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Reseña invitada: @Odo y The Constantine Affliction, de Tim Pratt

Elias¡Hoy tenemos un invitado de lujo en La Biblioteca de Ilium

Nuestro amigo Odo, morador de Sense of Wonder cuyas computaciones profundas ya habían resonado en otras ocasiones por los vastos espacios de este blog, nos ha cedido la versión en español de su reseña de The Constantine Affliction, una novela de Tim Pratt con una pinta auténticamente fenomenal. La versión en inglés de esta reseña ha aparecido simultáneamente en Sense of Wonder

Dado que las palabras que leeréis a continuación han sido traducidas por vuestro humilde servidor, el Bibliotecario de Ilium, cualquier incorrección en ellas es atribuíble solo a mí mismo. El inefable Odo está más allá del error y no le debemos más que adoración y gracias por permitirnos albergar la sombra indigna de sus palabras excelsas.

 

The Constantine Affliction, de Tim Pratt

Banda sonora de la reseña: Sugiero leer esta reseña escuchando West End Girlsde Pet Shop Boys (Youtube, Spotify).

A pesar de su publicación bajo el sello Night Shade Books (mi editorial favorita) no tenía ninguna intención de leer The Constantine Affliction, de T. Aaron Payton. Mi amigo Miquel [¡Mira mamá! ¡Salgo en una reseña!] me envió un mensaje de correo electrónico para explicarme lo mucho que le gustaba el argumento de la novela pero a mí, sencillamente, no me atraía. Y entonces sucedió algo que cambió mi opinión por completo: Tim Pratt reveló que T. Aaron Payton era uno de sus seudónimos. Como mi interés por cualquier cosa escrita por Pratt es inmediato, me apresuré a obtener un ejemplar de cortesía en NetGalley y me puse a leerlo. ¡Y cómo me alegro de haberlo hecho!

The Constantine Affliction es una de las mejores novelas que he leído este año. Es inteligente, sorprendente y, sobretodo, divertidísima. Al parecer, mi primera impresión sobre el libro era totalmente errónea. Me gustaría que equivocarse siempre sentara así de bien.

The Constantine AfflictionEs difícil clasificar The Constantine Affliction bajo un único género. Podríamos calificarlo de steampunk por sus varias similitudes, en términos de ambientación y temática, con libros como Boneshakerde Cherie Priest y The Affinity Bridge de George Mann (aunque para mi la novela de Pratt es mucho más amena, más en la línea del The Bookman de Tidhar). Pero también está fuertemente inspirado en los relatos de detectives (luego volveré a esta idea) o terror del siglo XIX. Incluso percibí algún punto en común con una película a la que le tengo un aprecio especial (aunque más por ser divertida que por ser realmente buena), El hombre con dos cerebros.

Limitémonos a decir, entonces, que The Constantine Affliction es un cuento de autómatas, alquimia, cerebros en tarros, extrañas enfermedades y chantajes. Y algunos Primigenios para que no falte de nada. Pratt consigue incluso tratar temas sociales o de género (la dolencia de Constantine que da título al libro es una enfermedad que transforma a las mujeres en varones y a los varones en mujeres) y plantear algunas cuestiones interesantes relacionadas con la libre voluntad y la consciencia. Os parecerá que es un surtido variopinto, pero Pratt se las arregla para hacerlo funcionar de forma homogénea y sin fisuras.

El estilo de la novela es típicamente Prattiano. Si he aprendido algo leyendo la obra de Pratt es que este autor es un maestro del diálogo y The Constantine Affliction no es una excepción. Incluso me atrevería a decir que se trata de uno de sus mejores trabajos en este aspecto. De hecho, The Constantine Affliction es el libro en el que he subrayado más párrafos entre los que he leído últimamente, y es que cómo evitar enamorarse de frases como ésta:

«Mr. Adams says London is like a trash heap, whith things piled on top of other things, but the other things are mostly just more London, from a long time ago.»

“El Sr. Adams dice que Londres es como un montón de basura, con cosas apiladas encima de otras cosas, pero la mayoría de esas otras cosas no son más que más Londres de largo tiempo atrás.”

O esta otra, una de mis favoritas:

 His hair stood on end, giving him the appearance of a demented dandelion.

Tenía los pelos de punta y eso le daba el aspecto de un diente de león demente.

La trama es absorbente y su ritmo casi perfecto, con algunas escenas memorables, especialmente en el vibrante tercio final de la novela. Hallaréis, por ejemplo, un ataque de prostitutas mecánicas (sí, lo habéis leído bien) que podría haber salido directamente de un episodio del Dr. Who calificado X (por cierto, debo ser el aficionado a la ciencia ficción más raro del lugar puesto que, sinceramente, no entiendo todo el revuelo en torno a la serie del Dr. Who, aunque si Pratt guionizara un episodio lo vería sin ningún tipo de duda).

La mayoría de los personajes son fascinantes. Mi favorito, sin duda, ha sido Adam, un científico loco de película de serie B inspirado por igual en el Fantasma de la Ópera y en un Dr. Frankenstein sinestésico. Pero también me gustó Lady Winifred, la esposa de Lord Pembroke, que en realidad es su antiguo amigo Freddy transformado por la dolencia de Constantine. El suyo es un matrimonio de conveniencia en más de un sentido. A Freddy le proporciona protección, claro, pero también permite que Pimm (Lord Pembroke) satisfaga sus dos aficiones favoritas: jugar a detectives y beber.

Sin embargo, y para mí este es el mayor “sin embargo” de la novela, Pimm no me parece un personaje especialmente atractivo aunque es él el principal protagonista del relato. A pesar de que se supone que es un gran detective, el Sherlock Holmes de su época, eso es algo que se nos explica más que se nos muestra, pues no llegamos a ser testigos de ninguna auténtica hazaña deductiva suya.

En conjunto, podría muy bien ser ésta la mejor novela de Pratt hasta la fecha y eso es decir mucho, especialmente viniendo de un admirador acérrimo de Marla Mason como yo. Aunque la novela funciona perfectamente por sí misma, deja espacio para más historias ambientadas en el mismo mundo y… ¡Estoy desando leerlas!

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The Whitefire Crossing, by Courtney Schafer

(As I followed the lead of Sense of Wonder in posting some of my reviews in english, it’s only fair that I borrow Odo‘s disclaimer: English is my second language, so I want to apologize in advance for there may be mistakes in the text below. If you find any, please let me know so that I can correct it. I’d really appreciate it. Thanks.)

[Courtney Schafer was kind enough to send me the first two books in her trilogy The Shattered Sigil. I thank her this opportunity to review the first novel in the series]The Whitefire Crossing (Shattered Sigil, #1)

«I regret-so many things. What do you do, when a mistake cannot be undone?«

Within the rather monotonous landscape of new fantasy novels, The Whitefire Crossing (Courtney Schafer‘s literary debut and the first installment of The Shattered Sigil trilogy) has enough interesting elements to make it a good choice when compared to a lot of his companions in the bookshop shelves. However, despite its strengths, the book does not fly as high as it could have done it because of it being too predictable, without managing to escape the comfort zone that seems to act as a gravity well for the imagination of many genre authors.

The plot is tight and simple. Dev is an outrider working for commercial caravans traveling the mountain route that goes from Ninavel to Alathia. This work allows him to smuggle magical charms to Alathia, a country in which magic is strictly legislated. His latest smuggling assignment, though, is somewhat different: he is asked to help young Kiran to reach Alathia posing as his apprentice, but the journey will get complicated when Dev discovers that Kiran has lied about his true identity.

The first half of the novel is devoted to Dev and Kiran’s flight through the mountains and the Whitefire crossing, trying to reach the Alathian border while pursued by a virtually omnipotent foe. The relationship between Dev and Kiran is built by continuously jumping from the point of view of Dev to Kiran’s, allowing the reader to stay one step ahead of both characters and getting him to enjoy their mistakes and hesitations. The author has chosen to shift from a first-person narrative when Dev is the main character to third-person in Kiran’s point-of-view. While I’m not totally convinced of this being the more elegant strategy from a narrative standpoint, it certainly leads to an interesting dynamic and stresses contrast between the voices of both protagonists. One of the best executed aspects in the relationship between Dev and Kiran is their gradual discovery of those things they have in common and how these things challenge their prejudices. The part of the novel devoted to the journey through the mountain comes to life thanks to the ability of the writer to convey her passion for mountaineering and climbing and making it into the fabric of the story. This, added to the sense of impending doom from the enemy that persecutes the protagonists from far away and the resulting suspense lead to a first section of the novel that works like a clockwork and oozes personality, owing more to the interaction between the characters and their environment than to the specifics of the plot.

The Tainted City (Shattered Sigil, #2)In the second half, however, the story takes a not completely unexpected turn and shifts its tone from that of a «road movie in the mountain» to a rather mainstream fantasy adventure set in the city of Alathia, losing much of its uniqueness. Where the enemy pursuing Dev and Kiran in the mountains was immense because of his remoteness, their new nemesis in Alathia is like a caricature of a cartoon villain; where the mountain and the Whitefire Crossing were lively and attractive scenarios that challenged the skills of the protagonists, Alathia is a medieval city poorly drawn. Overall, the Alathian arc lacks uncertainty and the reader never begins to doubt the ability of the protagonists to overcome the situation, although some surprises at the end lead to an interesting starting situation for the second novel in the series, The Tainted City.

The Whitefire Crossing is a good debut novel and a good start for an attractive series with some good characters and intriguing elements. The author’s prose is perfectly adequate and does not stand between the reader and the story. Courtney Schaffer does not delve in some of the many interesting ideas raised while worldbuilding (The idea that children in Ninavel are able to practice a kind of magic that goes away when they reach adolescence is a favorite of mine) but they remain as seeds for the next installment of the series. I, for one, am determined to read The Tainted City sooner rather than later.

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The Whitefire Crossing, de Courtney Schafer

[Muy amablemente, Courtney Schafer me envió los dos primeros libros de la trilogía The Shattered Sigil para que pudiera reseñarlos. Desde aquí le agradezco su cortesía]The Whitefire Crossing (Shattered Sigil, #1)

«I regret-so many things. What do you do, when a mistake cannot be undone?«

Dentro del panorama más bien monótono de las novedades de literatura fantástica, The Whitefire Crossing (debut literario de Courtney Schafer y primera entrega de la trilogía The Shattered Sigil) tiene suficientes elementos como para que valga la pena elegirlo frente a muchos de sus compañeros de estantería. Sin embargo, a pesar de sus virtudes, el libro no acaba de alzar el vuelo por culpa de un exceso de predictibilidad y de la caída en una Zona de Confort que parece actuar como un pozo de gravedad para la imaginación de muchos de los autores del género.

El argumento es sencillo. Dev trabaja como guía de caravanas de mercaderías en la ruta de montaña que va de Ninavel y Alathia y eso le permite sacarse un sobresueldo como contrabandista de amuletos mágicos, prohibidos en Alathia por su estricta ley contra el uso de la magia. Su último encargo consiste en ayudar a Kiran a llegar a Alathia haciéndose pasar por su aprendiz, pero el viaje se complicará cuando Dev descubra que Kiran le ha ocultado su auténtica identidad.

Toda la primera parte de la novela consiste en la huída montaña a través de Dev y Alathia, perseguidos por una figura prácticamente todopoderosa. La relación entre Dev y Kiran está acentuada por el continuo cambio de punto de vista de la novela entre el uno y el otro, con lo que el lector se mantiene un paso por delante de los dos personajes y llega a disfrutar de sus errores o dudas. No estoy convencido de la elegancia de la estrategia elegida por la autora, que oscila entre la narración en primera persona cuando nos pone tras los ojos de Dev y la tercera persona cuando el protagonista es Kiran, pero sin duda da lugar a una dinámica interesante y a un contraste muy marcado entre las voces de ambos. Uno de los aspectos mejor ejecutados de la relación entre ambos es como van descubriendo, progresivamente, las cosas que tienen en común, chocando con sus respectivos prejuicios. Toda la parte del libro dedicada a la travesía por la montaña cobra vida gracias a la capacidad de la escritora para transmitir su pasión por el montañismo y la escalada. Sumado a la sensación de peligro inminente y suspense que provoca la distancia desde la que actúa el perseguidor de los protagonistas, todo el primer tramo de la novela da pie a una historia que funciona a la perfección y rebosa una personalidad propia que le debe más a la interacción entre los personajes y su entorno que a los detalles concretos de la trama.

The Tainted City (Shattered Sigil, #2)En su segunda mitad, sin embargo, la historia da un giro poco inesperado y abandona la «road movie» montañera para convertirse en una aventura de fantasía más convencional ambientada en la ciudad de Alathia y, con ese cambio de tono, pierde buena parte de lo que la hacía especial. Si el enemigo que les perseguía en la montaña era inmenso en su distancia, su nuevo rival en Alathia parece la caricatura de un malvado de dibujo animado; si la montaña y el paso de Whitefire dibujaban un escenario vivaz y atractivo que ponía a prueba las habilidades de los protagonistas, Alathia es una ciudad medieval más insuficientemente dibujada. En general, la incertidumbre de la historia en Alathia es escasa y no llegamos a dudar de la capacidad de los protagonistas de sobreponerse a la situación, aunque algunas sorpresas al final plantean una situación de partida interesante para la segunda novela de la serie, The Tainted City.

The Whitefire Crossing es una buena novela de debut y un buen principio para una serie atractiva con buenos personajes y algunos rasgos intrigantes. La prosa de la autora es perfectamente competente sin llamar la atención ni interponerse entre el lector y la historia. En la construcción de su mundo de fantasía, Courtney Schafer no profundiza en algunas de las muchas ideas interesantes que plantea (personalmente me encanta la idea de que, en Ninavel, los niños pueden practicar un tipo de magia que pierden al llegar la adolescencia) pero ahí quedan como semillas para las próximas entregas de la serie. Yo no me las perderé.

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Entrevista a @Odo sobre su lectura de Las Furias de Alera, de Jim Butcher

Hace unas semanas decidí leer la versión original de Las Furias de Alera para preparar una entrevista a Jim Butcher para Literatura Fantástica RBA. La entrevista salió el martes pasado y, si todo ha salido como estaba previsto, el libro se pondrá a la venta mañana mismo. Aunque después de las muchísimas horas de placer que me han proporcionado los libros de Harry Dresden de Butcher mi predisposición ante esta novela era más que buena, confieso que mi expectativas se han visto superadas con creces. La propuesta de Jim Butcher tiene suficiente personalidad propia, gracias a su enorme pericia como narrador, como para ser un caramelo para cualquier aficionado a la fantasía. Este libro es pura aventura y pura diversión. Me parece una lectura obligada para todos aquellos que, como yo, agonizan entre libro y libro de George RR Martin o Patrick Rothfuss o para los seguidores de Brandon Sanderson o Joe Abercrombie.

Pero todo este rollo no es más que la base del pastel: la guinda la ha puesto mi amigo Odo, esa estrella fulgurante de la blogosfera cienciaficcionera española que ha leído el libro al tiempo que yo y con quien nos hemos saturado mutuamente las bandejas de entrada de nuestras cuentas de correo comentando con enfermizo lujo de detalle el devenir de Las Furias de Alera. En lugar de hacer una reseña, hemos decidido entrevistarnos el uno al otro acerca de la lectura de la novela. Podéis leer mis respuestas a sus preguntas en Sense of Wonder, y aquí, después de la magnífica ilustración de Alejandro Colucci para la edición española de Las Furias de Alera, os dejo con lo que Odo tiene que decir. 

¿Qué es lo que más te ha sorprendido de las Furias de Alera?

Nunca había leído nada escrito por Jim Butcher, así que no sabía muy bien qué esperarme. Como su fama le viene por una serie de fantasía urbana (las novelas protagonizadas por Harry Dresden), inconscientemente me esperaba algo de ese estilo: narración en primera persona, tono irónico, ambiente oscuro y sórdido… Pero no, Butcher entronca perfectamente un montón de referencias de la fantasía épica clásica y contemporánea para crear una historia tremendamente sólida, con muchísimo ritmo y con personajes variados y atractivos. Y eso es lo que más me ha sorprendido: la capacidad de integrarse perfectamente en un género, en toda una tradición, y crear una obra que es, a la vez, fresca en muchos aspectos y un homenaje a otras historias muy conocidas.

El libro plantea muchos interrogantes que deja para futuras entregas. ¿Hasta que punto crees que Butcher lo tenía todo planeado?

Hay algunos elementos que sí que parecen planeados a largo plazo. El más evidente de ellos es la evolución de Tavi, el personaje principal (aunque en esta primera parte el protagonismo está bastante repartido, en realidad). El hecho de que sea el único habitante de Alera que no posee capacidades mágicas hace sospechar que su destino va a ser muy especial. Además, el misterio de su origen parece que va a erigirse en uno de los ejes fundamentales de la trama en las siguientes entregas. Al menos Butcher ha ido dejando caer pistas e insinuaciones que hacen pensar que va a ser así.

Pero por otro lado, hay algunos personajes que inicialmente parecían secundarios pero que se vislumbra que pueden ser muy importantes en el futuro de Alera. Da la impresión de que son los típicos personajes que van creciendo, evolucionando y cobrando protagonismo poco a poco sin que esa fuera la intención inicial del autor. Pero claro, esto sólo son especulaciones mías. Lo bueno es que, como la serie ya está terminada y se ha publicado íntegramente en inglés, no tendremos que esperar un tiempo indeterminado para averiguarlo (a diferencia de otra famosa saga de fantasía épica que tiene a sus seguidores en vilo y casi siguiendo los partes médicos de su autor).

Alera Codex : Marat by *sandara on deviantART

¿Qué te ha parecido el sistema de magia que propone el libro? ¿Como se lo describirías a los lectores del blog?

Es un sistema muy original, basado en los elementos (tierra, aire, fuego…). Me ha gustado mucho cómo estos poderes mágicos pueden hasta llegar a materializarse en forma animal, cobrando una personalidad propia. También me ha gustado cómo Butcher combina la parte mágica con la lucha con espada (y hasta algo de artes marciales) en las frecuentes y estupendas escenas de acción. Algunas de ellas me recordaron a la fantástica película «Tigre y dragón«, no sé si la has visto. Otro aspecto muy interesante es el contraste entre la magia de los habitantes de Alera y los Marat, basada en su vínculo con las bestias salvajes. Los enfrentamientos entre ambas facciones son espectaculares (con una de las mejores batallas que he leído en los últimos años).

Lo que quizá no me ha gustado tanto es que no se acaba de explicar del todo cuáles son las capacidades y, sobre todo, los límites de la magia basada en los elementos. Espero que en las siguientes entregas se profundice más en el tema.

Bernard and Brutus by *sandara on deviantART

Una pregunta que me he hecho yo mismo leyendo el libro: ¿No crees que Las Furias de Alera no ha recibido la atención que se merece en el mercado anglosajón?

Sí, la verdad es que he de confesar que nunca había oído hablar de esta serie hasta que fue anunciada en la colección Literatura Fantástica y me sorprende, porque tiene una calidad excepcional. Buscando un poco de información (me tragué algún spoiler, por cierto) he visto que hay hasta foros enteros dedicados a Codex Alera, pero no es una serie que se oiga nombrar con frecuencia y me extraña. Quizá queda un poco eclipsada por la popularidad de la saga de Harry Dresden, pero me parece injusto, porque al menos el primer libro es divertidísimo y merecería más atención por parte de los lectores de fantasía.

Me consta que últimamente estás disfrutando con algunos de los libros de Brandon Sanderson. ¿Crees que la propuesta de Butcher tiene algún punto en común con la fantasía de ese autor?

Sí, desde luego. Está claro que Sanderson es, a día de hoy, el referente en cuanto a sistemas de magia originales (y aventuras «palomiteras») así que es inevitable hacer una comparación con las obras de este autor y cualquier otra novela que proponga un sistema mágico novedoso. Como decía en la pregunta anterior, Butcher no desarrolla tanto las «reglas» de la magia como puede llegar a hacerlo Sanderson, pero sí que logra el mismo nivel de integración en las peleas, en la personalidad y en la vida «cotidiana» de los personajes. En eso se parecen mucho y también en el ritmo, que en Las furias de Alera es endiablado. Sin embargo, un punto en el que quizá gane Butcher, al menos en esta obra, es en que los personajes secundarios tienen mucha personalidad y están muy bien dibujados: cuando vamos conociendo elementos de su pasado nos damos cuenta de que son totalmente coherentes con su forma de actuar y eso aporta mucha solidez y credibilidad a la historia.

Amara and Cirrus by *sandara on deviantART

Y finalmente, la pregunta más importante: en una pelea entre Amara y Vin (de Mistborn), ¿quién crees que saldría vencedor?

Esa es una buena pregunta. Casi tan buena como la famosa «¿quién preferirías ser, Borges o Daredevil?«. Y como todas las buenas preguntas, es muy difícil de responder. A primera vista, diría que Vin tiene más talento mágico natural, pero Amara es la indiscutible ganadora en fuerza de voluntad y disciplina. Por otro lado, tanto Amara como Vin tiene una debilidad natural y es que dependen de la presencia de ciertos elementos para poder hacer magia, así que habría que tener en cuenta el terreno del enfrentamiento. Además, Amara es una excelente espadachina, cosa que podría darle ventaja en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, pero claro, las espadas suelen ser metálicas y Vin podría usarlas a su favor… Dejémoslo en empate técnico hasta que pueda leerme el resto de las entregas de ambas sagas (de momento sólo he leído el primer libro de cada una) y ver cómo evolucionan los personajes, cosa que no creo que tarde en hacer, porque estoy enganchadísimo a ambas sagas. De hecho, un par de veces salí a la calle con el Kindle para poder seguir leyendo Las furias de Alera de camino al trabajo (y no, no choqué con ningún árbol, pero la gente me miraba raro).

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The Alloy of Law, de Brandon Sanderson

The Alloy of Law (Mistborn, #4)

“Lord Ladrian,” Steris said as they began eating, “I suggest that we begin compiling a list of conversational topics we can employ when in the company of others. The topics should not touch on politics or religion, yet should be memorable and give us opportunities to appear charming. Do you know any particularly witty sayings or stories that can be our starting point?”
“I once shot the tail off a dog by mistake,” Waxillium said idly. “It’s kind of a funny story.”
“Shooting dogs is hardly appropriate dinner conversation,” Steris said.
“I know. Particularly since I was aiming for its balls.”

Igual que Nacidos en la Bruma, la entretenidísima trilogía que precede a esta especie de secuela, The Alloy of Law (Aleación de Ley, Ediciones B) es una novela de aventuras sin complejos ni complejidades innecesarias que sabe sacar partido de clichés de solvencia contrastada. Se trata de una novela independiente de la famosa trilogía de Brandon Sanderson situada en el mismo mundo pero trescientos años después. El tiempo transcurrido permite que Sanderson refleje algo poco habitual en el ámbito de la fantasía: la evolución tecnológica de la sociedad. Aúnque prácticamente no pierda tiempo explicando sus características, en The Alloy of Law siguen existiendo la alomancia, la ferruquimia y las otras disciplinas mágicas que conocimos en Nacidos en la Bruma, pero la tecnología ha evolucionado dando lugar a un mundo con claras connotaciones steampunk y una ambientación muy cercana al western.

The Alloy of Law no es, ni de lejos, un libro perfecto: en muchas ocasiones el argumento peca de ingenuo y una simplicación excesiva puede hacer que algunas motivaciones o decisiones de los personajes puedan parecer inverosímiles. El protagonista de la historia, Lord Waxillium, situado a medio camino entre Bruce Wayne y Sherlock Holmes, es un personaje interesante y carismático pero los personajes secundarios, en cambio, son muy… secundarios. Todos ellos podrían haberse beneficiado enormemente de una segunda capa de pintura. A pesar de todo The Alloy of Law recuerda a los procesadores de texto modernos en cuanto es WYSIWYG («What You See Is What You Get» o «lo que ves es lo que obtienes»). Y lo que ves y lo que obtienes es una historia de aventuras de carácter pulp en el que lo principal es que el argumento fluya para disfrutar de la imaginación y la exageración que la anima, repleta de efectos especiales espectaculares y un sentido del humor divertido hasta la carcajada que no permite detenerse en detalles nimios como la facilidad con que Lady Marasy se incorpora al equipo de Lord Waxillium y Wayne, o las deducciones prodigiosas de los protagonistas, o la extremada improbabilidad de éxito de los planes que, sin embargo, acaban triunfando. Este libro es fast food para la imaginación y a mi, lo confieso, me gusta visitar de vez en cuando al «rey de las hamburgueserías».

Como demostró en Nacidos en la Bruma, Brandon Sanderson es un escritor de estilo correcto, sin más, pero con un instinto feroz para la trama y una gran habilidad para constuir escenas y situacines que suponen un regalo para la imaginación. The Alloy of Law no puede ser tildado de original, pues lo más original que tiene es su sistema de magia y ya estaba inventado, pero tampoco le hace falta. Brandon Sanderson tiene muy claros sus referentes y su objetivo, y utiliza los primeros con maestría para alcanzar el segundo con éxito absoluto.

El propio autor insistió mucho en que se trataba de una novela independiente y, ciertamente, no hace falta leer la trilogía de Nacidos en la Bruma para disfrutar de ella, pero me gustaría mucho que se decidiera a continuar la aventura de Lord Waxillium y su tropa. He disfrutado mucho leyendo esta novelita que demuestra el buen resultado que puede obtenerse si se saben reciclar con gracia elementos que por si mismos no son demasiado originales. Entretenimiento es lo que propone y lo proporciona a raudales.

[Igual que hicimos la semana pasada con la reseña del Zendegi de Greg Egan, la publicación de la de Aleación de Ley es la traducción de la versión en catalán que escribí cuando la leí y va acompañada de la reseña paralela publicada por Odo en su excelente Sense of Wonder]

 

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Zendegi, de Greg Egan

Zendegi

If we spend all our time gazing at the wonders ahead without remembering where we’re standing right now, we’re going to trip and fall flat on our face, over and over again.

Zendegi es el segundo intento de Greg Egan de cambiar de registro después del fracaso que supuso Teranesia en este sentido. Aunque en este caso solo podamos hablar de éxito parcial no cabe duda de que supone un paso en la buena dirección y el resultado es una novela fallida pero interesante. Egan situa Zendegi en un futuro tan cercano que para nosotros ya es presente y hunde sus raíces firmemente tanto en la actualidad política del Oriente Medio del 2012 imaginado por su autor como en la situación emocional de sus protagonistas: Martin Seymour, periodista australiano enviado como corresponsal a Irán para cubrir unas elecciones especialmente conflictivas; y Nasim Golestani, joven científica iraní exiliada a los Estados Unidos tras la ejecución por disidente de su padre. Ambos protagonistas compartiran el peso de toda la primera parte del libro sin saber el uno del otro, sin más vínculo que su relación con la situación en Irán. El la segunda mitad del libro, sin embargo, las dos historias se entrelazan y el argumento saca buen partido del impulso almacenado hasta entonces sin demasiado virtuosismo, dando pie a un segundo comienzo del libro que se antoja más real que el primero. El principal problema de la novela radica precisamente en esa primera parte que se arrastra sin seducir para establecer las bases de los personajes y del contexto. Egan necesita recurrir a la tragedia para conseguir dar color a sus personajes y cambiar radicalmente el tono de su novela, hasta el punto de que el escritor de la segunda mitad parece otro. Resulta, o eso me parece, que el problema de Egan no es su incapacidad de retratar las emociones, sino su dificultad para integrarlas en la trama de la historia de forma homogénea; cuando se suelta, no obstante, es capaz de hacer saltar las lágrimas. Cuando se adueña del terreno emocional el libro se convierte, casi, en fábula moral y permite que el autor explore una serie de ideas, en un estilo muy propio de él, relacionadas con el duelo, la pérdida, la naturaleza de la identidad y los determinantes de la condición humana. Casi nada. El prisma emocional a través del cual se exploran estas ideas les confiere un “suplemento de realismo” que hace difícil (si conseguimos llegar a este punto) abandonar la lectura.

El punto fuerte de Greg Egan siempre ha sido su capacidad para integrar en sus historias las descripciones y explicaciones tecnológicas más complejas sin perder por eso la capacidad de seducción o, incluso, la belleza de sus textos. Es un escritor inimitable cuando se trata de desafiar o estimular al intelecto dando vida a las teorías científicas más complicadas. Egan siempre se ha esforzado, en muchas ocasiones con éxito, en ilustrar el impacto de la ciencia y la tecnología sobre nuestra percepción de la realidad y, en definitiva, sobre nuestra conciencia. En esta novela, situada en un futuro mucho más próximo de lo que es habitual en su autor, el conficto fundamental es el del padre que sabe que su fecha de caducidad está próxima y decide construir para su hijo (ya huérfano de madre) una especie de ángel guardián tecnológico, basado en la personalidad paterna, que le sirva de apoyo durante los años que le quedan hasta llegar a la edad adulta. La situación de la historia en el futuro cercano de un país com Irán es un recurso dirigido, sin duda, al lector occidental, al que aporta una distancia cultural adicional sobre la que reflexionar acerca de las implicaciones más espirituales de la tecnología propuesta por Egan en la novela.

Siempre he disfrutado con las novelas de Greg Egan y creo que sabe sacar muco partido de sus (notables) limitaciones como escritor, pero esta es la primera vez que he tenido la sensación de que a la obra le faltaba “tiempo de cocina” para consolidar la atmosfera y el argumento de la historia. Aunque esta situación se resuelve por completo en la segunda parte de la novela (y afortunadamente es la más extensa), la necesidad de conseguir que los protagonistas alcancen una situación emocional e histórica concreta desde la cual solucionar sus conflictos está ejecutada de forma más bien pedestre, y lastra el ritmo y la solidez del libro. Los personajes se hubieran entendido igual de bien, quizás con mayor interés, en una novela más breve que comenzara directamente en la segunda parte, al nivel de lo mejor de su autor. Como acostumbra, Egan siembra la historia de pequeñas simetrías y juegos de espejos que aumentan su atractivo. El desenlace, más radical de lo que pueda parece en un primer momento, tiene connotaciones humanistas que no suelen estar presentes en las obras de este autor, que en sus últimas novelas ha tendido a la abstracción. Más allá del mero papel de la tecnología, lo que Zendegi oculta en su interior es una hermosa reflexión sobre la aceptación de la muerte y el deseo de dejar tras nuestro algo que persista, desde un punto de vista ateo y racional que a mi me resulta muy atractivo.
Aunque se trata de un libro recomendable independientemente de la afinidad del lector hacia la ciencia ficción, los lectores que no conozcan a este interesante autor harán mejor acercándose a Permutation City (“Ciudad Permutación”) o Quarantine (“Cuarentena”). Ambos son libros asequibles que despejan cualquier duda acerca de la importancia de Greg Egan como rompedor de fronteras dentro del género. O aún mejor, buscad sus espectaculares antologías de relatos cortos Axiomatic (“Axiomático”) o Luminous (“Luminoso”) y experimentad la maravilla ante lo que es capaz de conseguir este autor. No obstante, este libro, rara avis dentro de la producción de Greg Egan, es una muy buena lectura en la que el autor demuestra que todavía tiene muchas historias que explicar y la inquietud de explorar nuevos territorios, aunque el resultado sea mejor en otras de sus obras.

PS. Esta reseña apareció originalmente en catalán en La Ludoteca de Ilium. La publicación de Zendegi en español gracias a Bibliópolis, sumada a la propuesta de Elías en Sense of Wonder de sacar nuestras reseñas simultáneamente, me ha llevado a traducirla (casi os diría adaptarla) al español para vuestro disfrute. Para leer la reseña de Elías haced clic aqui.

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As I Lay Dying, de William Faulkner

As I Lay Dying

“When something is new and hard and bright, there ought to be something a little better for it than just being safe, since the safe things are just the things that folks have been doing so long they have worn the edges off and there’s nothing to the doing of them that leaves a man to say, That was not done before and it cannot be done again.”

Reseñar una novela que te desborda es un reto insuperable. ¿Cómo reflejar, en pocos párrafos y sin demasiados recursos críticos, la complejidad y los múltiples niveles de lectura de un libro como el As I Lay Dying (Mientras Agonizo en su edición en español) de William Faulkner? Sabiendo que me enfrento al fracaso y sin ningún temor me lanzo a desbarrar.

A pesar de su brevedad se trata de un libro complejo, vivo y de múltiples niveles de lectura. La intuición que tiene Faulkner para el uso del lenguaje y para la evocación es impresionante. En As I Lay Dying consigue estremecer sin que el lector sea capaz de señalar con concreción el origen de su inquietud. Faulkner retrata a una familia del Mississippi de los años 30, lanzada contra viento y marea hacia el cumplimiento del deseo que es mitad venganza, de la madre que agoniza, de ser enterrada junto a sus parientes en un cementerio situado en un pueblo vecino que bien podría estar a medio mundo de distancia dado el infortunio que complicará la tarea. Dirigidos por un padre que dedica un esfuerzo mayor a no mover un dedo que el que necesitaría para solucionar sus problemas por él mismo, la familia Bundren se nos muestra como un núcleo disfuncional en el que únicamente el enfrentamiento contra el mundo es mayor que los enfrentamientos entre ellos.

La combinación de las técnicas de flujo de la conciencia (ejecutado con virtuosismo por el autor), múltiples puntos de vista y narración en primera persona da lugar a una narración potente y perturbadora en la que cada personaje, especialmente los miembros de la familia Bundren, monstruosamente humanos en su condición de caricaturas faltas de realismo y paradójicamente auténticas, parece ir por libre, unidos entre si solo por el vínculo de una madre presente casi solo a través de la ausencia. Esta paradoja, exacerbada en el escaso naturalismo de la prosa de Faulkner, es uno de los rasgos más característicos de esta novela. En cierta manera demuestra como retratar la vida (o “algo que es verdad”, por decirlo de algún modo) a través de un estilo que se aleja tanto de la realidad del pensamiento cotidiano. ¿Cómo se puede dar esa sensación de espontaneidad, de flujo sin obstáculos del lenguaje, con un vocabulario tan cultista y una prosa tan elusiva como la de Faulkner? Tal vez tenga que ver con el origen de la novela, escrita según su autor a lo largo de seis semanas febriles y sin ningún tipo de revisión posterior. La novela se resiste a la interpretación (de este lector, al menos) y deja sin aliento cuando se sumerge en el surrealismo del pensamiento, casi mágico, de algunos de los personajes, especialmente de los más jóvenes. Es un acto de equilibrismo que consigue evocar esa sensación de estar a punto de entender, de lo tengo en la punta de la lengua, veo un destello de sentido, pero que luego desborda a través de imágenes que evocan sensaciones potentes pero comprensión ninguna hasta alcanzar un final que, naturalmente, solo podía ser una catarsis.

Cada uno de los personajes, cada una de las voces que aparecen en la novela merecería un análisis por separado que llenaría más páginas que las que pretendo escribir en esta breve reseña. Si Joyce se dedicaba a jugar con el estilo de capítulo en capítulo en su famoso corte de mangas al mundo, Faulkner, mucho más sobrio pero más que probablemente emparentado con el maestro (y escribiendo esto, buscando información sobre libro y autor, he aprendido que el “As I Lay Dying” del título tiene su origen, precisamente, en La Odisea de Homero, reafirmando mis sospechas iniciales), opta por cambiar de registro personaje a personaje y vincula sus necesidades de estilo a la psicología de cada uno de ellos para darles personalidad, profundidad y, especialmente, una individualidad claustrofóbica.

Me quito el sombrero ante un libro para el cual no hay estrellas suficientes en el firmamento.

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Railsea, de China Miéville

Railsea

The railsea. Long straights, tight curves; metal runs on wooden ties; overlapping, spiralling, crossing at metalwork junctions; splitting off temporary sidings that abutted & rejoined main lines. Here the train tracks spread out to leave yards of unbroken earth between them; there they came close enough together that Sham could have jumped from one to the next, though that idea shivered him worse than the cold. Where they cleaved, at twenty thousand angles of track-meets-track, were mechanisms, points of every kind: wye switches; interlaced turnouts; stubs; crossovers; single & double slips. & on the approaches to them all were signals, switches, receivers, or ground frames.

Railsea, el último libro publicado por China Miéville, refuerza mi impresión de que sus novelas, en mayor medida que las de otros escritores, son una propuesta que va más allá del ejercicio puramente narrativo. En sus libros el contexto es, no ya un protagonista, sino el protagonista principal, por lo que el éxito de sus textos depende en buena medida del grado de aceptación de las reglas implícitas en el tipo de juego que propone. Es una consideración que va más allá de lo literario y que puede llegar a interferir con la narración pero que, por otro lado, puede amplificar el disfrute de sus historias. Y eso me ha pasado a mi con Railsea.

Railsea (¿víamar? ¿mar de vías?) es un mar de tierra densamente cubierto por una madeja de vías puestas por no se sabe quién y mantenidas no se sabe exactamente como por trenes-ángel vistos por muy pocos. La tierra sobre la que se apoyan estas vías está plagada de criaturas subterráneas que la surcan en busca de presas que llevarse a la boca y poner pie en tierra es una receta segura para morir en cuestión de minutos, ya sea devorado por un topo gigante o hecho pedazos por las pinzas de un escarabajo elefantiásico. Asi pués, los trenes y sus tripulaciones ocupan el lugar de los barcos en nuestra realidad y, de hecho, el muchacho que protagoniza la historia la empieza como aprendiz de médico en un tren cazador de topos cuyo capitán, última encarnación de Ahab, está obsesionado por dar caza al topo gigantesco que le derrotó en el pasado. De estos capitanes se dice que “tienen una filosofía” y son considerados estudiosos que persiguen a un animal que encarna un concepto concreto como “la tenacidad”, “el engaño” o, en realidad, casi cualquier otro que se os ocurra.

How many of these philosophies were out there? Not every captain of the Streggeye Lands had one, but a fair proportion grew into a close antipathy-cum-connection with one particular animal, which they came to realise or decide—to decidalise—embodied meanings, potentialities, ways of looking at the world. At a certain point, & it was hard to be exact but you knew it when you saw it, the usual cunning thinking about professional prey switched onto a new rail & became something else—a faithfulness to an animal that was now a worldview.

Asi, Railsea es enormemente denso en símbolos y metáforas. La primera que se me ocurre es la naturaleza dual de las vías, que permiten viajar y explorar a la vez que limitan severamente la posibilidad de salir del camino marcado, precisamente uno de los temas principales del libro. Sham, el protagonista de la novela, se pasa buena parte del libro buscando su identidad y su propósito en la vida solo para descubrir que este consiste en to boldly go where no man has gone before. Si en algo se acerca Railsea al género de la novela juvenil al que se viene atribuyendo desde antes de su publicación es en este espíritu de aventura y descubrimiento.

Otra de las imágenes constantes del libro, la que me resulta más sugerente, es la de la geología de despojos humanos (pero no solo) acumulada capa a capa a traves de las eras, repartida a lo largo y a través del mar de vías. El mundo de Railsea es sucio y claustrofóbico, con una humanidad emparedada entre un suelo mortal y una atmosfera tóxica surcada por sus propios leviathanes. No sabemos demasiado del origen de esta situación, no hay una voluntad de descripción exhaustiva del tipo de mundo en el que transcurre la historia, pero sí que los humanos se ha adaptado convirtiéndose en carroñeros de despojos, arqueólogos del desperdicio que atraviesan la tierra en sub¿marinos? o sub¿perforadores? en busca de riquezas a las que dar usos muchas veces lejanos del original. Es un collage de objetos de mil épocas que van desde lo más prosaico (una montaña de lavadoras es un buen ejemplo) hasta tecnología tan sofisticada que incluso a nosotros nos parececería magia.

Our minds we salvage from history’s rubbish, & they are machines to make chaos into story.

El narrador de Railsea es un ente omnisciente que enfatiza constantemente la naturaleza ficticia de la historia y la convierte en un interesante ejercicio de metanarración que, por si fuera poco, funciona. El mundo del Mar de Vías es tremendamente artificial y se adapta a la perfección al formato de la metanarración. La estrategia de Miéville consiste en intercalar capítulos brevísimos en los que interrumpe el flujo de la narración para llamar la atención sobre determinados mecanismos de la estructura de la historia, como un cambio de punto de vista:

What should the story do when the primary window through which we view it is shuttered? we might say: It should look through another window.

O el uso de un recurso lingüístico concreto:

THERE WAS A TIME when we did not form all words as now we do, in writing on a page. There was a time when the word “&” was written with several distinct & separate letters. It seems madness now. But there it is, & there is nothing we can do about it.

Porque si algo destaca en Railsea es su uso del idioma. No es raro encontrar, en reseñas o comentarios a reseñas de libros suyos, la idea de que Miéville es mejor formador de frases que constructor de historias y se dice que cuando el río suena agua lleva. ¿Que pienso yo? Es una de las cosas que amo de este autor. Eso y su imaginación portentosa. Como muchos otros escritores con talento, Miéville tiene tics que en ocasiones se vuelven excesivos (y excesivo es un adjetivo que le cuadra como anillo al dedo). La tendencia al barroquismo o su incapacidad casi infantil para dejar de inventar neologismos son buenos ejemplos de estos amaneramientos de estilo y, de hecho, la novela en la que más controla sus riendas (The City and The City) es doblemente interesante por ello. Railsea es barroca, amanerada, llena de neologismos y de dobles negaciones y de escritura densa y apretada, pero el lenguaje es maravilloso. Resulta sorprendente como Miéville ha conseguido poblar su prosa de imágenes que denotan una psicología vinculada a un mundo de trenes y vías. También se nota que su barroquismo no es sinónimo de descontrol y la atención a la sonoridad y al buen fluir de las palabras convierte su lectura en un placer, obstaculizado un poco por su empeño tipográfico en apadrinar toda & que se acercara a sus dedos. La textura de la prosa de Miévilles, cercana en este libro a la técnica del flujo de la conciencia, es uno de sus rasgos más distintivos. En este caso da pie a unas imágenes que invaden el cerebro y que no podía de dejar de imaginar plasmadas a través del arte de un Miyazaki o del equipo formado por los franceses Jeunet y Caro.

Al igual que sucedía con Embassytown, a Railsea le cuesta un tercio de libro encontrar un ritmo que encarrile la atención del lector como un tren con rumbo (¡Ja!). Aún y asi el libro nunca se libra de una serie de problemas relacionados, casi siempre, con la naturaleza demasiado esquemática de la psicología de los personajes y de la esencia de la trama. Es un libro extraño que por la complejidad de su prosa se aleja del género juvenil que se le atribuye pero que por las connotaciones de la historia que explica se enmarca de lleno en él, sobre todo cuando entendemos “juvenil” como esas novelas clásicas de búsquedas de tesoros y aventuras en alta mar en la que el grumete se convertía en héroe y tenía un mono en el hombro que siempre le acompañaba. Incluso se le puede acusar de infantil en algunas de sus soluciones, como la escena inmediatamente anterior, insuficientemente desarrollada, a un final que retrospectivamente era el únicamente posible. Por esas y otras razones es un libro que dista de ser perfecto pero se convierte en una propuesta única.

Es un libro de cuatro estrellas y lo despido con esta declaración de intenciones de la propia novela:

PEOPLE HAVE WANTED TO narrate since first we banged rocks together & wondered about fire. There’ll be tellings as long as there are any of us here, until the stars disappear one by one like turned-out lights.

 

Edición reseñada

Railsea
China Miéville
MacMillan (24 de mayo de 2012)
448 páginas

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The Postmortal, de Drew Magary

The Postmortal

Bajo una u otra forma, la inmortalidad forma parte del repertorio habitual de la ciencia ficción pero no recuerdo ningún título en el que sea el tema principal de una novela o, al menos, no con el enfoque de Drew Magary.

El punto de partida de The Postmortal (publicado en español con el título Eterna Juventud por Minotauro) es simple: de forma casi accidental la humanidad descubre un tratamiento que interrumpe el proceso de envejecimiento convirtiendo a todos aquellos con acceso a él en post-mortales de facto. La muerte sigue siendo una posibilidad, pero morir de viejo deja de ser inevitable y el impacto de esa nueva realidad, cada vez al alcance de más gente, lo cambia todo.

La propuesta de Drew Magary es una lectura absorbente, sugerente y… deprimente. A partir de una idea a la que pocos le haríamos ascos (¿o no os habéis planteado nunca las ventajas de la inmortalidad?) Magary advierte del peligro de conseguir nuestros deseos, al menos bajo las particulares condiciones en las que la inmortalidad irrumpe en este libro. En el mundo post-mortal de Magary la falta de fecha de caducidad de la especie parece más una prórroga que una auténtica eliminación. Ningún área de la existencia humana, psicológica, sociológica o ecológica, escapa a las consecuencias de la cura del envejecimiento y del ciclo de muerte y renovación que nos vincula al planeta y a nuestros semejantes. No pretendo estropear el placer (la angustia) que supone ir descubriendo esta sociedad post-mortal pero tratad de imaginar, por un momento, que podría significar para el mercado laboral la desaparición de la necesidad de jubilación, o la irrelevancia del concepto de más allá para las religiones o de algo tan preocupante hoy en día como la superpoblación si el flujo de nacimientos no se ve compensado, al menos en parte, por la desaparición de parte de la población. Por no hablar de la fuente de desigualdades que puede provocar la falta de acceso al tratamiento de las clases más desfavorecidas. La inmortalidad como algo al alcance la sociedad no es algo nuevo en el imaginario de la ciencia-ficción pero suele darse en contextos en los que la falta de espacio o recursos vitales no son un problema, ya sea a través de la colonización de otros planetas (como sucede en algunas novelas de Alastair Reynolds o Peter F. Hamilton) o por el traslado de la conciencia a soportes no biológicos autosuficientes (los ejemplos son innumerables pero sólo mencionaré a mi apreciado Greg Egan). Suele ser, en definitiva, una ventaja indudable. La novedad del libro de Magary es convertir el planeta post-mortal en una olla a presión. La cura del envejecimiento llega demasiado pronto y la bendición se torna maldición, desviando la utopía hacia una distopía sorprendentemente descorazonadora.

La estructura de la novela responde a un artificio que para mí no acaba de funcionar, aunque mi valoración general del libro es muy positiva: el descubrimiento, once años después del fin del libro, de la tableta personal de John Farrell en la que escribió sus pensamientos durante los últimos 60 años de su vida, los 60 años posteriores al descubrimiento de la cura del envejecimiento. El prólogo explica que Farrell era una persona muy meticulosa que utilizó una aplicación llamada LifeRecorder para registrar todas sus interacciones personales, editadas luego para darles la forma de libro con la que ha llegado a nuestras manos. Me imagino que el objetivo de este pretexto es aumentar la ilusión de realismo de la narración pero para mi es un esfuerzo innecesario y lo que consigue es todo lo contrario. Por mucho que el propio texto justifica la meticulosidad con la que se han consignado los diálogos y los pensamientos de Farrell, a medida que avanza el libro se vuelve más y más difícil imaginar que este perdiera un solo momento en elaborar su archivo. Pecata minuta que no va más allá del prólogo y que no afecta para nada al funcionamiento del resto de la historia. De hecho, aunque el interés de lo que explica se mantiene a lo largo del conjunto del texto, la acumulación inicial de textos más o menos inconexos dedicados a explicar la difusión y el impacto de la cura va ganando en potencia a medida que la narración de John Farrell se vuelve más personal. Para mi, a pesar de que me han llegado opiniones opuestas, la historia va de menos a más hasta alcanzar un clímax final fenomenal. Hay aspectos concretos del argumento que no estoy seguro de creerme del todo, especialmente en relación con su vida sentimental hacia el final del libro, pero que aumentan la complejidad del libro en el plano emocional y energizan el desenlace. El estilo de escritura de Drew Magary es transparente y funcional, sin aspavientos pero sin problemas evidentes. La concatenación de capítulos muy breves le da al libro un ritmo ágil que seduce y aumenta la sensación de cambio vertiginoso que sufre la sociedad a partir de la aparición de la cura. Me ha parecido un debut muy interesante y sin duda estaré pendiente de su próximo libro.

¿Os ha pasado alguna vez, al hablar de un libro o una película, que os dáis cuenta de que el libro ha dejado una huella mayor de lo que pensábais mientras lo leíais? Es lo que me ha ido pasando a lo largo de la semana que he tardado en ordenar mis ideas e ir escribiendo esta reseña. No es algo que suceda siempre (incluso puede darse el caso contrario, como me pasa a mi con los libros de Patrick Rothfuss) y en mi experiencia significa que el libro es más de lo que parece en primera instancia, que explica algo que merece ser explicado y por ello merece ser leído. The Postmortal cala. Hace pensar seriamente en cosas que, por otro lado, no estan tan lejos del alcance de la ciencia. Es una lectura ágil que no requiere más de 3 o 4 tardes pero que acompañará a nuestra imaginación durante largo tiempo. Le caen 4 de las 5 estrellas posibles de Goodreads y recomiendo vivamente su lectura.

 

Edición reseñada

The Postmortal
Drew Magary
Penguin Books (30 de agosto de 2011)
369 páginas

 

Edición en español

Eterna Juventud
Drew Magary (Traducción de José Elías Álamo Gómez)
Minotauro (10 de abril de 2012)
368 páginas

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Diablos de Polvo, de Roger Smith

Diablos de Polvo

Aquella era una tierra de conflictos shakespeareanos. Clanes del mismo estrecho valle que vivían enfrentados y peleados a muerte por motivos olvidados en el tiempo.

Ya hace un tiempo que vengo leyendo cosas buenas sobre la novela negra que se está escribiendo desde Sudáfrica, por lo que cuando la gente de Es Pop Ediciones me dio la oportunidad de participar, junto a otros blogueros, en la lectura conjunta de Diablos de Polvo, el libro de Roger Smith con el que inauguran su Colección Pulpo Negro, no dudé ni un segundo. Tres días después cerraba el libro y dos minutos después de cerrarlo encargaba otra novela del autor. Cuando algo me gusta quiero más.

Un Diablo de Polvo es un torbellino más o menos intenso que se produce cuando entran en contacto el aire caliente cercano al suelo y un bolsillo de aire frío, provocando una corriente ascendente intensa que arrastra el polvo y lo esparce al bajar de nuevo su temperatura. La imagen tiene connotaciones de choque, brusquedad y desorden, así que se ajusta como un guante al espíritu de esta violenta novela. Ambientada en la Sudáfrica post-apartheid de nuestros días, la historia combina los puntos de vista de cuatro personajes conectados por la tragedia lanzados sin frenos hacia un encuentro que no promete nada bueno.  Se me antoja, sin saber si se ajusta a la intención del autor, que con cada encuentro se produce uno de los diablos de polvo que dan título al libro, dando lugar a una explosión de caos que cambia el terreno juego y a los personajes. La gran violencia del libro está descrita con una asepsia perturbadora,  desprovista de énfasis y sin regodeo, que parece sugerir que escandalizarse está fuera de lugar, que esa violencia es tan natural como que salga el sol por la mañana. Smith sabe esparcir a lo largo del texto observaciones e imágenes que aumentan su capacidad de evocación y lo convierten en algo más que un mero entretenimiento con exceso de testosterona. En su prosa se aprecia un esfuerzo de depuración que parece responder menos al intento de ser facilón que al de maximizar su impacto manteniendo el realismo y acercándose en ocasiones al lirismo. Sus virtudes como narrador se encuentran tanto en su capacidad, casi fotográfica y desprovista de sentido del humor, de retratar diferentes escalas de violencia como en su habilidad para dar una voz memorable a los personajes e insertarlos en el contexto de un país tan singular, con una historia tan convulsa, como Sudáfrica (será injusto, pero se me han quitado todas las ganas de visitarlo). El libro, en mi opinión, sin pretender romper fronteras ni deslumbrar a base de estilo, no está desprovisto de ambición literaria y supone un éxito a muchos niveles. Poco a poco, frase a frase y con escritura atenta, la prosa de Smith va dibujando un país desolador, miserable y cubierto por una pátina de mugre que va más allá de lo puramente estético y apunta a una podredumbre del espíritu del que nadie escapa si no es por defunción. Fijaos que no me refiero, porque no me importa mucho, a que la visión de Sudáfrica que da el libro sea realista, sino a la capacidad (estrictamente literaria) del autor de generar una atmósfera verosímil en la que incrustar su historia. Puede discutirse si la novela es más cercana al noir o al thriller, pero en el atrevimiento de mi ignorancia este tipo de escenario es una de las características principales que le atribuyo a la novela negra. La otra es la imperfección de la naturaleza de sus personajes, también presente en Diablos de Polvo con la excepción de un único personaje que consigue mantenerse incorrupto. Por otro lado, y aunque cuando escribo siempre intento mantener las formas, no puedo dejar de mencionar que en Diablos de Polvo reside uno  de los mayores HIJOS DE PUTA que ha parido pluma de escritor. El infame Inja Mazibuko, señor de la guerra capaz de suscitar mis peores cualidades y mi deseo ardiente de desearle todo mal y para quien cualquier sufrimiento es poco. Me reservo la opinión de si la novela da o no satisfacción a dicho deseo. En el otro extremo del espectro se encuentra Sunday, una chica zulú de dieciséis años que se resiste al destino injusto que las circunstancias tratan de imponerle. Entre ambos transitan por rutas más o menos paralelas Robert Dell (antiguo activista antiapartheid cuyo pacifismo será puesto a prueba por las circunstancias), su padre (ex-agente de la CIA) y Disaster Zondi (zulú procedente del pueblo de Inja que ha escapado de la pobreza y ha alcanzado el éxito social y económico en Ciudad del Cabo haciéndose cargo de una unidad anti-corrupción). Todos ellos son personajes bien caracterizados, aunque confieso que Disaster Zondi (y la parte de la trama vinculada a él) me convence menos que el resto, tanto por su falta de rumbo como por su construcción un poco deslavazada. Entre todos dan pie a una coreografía trágica perversamente hipnótica que se refleja en la estructura de la novela.

Roger Smith es un buen narrador. La historia tiene un ritmo trepidante, lo que le da más mérito a su capacidad para dotar de tridimensionalidad el contexto y la situación del país. Solo en su tramo final, tal vez por desensibilización del lector, pierde algo de energía. Como tantas historias más o menos enraizadas en un género concreto la necesidad de encauzar las desventuras de los protagonistas hacia una situación final previsible, en su naturaleza sino en su desenlace definitivo (que los personajes se encontrarán está fuera de toda duda. Qué sucederá entonces es otro cantar), lastra un poco el realismo que caracteriza al conjunto del libro. A pesar de ello, Roger Smith es un buen malabarista de escenas y es difícil resistirse al atractivo de su novela. Nada es gratuíto pero la apariencia de espontaneidad se mantiene, o al menos la capacidad de sorpresa, por lo que la lectura siempre es un goce.

Me ha parecido una muy buena novela, llena de virtudes y con pocos problemas. No tengo ninguna duda de que los aficionados a la novela negra y al thriller se enamorarán inmediatamente de ella, pero es recomendable para cualquier buen lector a quién no le moleste la inclusión de la violencia en las historias que lee. Su retrato, no se si exagerado o tristemente realista, de la situación en Sudáfrica es descorazonador pero le da una personalidad propia que aumenta su interés. Es una novela de lectura sencilla pero oculta joyas para aquellos que disfrutan cavando en los textos. Recomiendo leerla prestando atención al detalle. Le caen 5 de las 5 estrellas posibles de Goodreads.

 

Ediciones reseñadas

Diablos de Polvo
Roger Smith
Es Pop Ediciones, Colección Pulpo Negro (2012)
344 páginas

 

Dust Devils
Roger Smith
Serpent’s Tail (2011)

 

PD. Le agradezco a Es Pop Ediciones la oportunidad de participar en la lectura compartida de este libro. Podéis encontrar otras reseñas de los participantes en leemaslibros y en Pulparty y en Viaje Alrededor de una Mesa y en Leer Sin Prisa y en Cruce de Caminos y en LilVia… iré añadiendo al resto conforme vayan apareciendo.

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