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Uno de los subgéneros más populares y, con toda probabilidad, con más éxito comercial de la literatura fantástica es la «fantasía épica». Lo es ahora, como secuela de la trilogía cinematográfica de El señor de los anillos rodada por Peter Jackson, lo es en pleno apogeo de la serie televisiva Juego de Tronos, pero es un fenómeno que viene de antes; no en vano ya El nombre del viento consiguió atravesar uno de los fronteras más difíciles de franquear para las novelas de género: el del fandom. Hay otros ejemplos de novelas o sagas de fantasía o, en menor medida, de ciencia ficción que han sido muy leídos por sectores del público lector poco habituados a la literatura no realista o, para ser más precisos, a la fantástica, pero la mayoría se ubican en un marco juvenil. ¿Dar el salto a lectores generales adultos? ¿Ver cómo la mujer que se sienta a tu lado en el metro, que podría ser tu madre cuando no tu abuela, saca del bolso su manoseado ejemplar de El nombre del viento? Eso es mucho más raro. Y sin embargo, si le pides a cualquiera de estos lectores “no habituales” que clasifique estos libros los meterá todos dentro de un mismo saco: Fantasía. Somos nosotros, vosotros, los lectores que pueden haber llegado a un artículo como este en una revista como esta, los que nos preocupamos de forma más o menos lúdica, más o menos obsesiva, por ponerles más o menos apellidos a ese nombre genérico. Y el apellido al que me refiero en este caso es “épica”, también llamada “heroica”.

[Así empieza el artículo “La búsqueda de la épica en la fantasía” que escribí para el primer número de SuperSonic y que acaba de publicarse en la web de la revista. Podéis leer el artículo entero y comentarlo en este enlace]

Artículo en SuperSonic: “La búsqueda de la épica en la fantasía”

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Los mejores libros de género de 2014 (según gente que sabe y un servidor, que sabe menos pero manda en el blog)

Ahora que acabamos el año se lleva eso de hacer los rankings personales, algo que me parece poco interesante y, aún peor, ABURRIDO. Yo he preferido elegir a un elenco de ilustres blogueros y, por aquello de la discriminación positiva, a un par de escritores —todos ellos comparten la desgracia de tenerme como amigo— y les he pedido que recomienden un, y solo un, libro de género publicado en 2014. El mejor según ellos. Y como el blog es mío también me he permitido opinar porque es sabido que me gusta más opinar que a un tonto un lápiz… La lista ha salido más bien ecléctica, cómo esperaba, y aunque es difícil que alguien se adhiera a su totalidad, tengo claro que hay algo para cada uno. Algunos de los libros están en inglés, otros son traducciones, otros escritos originalmente en castellano, y a nivel temático presentan una variedad notable. Me parece, de verdad, que vale la pena echarle un vistazo al resultado como ejemplo de la calidad y la diversidad que puede ofrecer la literatura fantástica en sentido amplio.

¡Y que se acercan Reyes, caramba!

Sin más preámbulos: La Lista. Continue reading

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Reflexiones en torno a “James Tiptree Jr., the Double Life of Alice B. Sheldon” de Julie Phillips.

portada bioEn el momento de escribir estas líneas, a 19 de mayo de 2014, si me preguntan cual es el mejor libro que he leído durante el año no me cabe duda alguna de la respuesta: James Tiptree Jr., the Double Life of Alice B. Sheldon, de Julie Phillips. En este libro, ganador del Premio Nacional de la Crítica de los EE.UU. de 2006 en la categoría de biografía, Phillips explica la vida de una de las figuras más enigmáticas de la historia de la ciencia ficción, además de una de las principales autoras de relatos del género y, para muchos, del conjunto de la literatura. Durante veinte años, hasta su muerte, Alice B. Sheldon escribió usando el seudónimo de James Tiptree Jr. y durante la mitad de este período se hizo pasar por hombre ante prácticamente todas las (numerosas) amistades que mantuvo por correspondencia. En medio construyó una de las carreras más sólidas de la ciencia ficción y vivió una vida, incluyendo la sexualidad, llena de complejidades y contradicciones. Phillips la explica con la habilidad de hacer del libro un diálogo con la vida del propio lector y lo convierte en una de las lecturas más sugerentes y estimulantes que he leído en mucho tiempo.

En el siguiente artículo hablaré de esta biografía y opinaré sobre ella, pero me gustaría dejar muy claro, de entrada y en aras de la transparencia, que este libro y las búsquedas que he ido haciendo durante su lectura son todo lo que sé de la autora. Todavía no he leído sus relatos, algo que me ha limitado considerablemente mientras escribía esta reseña.

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Patrick Rothfuss en Barcelona: minirreseña y crónica

Esta semana ha visitado España Patrick Rothfuss, autor de la popular Crónica del Asesino de Reyes y del cuento no para niños Las Aventuras de la Princesa y el señor Fu. Random House Mondadori ha aprovechado la ocasión para organizar una presentación abierta al público en la que el autor leyó Las aventuras de la Princesa y el Señor Fu, contestó las preguntas de los asistentes y firmó ejemplares de sus libros. Todo el acto fue retransmitido por streaming a través de la página de facebook de la trilogía, pero si no tuvisteis la oportunidad de seguirlo os recomiendo que leáis la exhaustiva crónica que publicaron, casi inmediatamente, en El Rincón de Koreander. ¿Os he dicho ya cuanto me gusta El Rincón? Imprescindible para estar al día de la actualidad del género en nuestro país.

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Agradecimientos varios y convocatorias abiertas

antologíasHoy se ha publicado en el blog de Literatura Fantástica RBA mi último artículo, que lleva por título Las antologías y la literatura fantástica. Os animo a leerlo y a hacerme llegar vuestros comentarios. Hace tiempo que lo llevaba en la cabeza y la verdad es que he disfrutado tanto escribiéndolo como documentándolo. Si lo he disfrutado tanto ha sido, en buena parte, por las colaboraciones magníficas que he conseguido. En el artículo no he encontrado sitio para hacerlo, así que aprovecho este espacio personal para agradecerles su tiempo a Marian Womack de Nevsky Prospects, a Pablo Mazo de Salto de Página, a Susana Arroyo y Silvia Schettin de Fata Libelli, a Mariano Villarreal del Proyecto Terra Nova y a Marchetto de Cuentos Para Algernon. Si el artículo es especial (yo creo que lo es) es gracias a ellos, mientras que cualquier equivocación en el planteamiento es mío y solo mío. Total, que gracias, que ha sido un placer y no lo digo por decir.

Como siempre, quien más aprende con estas cosas es quien las escribe. Me han parecido fascinantes las diferencias en la situación de las antologías (y el relato en general) entre países y en otra ocasión me gustaría profundizar en el tema de las revistas pulp. Estos días estoy leyendo The Way the Future Was, la autobiografía de Frederik Pohl, y su descripción del mundo de las revistas de ciencia ficción en los años treinta y siguientes en los Estados Unidos me tiene totalmente absorto. Vaya por delante mi amenaza: me veréis hablar más de este tema.

Otra cosa que quería hacer en esta breve nota es compartir dos informaciones que deberían interesar a todos los aficionados a la escritura de literatura fantástica. Por un lado, os animo a visitar la convocatoria de la antología The Best of Spanish Steampunk que planea publicar Nevsky Prospects a través de su sello Fábulas de Albión. Se pueden enviar relatos entre el 1 de setiembre de 2013 y el 1 de enero de 2014, y los relatos seleccionados serán traducidos al inglés y publicados en el mercado internacional. Me parece una iniciativa muy interesante y os animo a visitar el enlace para leer la convocatoria completa y a hacer difusión de ella.

Por otra parte, también se ha abierto la convocatoria para el volumen 3 de Terra Nova, que esta vez se publicará bajo el sello Fantascy de Random House Mondadori. Aquellos de vosotros que queráis probar suerte y enviar vuestros relatos podéis hacerlo a la dirección de correo electrónico originalesfantascy@rhm.es o a literfan@yahoo.es especificando en el asunto ” Para la antología Terra Nova “. Aunque no he encontrado una convocatoria oficial a la que enlazar, en El Rincón de Koreander podéis leer lo que se dijo al respecto en la presentación del segundo volumen que tuvo lugar en Avilés durante el Celsius 232. En el siguiente enlace encontraréis esta información, además de la tabla de contenidos del segundo volumen y su portada (que no me enamora).

Finalmente, ya se ha abierto la convocatoria para el volumen Visiones 2013. Esta vez es temática (el tema es Un Ambiente Lovecraftiano) y la selección corre a cargo del equipo de Sedice.com. Podéis leer la convocatoria aquí. Después de hacer de seleccionador en la edición anterior me pregunto si en Sedice.com saben la que se les viene encima…

Lo dicho, os invito a leer el artículo sobre las antologías y a comentarlo, le agradezco su enorme ayuda a todos los participantes (y a los compañeros que han hecho de lectores cero y me han enviado sus recomendaciones. No me olvido —nunca— de vosotros) y os animo a enviar vuestros relatos a las convocatorias mencionadas.

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Reseña de Prospectivas, Antología del Cuento de Ciencia Ficción Española Actual

Prospectivas

Uno de objetivos lectores que me planteé para 2013 fue prestarle más atención a la literatura fantástica escrita originalmente en español. Empecé a leer en inglés para (a) mejorar mi nivel del mismo, (b) ahorrar (mucho) dinero y (c) estar más al día de las novedades y… al final me acostumbré tanto que ahora tiendo a huir de traducciones  —Pido disculpas a mis amigos traductores: No son ellos, soy yo— y he acabado sabiendo muy poco de lo que se escribe en español, ya sea desde España o desde Latinoamérica. Tengo algo más claro lo que se escribe en catalán, pero eso me resulta menos difícil porque la cantidad de novedades es más reducida. En resumen, que me parece una situación un poco perversa y —a pesar de los quebraderos de cabeza que me provoca la gestión de mi Pila de libros pendientes— decidí ponerle remedio. Un poco.

Y así llegué a Perturbaciones y a Prospectivas, los volúmenes que Salto de Página ha dedicado a los relatos de literatura fantástica y ciencia ficción, respectivamente, escrita en nuestro país (También han publicado Aquelarre, un volumen similar dedicado al relato de terror). Salto de Página tuvo a bien enviarme los dos primeros volúmenes y, leído Prospectivas y a falta de hacer lo mismo con Perturbaciones, me apetece mucho hacer una pequeña valoración que ya acumula un retraso mucho mayor de lo que me hubiera gustado. Vamos con Prospectivas, pues. Prescindiré del suspense y adelantaré que me ha dejado un regusto un tanto agridulce.

La introducción de Prospectivas

Prospectivas recoge una selección de dieciocho relatos presentados sin orden cronológico, con un prólogo de Fernando Ángel Moreno y una pequeña introducción para cada relato. Con la excepción de dos de ellos, inéditos hasta su aparición en el presente volumen, todos ellos habían sido publicados anteriormente entre 1981 y 2012 y existe un curioso hiato temporal entre el cuento más antiguo (Mein Führer, de Rafa Marín, publicado en 1981) y el siguiente (La Carretera, de Rodolfo Martínez publicado en en 1990) —¿qué le paso a la ciencia ficción española en esos nueve años? ¿Hay una generación perdida?—. Las 432 páginas del libro contienen relatos de autores que le resultarán familiares a cualquier lector que haya tenido al menos medio ojo puesto en la evolución del género en nuestro país, como César Mallorquí, Elia Barceló, León Arsenal, Rafa Marín, Juan Miguel Aguilera, Rodolfo Martínez, Eduardo Vaquerizo, Julián Díez, Santiago Eximeno… y otros que a mí (ya he mencionado mi falta de conocimiento de la actualidad del género en nuestro país, ¿verdad? Pues sirva como disculpa para cualquier susceptibilidad herida) me resultan menos familiares, como Manuel Vilas, Daniel Mares, Joaquín Revuelta, Juan Antonio Fernández Madrigal, Juan Jacinto Muñoz Rengel, Carlos Pavón, Roberto Bartual, Matías Candeira y José Ramón Vázquez. Sangre vieja y sangre nueva en una combinación interesante que se refleja en la enorme variedad de estilo y de temas que recogen los relatos seleccionados. En mi repaso al contenido del libro agruparé las narraciones en torno a una serie de características, pero ni son las únicas posibles, ni son excluyentes entre sí, ni creo que puedan contener la totalidad de la antología.

Fernando Ángel Moreno se refiere, en el prólogo, a siete elementos muy característicos de la ciencia ficción española, especialmente durante sus primeros años. Estos elementos, que me limitaré a mencionar, son: (1) la falta de personajes femeninos, (2) la ausencia de robots y extraterrestres, (3) el uso del humor como recurso, (4) la presencia de subtextos subversivos, (5) la falta de interés por las utopías, (6) el uso de referentes literarios clásicos y de recursos metaliterarios y (7) una obsesión con lo espiritual o religioso. Después de una primera lectura de la antología cabe hacerle una crítica menor —que el mismo prólogo reconoce de forma implícita— a una propuesta que parece reflejar con mayor acierto la evolución de la novela de ciencia ficción en español que la del relato. Aunque sí es posible detectar la presencia de algunos de estos elementos en varios de los relatos seleccionados, especialmente del humor y del espíritu subversivo. Otras características, como la falta de personajes femeninos o la ausencia de determinadas formas del género, me parecen más circunstanciales y, en cualquier caso, parecen estar cambiando en estos últimos años (lo cual, sobra decirlo, no le resta ningún valor a la propuesta de Fernando Ángel Moreno, interesada en resumir la historia del género y no su presente).

El prólogo es (demasiado) breve pero informativo y apunta la historia general del género en nuestro país, desde un inicio a finales del franquismo después del impacto que supuso leer, por traducidos por primera vez, a autores como Ursula K. Le Guin, Ray Bradbury o Robert Heinlein. Lo más sugerente del prólogo es su descripción del nacimiento humilde de la ciencia ficción en los arrabales de los bolsilibros y su posterior despliegue, durante la transición, con la llegada de las fotocopiadoras y la popularización de los fanzines, convertido en eclosión exhuberante con el advenimiento de internet y la facilidad de acceso, finalmente, a la totalidad del género. Como pasa siempre en este tipo de textos deja con ganas de más y es de agradecer la presencia de la bibliografía recomendada por Fernando Ángel en las notas a pie de página. Tal vez, por meterme en camisa de once varas, deje de lado un fenómeno que intuyo al que me referiré en la sección final de la reseña: la aparición, recientemente, de un grupo de autores que no proceden del fándom más “tradicional” o histórico, desconectado de sus tradiciones y de sus medios habituales. Probablemente sería exagerado hablar de un “segundo nacimiento” de la ciencia ficción, pero… el concepto me tienta. Aclaro que me refiero al prólogo y que la selección de relatos sí refleja este cambio. Aclaro, también, que no me refiero solo a la nueva generación de “extraños” a los que se ha referido Javier Calvo recientemente, sino también a autores con planteamientos más próximos a la ciencia ficción tradicional, como Miguel Santander o Cristina Jurado. Más allá de ejemplos más o menos acertados, lo que me llama la atención es la existencia de esta desconexión en la historia del género.

Impresiones de los relatos y características comunes

El volumen comienza con El Rebaño (1993), de César Mallorquí, para muchos el mejor cuento de ciencia ficción jamás escrito en castellano y uno de los mejores de la ciencia ficción. TODA la ciencia ficción… Ahí es nada… Leído con eso en mente ni el relato ni la prosa de Mallorquí están (no pueden estar) a la altura de las expectativas y no puede hacer más que defraudar, pero lo cierto es que se trata de un cuento potente con un párrafo final de impacto. El texto funcionaría mejor si el autor no hubiera cedido a la tentación de la antropomorfización y se acerca peligrosamente a la sensiblería con un tono de fábula moralizante que le resta parte de su frescura, pero no puede ser el mejor cuento de la ciencia ficción española cuando, para mí, ni siquiera es el mejor del volumen. Lo que me interesa destacar es el componente didáctico, o moralizante, del relato, uno de los ingredientes principales de otros relatos de la colección. No puedo dejar de pensar en Tren (2009), el intenso relato en el que Julián Díez recurre a los viajes en el tiempo y al atentado de Atocha en 2004 para reflexionar sobre el valor de la vida y el rol (¿carroñero?) de los medios de comunicación. El cuento es memorable porque Díez da con el tono, y el protagonista, perfectos y es capaz de conseguir varios niveles de lectura que van más allá de su intención moral. Lo mismo puede decirse de La Brigada Diógenes (2009), una distopía descorazonadora, descendiente directa del Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, que habla del rechazo de la sociedad a la vejez y se lee con creciente angustia. Es lo primero que leo de Muñoz Rengel y me ha parecido tremendo, uno de los puntos álgidos de la antología. El último de los relatos “moralizantes”, para mí, es el Últimas Páginas de una Autobiografía (2005) de Roberto Bartual, un cuento magnífico que puede aguantar mal el paso del tiempo por su estrecha vinculación a la producción artística de un período determinado. Se trata de una magnífica ucronía sobre la importancia del arte, la mierda del concepto de patria y el porqué hay que perseguir los sueños.

Otro de los elementos comunes de varios de los relatos de la antología es el sentido del humor, una de las siete características mencionadas en el prólogo. Está en el Mein Führer de Rafa Marín (1981), un cuento de viajes en el tiempo tremendamente divertido, con un gran control del estilo y al que solo puedo reprocharle que sabe a poco. Aparece de nuevo en La Carretera de Rodolfo Martínez (1990), un muy buen cuento que contiene fragmentos magníficos a pesar de ser algo irregular en su desarrollo y en su prosa; también en la ironía de Daniel Mares en Enseñando A Un Marciano (1995), una genial comedia estupenda que, inevitablemente, recuerda al Sin Noticias de Gurb de Eduardo Mendoza (por si a alguien le queda alguna duda: eso era un cumplido). De hecho, diría que la carga irónica de los relatos aumenta a medida que estos son más actuales y es el elemento principal de Arcan (2011), de Manuel Vilas, una gamberrada surrealista que tanto puede generar rechazo como seducir (es mi caso). Si es ciencia ficción lo es a duras penas, pero me he divertido tanto leyéndolo que no voy a ponerme muy pesado con ello.

También hay un grupo de cuentos que agruparía por su voluntad de evocar atmósferas o explorar  sentimientos concretos, más allá de tramas concretas. Entre ellos destaca un relato turbador de tranquila tristeza, Días de Otoño (2005) de Santiago Eximeno, sobre un señor que se aferra con todas sus fuerzas a su esperanza de un futuro mejor. Eximeno ha sido, quizás, uno de mis principales descubrimientos personales en la antología y un autor al que, sin duda, seguiré explorando. Otro de los autores que quiero conocer mejor es Matías Candeira, autor de un cuento brillante de resonancias kafkianas evidentes, El Extraño (2011). En el centro de este relato se encuentra el conflicto entre lo que queremos ser y lo que esperan los demás de nosotros, y Candeira trata el tema  —acercándose más a la fantasía que a la ciencia ficcion— con delicadeza en un cuento en el que la monstruosidad y la humanidad intercambian su lugar. Menos interesante me parece el planteamiento de Carlos Pavón en Poetik GmbH (1998), que saca buen partido de los recursos de la ciencia ficción hard en un estudio del resentimiento que flaquea a nivel narrativo. El último relato que incluyo en este grupo es Todo lo que un Hombre Puede Imaginar (2005), el homenaje de Juan Miguel Aguilera a un tipo de ciencia ficción optimista que persigue el sentido de la maravilla. Es un relato desigual que funciona mejor en su mitad “terrenal”, con una deliciosa atmósfera nostálgica de tintes victorianos, que en su parte fantástica. Vuela demasiado alto y no tiene aire que lo sustente, pero es difícil resistirse a su encanto.

El ingrediente principal de otro conjunto de relatos es su voluntad de estilo. No estoy sugiriendo que el estilo no sea un elemento importante del resto de textos, sino que en los de estos grupos el autor se propone escribir de una manera determinada y conseguir que el lector sea muy consciente de ello. Es el caso de relatos como Arcan (2011) de Manuel Vilas (sí, ya sé, ya he hablado de él), y de Patrick Hannahan y las Guerras Secretas (2012) de Eduardo Vaquerizo. Este último pertenece al subgénero de las historias secretas y Vaquerizo se alza triunfador con una historia que me recuerda a lo mejor de Neal Stephenson y de Greg Egan, que no es poco. En otros casos la voluntad de estilo se refleja más en su carácter imitativa, como sucede con Dragones en el centro (2003) de Joaquín Revuelta y Neo Tokio Blues (2012) de José Ramón Vázquez.  La propuesta de Joaquín Revuelta es una historia de viajes en el tiempo muy original que me ha seducido… y bien pueden ser imaginaciones mías… por su componente paródico. Me voy a permitir el lujo de enviar al incauto lector de esta entrada de excursión a la blogosfera: leed esto. ¿Ya? ¿Os habéis quedado con la frase “cansa leer tantos libros que parecen malas traducciones de libros en un mal inglés”? Es una afirmación con la simpatizo profundamente (“antipatizo” sería más exacto). Pues bien, pondría la mano en el fuego (figurativamente, no vayamos a tener una desgracia) en que Revuelta ha escrito su relato para que parezca una mala traducción de un libro en inglés, y lo hace con tanta deliberación y tanto estilo que le da la vuelta y su cuento… ¡Acaba siendo bueno!. Ahora, claro, si Joaquín Revuelta (a quien no tengo el gusto de conocer) me escribe un comentario y me dice que eso no es así y que malditas sean mis muelas no me quedará más remedio que tragarme mis palabras y decirme a mi mismo aquello de “nobody likes a smartass”. Asumo el riesgo. Neo Tokio Blues también es un homenaje, pero esta vez a los referentes estéticos y narrativos del anime japonés. Es puro argumento y funciona perfectamente, muy divertido.

Quedan por mencionar tres relatos de la antología que me cuesta relacionar entre sí o con los que ya he tratado. Uno de ellos es Besos de Alacrán (1994) de León Arsenal, un buen cuento al que tal vez se le pueda reprochar el tono algo distante que le impone al lector y, finalmente, los dos relatos que más me han decepcionado de todo el volumen: La Estrella (1991) de Elia Barceló, y El Olor Profundo de la Tierra (2004) de Juan Antonio Fernández Madrigal. He oído hablar mucho de Elia Barceló como uno de los mejores valores del género en español y ponerlo en duda porque no me ha gustado un relato estaría fuera de lugar, pero la verdad es que La Estrella mí no va más allá de una historia superficialmente bonita pero vacua. No he conectado con él y no tengo nada bueno que decir sobre él. El caso de El Olor Profundo de la Tierra es más complejo. Se trata de un relato lleno de buenas ideas que sugiere un mundo complejo y atractivo con solo dos pinceladas, pero despilfarra todo su potencial en una historia apresurada y distante que no proporciona ninguna gratificación para el lector. Fernández Madrigal no permite que su historia se despliegue y su texto se parece más al resumen de una novela que a un relato.

Conclusión, enlaces y dudas personales

Sin duda he disfrutado con esta antología. Me ha parecido un buena primera toma de contacto con la ciencia ficción que se escribe en España por más que el nivel de los relatos es desigual y esperaba un nivel global más elevado. Me ha costado plantear esta reseña e incluso ahora, a punto de darla por buena, me aquejan dudas sobre las opiniones que vierto en ella y sobre mi capacidad para valorarla como se merece. Como ya he mencionado forma parte de un propósito personal de hacerme una idea aceptable de lo que se escribe en el género en nuestro idioma (más allá de nacionalidades) y, por ello, agradeceré cualquier contribución vuestra en los comentarios o cualquier crítica a la reseña. Mientras leía la antología y durante el largo intervalo que me ha llevado a pensar y escribir este artículo he ido leyendo opiniones sobre Prospectiva en otros foros, además de otros artículos relacionados que hablaban de autores y temas relacionados. En ese sentido no puedo dejar de recomendaros que visitéis las reseñas de Prospectivas que han escrito Juan Manuel Santiago en Lecturalia y Elías Combarro en Sense of Wonder. Ellos hablan desde un conocimiento mayor que el mío y son algo menos prolijos y, por ende, pesados. Otro texto que me parece interesante, aunque no es una reseña y ha provocado algunas reacciones encontradas, el artículo de Javier Calvo en Jot Down. Será más o menos parcial, más o menos tendencioso, pero después de leer Prospectivas veo claro que se refiere a los autores de literatura fantástica de nuestro país que más me interesan a mí. Creo que también vale la pena recuperar la comparación que hizo Carlos García de uno de los títulos clásicos del género en nuestro país (Lágrimas de Luz, de Rafa Marín, publicada en 1984) y una novela breve escrita —en inglés, aunque para la cuestión de interés eso es anecdótico— en 2012 (Her Fingers, de Tamara Romeroreseñada también en La Biblioteca de Ilium—). En su texto, Carlos proponía que para los autores que empezaron a escribir ciencia ficción en los años de la transición supuso un lastre la falta de tradición y que, tal vez, autores contemporáneos con unos referentes más claros sepan sacar mayor partido de los recursos del género. Es una idea que concuerda hasta cierto punto con el énfasis de Javier Calvo en la aparición de una serie de autores que no orbitan en torno al fandom y beben de tradiciones que incluyen, pero no se limitan, a la fantastika. Concuerda también con mis impresiones sobre la evolución de los cuentos recogidos en Prospectivas, tal y como mencionaba en la introducción de este artículo. Cabe añadir que, al menos para mí, es una apreciación que no tiene relación con la calidad de los cuentos sino con su frescura y con la soltura con la que manejan los recursos del género. En cualquier caso, la existencia de un movimiento similar más allá de nuestras fronteras, con autores como Michael Chabon, Jennifer Egan o Cormac McCarthy, por mencionar algunos, obliga a ser prudente al tratar de buscar cualquier explicación en clave nacional y a enfocar el tema con una dosis sana de escepticismo.

No sé si la ciencia ficción española tiene un gran pasado, pero sospecho que tiene un futuro prometedor. Prospectivas es un volumen imprescindible para cualquiera interesado en el género escrito en nuestro país.

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La Biblioteca de Ilium y la Colección de Literatura Fantástica de RBA

Estos días el ciberespacio nacional interesado en la fantasía, la ciencia ficción y la literatura en general se está haciendo eco de la aparición de una nueva colección de libros dedicada al género. De hecho, aunque la aparición de los primeros libros está prevista para setiembre la colección ya ha empezado a hacerse notar a través de sus cuentas de twitter y facebook, además del blog de la colección. A juzgar por el enorme éxito de la colección de Serie Negra editada por la editorial, con años de éxitos a sus espaldas, RBA sabe como tratar con la literatura de género y sin duda todos los aficionados estarán pendientes de los títulos publicados por la editorial dentro de las tres líneas de la colección, dedicadas a títulos clásicos, títulos de ciencia ficción y títulos de fantasía.

Además de hacerme eco de la noticia quiero que esta entrada sirva como declaración de intereses, pues he tenido la suerte de colaborar con los responsables de la colección haciendo de lector editorial y, actualmente, contribuyendo a la generación de contenidos para el blog y la página de facebook de la colección. Ha sido una experiencia enormemente positiva que me ha permitido atisbar desde dentro el funcionamiento de una editorial  en el esfuerzo por lanzar una colección. Sin duda para mi ha sido una de las experiencias más emocionantes del año y escribir esto está siendo un esfuerzo de contención para contener al fanboy que llevo dentro. Lo resumiré asi: yupi 😉

  

No esperéis que hable mucho de la colección en La Biblioteca de Ilium. En mi experiencia como lector con la editorial (y ya os digo que no he sido el único) he tenido la ocasión de leer novelas maravillosas, algunas de las cuales ya tenía en mi punto de mira y algunas de las cuales (pero me reservo los títulos) ya había reseñado muy positivamente en el blog. En la medida en que uno de los objetivos tácitos de este blog es descubrir, para el público español, títulos actuales que muchas veces no han sido traducidos saber que algunos de ellos verán la luz en la lengua de Cervantes me hace muy feliz. Estad pendientes de lo que vaya apareciendo en la colección, creedme. Todos los aficionados tendrán la oportunidad de descubrir algún título que les entusiasme. Por mi parte, aquí seguiré haciendo lo mismo de siempre… dejando claro, si reseño títulos de la colección, mi relación con la misma.

Y por Crom, que alegría poder hablar de esto.

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Los subgéneros y la zona de confort

El post invitado que ha escrito Sarah de Bookworm Blues para The Speculative Scotman me ha llevado a pensar en la idea de zona de confort, un concepto con el que tengo la impresión que muchos lectores de literatura fantástica se sentirán identificados.  “Zona de confort” es aquel ambiente (o forma de hacer las cosas) en el que nos sentimos cómodos, hacia el cual tendemos a gravitar espontáneamente. Es probable que sea aplicable a todas las conductas humanas y supongo que no todos somos igual de proclives a ceder ante su influencia conservadora, pero quien más, quien menos, tiene una zona de confort y la conoce bien. Habrá quien no disfrute probando gastronomías exóticas, quien sólo vea películas de acción o quien nunca abrirá un libro que no tenga un señor encapuchado en su portada. En si no tiene nada malo (home sweet home) pero no ser consciente de ello lleva, siempre, a ignorar cosas que podrían hacernos disfrutar enormemente y que, probablemente, enriquecerían la valoración de nuestros gustos habituales.

Sarah escribe como, después de una larga trayectoria como lectora exclusiva de fantasía épica, una inmovilización prolongada le llevó a agotar su repertorio de lecturas disponibles. Dejaré que lo explique ella misma:

Before I’d only read a book if it was epic fantasy. It had to be bloody and filled with tons of complicated plot elements. Politics were always a plus. Then, this period of my life happened and I ventured out. I read urban fantasy, sci-fi, military sci-fi, fantasy with assassins, thieves, steampunk, new weird, young adult and whatever else. I even read Twilight. I didn’t like it, but I read it.

[Antes solo leía un libro si era de fantasía épica. Tenía que ser sangriento y tener un argumento con montones de detalles complicados. La política siempre era un valor añadido. Entonces llego esa época de mi vida y me arriesgué a salir. Leí fantasía urbana, ciencia ficción, ciencia ficción militar, fantasía con asesinos, ladrones, steampunk, new weird, literatura juvenil y cualquier otra cosa. Incluso leí Crepúsculo. No me gustó, pero lo leí]

He leído en diversas ocasiones que la literatura de género tiende a ser muy conservadora, especialmente a nivel estético y narrativo. Para mi es el complemento a la idea de zona de confort, esta vez desde el
punto de vista del libro y no del lector. Ambos conceptos destapan la tapa de pandora de la eterna e insoluble discusión sobre géneros y subgéneros. En Constantinopla se preguntarían cuantos ángeles caben en un subgénero… y la respuesta sería que un montón si el subgénero es la fantasía urbana o el romance paranormal… y que luego se pegarían para cambiar el nombre del subgenéro o crear uno nuevo… Sin duda el género es el gran invento de la mercadotecnia en cuanto a literatura se refiere, pero es un aspecto del debate que no me interesa demasiado. La mayoría de lectores saben lo que les gusta, quieren lo que les gusta y, a veces parece, muchos no quieren que les guste nada nuevo. Todos sabemos que las expectativas juegan un papel importante en nuestro modo de disfrutar un libro y, tanto para bien como para mal, la adhesión a un género determinado es una de las mayores fuentes de expectativas que conozco. Forma parte de nuestra condición de generadores de patrones agrupar entre si las cosas que se parecen, por lo que la agrupación de historias según los elementos que comparten es algo totalmente natural, aunque es fácil que desemboque en un círculo vicioso (en el que escribo ciberpunk weird con vampiros centelleantes y brujas buenas porque me gustan las novelas de ciberpunk weird con vampiros centelleantes y brujas buenas) que anula bastante la posibilidad de crítica literaria e incluso de reseñar con un mínimo de profundidad. No tiene mayor importancia, pero mejor tenerlo claro.

Yo reconozco sin problemas mi ramalazo estéticamente conservador: echa efectos especiales a un buen trailer y es más probable que vaya a ver la película. Y si es de superhéroes casi que mejor. ¿Eso no es ser conservador? Es una de mis muchas “zonas de confort” y hey, al menos tengo más de  una. En cuanto a libros se refiere, con el tiempo mi zona de confort se ha ido ampliando y su centro de gravedad sigue una órbita más o menos errante que se acerca y se aleja del ámbito amplio de la literatura fantástica y se autodestruye si se acerca remotamente a la literatura romántica (mi anti-zona de confort). Me interesa la ciencia ficción en general (la militar menos), la fantasía urbana es uno de mis placeres culpables y la fantasía épica me emociona. Me interesa especialmente el New Weird con un pellizco pulp y oye, me gustan los magos, y a pesar de que empiezo a pensar que el número de distopías dirigidas a un público juvenil ha crecido tanto como para empezar a ser distópico por derecho propio lo cierto es que su actual encarnación descafeinada, cada vez más prevalente, me divierte. En el fondo, sin embargo, no pienso demasiado en términos de género más que como algo puramente descriptivo y con brocha gorda, y si encadeno más de un par de libros que se parecen demasiado tengo que correr a por el ventolín.

La lista de subgéneros de ciencia ficción y fantasía que propone Wikipedia, por dar un ejemplo, es tan exagerada que parece una caricatura. Mirad algunos de ellos, con algún ejemplo más o menos representativo:

¿Da un poco de vértigo, verdad? En realidad parece absurdo. Estoy seguro de que muchos de vosotros cambiaríais la clasificación de alguno de los ejemplos. Yo lo haría, se solapan un montón. Si nos pusiéramos a agrupar con un mínimo de sentido común eliminaríamos la mayoría de las etiquetas. A no ser, claro está, que se trate de una de las que nos gustan especialmente. Nuestra zona de confort. Que es mejor que la de los demás, evidentemente.

Me voy a mojar con mis zonas de confort: Disfruto como un enano con la ciencia ficción antropológica de Ursula K Le Guin en The Dispossessed (Los Desposeídos) o The Left Hand of Darkness (La Mano Izquierda de la Oscuridad) y con las especulaciones hard y un poco crípticas como las de Peter Watts en Blindsight (Visión Ciega) o Greg Egan en… casi cualquiera de sus novelas… En el terreno de la fantasía, me quedo con las fantasías urbanas que huyen del romance (desde las aventuras con pincelada noir de Harry Dresden en las novelas de Jim Butcher hasta la propuesta imaginativamente desbordante de China Miéville en Kraken) aunque no le hago ascos a la épica de George R.R. Martin o Joe Abercrombie y la alta fantasía de los libros de Terramar o del Señor de los Anillos me sigue pareciendo tan impactante como la primera vez que los leí. Y mira lo que me ha pasado: ¡quería mentar dos libros y he llenado una estantería!

¿Y vosotros? ¿Alguien se anima a compartir sus preferencias y recomendar algún libro que defienda la supremacía de su género favorito? ¿Habéis hecho algún gran descubrimiento fuera de vuestra zona de confort? Pues animáos y describid vuestra experiencia en los comentarios.

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