblioteca de Ilium]

Narrenturm (Trilogía husita #1)

El fin del mundo no llegó en el Año del Señor de 1420, aunque señales muchas hubo de que así había de ser.

No se consumaron las aciagas profecías de los chiliastas que preveían con asaz precisión —para el año 1420, en el mes de febrero, en lunes, Santa Escolástica— la llegada del Fin. Mas pasó el lunes, vino el martes y tras él el miércoles, y nada. No llegó el Día del Castigo y la Venganza que había de anteceder a la llegada del Reino de Dios. No se liberó de sus prisiones al satán, aunque habían pasado mil años, y no salió éste para embaucar a las naciones de las cuatro esquinas de la Tierra. No murieron todos los pecadores del mundo ni los enemigos de Dios a causa de espada, fuego, hambre, granizo, de colmillo de bestia, de aguijón de escorpión o veneno de sierpe. En vano esperaron los fieles la llegada del Mesías en los montes Tabor, Carnero, Oreb, Sión y en el de los Olivos, en vano esperaron la nueva venida de Cristo las quinque civitates, las cinco ciudades escogidas que anunciaban las profecías de Isaías y por las cuales se tuvo a Pilsen, Klatovy, Louny, Slany y Zatec. No llegó el fin del mundo. El mundo no sucumbió ni estalló. Por lo menos no todo.

Y aún así se montó una buena

Narrenturm, la primera entrega de la Trilogía Husita, no es una lectura fácil, ni por el lenguaje ni por la densidad de la información que contiene sobre la revolución Husita en el siglo XV. De hecho, el libro debería venir con una advertencia: “No te desesperes con la introducción”. El tono despeja cualquier duda de que el sudor frío es exactamente lo que Sapkowski pretendía provocar con sus primeras páginas, pues las siembra con una densidad de nombres propios de sonoridad centroeuropea (es decir, impronunciables y difíciles de memorizar) y acontecimientos históricos capaz de amilanar al más pintado. Afortunadamente, y a pesar de que la novela condensa mucha información y en ocasiones es inevitable volver atrás para refrescar algún episodio, el texto enseguida adquiere un ritmo de trote con arranques de galope y hace muy difícil abandonar su lectura.

Este libro es una novela desconcertante y que evite el naufragio es el mejor testimonio posible de la habilidad de Sapwkowski como novelista. Las coincidencias inverosímiles y las salidas de tono parecen la materia prima de una historia que se regocija en el artificio y bebe de la tradición fantástica europea, repleta de brujas, duendes, criaturas del bosque y una inquisición más terrible que todo lo que persigue. Seguro que habéis leído libros que os han hecho pensar que el escritor lo tenía todo planeado desde el principio o, al contrario, que cuando se sentó a teclear no tenía ni idea de por donde le llevarían los antojos de las musas: con Narrenturm soy incapaz de pronunciarme. La planificación es evidente al nivel más general de la trama, pero la increíble energía que la propulsa de huída hacia adelante a huída hacia adelante parece fruto de una imaginación febril difícil de someter a la disciplina de un esquema previo. Esa vitalidad, combinada con el (sucio) detallismo maníaco con el que el autor describe la historia y el entorno, convierten la lectura de Narrenturm en una experiencia inmersiva al alcance de pocos escritores. Per si hablamos de la capacidad de inmersión del libro es inevitable referirse la traducción de Jose maría Faraldo, capaz de reproducir un lenguaje forzado en su sintaxis y en su léxico que trata de evocar la sonoridad y la forma de hablar de otras épocas. La traducción de Faraldo representa uno de aquellos casos en los que opinar sin ser filólogo es pecar de incauto. Yo no soy filólogo y sí incauto, pero reconozco que es fácil que lo que para mi es virtud para otro sea un defecto o, al menos, un obstáculo. Narrenturm es un libro que impone su propio ritmo de lectura, que obliga al lector a aminorar el paso para atravesar su cuello de botella lingüístico y examinar con detenimiento cada frase y cada palabra, cada arcaísmo, cada latinajo, cada delicioso vulgarismo que, sumados, convierten el artificio en pirotecnia de explosión lenta y despliegue pausado. Si os gustan las lecturas vertiginosas este NO es vuestro libro, a pesar de su carácter es aventurero y los acontecimientos se suceden sin pausa dando lugar a una “road movie” medieval de sorprendentes inmediatez y vivacidad. Otro de los aspectos peculiares de la novela tiene relación con sus protagonistas, tanto el principal (Reinmar de Bielau, conocido como Reynevan) como los secundarios (Scharley el monje-delincuente,  el enigmático Sansón Mieles, Urban Horn el espía o la valerosa Nicoletta). La interacción entre los tres primeros, especialmente, le da un carácter especial a la historia gracias a la lealtad un tanto inverosímil que les une. El contraste entre la ingenuidad y el idealismo de Reynevan, el cinismo antisocial de Scharley y la sabiduría casi extraterrenal de Sansón Mieles les convierte en un magnífico equipo cuya dinámica responde a una fórmula cómica sencilla que se adapta bien al componente de comedia de la historia: Reynevan se mete en líos, habitualmente de faldas, y Scharley y Sansón le rescatan. Esta dinámica se ajusta bien al carácter de comedia. De hecho son estos elementos (lenguaje, escenario, contexto, personajes) los que actúan de motor de la historia, pues Sapkowski renuncia a la estructura convencional de planteamiento-nudo-desenlace y, desde las primeras líneas, construye un enorme nudo que puede resultar un poco apabullante.

La Europa en la que transcurre Narrenturm se diferencia de la nuestra en que la magia es real (no, no creo en la magia…). Si existen otras diferencias respecto a la historia oficial a mi se me escapan. Estamos hablando de una magia arraigada en el folklore, de hechizos construidos a base de hierbajos y encantamientos en latín o lenguas muertas, dominio de brujos y brujas cuya queja es que “cada vez hay menos de nosotros” y que se prestan ayuda en el ocaso de su submundo lisérgico. Es la historia de la aparición de un nuevo orden que, a su vez, se promete mutable, basado en el control férreo de las creencias de la población por parte de una iglesia más cercana a las supersticiones que persigue que a la tecnología incipiente que guarda en su interior la capacidad de liberar al vulgo, aunque sea para saltar de la sartén a las brasas. Sirva como ejemplo la conversación entre Johannes Gutenberg y los protagonistas acerca de su nuevo invento: La imprenta:

—Perdón. —El gigante extendió las manos—. No pude evitar caer en la tentación… Siendo, lo queramos o no, testigos de un hallazgo que cambiará la faz de la época.

—¡Ja! —El rostro de Gutenberg se iluminó, como todo artista gustoso del halago, aunque fuera emitido por un ogro de aspecto idiota cuya cabeza alcanzaba el techo—. ¡Así será precisamente! ¡Y no de otro modo! ¡Porque imaginaos, nobles señores, libros doctos a decenas, y puede que alguna vez, por mucho que hoy suene ridículo, hasta en centenas! ¡Sin tener que copiarlos cansinamente y durante largos años! ¡La sabiduría humana impresa y accesible! ¡Sí, sí! Y si vos, nobles señores, apoyáis mi hallazgo, os prometo que precisamente vuestra villa, la hermosa Swidnica, será famosa por todos los siglos de los siglos como el lugar en el que se encendió la lámpara de la ciencia. Como lugar desde el que la ciencia se extendió a todo el mundo.

—Ciertamente —enunció al cabo Sansón Mieles con su voz amable y tranquila—. Lo veo con los ojos del espíritu. Una producción masiva de papel densamente cubierto de letras. Cada papel en cientos, y algún día, por muy ridículo que hoy suene esto, puede que hasta en miles de ejemplares. Todo reproducido multitud de veces y de fácil acceso. Mentiras, habladurías, calumnias, pasquines, denuncias, falsa propaganda y demagogia halagando al populacho. Toda maldad ennoblecida, toda nimiedad oficializada, toda mentira hecha verdad. Toda porquería, virtud; todo innoble extremo, revolución progresista; todo ocioso eslogan, sabiduría; toda bagatela, valores. Toda estupidez, reconocida; todo idiota, coronado. Porque todo estará impreso. Está en el papel, así que tiene poder, así que es de obligado cumplimiento. Fácil será comenzar esto, señor Gutenberg. Y desarrollarlo. ¿Mas detenerlo?

—Dudo que exista la necesidad —intervino Scharley con seriedad—. Siendo como soy más realista que tú, Sansón, no le auguro tanta popularidad al invento. E incluso si se llegara de hecho al resultado por ti profetizado, habrá cómo detenerlo. De modo simple como un cubo. De la forma más común y corriente, se creará un índice de libros prohibidos.

Gutenberg, quien no hacía mucho estaba radiante, se apagó. Tanto que a Reynevan le dio pena.

—No le auguráis entonces a mi hallazgo futuro alguno —afirmó al cabo con voz de ultratumba—. Con verdadero entusiasmo de inquisidor perseguisteis su lado más oscuro. E igualmente como inquisidores menospreciasteis sus más claras virtudes. Luminosas. Las más luminosas. Puesto que también se podrá imprimir y de este modo propagar con amplitud la Palabra de Dios. ¿Qué respondéis a ello?

—Respondemos —los labios de Scharley se torcieron en una sonrisilla burlona— como los inquisidores. Como los padres conciliares. ¿Qué, señor Gutenberg, que no sabéis qué es lo que proclamaron en lo tocante a esto los padres conciliares? La sacra pagina ha de ser privilegio de los clérigos, puesto que sólo ellos son capaces de entenderla. Fuera de ella las zarpas de los seglares.

—Os burláis.

Reynevan también pensaba lo mismo. Porque Scharley, al seguir hablando, no escondió ni su sonrisa burlona ni su tono irónico.

—A los seglares, incluso a aquéllos que muestran un punto de razón, les basta con los sermones, las lecciones, el evangelio del domingo, las citas, cuentos y moralidades. Y aquéllos completamente pobres de espíritu habrán de conocer las Escrituras con teatrillos, milagros, pasiones y vía crucis, cantando laudes y mirando las imágenes y las esculturas de las iglesias. ¿Y vos queréis imprimir las Sagradas Escrituras y dárselas al vulgo? ¿Y puede incluso que hasta traducida del latín a la lengua vulgar? ¿Para que todo el mundo pueda leerla e interpretarla a su modo? ¿Querríais que se llegara a ello?

—No tengo que quererlo en absoluto —respondió Gutenberg con serenidad—. Porque a ello ya se ha llegado. Y no muy lejos de aquí. En Bohemia. Y sea como sea como vaya discurriendo la historia, nada cambiará ya el hecho ni sus consecuencias. Lo queráis o no, estamos a las puertas de una reforma.

Y todo ello aderezado con el sentido del humor, me dicen que característico, de Andrezj Sapkowski, que combina la sutileza con la zafiedad y la escatología y consigue arrancar del lector las más grandes carcajadas. Entiéndaseme: el humor, oscuro, que impregna al libro es algo tan esencial, tan inherente a su mensaje de escepticismo y relativismo acerca de la naturaleza del progreso de la civilización, que no podría entenderse la novela sin él. Está en su médula desde su propio título, Narrenturm, “La Torre de los Locos”, ese edificio antiguo en el que se encerraban a los enfermos mentales y que funciona como metáfora, no sé si de la Silesia del S. XV o del conjunto de la Historia, pero que en cualquier caso captura muy bién la esencia de esta historia.

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