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Los subgéneros y la zona de confort

El post invitado que ha escrito Sarah de Bookworm Blues para The Speculative Scotman me ha llevado a pensar en la idea de zona de confort, un concepto con el que tengo la impresión que muchos lectores de literatura fantástica se sentirán identificados.  “Zona de confort” es aquel ambiente (o forma de hacer las cosas) en el que nos sentimos cómodos, hacia el cual tendemos a gravitar espontáneamente. Es probable que sea aplicable a todas las conductas humanas y supongo que no todos somos igual de proclives a ceder ante su influencia conservadora, pero quien más, quien menos, tiene una zona de confort y la conoce bien. Habrá quien no disfrute probando gastronomías exóticas, quien sólo vea películas de acción o quien nunca abrirá un libro que no tenga un señor encapuchado en su portada. En si no tiene nada malo (home sweet home) pero no ser consciente de ello lleva, siempre, a ignorar cosas que podrían hacernos disfrutar enormemente y que, probablemente, enriquecerían la valoración de nuestros gustos habituales.

Sarah escribe como, después de una larga trayectoria como lectora exclusiva de fantasía épica, una inmovilización prolongada le llevó a agotar su repertorio de lecturas disponibles. Dejaré que lo explique ella misma:

Before I’d only read a book if it was epic fantasy. It had to be bloody and filled with tons of complicated plot elements. Politics were always a plus. Then, this period of my life happened and I ventured out. I read urban fantasy, sci-fi, military sci-fi, fantasy with assassins, thieves, steampunk, new weird, young adult and whatever else. I even read Twilight. I didn’t like it, but I read it.

[Antes solo leía un libro si era de fantasía épica. Tenía que ser sangriento y tener un argumento con montones de detalles complicados. La política siempre era un valor añadido. Entonces llego esa época de mi vida y me arriesgué a salir. Leí fantasía urbana, ciencia ficción, ciencia ficción militar, fantasía con asesinos, ladrones, steampunk, new weird, literatura juvenil y cualquier otra cosa. Incluso leí Crepúsculo. No me gustó, pero lo leí]

He leído en diversas ocasiones que la literatura de género tiende a ser muy conservadora, especialmente a nivel estético y narrativo. Para mi es el complemento a la idea de zona de confort, esta vez desde el
punto de vista del libro y no del lector. Ambos conceptos destapan la tapa de pandora de la eterna e insoluble discusión sobre géneros y subgéneros. En Constantinopla se preguntarían cuantos ángeles caben en un subgénero… y la respuesta sería que un montón si el subgénero es la fantasía urbana o el romance paranormal… y que luego se pegarían para cambiar el nombre del subgenéro o crear uno nuevo… Sin duda el género es el gran invento de la mercadotecnia en cuanto a literatura se refiere, pero es un aspecto del debate que no me interesa demasiado. La mayoría de lectores saben lo que les gusta, quieren lo que les gusta y, a veces parece, muchos no quieren que les guste nada nuevo. Todos sabemos que las expectativas juegan un papel importante en nuestro modo de disfrutar un libro y, tanto para bien como para mal, la adhesión a un género determinado es una de las mayores fuentes de expectativas que conozco. Forma parte de nuestra condición de generadores de patrones agrupar entre si las cosas que se parecen, por lo que la agrupación de historias según los elementos que comparten es algo totalmente natural, aunque es fácil que desemboque en un círculo vicioso (en el que escribo ciberpunk weird con vampiros centelleantes y brujas buenas porque me gustan las novelas de ciberpunk weird con vampiros centelleantes y brujas buenas) que anula bastante la posibilidad de crítica literaria e incluso de reseñar con un mínimo de profundidad. No tiene mayor importancia, pero mejor tenerlo claro.

Yo reconozco sin problemas mi ramalazo estéticamente conservador: echa efectos especiales a un buen trailer y es más probable que vaya a ver la película. Y si es de superhéroes casi que mejor. ¿Eso no es ser conservador? Es una de mis muchas “zonas de confort” y hey, al menos tengo más de  una. En cuanto a libros se refiere, con el tiempo mi zona de confort se ha ido ampliando y su centro de gravedad sigue una órbita más o menos errante que se acerca y se aleja del ámbito amplio de la literatura fantástica y se autodestruye si se acerca remotamente a la literatura romántica (mi anti-zona de confort). Me interesa la ciencia ficción en general (la militar menos), la fantasía urbana es uno de mis placeres culpables y la fantasía épica me emociona. Me interesa especialmente el New Weird con un pellizco pulp y oye, me gustan los magos, y a pesar de que empiezo a pensar que el número de distopías dirigidas a un público juvenil ha crecido tanto como para empezar a ser distópico por derecho propio lo cierto es que su actual encarnación descafeinada, cada vez más prevalente, me divierte. En el fondo, sin embargo, no pienso demasiado en términos de género más que como algo puramente descriptivo y con brocha gorda, y si encadeno más de un par de libros que se parecen demasiado tengo que correr a por el ventolín.

La lista de subgéneros de ciencia ficción y fantasía que propone Wikipedia, por dar un ejemplo, es tan exagerada que parece una caricatura. Mirad algunos de ellos, con algún ejemplo más o menos representativo:

¿Da un poco de vértigo, verdad? En realidad parece absurdo. Estoy seguro de que muchos de vosotros cambiaríais la clasificación de alguno de los ejemplos. Yo lo haría, se solapan un montón. Si nos pusiéramos a agrupar con un mínimo de sentido común eliminaríamos la mayoría de las etiquetas. A no ser, claro está, que se trate de una de las que nos gustan especialmente. Nuestra zona de confort. Que es mejor que la de los demás, evidentemente.

Me voy a mojar con mis zonas de confort: Disfruto como un enano con la ciencia ficción antropológica de Ursula K Le Guin en The Dispossessed (Los Desposeídos) o The Left Hand of Darkness (La Mano Izquierda de la Oscuridad) y con las especulaciones hard y un poco crípticas como las de Peter Watts en Blindsight (Visión Ciega) o Greg Egan en… casi cualquiera de sus novelas… En el terreno de la fantasía, me quedo con las fantasías urbanas que huyen del romance (desde las aventuras con pincelada noir de Harry Dresden en las novelas de Jim Butcher hasta la propuesta imaginativamente desbordante de China Miéville en Kraken) aunque no le hago ascos a la épica de George R.R. Martin o Joe Abercrombie y la alta fantasía de los libros de Terramar o del Señor de los Anillos me sigue pareciendo tan impactante como la primera vez que los leí. Y mira lo que me ha pasado: ¡quería mentar dos libros y he llenado una estantería!

¿Y vosotros? ¿Alguien se anima a compartir sus preferencias y recomendar algún libro que defienda la supremacía de su género favorito? ¿Habéis hecho algún gran descubrimiento fuera de vuestra zona de confort? Pues animáos y describid vuestra experiencia en los comentarios.

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